“La peligrosa caribonita”, Medellín

Me impactó profundamente la columna de Reinaldo Spitaletta para El Espectador.  Me puso a pensar en todas las ocasiones en que he intentado describir mi ciudad natal, ahora que vivo en el extranjero. Me puso a sentir ese dolor tremendo, esa falta de aire, esa alegría, esa rabia y esa impaciencia que me provoca la ciudad y mucha de la gente que la habita… medellinenses como yo.

Y mientras tanto, en esta ciudad entre montañas, de clima primaveral, y hoy de las más contaminadas de América Latina, se iba estableciendo una industria del crimen, que ya parece muy difícil desmontar.

 

Esas sensaciones tan contradictorias jamás me abandonan y me impiden compartir el optimismo ciego – el regionalismo/localismo ciego – de muchos de mis coterráneos… Aún cuando me lleno de alegría cuando algún europeo me dice que ha ido a Medellín y que ha salido sorprendido, no por que haya comprado a satisfacción la fantasía tropical de rumba-sexo-marihuana que se vende en Medallo, si no por que en realidad se dio tiempo para conocer la ciudad y a sus habitantes y descubrió el lado bueno de los medellinenses, los buenos lugares con compañías fascinantes y cálidas que hay en muchas esquinas y casas de Medallo.

Medellín, vista nocturna del Parque de Bolívar, portón frontal de la Catedral.

Yo pienso mucho en Medellín, tal vez por que vivo en una ciudad inglesa de la que muchos ingleses despotrican – Manchester – y de la que muchos ingleses dicen que no puede salir nada bueno.  Es pequeña, contaminada, con sus pedazos de gran belleza y sus huellas de lo que alguna vez fue su grandeza, el progreso industrial. Medellín es pequeña, contaminada, con sus pedazos de gran belleza y sus vestigios de casonas o barrios acogedores que querían emular un “pasado Colonial”. Así entiendo yo lo de caribonita: en realidad, no es bonita… es “agraciada”, bien arreglada… uno limpia y compone, y hasta se ve bien.

Al patrón lo mataron hace muchos años, pero no a la cultura de terror que sembró. Desapareció su cuerpo en 1993, pero no la mentalidad de violencia y crimen como medios para conseguir dinero y fama y posición social, de la cual él y muchos otros fueron artífices. Y también víctimas. En esta ciudad color ladrillo, muchos verdugos han terminado en la guillotina.

Pero esa mentalidad de violencia es en realidad producto de una enfermedad autoinmune: aquellos valores que supuestamente debían defendernos de la gran debacle, se convirtieron en nuestro lastre. La fuerza a prueba de todo, se convirtió en crueldad; la capacidad y la creatividad para el trabajo, se transformaron en mañas de avivato y de ratería para quitarle al otro lo suyo, “por que la vida es de riesgos, la vida es de los vivos.”  La belleza y la coquetería se transformaron en “para qué estudia, si está sentada en la plata” y en “si me quiere, que me mantenga”.

Medellín, Museo de Antioquia visto desde el Metro.

 

El respeto a las canas lo volvimos una excusa para no cambiar, por que si uno es buen hijo, uno no cuestiona a los padres – así los padres hayan cometido terribles burradas de las cuales uno ha sido víctima… pero eso de cambiar, de buscar mejores opciones y valores para regir la vida, eso es de ingratos, eso es “creerse de mejor familia”; pareciera que la miseria mental y espiritual son las verdaderas herencias a los que los antioqueños tenemos que aspirar, para no vivir de manera diferente – y potencialmente mejor – que nuestros padres y abuelos. Los apellidos, el linaje, también se miden en la carga monumental de errores que uno puede repetir, simple y llanamente por que uno no puede cuestionar, uno “no le contesta al papá/mamá”… ¡Cuántas vidas no se han salvado en Medellín, por que alguien “se atrevió” a “contestar”!

Si vas por los barrios de las comunas ocho y trece, por ejemplo, sabrás que son dominio de narcos, de bandas criminales, y como decía alguien de por esos contornos, que los pelados ni culpa tenían, porque los “pájaros grandes” te ofrecen plata, armas, entrenamientos y así cualquiera resbala y cae ante las tentaciones del lumpen. Para tantos muchachos de esas barriadas es triste tener que habitar sin poder salir de cuatro cuadras a la redonda, porque si atraviesan la frontera invisible los vuelven “ropita de trabajo”.

En Manchester también hay juventudes asfixiadas… juventudes que no esperan mucho, por que no han sido educadas para esperar mucho – ni siquiera para exigirse mucho a sí mismas. No sé qué es lo que ha forjado esta actitud, que según me dicen varios amigos mancunianos (así es el gentilicio) no es muy novedosa.  Pero sé que la encuentro muy parecida a la actitud de muchos jóvenes medellinenses, que se rinden con mucho o poco esfuerzo a ese oficio de “ser malo”. Es otra manifestación de la enfermedad autoinmune que nos despertó el narcotráfico: el aguante se nos volvió resignación… “es que como uno es pobre”, y a veces ni pasa hambre el o la que esto dice, simplemente no puede comprar el aparato (el que sea) de última generación… “¿Estudio? lo que dé plata” y no es sólo por cubrir necesidades evidentes (para comer, para vestir, para poder pagar un arriendo o incluso ahorrar), si no para comprar o hacer cosas que demuestren que “no es por plata”. Y mucho menos para ejercer la curiosidad intelectual, por que eso “no sirve”: “¿Usted para qué estudia/lee/escribe/va tanto a cine/va tanto a teatro/va a conciertos/escucha música.. tanto, si eso no da plata, si eso no es útil?” Resígnese a la ignorancia, resígnese a lo mismo, que si sus padres y abuelos vivieron así, ¿usted quién se cree para siquiera hacer algo que le permita vivir una que otra experiencia diferente?

Manchester, la Curry Mile (Calle del Curry), la zona de los restaurantes y tiendas del Medio Oriente.

Y habemos muchos medellinenses raros, que creemos que uno puede vivir distinto y que eso no va en la plata.  Que sentimos que es nuestro deber criticar, dudar, cuestionar y sobre todo, no repetir los errores de nuestros padres – claro, eso empieza admitiendo la doliente humanidad de los progenitores y por ende, admitir que ellos también “la cagan”. Habemos medellinenses que no nos creemos ese cuento arribista de que hay que tener plata para saber disfrutar de cosas distintas, buenas… Claro, la vieja generosidad o nobleza antioqueñas, por la enfermedad autoinmune, la convertimos en arrogancia, en insultos, en prepotencia y en ética de pistoleros como la describe Spitaletta.

Y todo esto se me vino a la cabeza y al corazón leyendo a Spitaletta. Todo esto se me viene en avalanchas cada vez que he oído a varios decir que Medellín es una ciudad de gente encantadora o la capital de la cirugía estética. Es mi ciudad, la amo y la odio, me da felicidad cuando vuelvo y siento unas enormes ganas de llorar cuando sé que regresaré y haré mi vida allí. “¿Y por qué no se queda por allá?” Pues por que no quiero abandonar el barco, por que sé que en Medallo encontraré muchas razones para vivir, por que sé que el Primer Mundo no me quiere (así muchos ingleses sí me quieran) y por que me rehúso a creer que los raros, no podremos convencer al resto de que podemos darle cristiana sepultura a esa sociedad que se murió de una horrible enfermedad autoinmune… y que podemos empezar el incierto proceso de vivir de manera diferente y potencialmente mejor. Es curioso: muchos mancunianos sienten lo mismo respecto a Manchester.

Hace tiempos: espumoso licor, yo te saludo…

Hoy quiero compartir otro hallazgo en el archivo, esta vez cortesía de la colección patrimonial de documentos de la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Este poema fue publicado en la revista literaria El Montañés, una de las muchas publicaciones culturales que tuvieron vida efímera en el Valle de Aburrá a comienzos del siglo XX.  Como sé que muchos comparten mi gusto -por la cerveza, al menos, ahí les va…

LA MUSA DE LA CERVEZA

Mi bebida es cerveza fina y dorada,

para engañar la vida bebo cerveza,

su lúpulo mezclado con su cebada

tiene amor, alegría, gracia y belleza.

La sangre se atempera con su fermento,

el pulso se sosiega con su frescura,

y en calma las arterias y el pensamiento

los ojos se reposan en su hermosura.

Vertida en rutilantes vasos profundos,

finge cristal precioso que burbujea,

génesis esplendente lleno de mundos

donde el sol se hace chispas y centellea.

Amén!!

 

Cuando su hervor estalla con fuerza suma,

una visión el vaso lanza sonoro

con ojos de topacio, labios de espuma

y frente chorreante de rizos de oro.

 

 

Es la musa dorada de la cerveza,

tembladoras burbujas forman su risa,

y hecha está la mantilla de su cabeza

con claveles pajizos que el sol irisa.

Andaluza parece, y es alemana,

árabe, inglesa, egipcia, rusa y hebrea;

cruza al pie del Vesubio, y es italiana;

por las tierras de Cristo, y es galilea.

Es popular y alegre como una copla,

a los reyes iguala con los vasallos,

y, en un búcaro, ha visto Constantinopla

tras las rejas doradas de los serrallos.

Salud 🙂

Sus átomos son letras burbujeantes

que entienden cuantas razas alumbra el día,

y su verbo de pompas tonificantes

trama collares de hombres con la alegría.

En Nueva York grandioso como en Atenas,

en París esplendente como en la Nubia,

triunfan sus áureas gotas de vida plenas

y su espuma que es blonda de seda rubia.

Lo mismo da en los vasos, susurradora,

dentro de un patio alegre de Andalucía,

que con ella el Egipto sus labios dora

en las noches de fuego de Alejandría.

Acaso un rey artista va entre arenales,

llevando por remotos itinerarios,

su hastío que conducen a sillas reales

entre asiáticas pompas los dromedarios,

y al sentir ya los labios cual ascuas vivas,

el rey, por un capricho de su riqueza,

bebe las gotas de oro que van cautivas

en el cosmos dorado de la cerveza.

"Una cerveza antes de dormir, significa una mejor noche para toda la familia!"

Quizás también en suelos alcatifados,

y encima de almohadones de sedas vanas,

tiene un sultán los ojos encandilados

en un valle de hebreas y circasianas:

En una pipa, larga como serpiente,

fuma el fino tabaco que Arabia cría,

y el humo va a borrarse lánguidamente

en los muros pintados por la alegría:

y cuando en sed la sangre quema su boca,

pide a un eunuco negro rubia cerveza,

cuyo tapón tronante vibrando toca

en los techos calados por la belleza.

Dondequiera que al aire salta profusa

lanzando un taponazo rudo y sonoro,

allí sale del vaso la rubia musa

con la faz entre un marco de bucles de oro.

Ella pisa la esclava triste Polonia

y el calcinado suelo de Fez ardiente;

en el nombre de Irlanda besa a Bolonia,

en el nombre del Norte besa al Oriente.

Cosmopolita errante, mira mil soles

al desbordar la espuma de sus cristales;

en el Japón salpica los quitasoles,

en Persia los tapices de oro torzales.

Si enlazando naciones va furibundo

el tren vertiginoso, con más presteza

va uniendo corazones por todo el mundo

la espuma detonante de la cerveza.

Alzad la rubia copa, todos sus fieles,

cuantos movéis los hilos en los telares,

cuantos pulsáis las liras y los cinceles,

cuantos alzáis las hostias en los altares.

"La cerveza cambiará al mundo... no sé cómo, pero lo hará."

Los que esgrimís la azada que el brazo abruma,

los que, puras las almas, dictáis las leyes,

y en alto ya la copa llena de espuma

por vasallos y nobles, pobres y reyes,

juremos que tejid0s con fe de hermanos

nadie logre inspirarnos odio iracundo;

¡y un collar formaremos con nuestras manos

como un gigante abrazo que abarque el mundo!

 

Salvador Rueda, Madrid, 19 de Noviembre de 1904.

 

 

Hace tiempos: Una aventura en el Archivo de Prensa…

Pocas personas saben que en el cuarto piso de la Biblioteca de la Ciudad Universitaria en la Universidad de Antioquia, existe uno de los mejores archivos de prensa del país. Claro, no es un lugar muy concurrido por el gran público, pues rara vez la gente en general tiene la necesidad de desenterrar viejas noticias de años pasados. Para los que trabajamos con archivos, para los que escarbamos entre las letras de imprenta mudas, el archivo es un hogar, es un laberinto lleno de aventuras.

Biblioteca de la Universidad de Antioquia, Medellín (Ant.)

Una de esas aventuras me ocurrió en estas semanas, trabajando en ese Archivo de Prensa, donde reposan las ambiciones impresas de los primeros periodistas colombianos, así como las arriesgadas investigaciones de los profesionales reporteros de los últimos tiempos.

Esta aventura tuvo una triste coincidencia: mientras yo escudriñaba un número del periódico El Espectador, de Medellín, del año 1899, el archivo se fue llenando de mujeres jóvenes y maduras, todas ávidas de un tipo específico de noticias: la presencia de grupos paramilitares en ciertas zonas de Medellín a principios de los años 90, así como la publicación de notas donde anunciaban la aparición de cadáveres y fosas comunes en esos mismos años.

Una de las viejas ediciones del periódico El Espectador, en sus comienzos, en Medellín. En 1915, el periódico se trasladó a Bogotá.

Muchas recordaban la fecha donde aparecían las notas que más les interesaban. Otras recordaban las fotos que ilustraban la página donde estaba la noticia que buscaban. Otras buscaban sus agujas en ese pajar de páginas de prensa, cada vez más grande, pues al no recordar la fecha exacta, tenían que armarse de paciencia para buscar en cajas y más cajas de prensa guardada y celosamente cuidada por los auxiliares del archivo.  Muchas no sabían cómo debían solicitar lo que buscaban, y sobre todo, no sabían cómo pedir una copia del pedacito de papel que les ayudaría a argumentar sus casos; por ende, los dos auxiliares jefes se vieron copados de actividad, pues sólo ellos pueden sacar fotografías de los periódicos con los cuidados necesarios, para evitar la destrucción prematura del ejemplar.

Las filas para pedir una foto, los nervios, la angustia y hasta la frustración eran los mayores componentes de la atmósfera del archivo en esos momentos. El archivo, usualmente tan pacífico y callado, se había convertido en un hormiguero. Las afortunadas que encontraban su noticia sonreían con la tranquilidad de haber hallado el argumento que necesitaban para contextualizar sus muertos y argumentarlos en un tribunal. Como es usual entre las mujeres, la conversación sobre la situación en común no tardó en surgir… es un buen modo de compartir la premura y darse ánimos; las preguntas “cuándo lo/la mataron?” “dónde lo/la mataron?” “dónde lo/la encontraron?” eran frecuentes; a éstas se unían “Y tiene más hijos?” o con más precisión, ante la presencia de pequeños acompañantes: “Este es su nieto/a, hijo/a?”  Claro, también llegaron las sonrisas de celebración junto a un “bendito sea Dios, qué bueno que encontró la noticia!!” o un más preciso “Claro que iba a encontrar, si por esas fechas los paras mandaban por allá!!”

Toda esta actividad frenética por encontrar rastro de lo que ellas ya sabían, se tomó el archivo ese día.. se lo ha tomado por varios días…

Mientras tanto, yo leía mis rollos de prensa microfilmada. En el diario liberal El Espectador, en los números de 1899, el editor y varios corresponsales denunciaban las persecuciones políticas que el gobierno ultraconservador, bajo la bandera de la Regeneración, ejercía contra los liberales. El editor -Fidel Cano- y sus corresponsales denunciaban el ambiente de inseguridad y de creciente temor, pues la guerra se veía como algo inevitable; en el periódico también se denunciaba la progesiva pérdida de libertades republicanas y la penuria económica que asolaba a la nación. Entonces, llegué al último número de 1899 y me levanté a buscar el rollo del año 1900. Pero el siguiente rollo comienza en 1903… claro, pensé: la Guerra de los Mil Días, que llenó de terror al país, que desangró regiones, que aniquiló la incipiente economía colombiana y que dio el marco para la secesión de Panamá, comenzó a finales de 1899 y terminó a finales de 1902. Esa guerra dejó en claro cómo la contienda política volvía a tomar la dinámica de aniquilar al otro que tiene ideas diferentes. Por medio de los sufrimientos de la Guerra de los Mil Días, se construyeron recuerdos que aún constituyen las identidades regionales de nuestro país: la goda Antioquia (en la que muchos liberales antioqueños lucharon y sufrieron y sobrevivieron), la Costa liberal, las guerrillas liberales y conservadoras del Valle, del Huila… todos colombianos asesinados y expropiados por el absolutismo de las ideas, ideas vueltas bandera para encubrir venganzas personales en muchos casos… para encubrir masacres, violaciones, asesinatos selectivos, robos hechos en nombre del partido, del pueblo, de la Iglesia… y claro, en nombre de la nación y de su bienestar.

Ejércitos liberales al comienzo de la Guerra de los Mil Días.

Entonces, recordando lo que sé de la Guerra de los Mil Días, y con las conversaciones de estas mujeres en mis oídos,  recomencé mi lectura en el año 1903… don Fidel Cano volvía a la imprenta, prometiendo continuidad e imparcialidad. Claro, las noticias tristes no tardaban en aparecer en el rollo de microfilm: más penuria económica (venta de casas, de muebles, ruegos por trabajo), peticiones de noticias de los esposos que se fueron a la guerra y cuyas esposas aún esperaban sin saber si eran viudas o si debían esperar a un inválido -o loco..- y las tristes nuevas del fallecimiento de muchos, víctimas de la guerra, de los que apenas se sabía una vez restablecida la regularidad de las comunicaciones por telegrama. La rabia por la pérdida de Panamá coronaba este panorama periodístico..

Y mientras yo me levantaba de mi silla para estirar un poco las piernas y buscar mi rollo de microfilm, escuchaba cómo entre estas mujeres que buscan noticias sobre un dolor que ya conocen muy bien, surgían frases parecidas a las que Fidel Cano y varios de sus corresponsales escribían hace poco más de cien años. Escuchaba lamentos que, de tanto leer en los archivos y los libros, se vuelven dolorosamente comunes.

Estas mujeres no lo saben y no lo sospechan, pero su búsqueda y lo que yo leo en el viejo diario El Espectador, tienen mucho en común. Y no me causa alegría darme cuenta de esto. Por qué vivimos en un país en que hay que argumentar nuestros muertos, para que se les reconozca la dignidad de ser admitidos por sus victimarios? Acaso podemos sentirnos orgullosos de que las frases de un editor de periódico de hace 100 años tengan eco en la voz de mujeres que ni saben que existió, ad portas del siglo XXI?

Y lo más doloroso: ¿Por qué insistimos en olvidar, en no recordar ni apropiarnos de nuestras memorias, sino que las relegamos a un archivo, donde pocos las ven y donde muchos se olvidan de su existencia? ¿En realidad es más fácil olvidar y señalar impunemente al otro como causa de los problemas, sin hacer un acto de remembranza liberador? un acto de memoria en el que podamos decir nosotros, todos nosotros, somos víctimas y victimarios, hemos inflingido dolor y lo hemos recibido y lo hemos repetido al señalar al otro y no ponernos en su piel.

A propósito, si desean visitar el Archivo de Prensa de la Biblioteca de la Universidad de Antioquia, pueden ir de Lunes a Sábado entre 8 de la mañana y 6 de la tarde, 3 de la tarde los Sábados… luego les contaré de otros archivos, igual de retadores.

Dos fotógrafos del viejo Medellín

Comencemos con una imagen que tal vez puede aparecer como una rareza en eso que nosotros creemos que era Medellín (Colombia) en los años 40 del siglo XX:

Kira, bailarina exótica.

Sí, ella llegó a esta pequeña ciudad a comienzos de la década del 40 y cosechó enorme éxito bailando en los dos teatros más importantes de entonces, el Bolívar y el Guayaquil. A mí me da dificultad imaginarme a una bailarina exótica en la muy católica Medellín, pero don Francisco Mejía (1899-1979) me la pone así, de frente, como hizo con muchos personajes, espacios y momentos que inmortalizó con su cámara.

Kira no fue la única artista que retrató. Por su lente pasaron actrices, cantantes de ópera y de zarzuela, intelectuales, pintores, escultores y músicos que ahora no hacen parte de los recuerdos de la gran mayoría de los medellinenses -contadas excepciones. Admirando a Kira, uno logra percibir lo que el fotógrafo Mejía seguramente admiraba en ella… y en esto, no se diferenciaría de muchos caballeros de la época: sensualidad, belleza, fantasía con tintes de goce prohibido. Y ahí uno vuelve a estrellarse de frente contra el estereotipo que uno tiene de Medellín: tan chiquita, tan católica, tan aburrida, tan práctica, tan pacata, tan moralista, tan goda, tan… atractiva para bailarinas exóticas????

Como historiadora, el estrellón que la foto de Kira me produce me lleva a varias preguntas; la primera, la más obvia, apunta a develar como una artista como Kira podría ser bien recibida en una ciudad que, regida de día por “buenos principios morales”, en las noches “se soltaba el pelo”. ¿Kira, la válvula de escape a un moralismo asfixiante? Es lo más probable. Otras noticias de la época (y de épocas anteriores) revelan en reportajes periodísticos y anécdotas el lado rebelde, hasta oscuro, de esta Villa empotrada en el Valle de Aburrá: los medellinenses aquí pintados son seres violentos, o sujetos de pasiones trágicas, protagonistas de heroismos poéticos y algunos, hasta desplegaban cierto cosmopolitismo; Medellín se agitaba entre asesinatos, la apertura de revistas literarias, los debates políticos, las inclementes persecuciones políticas, las pulpiteadas de los curas, los bailaderos populares y las temporadas de ópera… sí, mucho cabía en la vieja y pequeña Medellín.

Para esta historiadora, la belleza de una foto como la de Kira radica no sólo en que, como dice la trillada expresión, equivale a mil palabras. Al buscar el contexto de esta imagen y sus protagonistas -la bailarina y el fotógrafo- encuentro que son más que mil palabras y que también implica experiencias que rebasan las palabras… mi trabajo es intentar traducir en palabras, conceptos, explicaciones, esas cosas dichas y no dichas. Y claro, sentidas.

Miren esta otra:

José Celada P., travesti.

¿Travestis en la conservadora Medellín????? Pues sí, y don Benjamín, con ese ojo tremendo que tenía para todo lo raro, fuera divino o humano, fotografió a varios de ellos. También inmortalizó a cantantes, intelectuales, políticos, gente de la elite medellinense y campesinos con su traje dominguero; ni los muertos se escaparon del lente de don Benjamín de la Calle (1869-1934), es más, entre sus series más conmovedoras están las de los niños muertos, que en sus ataudes llenos de flores, parecen dormidos… para la eternidad.

Muchos saben y claro, pocos están dispuestos a admitir, que la movida travesti y gay en Medellín siempre tuvo buen tráfico. Hay un rumor sobre cierto café en el centro de la ciudad, conocido punto de encuentro entre homosexuales durante los años 30 y 40. Y con esa gran habilidad de la sociedad medellinense para hacerse la de la vista gorda, estos personajes travestidos llamaban que llamaban su atención se ganaban la tenaz indiferencia de esa sociedad bienpensante, que sólo se ocupaba de “cosas decentes”.

Esta imagen tan perfecta, desafía esa imagen de Medellín como una comunidad de hombres de a caballo, de carriel y ruana, que conquistaron montes y poblaron valles.. y otros discursos regionales de ese estilo. En Medellín también han vivido hombres lo suficientemente machos para entaconarse y salir muy bien vestidos, a la última moda flapper, por las callejuelas del centro, cosechando a su paso miradas ardientes, asombro y puritano desdén. Ese es un Medellín que le debo a don Benjamín de la Calle; gracias a sus fotos, hay otro lado de esta ciudad que da al traste con ese terco ideal de “pueblo grande”, homogéneo y rezandero.

Fotos como las de Francisco Mejía y las de Benjamín de la Calle hacen parte de lo que los historiadores llamamos “fuentes”. Nos dicen mucho, pero lo más apasionante es lo que apenas revelan; eso es lo que nos manda como locos a los archivos, a esculcar papeles viejos -públicos y privados- que nos digan más, que nos respondan algunas preguntas y que nos impulsen a formular otras. Claro, no todo son preguntas y respuestas; para eso tenemos nuestros métodos, nuestras reglas que también, dado el caso, estiramos y hasta rompemos cuando nuestro olfato nos dice que hay más… que detrás de estas fotos, hay mucho más…

pero eso, va para otro artículo..

Tejido social rítmico y sonoro en Medellín

Es muy fácil ver con compasión y con desconfianza a estos jóvenes tan valientes, pero también es lo más injusto. Ellos han sobrevivido una guerra urbana terrible, han visto caer a muchos de los suyos y sin embargo, siguen en pie. Y caminan fuerte, decididos, llevando el compás y la rima.

Y no se trata sólo de la ignorancia de la comuna internacional. Los otros medellinenses, los que muchas veces vemos los toros desde la barrera, no hemos conocido ni admitido este formidable movimiento social nacido en las calles de nuestra ciudad y surgido de la cotidianidad -terrible- de gran parte de nuestra sociedad. Es tan fresco, tan rebelde y tan honesto, que choca con sus letras y con el poder que le ha dado a estos jóvenes, porque son los jóvenes los que han asumido esta misión, esta tremenda posición de decir NO NOS VAN A MATAR, NO NOS VAMOS A DEJAR MATAR.

Y cantando, rimando, mezclando, bailando, van diciendo que están vivos, que respiran y que son mucho más que el estereotipo que les colgamos con actitud arrogante. Estos muchachos son héroes, están salvando a muchos de los suyos en un acto de poesía y de ritmo, de música, que en realidad no tiene fronteras.

Claro, se han ganado enemigos por elegir vivir en vez de morir. Y la negligencia y la discriminación social tampoco les ayuda.  Ya hay varias víctimas… pero ellos continuan y aunque no podamos ayudarlos directamente, al menos, podemos escucharlos y sentir con ellos algo que no hemos querido pensar: cómo nosotros, como ciudad y como sociedad, perdimos el norte y lo que nos unía.

En Medellín hay ritmos y sonidos que te dicen que hay mucho más para ver, oír y sentir...

Tercer Congreso Iberoamericano de Cultura

Por allá estuvimos esta semana, representando a nuestro grupo de investigación INTERDÍS. En un evento como este se encuentra uno con mucha gente que tiene experiencias similares y que comparte la inquietud: la difusión cultural más allá del mercado.  Así que no perdimos la oportunidad de oír, ver y tomar nutrida nota.. y una que otra foto…

La tarjeta de presentación.

Si bien el logo les quedó muy bonito, la organización dejó bastante qué desear, sobre todo para los invitados nacionales.  Al parecer muchas entidades colombianas dedicadas a la actividad musical, no contaron con toda la información necesaria para preparar sus intervenciones con suficiente anterioridad.  Sin embargo, la participación y el espíritu de cooperación entre todas las entidades asistentes, tanto nacionales como internacionales, fue excelente.  En mi caso personal, la buena comunicación que se estableció en la mesa de trabajo en la que estaba con los representantes mexicanos, españoles y los otros colombianos, fue muy buena y resultó en maravillosos contactos que ya darán sus frutos.  Eso, por lo local; por que en cuanto a lo macroregional, los planes son ambiciosos y por lo tanto peligran… espero que el futuro me obligue a tragarme mis palabras.

Obviamente, me fue imposible estar en todas las conferencias, pero aquí les comparto las que pude presenciar. La primera tomó lugar en el teatro de la Universidad de Medellín, un espacio maravilloso pero que, tal vez por no estar ubicado en la zona más central de la ciudad, no logró convocar. Y eso que la conferencia estuvo muy, muy buena: Músicas iberoamericanas, identidades y procesos transculturales.

El panel, de izquierda a derecha: Juan Pablo González (Chile), Marita Fornaro (Uruguay), Albert Recasens (España), Héctor Fouce (España).

Y como sé que se van a preguntar por qué no digo nada sobre la conferencia dada por Silvio Rodríguez y Rodolfo Medeiros, pues les cuento: se podía asistir con invitación y no repartieron de esas a todos los invitados… ese fue otro punto de desorganización, pues no contaron con todos para los eventos que requerían la dichosa “invitación” y más de uno nos quedamos con ganas.

Bueno, como les iba diciendo, esta conferencia estuvo muy interesante.  Marita Fornaro y Juan Pablo González dejaron en claro que la idea de folklore es mucho más rica y compleja de lo que uno se imagina; con ejemplos demostraron cómo el folklore y lo que se entiende por raíz musical, van cambiando según las apropiaciones que los diferentes miembros de la sociedad hacen de ellos. De ahí que los ritmos y los formatos tradicionales puedan adaptarse, no se queden conservados en formol. La profesora Fornaro demostró cómo los cantautores de los años setenta, acicateados por las dictaduras en esa zona del continente, le dieron nuevos sentidos a la música popular tradicional, por lo que esta ganó una poderosa dimensión política.  El profesor González nos contó cómo se ha construido un nuevo entendimiento de la noción raíz musical, pues la sensibilidad globalizada contemporánea permite que los intérpretes y oyentes elijan sus referencias identitarias a partir de una amplia y diversa oferta musical; de ahí que los nuevos grupos musicales, por ejemplo los chilenos, busquen anclar sus raíces en tradiciones tan diversas como la celta, la sefardí, la mediterránea, la hispana, la mapuche y la gitana, por sólo mencionar algunas.  Héctor Fouce (España) nos llevó a otro mundo aparentemente lejano: el de la escena del rock español en los años ochenta.  Sin embargo, Fouce no demoró en revelar el punto en común con Fornaro y González, que era el de la apropiación y los variados caminos que esta presenta.  En su análisis nos mostró que la génesis del rock español pasó por procesos de rechazo y de recreación: rechazo de la tradición española, recreación del fomato gringo comercial y por último, aclimatación de las tendencias más alternativas (Beatles, Bob Dylan, etc.) Lo más curioso de la exposición de Fouce, fue la demostración del proceso de renovación del rock español vía los cantautores argentinos, que les mostraron a los españoles cómo el rock servía para dar referencias de la vida cotidiana y de la experiencia de su generación.  El otro español, Albert Recasens, fue uno de los coordinadores de una exposición que en estos días se pasa en el Museo de Antioquia, llamada A tres bandas, donde se da una muestra de los procesos que construyeron las músicas criollas iberoamericanas; por lo tanto, su ponencia se enfocó en los problemas para conectar las instituciones responsables de mantener y difundir este patrimonio… este sería el tema recurrente del evento y ya les contaré por qué.

En Plaza Mayor...

El resto del Congreso pasó para mí en Plaza Mayor, ese espacio planificado para que Medellín se convierta en el centro de lo más sonado en Sur América.  Este lugar ha sido todo un éxito, pues combina y conecta el centro de eventos Plaza Mayor con el Palacio de Exposiciones (remodelado), el Parque de los Pies Descalzos -que tiene acceso al centro administrativo La Alpujarra- y la zona del Teatro Metropolitano.  Es un todo en uno muy bien dispuesto, en el que se aprovecha cada centímetro de espacio.

Justo frente a Plaza Mayor.. ¿reconocen este emblema?

Pueden adivinar entonces, la enorme propaganda que este congreso ayudó a hacerle a la ciudad y a su administración.  El slogan Medellín la más educada no se oyó directamente, pero impregnó la atmósfera.  La atención a los invitados de otras ciudades colombianas y claro, a los internacionales, fue estupenda y la ciudad quedó muy bien como plaza de eventos.

Y claro, al país no le fue nada mal.  Vean esta foto para que lo comprueben:

¿La identidad nacional como marca registrada?

Claro, Colombia es Pasión.. ya reconocieron el emblema de la foto anterior, ¿cierto?  Es curioso cómo se puede hacer marketing del país. Claro, eso es toda una operación de selección y edición y su presencia en un congreso de cultura no deja de ser irónica, pues muchos ponentes criticaron el folklorismo nacionalista de las naciones iberoamericanas que idealizó lo tradicional, convirtiéndolo en costumbrismo fácil.  Ahora bien, yo me pregunto: ¿no es muy peligroso poner la pertenencia a la nación en un formato que puede ser tan efímero como una marca comercial? sí, concedo que algunas marcas han logrado la eternidad: Coca Cola, Pepsi.. Picasso es un buen ejemplo de individuo convertido en marca… ¿pero una nación?

La conferencia Cultura y Desarrollo contó con la participación de Juan Luis Mejía (ex-ministro de cultura y actual rector de la Universidad EAFIT) y el profesor argentino Bernardo Kliksberg (Universidad de Buenos Aires) y fue una de las más elocuentes; ambos conferencistas hicieron mucho énfasis en la importancia del tejido social, es decir, en la importancia de contar con una sociedad civil activa y participativa, que proponga y defienda políticas públicas. Para formar esta sociedad civil se necesitan enormes dosis de ética, para que la cultura política pueda reflejar de la manera más positiva la manera de vivir juntos.  Esta idea del profesor Kliksberg se complementaba directamente con la expuesta por Mejía, en la que nos explicó cómo el aspecto cultural, comprendido como un esencial elemento dinámico en la sociedad, tiene que hacer parte de los modelos de desarrollo económico. Por lo tanto, no se puede hablar de un sólo modelo de desarrollo, de un solo tipo de sociedad, ni de un solo tipo de cultura; si en realidad se trata de plantear un desarrollo sostenible, se debe poner atención a las dinámicas culturales que hacen posible la vida cotidiana en una comunidad, pues todo lo que se produce y se valora está inserto en esa lógica y por ende, hay una gran variedad de modelos de desarrollo.

¡Tecnología para conferencias!!!: el traductor simultáneo para la conferencia del brasilero.. en portugués !!!!

(Nos disculpamos por la mala calidad de esta foto, pero ante la descarga de la cámara, figuró tomarla con celular. ) Bueno, la conferencia Música y políticas culturales: políticas locales para la promoción de la música estuvo muy informativa. Los participantes eran la Comunidad Autónoma de Valencia (España), Argentina y Brasil.  Y en resumen: toca por nuestro lado, por que el Estado no dice ni mú. ¿Se acuerdan de lo que les dije del tema recurrente? pues es ese, la dificultad de lograr unas políticas institucionales continuas que garanticen los procesos que alimentan la cultura: formación, preservación, creación y difusión.  La gran lección de esta conferencia, fue la increíble importancia que ahora tienen las redes como espacios y herramientas de organización que permitan presentar un frente unido; desde ese frente, desde esa comunidad de agentes de la cultura, se puede ejercer presión sobre las instituciones gubernamentales para que actúen.

El panel de izquierda a derecha: Jaime Quevedo (Colombia, Centro de Documentación Musical), Ismael Fernández de la Cuesta (España, Grupo de Estudio del Patrimonio Musical Iberoamericano), Juan Carlos Franco (Ecuador, investigador musical), Jesús Evaristo Gómez (Cuba, Museo Nacional de la Música)

Este tema recurrente volvió a sonar en la conferencia Musicalización ciudadana: patrimonio y documentación musical. Claro que la orientación de  esta charla iba por los lados de la recuperación de la música del pasado y de todos los recursos que esa actividad necesita, pues no sólo se trata de las músicas tradicionales populares, también esto cobija las músicas académicas y además, integra una gran variedad de soportes: partituras, discos, rollos de pianola, planchas de impresión, manuscritos, instrumentos musicales, libros, audiovisuales, música grabada en investigaciones antropológicas, etc.  Este trabajo está muy descoordinado, pero Cuba, específicamente el Museo Nacional de Música de Cuba, dio un gran ejemplo de trabajo continuo e intenso en la conservación de toda esa memoria cultural.  El conferencista español, Ismael Fernández de la Cuesta (director del Grupo de Estudio del Patrimonio Musical Iberoamericano) puso de relieve que este trabajo de conservación es muy importante, pero que debe complementarse con un intenso trabajo de difusión para que la gente se apropie de esta faceta de su historia; hay que convencer a los músicos para que interpreten este repertorio, gestionar conciertos y festivales, conseguir patrocinio para grabaciones… y así se le dará toda la importancia que merece a música que ha estado ignorada injustamente, por que por varias razones ha quedado fuera de los grandes canales de circulación.

Y bien, llegó la hora de cerrar el evento.  Todos -bueno, casi todos- fuimos muy juiciosos a los salones 4, 5 y 6 de Plaza Mayor, donde se leyeron las conclusiones finales.  Estas son muy ambiciosas, pero cuentan con los buenos deseos de varios ministerios de cultura y del BID… amanecerá y veremos, dijo el ciego.

El gran final, con la ministra de cultura colombiana, Paula Moreno Zapata.

Discursos cortos y positivos, un punto a favor. Hay que reconocer que nuestra actual ministra de cultura es muy activa y en realidad ha trabajado mucho por este sector, siempre tan descuidado por nuestros gobiernos -al parecer la cosa no cambiará mucho con el próximo gobierno… así que sólo nos queda trabajar desde lo local para construir las deseadas redes transnacionales de cultura.

Bueno, esta fue mi pequeña crónica sobre el Tercer Congreso Iberoamericano de Cultura.  Sé que lo que fueron a los conciertos se lo soyaron de modo muy distinto y espero que compartan su experiencia. Y que les sirva de algo la mía, que la comparto con gusto.

Al interior de Plaza Mayor, vemos de nuevo a Colombia, la marca registrada.

Tan lejos y tan cerca

Propongo el siguiente ejercicio: vamos a leer dos crónicas de países lejanos entre sí y vamos a jugar a hallar las semejanzas y las diferencias… puede ser divertido… ¿listos? aquí vamos:

Munir Majir, el joven tejedor de pañuelos afgano. Fotografía de El País.

Existe un triángulo entre Afganistán, Pakistán y Cachemira del que los medios de comunicación escribimos y hablamos mucho. La imagen que proyecta tanta información es la de unos territorios habitados por gentes que dedican una parte considerable de su tiempo a hacerse la guerra en nombre de dios o del diablo.

Ya nos dan las primeras coordenadas geográficas… veamos a donde nos lleva nuestra segunda crónica:

Para bajar a los estratos más bajos de Medellín hay que subir, subir, subir. Arriba, en los bordes de las montañas nororientales de la ciudad, están los barrios bajos, reguero de casas apretadas, muros contiguos, techos recostados sobre techos, escalas en procesión interminable, ventanas y balcones sobre el vacío, vericuetos de corredores, aceras de tierra, remolinos de polvo, los gallinazos volando allá, abajo, en un cielo inferior, por debajo de la línea de los pies. Podría ser poético, pero no lo es.

La Policía patruya las calles de los barrios altos de Medellín. Fotografía de la revista Semana.

No se podría imaginar que nuestros dos destinos geográficos tuviesen tanta tierra, agua y aire de por medio, ¿cierto?. Y es que de las lejanas tierras del Oriente a las cercanas tierras de los Andes tropicales, hay, aparentemente, más que la distancia geográfica… pero fíjense que esta diferencia nos lleva a la primera semejanza: la violencia campea.  La violencia se ha convertido en un lenguaje cotidiano, en una manera de relación en la que se evitan las palabras y las acciones tienen el peso inapelable del plomo. Y no es una simple metáfora…

Pero prosigamos nuestro ejercicio:

Mohamed Munir es afgano y no tiene siquiera tiempo para ponerse triste, que la melancolía es cosa de primermundistas. Sentado ante el telar mueve los pies y las manos como un pianista, pero no salen notas, sólo se mezclan los colores. Aprendió a fabricar pañuelos en Mazar-i-Sharif, al norte. Allí huyó con su familia tras la llegada de los talibán.

‘Caliche’, un joven del sector de La Silla, en pleno corazón del conflicto, ve pasar la caravana de uniformados que patrullan el sector, entre ellos cuatro carabineros a caballo escoltados de cerca por soldados de la IV Brigada. ‘Caliche’ es miembro de una banda y tiene un Corazón de Jesús tatuado en alguna parte. Estuvo en la cárcel Bellavista y fue, dice él, uno de los hombres que ‘Don Berna’ mandó a reclutar a toda carrera a finales de 2003 para enlistarlo como miembro del Bloque Metro de las autodefensas. En dos días le enseñaron a marchar como soldado, pero no pudo presentarse porque las armas y los uniformes camuflados no alcanzaron para todos y lo bajaron del bus en el que sí se fueron tres de sus vecinos, un tío y el esposo de una prima.

He aquí nuestra segunda semejanza: jóvenes y gallardos protagonistas cuyo ritual de entrada en la vida, fue el ver correr la sangre y huirle a la muerte.. o volverse su amigo. ¿Qué hace uno cuando el dolor y la supervivencia a pulso son su caudal de herencia? Obviamente planear y pensar no deben ser las actividades que entren de primeras en la lista de obligaciones -pues algo me dice que estos dos muchachos tienen más obligaciones que deberes

Estos pequeños afganos tienen que trabajar. Algunas fundaciones organizan escuelas especiales para ellos.

Y justo cuando hallamos a los protagonistas de nuestra crónica, aparecen nuestros coprotagonistas estelares, aquellos que comparten la suerte de nuestros héroes:

En el piso donde Munir fabrica jugando con los pies y las manos una media de un pañuelo y medio al día trabaja también su sobrino Abdul Majid, de 14 años. Es el encargado de preparar los tambores con los hilos tintados. Sentado en un cojín, Majid ríe cada pregunta pues entiende inglés. Va a la escuela como todos los niños afganos que aseguran ir a la escuela pese a estar trabajando como stajanovistas en horario de aprender. Ahora tiene excusa: cerraron los colegios y universidades por miedo a la gripe A y a las manifestaciones contra el fraude.

‘Caliche’ admite que un hermanito suyo va a la Biblioteca España a que le lean cuentos y él mismo dice haber ido un par de veces con una vecina a darse besos en las bancas de afuera. Lo que más le gusta de allí es lo limpio, lo grande, lo espectacular que es ese edificio en forma de dado, son sus palabras, pero admite que la única plata que sube a los barrios es la de los malos, amén, y que nadie se quita el hambre leyendo libros, de nuevo son sus palabras.

Estos dos chiquillos tienen en sus mayores -no tan mayores- el espejo de su próximo futuro… no hay tiempo para la escuela, pues hay que trabajar para poner pan en la mesa; que los libros no quitan el hambre.

Y de las cosas más triste, es que estas ideas tienen mucho de cierto cuando la realidad es tan mezquina, cuando la sociedad que hace el mundo es tan corta y no ofrece más que el hoy, que este minuto, que ese billete que no va a durar ni rendir, pues la supervivencia es la diosa de la inmediatez: todo es ya, la imaginación no puede costearse y por ende los planes no entran en el presupuesto.  Hay que vivir, pero este vivir parece un recorrido por los laberintos del purgatorio, un lugar donde nada se resuelve..

Pero sigamos leyendo, que pronto encontraremos a los actores de reparto. Y como en toda buena obra, los actores de reparte pueden tener una aparición corta, pero pueden cambiar el curso de la historia:

A falta de viajes organizados y vuelos low cost, el complejo papel de turistas lo representan en Afganistán los reporteros, diplomáticos y funcionarios de la ONU.

Sobre su escritorio, el comandante de la Policía Metropolitana examina siete carpetas con fotografías y reseñas de decenas de miembros de bandas criminales, casi todos menores de 30 años, sus nombres, alias, calles donde delinquen, edad y hasta dirección de residencia. Aunque sabe todo de ellos, se queja el oficial, no puede apresarlos porque ninguno tiene orden de captura.(…) En su último cumpleaños, el 5 de marzo pasado, Carolina Domínguez se pasó el día entero haciendo las necropsias de dos jóvenes descuartizadas a las que sus victimarios vaciaron en canecas con concreto. La médica legista, de cabello negro y ojos casi siempre enrojecidos, admite que ha tenido días peores.

Estos actores de reparto no son personajes inmunes, simple relleno.  Muchos de ellos creen en su pequeño papel, creen en que su actuación puede ser grande. Muchos hacen su parte con fe, con sudor diario, con la esperanza de ser la piedra que impida el rodar de esta rueda terrible, que todo lo tritura y lo aplasta… muchos de ellos arruinan su salud y su paz mental bregando a no ser parte de ese monstruo que se nutre de miedo, indiferencia, prejuicio e inercia… no es fácil, pero al parecer, estos actores no se le apuntan a lo fácil.

En Colombia todos debemos asumir un rol: desde lo institucional y desde lo personal.

Y sin embargo, a veces es imposible no quedar como una garra de ese monstruo.  A veces a uno le puede el cansancio, le puede la rabia y la tristeza, le puede su humanidad y cuando menos piensa, le está limando las uñas al monstruo.

En la tienda no hay descansos. Se trabaja siete días a la semana, de siete de la mañana a nueve de la noche. No existen los días libres, ni las vacaciones ni los diez minutos del bocadillo, todas esas ventajas que se logran cuando el progreso transforma la explotación en un trabajo remunerado y con ciertos derechos. Cuando Munir termina no ve la televisión, apenas sale con los amigos. Sólo tiene ganas de dormir. Es la ventaja de tanto trabajo: no hay tiempo para gastar.

Munir y Majid no reciben un sueldo. Su tío, a cambio del deslome, les ofrece techo, comida y seguridad. “Cuando necesita dinero me lo pide y se lo doy”, dice Farid. En Afganistán, donde nunca hubo Estado, la sociedad se basa en la familia, en el clan y en la tribu. El voto siempre es tribal y se destina a quien el jefe de la comunidad decide. En la tienda de Farid él es el jefe y responsable de su gente.

Un muchacho que trabaja como campanero, es decir, como delator de operativos policiales, puede recibir 20.000 pesos diarios, 600.000 pesos al mes. Los que recogen las cuotas de extorsión en las casas, en los negocios, en los paraderos de los buses, pueden duplicar esa cifra, lo mismo que se gana un bibliotecólogo o un administrador de empresas recién graduado. Al parecer, sin importar a nombre de quién se empuñen las armas, la milicia es desde hace dos décadas la mayor empresa en los barrios altos de Medellín. Los que no se van al Ejército a pagar servicio y luego a sobrevivir con un sueldo como soldados profesionales, se quedan a merced de las milicias guerrilleras, los narcotraficantes o, como ahora, de las bandas dedicadas a la extorsión.

En las comunas, dicen sus habitantes, están acostumbrados a ver subir gente a proponerles cosas. Por eso muchos entendieron la oferta del Presidente de darles 100.000 pesos a los estudiantes a cambio de información como otra de tantas ofertas que les viven haciendo de enrolarse en uno u otro bando. ‘Caliche’ ni siquiera está dispuesto a considerarla por lo ridículo de la cifra. Cien mil pesos no es plata, dice el muchacho, amén, y se santigua. Sus patrones le sextuplican esa cifra y no tiene que pecar por sapo, dice.

Yo les dije que este ejercicio iba a ser entretenido.  Aunque para muchos, el darse cuenta de que la violencia no es el excremento de nuestros tiempos, no tiene nada de divertido.. es algo que tiene que ser resuelto.  Pero cuando la violencia se vuelve un régimen de comunicación, una forma de vida, una manera de ser que trae una rutina y una seguridad, esto llama por algo más que una resolución… la palabra revolución puede ver a la mente, pero esto necesita algo más hondo que una pataleta con lluvia de girasoles y unas lágrimas.

Si hay mucho que nos separa, es más lo que nos une...

Quién iba a pensar que entre las lejanas tierras del Oriente y los Andes tropicales habían tantas semejanzas… nuestras generaciones jóvenes están siendo llevadas al matadero y los que aún quedamos, buscamos desesperados el antidoto para este veneno que no da tregua. Los veteranos que nos ven se debaten: dejarse morir y dejarnos morir, escarmentarnos por nuestros sueños de vivir (no son sueños excéntricos: es sólo vivir) o luchar con nosotros para hacer de nuevo el mundo, pues los ladrillos de antes ya no resisten el peso de la existencia contemporánea… estos veteranos ya han enterrado a suficentes hijos e hijas que debían sucederlos tanto en la grandeza, como en la cotidianidad.

Tan lejos y tan cerca………

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