Hace tiempos: El gran pánico

Como más puede describirse esta sensación occidental? No me atrevo a decir universal, pues no se si a los de Oriente y a los que están por fuera de esos dos sistemas culturales (occidente y oriente) les pase lo mismo. Al menos los occidentales andamos muy claustrofóbicos estos últimos años.

Hablo del Gran Pánico como referencia al título de una gran obra de la historia francesa salida de la pluma de Georges Lefebvre, que lleva el mismo título. En este trabajo, Lefevbre estudia las causas que llevaron a las revueltas campesinas previas a la revolución que se desató en París y que nosotros llamamos Revolución Francesa. Esas revueltas se caracterizaron, según Lefevbre, por el creciente miedo de los campesinos franceses a que los nobles se aliasen en una conspiracion maligna para matarlos de hambre. Corría el año de 1788 y Francia soportaba una crisis financiera a la que se añadía una terrible alteración climática provocada por la erupción del volcán islandés Loki en 1783; las secuelas de esta erupción ocasionaron tormentas e inundaciones que alteraron el verano y destruyeron la mayor parte de las cosechas; el invierno fue igual de mortífero durante los años siguientes. A la situación de escasez se unió entonces la pobreza y a estas dos, le siguió la delincuencia… Claro, suena muy familiar.

Ahora, hagamos la cuenta: de 1783 a 1789 fueron seis años… Seis años en los que aquello que era usual (la explotación económica y moral, las reglas de la sociedad estamental, las explicaciones religiosas y míticas para justificar el status quo) se fue desmoronando de manera escandalosa.  Las revueltas campesinas no eran nuevas en la Francia del Antiguo Régimen, pero la extensión del Gran Pánico las convirtió en un fenómeno novedoso y atemorizante.  Uno de los resultados fue la “abolición formal” de los derechos feudales de la nobleza francesa, lo que no fue bien recibido… Y ahí llegó la Revolución y luego su coletazo neoconservador napoleónico, nacionalista y monárquico…

 

El United Kingdom Independence Party (UKIP) es el partido político que ha acogido la bandera xenofóbica en Gran Bretaña. Para muchos de sus simpatizantes la llegada de inmigrantes es la causa principal del derrumbamiento del sistema de seguridad social inglés.

El United Kingdom Independence Party (UKIP) es el partido político que ha acogido la bandera xenofóbica en Gran Bretaña. Para muchos de sus simpatizantes la llegada de inmigrantes es la causa principal del derrumbamiento del sistema de seguridad social inglés.

 

Las oleadas de neo conservatismo que se han desplegado en los últimos 25 o 30 años en la sociedad occidental cuentan con el precedente del gran desmoronamiento cultural del siglo XX; el partido UKIP de Gran Bretaña, el resurgimiento del franquismo en España y la reorganización de los partidos conservadores en todo el mundo es una buena muestra de este fenómeno. Recordemos que el siglo XX fue el siglo de dos guerras mundiales en las cuales se dirimieron cuestiones éticas y culturales que habían definido la sociedad occidental. La reorganización política que siguió a la Segunda Guerra Mundial confirmó la supremacía de algunos países occidentales (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Unión Soviética) y puso a otros en una posición ventajosa para recuperarse, como Alemania. El resto, como Latinoamérica, se vieron comprometidos en un orden jerárquico que marcaba los grados de “progreso” y “civilización” alcanzados por sus sociedades.

Este sistema ha sustentado nuestras sociedades en las últimas décadas.  Nosotros y nuestros padres, nuestros hijos, nos hemos criado con este sistema moral y social que otorga puntos por nuestra ascensión en la escala de privilegios. Esto implica que muchas categorías morales se convirtieron en sinónimos de condiciones materiales y viceversa. Las explicaciones religiosas y mitológicas para nuestro status quo ahora son variadas ─ somos, al menos la mayoría de los urbanitas, hijos de una cultura multi─religiosa, en la que los discursos religiosos pueden intercalarse y mezclarse para formar una narrativa que confirma nuestra posición vital.  Todo este andamiaje histórico y psicológico anda en crisis… las manifestaciones de esta crisis ya no transcurren ignoradas, nos llegan a través de los medios masivos y de las redes sociales virtuales.  Lo que en la Francia del siglo XVIII tomó casi diez años, a nosotros se nos viene como avalancha en menos tiempo. La disolución de lo que una vez conocimos como familiar nos amenaza y nos parece invencible.

Como hace casi doscientos años, nosotros, en nuestra actualidad, hemos desarrollado alternativas. Si la Europa en plena revolución apretó el gatillo para el cañón del Romanticismo, la sociedad occidental de postguerra se la jugó en el movimiento contracultural de los años 60 y 70.  Los modelos alternativos a nuestra sociedad jerarquizada surgieron desde esas décadas. Muchas de las alternativas de vida que ahora promovemos como formas de autocuidado y sanación se formaron y se divulgaron desde aquellos años.  Sin embargo, estamos demasiado invertidos como sociedad, como seres humanos en el presupuesto ético y moral de la jerarquización en la que hemos vivido y que hemos defendido. Ojo, que no voy a decir que la revolución marxista es la gran salida… si bien la teoría marxista nos provee de un impresionante vocabulario y marco analítico para entender nuestro andamiaje social, el que reconfigure dicho andamiaje me provoca serias dudas (no sé si a usted le pasa lo mismo …)

 

La diversidad sociocultural es una de las características de nuestra sociedad actual. Para muchos, la disolución de las identidades absolutas es una gran amenaza al edificio social que se ha construido, y por lo tanto, esta diversidad debe rechazarse con todos los instrumentos posibles.

La diversidad sociocultural es una de las características de nuestra sociedad actual. Para muchos, la disolución de las identidades absolutas es una gran amenaza al edificio social que se ha construido, y por lo tanto, esta diversidad debe rechazarse con todos los instrumentos posibles.

 

Estamos tan empeñados como sociedad en el modelo jerárquico en el que vivimos, que estamos dispuestos a sufrir un gran coletazo neoconservador para mantenerlo. Las últimas elecciones al Parlamento Europeo lo demuestran con la victoria de partidos de derecha y la fuerte lucha ideológica en Latinoamérica lo confirma, dando amplias muestras de la polarización ideológica que desgarra a nuestros países. Los Estados Unidos sufren un mal parecido, apenas camuflado por su organización federal.  Cada sociedad occidental está dispuesta a irse al garete con tal de conservar los privilegios que definen a sus clases sociales. Las justificaciones éticas, políticas, morales, religiosas, judiciales y sentimentales abundan y abundarán.  No debería extrañarnos entonces la criminalización de la pobreza ni la reglamentación de la xenofobia. Ambas condiciones ─ ser pobre, ser extranjero ─ implican unos serios debates éticos y políticos que cuestionan los privilegios que han servido para identificar a nuestras sociedades urbanas occidentales. Muchos de esos privilegios se centran en esto: no ser responsable de.  No ser responsable de las desgracias, ni de la pobreza, ni de la angustia de los otros… a veces, ni de la miseria propia.

No es “bonito” vivir en pánico.  A los franceses del siglo XVIII les disgustó tanto, que terminaron desatando el Terror… Y tengo la certeza de que nuestra cultura occidental va por los mismos caminos. No me las voy a dar de gurú, ni mucho menos de life coach y por eso no me voy a desgastar en recomendar claves para enfrentar, sortear ni mucho menos evitar este gran final. Creo que es sencillamente imposible. Y creo también que gente mucho más aventurera y competente que yo ─ por ejemplo Nietszche ─ ha recomendado buenos puntos de vista y métodos para ejercer la reinvención y así  darle buena sepultura a modelos de vida que están enterrándonos vivos y por los cuales estamos dispuestos a enterrar vivos a muchos otros.

Pero sí me queda una pregunta… ¿Vamos a quedarnos como zombies, como muertos vivientes, honrando un sistema que no tiene mucho caso?

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Nan Goldin: tal y como soy, tal y como eres

Y así:

Nan Goldin: One month after being battered - Un mes después de ser golpeada, 1984

Nan Goldin: One month after being battered – Un mes después de ser golpeada, 1984

Tengo dos referencias de esta fotógrafa: la primera, corresponde a esta foto, tan brutal, tan íntima. Con esta foto, Goldin marca el fin de una intensa relación sentimental que terminó en abuso físico y el comienzo de su vida tras esta relación. Las descripciones de esta foto pueden parecer chocantes, pues la violencia de la imagen hace un fuerte contraste con la puesta en escena: el cabello arreglado, el maquillaje, la sala y el primer plano… el juego entre lo oscuro y lo claro, tal vez indicando los extremos físicos y emocionales a los que Goldin llegó y que está integrando con esta foto. No es una imagen fácil de mirar, pues no apela a nuestro sentido usual de la compasión hacia una mujer maltratada. Ella ha sido víctima, pero no quiere ser victimizada.

La otra referencia proviene del filósofo y comunicador Alain De Botton, publicada en su libro junto al historiador del arte John Armstrong. En su libro Art as Therapy, ambos autores toman a esta fotógrafa como ejemplo de una de las funciones psicológicas del arte: la transformación de lo triste en algo positivo. Más específicamente, lo que De Botton y Armstrong encuentran en Goldin es una gran atención a la vida y circunstancias de las personas que fotografía. Gracias a esta atención, Goldin nos hace mirar y mirar y mirar de nuevo a las personas fotografiadas: verlas en lo que son y en lo que desean ser, así la articulación entre ambas cosas no sea muy clara.

De todas maneras, el hecho de mirar cuidadosamente, de observar con detenimiento y sin ánimo de hacer taxonomía de lo que puede significar la persona fotografiada, es propuesta por Goldin como una actividad comunicativa llena de amor y de comprensión. Sobre todo si se trata de mirar lo que no nos gusta, o de desafiar nuestros prejuicios al observar.

Nan Goldin: Siobhan in my mirror, 1992

Nan Goldin: Siobhan in my mirror, 1992

Hasta hace muy recientemente, la homosexualidad estaba muy lejos del territorio del arte. En el trabajo de Nan Goldin se convierte en un tema central, con gran capacidad para la redención. El arte de Goldin está lleno de una generosa atención hacia las vidas de sus sujetos. Aunque al principio no estemos muy conscientes de ello, esta fotografía de una joven  – y, como luego comprendemos, lesbiana examinandose frente al espejo, está compuesta con gran cuidado. (…) “Te veo como esperas que te vean, te veo como digno de amor”  (De Botton y Armstrong, Art as Therapy)

Nan Goldin: de su colección de retratos Heartbit, de parejas, en su homenaje personal al amor. 2005

Nan Goldin: de su colección de retratos Heartbeat, de parejas, en su homenaje personal al amor. 2005

Nan Goldin: Family.

Nan Goldin: Family.

Nan Goldin: Guido on the dock - Guido en el muelle, Venecia, 1998

Nan Goldin: Guido on the dock – Guido en el muelle, Venecia, 1998

“La peligrosa caribonita”, Medellín

Me impactó profundamente la columna de Reinaldo Spitaletta para El Espectador.  Me puso a pensar en todas las ocasiones en que he intentado describir mi ciudad natal, ahora que vivo en el extranjero. Me puso a sentir ese dolor tremendo, esa falta de aire, esa alegría, esa rabia y esa impaciencia que me provoca la ciudad y mucha de la gente que la habita… medellinenses como yo.

Y mientras tanto, en esta ciudad entre montañas, de clima primaveral, y hoy de las más contaminadas de América Latina, se iba estableciendo una industria del crimen, que ya parece muy difícil desmontar.

 

Esas sensaciones tan contradictorias jamás me abandonan y me impiden compartir el optimismo ciego – el regionalismo/localismo ciego – de muchos de mis coterráneos… Aún cuando me lleno de alegría cuando algún europeo me dice que ha ido a Medellín y que ha salido sorprendido, no por que haya comprado a satisfacción la fantasía tropical de rumba-sexo-marihuana que se vende en Medallo, si no por que en realidad se dio tiempo para conocer la ciudad y a sus habitantes y descubrió el lado bueno de los medellinenses, los buenos lugares con compañías fascinantes y cálidas que hay en muchas esquinas y casas de Medallo.

Medellín, vista nocturna del Parque de Bolívar, portón frontal de la Catedral.

Yo pienso mucho en Medellín, tal vez por que vivo en una ciudad inglesa de la que muchos ingleses despotrican – Manchester – y de la que muchos ingleses dicen que no puede salir nada bueno.  Es pequeña, contaminada, con sus pedazos de gran belleza y sus huellas de lo que alguna vez fue su grandeza, el progreso industrial. Medellín es pequeña, contaminada, con sus pedazos de gran belleza y sus vestigios de casonas o barrios acogedores que querían emular un “pasado Colonial”. Así entiendo yo lo de caribonita: en realidad, no es bonita… es “agraciada”, bien arreglada… uno limpia y compone, y hasta se ve bien.

Al patrón lo mataron hace muchos años, pero no a la cultura de terror que sembró. Desapareció su cuerpo en 1993, pero no la mentalidad de violencia y crimen como medios para conseguir dinero y fama y posición social, de la cual él y muchos otros fueron artífices. Y también víctimas. En esta ciudad color ladrillo, muchos verdugos han terminado en la guillotina.

Pero esa mentalidad de violencia es en realidad producto de una enfermedad autoinmune: aquellos valores que supuestamente debían defendernos de la gran debacle, se convirtieron en nuestro lastre. La fuerza a prueba de todo, se convirtió en crueldad; la capacidad y la creatividad para el trabajo, se transformaron en mañas de avivato y de ratería para quitarle al otro lo suyo, “por que la vida es de riesgos, la vida es de los vivos.”  La belleza y la coquetería se transformaron en “para qué estudia, si está sentada en la plata” y en “si me quiere, que me mantenga”.

Medellín, Museo de Antioquia visto desde el Metro.

 

El respeto a las canas lo volvimos una excusa para no cambiar, por que si uno es buen hijo, uno no cuestiona a los padres – así los padres hayan cometido terribles burradas de las cuales uno ha sido víctima… pero eso de cambiar, de buscar mejores opciones y valores para regir la vida, eso es de ingratos, eso es “creerse de mejor familia”; pareciera que la miseria mental y espiritual son las verdaderas herencias a los que los antioqueños tenemos que aspirar, para no vivir de manera diferente – y potencialmente mejor – que nuestros padres y abuelos. Los apellidos, el linaje, también se miden en la carga monumental de errores que uno puede repetir, simple y llanamente por que uno no puede cuestionar, uno “no le contesta al papá/mamá”… ¡Cuántas vidas no se han salvado en Medellín, por que alguien “se atrevió” a “contestar”!

Si vas por los barrios de las comunas ocho y trece, por ejemplo, sabrás que son dominio de narcos, de bandas criminales, y como decía alguien de por esos contornos, que los pelados ni culpa tenían, porque los “pájaros grandes” te ofrecen plata, armas, entrenamientos y así cualquiera resbala y cae ante las tentaciones del lumpen. Para tantos muchachos de esas barriadas es triste tener que habitar sin poder salir de cuatro cuadras a la redonda, porque si atraviesan la frontera invisible los vuelven “ropita de trabajo”.

En Manchester también hay juventudes asfixiadas… juventudes que no esperan mucho, por que no han sido educadas para esperar mucho – ni siquiera para exigirse mucho a sí mismas. No sé qué es lo que ha forjado esta actitud, que según me dicen varios amigos mancunianos (así es el gentilicio) no es muy novedosa.  Pero sé que la encuentro muy parecida a la actitud de muchos jóvenes medellinenses, que se rinden con mucho o poco esfuerzo a ese oficio de “ser malo”. Es otra manifestación de la enfermedad autoinmune que nos despertó el narcotráfico: el aguante se nos volvió resignación… “es que como uno es pobre”, y a veces ni pasa hambre el o la que esto dice, simplemente no puede comprar el aparato (el que sea) de última generación… “¿Estudio? lo que dé plata” y no es sólo por cubrir necesidades evidentes (para comer, para vestir, para poder pagar un arriendo o incluso ahorrar), si no para comprar o hacer cosas que demuestren que “no es por plata”. Y mucho menos para ejercer la curiosidad intelectual, por que eso “no sirve”: “¿Usted para qué estudia/lee/escribe/va tanto a cine/va tanto a teatro/va a conciertos/escucha música.. tanto, si eso no da plata, si eso no es útil?” Resígnese a la ignorancia, resígnese a lo mismo, que si sus padres y abuelos vivieron así, ¿usted quién se cree para siquiera hacer algo que le permita vivir una que otra experiencia diferente?

Manchester, la Curry Mile (Calle del Curry), la zona de los restaurantes y tiendas del Medio Oriente.

Y habemos muchos medellinenses raros, que creemos que uno puede vivir distinto y que eso no va en la plata.  Que sentimos que es nuestro deber criticar, dudar, cuestionar y sobre todo, no repetir los errores de nuestros padres – claro, eso empieza admitiendo la doliente humanidad de los progenitores y por ende, admitir que ellos también “la cagan”. Habemos medellinenses que no nos creemos ese cuento arribista de que hay que tener plata para saber disfrutar de cosas distintas, buenas… Claro, la vieja generosidad o nobleza antioqueñas, por la enfermedad autoinmune, la convertimos en arrogancia, en insultos, en prepotencia y en ética de pistoleros como la describe Spitaletta.

Y todo esto se me vino a la cabeza y al corazón leyendo a Spitaletta. Todo esto se me viene en avalanchas cada vez que he oído a varios decir que Medellín es una ciudad de gente encantadora o la capital de la cirugía estética. Es mi ciudad, la amo y la odio, me da felicidad cuando vuelvo y siento unas enormes ganas de llorar cuando sé que regresaré y haré mi vida allí. “¿Y por qué no se queda por allá?” Pues por que no quiero abandonar el barco, por que sé que en Medallo encontraré muchas razones para vivir, por que sé que el Primer Mundo no me quiere (así muchos ingleses sí me quieran) y por que me rehúso a creer que los raros, no podremos convencer al resto de que podemos darle cristiana sepultura a esa sociedad que se murió de una horrible enfermedad autoinmune… y que podemos empezar el incierto proceso de vivir de manera diferente y potencialmente mejor. Es curioso: muchos mancunianos sienten lo mismo respecto a Manchester.

Hace tiempos: Refugiados en Colombia

“Llegaron, delante de la niña y pum pum, lo mataron. Yo salí a las 12:45 de mi tierra. Aquí llegué a las 4:30 de la mañana”.

Con este testimonio comienza el pequeño reportaje de Luis Pérez, dueño del blog Historias de la antigua Gran Colombia. En su blog, Pérez comenta la situación de los miles de refugiados que huyen de la violencia de la zona perteneciente al pacífico sur colombiano. Estos compatriotas huyen de la pobreza hacia otra pobreza más dolorosa aún, pues tienen que añadirle el desarraigo, la miseria, la explotación y el miedo. La frontera con Ecuador siempre ha sido un espacio de gran fluidez, en el que los lazos entre ambos países se reinventan constantemente, más allá de la diplomacia de los salones gubernamentales. Como el mismo Pérez cuenta,

“Los males de Tumaco se están reproduciendo al otro lado de la frontera. Cuando cae la noche, el brazo de mar que llega hasta San Lorenzo, en territorio ecuatoriano, es territorio de los grupos armados colombianos. Se mueven en barcas, con uniformes y su flamante armamento. Todo el mundo los ve pero nadie denuncia, porque con la denuncia viene la muerte. Las guerrillas y los paramilitares colombianos se mueven a gusto por la frontera. El Ejército ecuatoriano no tiene ni la capacidad ni los medios para controlar al detalle los más de 600 kilómetros de la frontera.”

La impotencia e inoperancia de las patrullas en la frontera no es algo nuevo. Esta realidad puede sonar alarmante para muchos, pues usualmente se nos ha tratado de convencer de que las fronteras geográficas y legales entre países son muy claras. Sin embargo, no hay nada más lejos de la verdad. La frontera entre Colombia y Ecuador es sólo una muestra de la gran movilidad que tienen estos espacios, en los que lo legal y lo ilegal se funden. Desde tiempos coloniales estos espacios fueron un dolor de cabeza para los gobiernos locales y regionales, que se confesaban impotentes ante la plasticidad y el misterio que envolvía las regiones fronterizas. Las sociedades que se han formado en estas zonas tienen una marcada autarquía que obliga al Estado a negociar y a adaptarse… por supuesto, es algo de lo que se aprovechan organizaciones que depredan a los habitantes ante la vulnerabilidad del Estado… sin olvidar que muchas de estas organizaciones cuentan con la participación de miembros del Estado, que se aprovechan de sus poderes para ejercer su corrupción.

El desplazamiento forzoso en Colombia, una dinámica forjadora de nación.

Esta dinámica, tan terrible, no es nueva en la historia colombiana.

Como ya dije, desde la Colonia los gobiernos regionales y locales confesaban sus cortos alcances para controlar a toda la población. Esto hacía que las fronteras internas fueran más amplias de lo que hoy son. Al tener tanto espacio libre, muchas poblaciones podían surgir sin tener que estar planificadas y las reglas de convivencia se forjaban en la vida cotidiana. A veces la convivencia implicaba aprender a vivir con el miedo y la violencia extremos… implicaba convertir la violencia en una presencia continua, en un lenguaje común…

En el artículo de Pérez, la violencia es la causa del desplazamiento de estas comunidades. Todos sabemos que la violencia ha sido la causa de un intenso flujo migratorio entre las regiones de nuestro país. Muchos de nuestros compatriotas se tienen que ir, tienen que abandonar su hogar y sus vidas tal y como las conocen para poder tener la esperanza de reiniciar en otro sitio. Esta migración es forzosa y ya se sabe que pone a prueba tanto al desplazado como a la comunidad receptora; no es sólo una cuestión institucional, sino también una situación psicológica límite que deja profundas huellas en las personas… incluso en aquellas que, a simple vista, no se ven afectadas por el desplazamiento forzoso.

La gran diferencia entre las grandes olas de desplazamiento de nuestros días y aquellas de cien, doscientos y trescientos años, es que ahora podemos darnos cuenta de la magnitud de este proceso. El desplazamiento forzoso ha sido una dinámica forjadora de sociedad y de nación en Colombia; eso no minimiza su crueldad y su dureza, si no que lo hace más terrible. La penúltima gran ola de desplazamiento forzoso fue durante las décadas de 1930 a 1950 (1955), es decir, durante La Violencia. En esos años las ciudades colombianas adquirieron la faz moderna que nosotros identificamos, pues muchos barrios surgieron para darle cabida a la gente que llegaba huyendo de la violencia rural, una violencia igual a la que hoy nos aqueja.

Los recuerdos de aquellos que llegaron a las ciudades y se establecieron en barrios nuevos, hacen parte de nuestro legado contemporáneo. Ellos son nuestros abuelos y hasta bisabuelos, que seguramente tienen muy fresco en la memoria el recuerdo de haber salido de sus casas de la misma manera en que salió la protagonista del reportaje de Pérez. Estos recuerdos hacen parte de actitudes que configuran la manera de ser de todos nosotros como ciudadanos; así el Estado se esfuerce por crear un país con un conjunto de recuerdos y símbolos seleccionados, estos recuerdos hacen parte de los lazos que nos forman como nación al formar parte de una cultura común, de una cultura política que tiene una relación paradójica con nuestras instituciones. Por que Colombia, país institucionalista, no incluye a sus ciudadanos mediante mecanismos institucionales adecuados y sus ciudadanos, como tradición, no confían en dichas instituciones y prefieren no participar en ellas ni haciendo uso del voto.

Rumbo a la batalla de Palonegro – llamada en aquel tiempo Guerra de Palonegro, durante la Guerra de los Mil Días (1899-1902)

Antes de La Violencia, fueron los conflictos que dejó la Guerra de los Mil Días. Esta guerra sumió al país en una devastación general y consolidó la violencia como una estrategia política para acabar físicamente con el enemigo. El desplazamiento forzado también se hizo presente aquí como el mecanismo más cruel y efectivo para vaciar tierras, ampliar propiedades y colonizar antiguas fronteras naturales. Muchos pueblos que ahora tachonan nuestra geografía se formaron en aquellos años, con gentes desesperadas huyendo de los horrores de la guerra y con gentes esperanzadas de encontrar un sitio mejor, tal vez hasta buscando familiares que se habían perdido en esa guerra.

Desgraciadamente, las generaciones actuales desconocen casi todo de esta guerra, la gran Guerra de los Mil Días, que cerró el siglo XIX y abrió el siglo XX en nuestro país. Muchos colombianos desconocen la terrible tradición del desplazamiento y del refugiado en Colombia, que ha hecho de los odios heredados y del resentimiento, herencias comunes. Lo más frecuente es hallar ecos del extremo bipartidismo de aquellos años: los Conservadores contra los Liberales y viceversa; los azules culpando a los rojos de las guerrillas y los rojos culpando a los azules de las expropiaciones… en realidad, estas guerras tan viejas, que parecen tan lejanas a nosotros, fueron fruto común, fueron oficio de todos los colombianos sin distinción. Nos han construido como nación con toda su crueldad y su silencio.

Ahora, afortunadamente, podemos saber de los tormentos de nuestros refugiados… podemos fingir que no los vemos ni los oímos, pero esa ficción no dura.  La crueldad que nos ha construido como país ya no puede ser ignorada.

Hace tiempos: racismo en Colombia

Esta entrada comienza con una obra de arte, por gracia del colectivo Blanco Porcelana [visite la obra interactiva aquí].

Blanco Porcelana, uno de los posters de la   obra

Y luego continúa con una denuncia hecha en el blog La Silla Vacía en la que refieren cómo esta instalación artística ha sido objeto de una tutela, puesta por familiares de la artista, que se sienten vulneradas en su buen nombre… digo “vulneradas”, por que se trata de las tías de la artista. Y ese es uno de los lados del asunto.

Entonces: no hace falta continuar esta entrada diciendo que la artista simplemente está comentando algo que todos sabemos, que el racismo en Colombia existe. Todos estamos un poco cansados de saber que el racismo en Colombia es cosa de todos los días, pero de tanto decirlo y “saberlo”, en realidad lo pasamos por alto. De tanto señalarlo en las acciones y palabras de otros, en los casos que parecen traídos de una película sobre el sur gringo, se nos olvida lo que esta artista nos está presentando: que el racismo es una de nuestras estructuras sociales cotidianas, que lo llevamos en la sangre, como llevamos nuestra diversidad genética producto de la mezcla de tres razas (y eso que digo tres por simplificar, nada más… acuérdense que los españoles eran bien mezcladitos cuando llegaron por estos lares…)

La pieza central de esta obra son las frases que delatan nuestro racismo cotidiano; seguramente frases que la artista oyó en boca de sus tías y su mamá y seguramente, frases que todos hemos oído en bocas familiares… frases que, sin pensarlo, repetimos. Y el hecho de que las repitamos sin pensarlo, demuestra lo impregnada de racismo que está nuestra cultura colombiana. Los señalamientos a características étnicas que desde tiempos coloniales se han tomado como “desafortunados”, son uno de los rasgos  que se han mantenido en nuestra cultura, que durante la transición hacia un sistema democrático, no logró minimizar las barreras socioeconómicas que se asociaban a la cuestión racial; nuestro racismo está apuntalado entonces por un fuerte arrivismo económico: nadie quiere “ser negro” o “indio”, por que en el fondo, eso también significa ser “pobre”… y ser “pobre” significa no sólo no tener medios financieros, significa también estar a merced de otros para vivir, tener que soportar leyes injustas, no poder ejercer el libre albedrío en el mundo social.

Nuestro racismo cotidiano refuerza este prejuicio como un conjunto de frases, de comportamientos y actitudes que buscan no sólo señalar al “más oscurito”, sino negar cualquier parecido o relación con ese elemento social que se considera indigno; entonces vamos desde alaciarnos y teñirnos el cabello hasta los lentes de contacto de color claro y si con la cuestión física no alcanza, entonces vamos a la ostentación de aquello que usualmente reconocemos como pertenecientes a aquellos que detentan “el porte”: ropa, lenguaje corporal, actividades de ocio, lugares de vivienda y otros consumos que se asocian como pertenecientes a gente “con clase”… claro, la reacción de la gente “con clase” , no se hace esperar: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, para darle a entender al recién llegado que su ascenso social podrá mostrar todos los signos materiales de su redención, pero que su “esencia” (su verdadera piel, su verdadero cuerpo), sigue perteneciendo a ese mundo oscuro y pobre del que salió.

Y eso que no voy a hablar del contra-racismo, o racismo a la inversa: cuando el discriminado, a su vez, discrimina a su discriminador… eso requiere otra entrada en el blog.

El lado de la cuestión que mencioné al principio de este comentario, se refiere al hecho de que sean las familiares mujeres de la artista, las que hayan puesto la tutela. Las mujeres seguimos siendo las guardianas de los valores y la moral, a pesar de las alternativas que el feminismo ha puesto ante nosotras; ya ven entonces que no me parece lo máximo el que las mujeres sigamos replicando y promoviendo valores que no permiten la consolidación de una sociedad más incluyente… Y no se trata de falta de educación en muchos casos; seguramente las tías de la artista salieron graduadas de excelentes instituciones educativas y muchos de nosotros, los espectadores de la obra de arte, hemos ido a la Universidad; se trata de que casi siempre, nuestras instituciones educativas y educadores repiten los prejuicios sociales y no presentan -al menos de manera eficiente- la alternativa: unos valores democráticos y respetuosos. 

Las tías de la artista, como la gran mayoría de las mujeres colombianas, fueron objeto de una educación conservadora. Yo leo su reacción ante la obra como otro fruto de esa educación: el horror de pensar que la gente las va a considerar unas racistas. Pero en eso no se diferencian de los demás colombianos, incluso de aquellos que denunciamos la discriminación racial y que también somos hijos de una cultura racista. Ahí a ellas se les escapa que la artista no está diciendo que sólo sus tías son racistas; también está diciendo que ella, la artista, es racista; que los curadores de las galerías de arte son racistas; que otros artistas son racistas; que nosotros, los que vemos y experimentamos su obra, y nos escandalizamos con las frases de tono racista que nos muestra, somos racistas.

Entonces, para concluir esta entrada, me parece que esta obra de arte es poderosa por que saca de lo cotidiano algo que nos estructura como sociedad y que seguimos dando como estructura social a las nuevas generaciones: el racismo. Me gusta que haya sido entutelada, me parece que la acción judicial es una contribución a su poderoso efecto estético, pues pone en mayor relieve la hipocresía que manejamos ante nuestra conservadora sociedad colombiana – pero aclaro que no me gusta ver censura en el mundo del arte; en este caso, la censura ha cumplido una de las máximas de Oscar Wilde: “cuando me halagan, sé que lo he hecho bien; pero si me insultan, sé que he tocado las estrellas”. 

 

Brassaï: el otro mundo

Ese que despierta con la luna, ese que vive en París cuando los buenos ciudadanos se van a dormir.

Ese, al que le cantó Woody Allen en su hermosa cinta Media Noche En París… ese mundo en el que todo puede ser posible, en el que viajar en el tiempo es una opción y en el que de tanto caminar por esas hermosas calles y ajetreados cabarets, uno hasta se puede encontrar a sí mismo.

Ese era el mundo del fotógrafo húngaro Brassaï.

Brassaï: Notre Dame, 1933

Y con todos sus personajes, tan poéticos… llenos de esa poderosa y transgresora belleza que tienen todas las criaturas de la noche..

Pero no se trata sólo de mostrar estos personajes;

Brassaï: Bijou

se trata de concederles su dignidad,

su fuerza creadora,

como la que tienen los seres humanos

que se consagran con la luz del día…

el mundo de Brassaï no es sólo sombrío;

esto sería ponerle una etiqueta facilista;

el mundo de Brassaï

tiene toda la ternura

y la maravilla

que la creatividad nocturna acuna.

Este adorador de la ciudad nocturna nació en Hungría en 1899 y tomó por nombre el de otra ciudad, la suya, Brassó… que actualmente, por las cosas de la política, pertenece a Rumania.  Pero eso no importa. Su pasión por la ciudad que lo adoptó y por sus noches llenas de cosas y personas interesantes, fue la que definió su vida.

Brassaï: Alcantarilla

Por supuesto, viviendo en el París de los años 30 del siglo XX, se hizo amigo de toda la gente genial que habitaba ese ambiente.  De toda la gente fascinante que escribió los libros que ahora leemos, que compuso y cantó las canciones francesas que ahora nos gustan y que pintó todos esos cuadros locos que aún nos asombran. Pero con tanta genialidad rodeándolo, el tuvo la suficiente sensibilidad de dedicarle su lente a las bellezas cotidianas de su vida nocturna.

Brassaï: Back Stage

 

Brassaï

Pero tampoco fue inmune a la masa de sustanciosas celebridades que lo admiraban, que lo aclamaban como el ojo de París:

Brassaï: Matisse pintando, 1939

Ese otro mundo, en el que la creatividad que no encuentra espacio entre los rayos del sol, se enamora de la noche, mucho más callada y receptiva, llena de vida que, en la claridad del día, no encontraría espacio para manifestarse… qué hermoso mundo el que nos ha dejado Brassaï…

Brassaï: niebla parisina, 1934

 

Brassaï: el corset, 1933

Conociendo al Islam

Desde hace varios años, he sentido una gran inquietud por el Islam. El detonador fue un libro sobre el sufismo, esa maravillosa filosofía oriental que está impregnada del lenguaje del Islam; es un lenguaje intensamente poético que celebra la vida y la belleza y que hace de la alegría un fundamental principio religioso; claro, eso no significa que el sufismo no tome en cuenta la tristeza, pero no tiene esa mórbida obsesión con las lágrimas y el sufrimiento que el cristianismo muestra en numerosas ocasiones.

Este año que está llegando a su fin, me dio un gran regalo: mis primeros amigos musulmanes, específicamente mujeres. De estas mujeres, una cubierta con velo y otra no, aprendí una enorme fuerza. De las muchas que ví a diario, aprendí un enérgico dinamismo y amor por la vida. De las chicas musulmanas cubiertas, aprendí una gran dignidad y un arrollador sentido de la belleza, de la seducción; me enseñaron que hay cosas peores para una mujer que cubrirse el cabello y el cuerpo, y que la creatividad femenina, nuestro instintivo talento para lo hermoso, no debe ser detenido por cosas tan tontas y tan superficiales como una prenda de vestir – o la ausencia de ella.

Por eso me aterra el injusto prejuicio con que se les juzga. Me enerva el estereotipo que muchos utilizan para referirse a los musulmanes. Eso revela la gran pereza intelectual que domina en muchas mentes.

Y por eso me alegra encontrar nuevos medios para entender la vida de los musulmanes en el mundo occidental, un mundo que dejó de hablarles y que muchas veces, corre aterrado ante la fascinante singularidad y variedad del Islam.

Uno de estos medios es el canal en la web de Al Jazeera en inglés, y este portal de miniseries. Yo he aprendido mucho, y por eso, por que aprender siempre trae algo bueno, se los recomiendo.

Muslims of France

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