“La peligrosa caribonita”, Medellín

Me impactó profundamente la columna de Reinaldo Spitaletta para El Espectador.  Me puso a pensar en todas las ocasiones en que he intentado describir mi ciudad natal, ahora que vivo en el extranjero. Me puso a sentir ese dolor tremendo, esa falta de aire, esa alegría, esa rabia y esa impaciencia que me provoca la ciudad y mucha de la gente que la habita… medellinenses como yo.

Y mientras tanto, en esta ciudad entre montañas, de clima primaveral, y hoy de las más contaminadas de América Latina, se iba estableciendo una industria del crimen, que ya parece muy difícil desmontar.

 

Esas sensaciones tan contradictorias jamás me abandonan y me impiden compartir el optimismo ciego – el regionalismo/localismo ciego – de muchos de mis coterráneos… Aún cuando me lleno de alegría cuando algún europeo me dice que ha ido a Medellín y que ha salido sorprendido, no por que haya comprado a satisfacción la fantasía tropical de rumba-sexo-marihuana que se vende en Medallo, si no por que en realidad se dio tiempo para conocer la ciudad y a sus habitantes y descubrió el lado bueno de los medellinenses, los buenos lugares con compañías fascinantes y cálidas que hay en muchas esquinas y casas de Medallo.

Medellín, vista nocturna del Parque de Bolívar, portón frontal de la Catedral.

Yo pienso mucho en Medellín, tal vez por que vivo en una ciudad inglesa de la que muchos ingleses despotrican – Manchester – y de la que muchos ingleses dicen que no puede salir nada bueno.  Es pequeña, contaminada, con sus pedazos de gran belleza y sus huellas de lo que alguna vez fue su grandeza, el progreso industrial. Medellín es pequeña, contaminada, con sus pedazos de gran belleza y sus vestigios de casonas o barrios acogedores que querían emular un “pasado Colonial”. Así entiendo yo lo de caribonita: en realidad, no es bonita… es “agraciada”, bien arreglada… uno limpia y compone, y hasta se ve bien.

Al patrón lo mataron hace muchos años, pero no a la cultura de terror que sembró. Desapareció su cuerpo en 1993, pero no la mentalidad de violencia y crimen como medios para conseguir dinero y fama y posición social, de la cual él y muchos otros fueron artífices. Y también víctimas. En esta ciudad color ladrillo, muchos verdugos han terminado en la guillotina.

Pero esa mentalidad de violencia es en realidad producto de una enfermedad autoinmune: aquellos valores que supuestamente debían defendernos de la gran debacle, se convirtieron en nuestro lastre. La fuerza a prueba de todo, se convirtió en crueldad; la capacidad y la creatividad para el trabajo, se transformaron en mañas de avivato y de ratería para quitarle al otro lo suyo, “por que la vida es de riesgos, la vida es de los vivos.”  La belleza y la coquetería se transformaron en “para qué estudia, si está sentada en la plata” y en “si me quiere, que me mantenga”.

Medellín, Museo de Antioquia visto desde el Metro.

 

El respeto a las canas lo volvimos una excusa para no cambiar, por que si uno es buen hijo, uno no cuestiona a los padres – así los padres hayan cometido terribles burradas de las cuales uno ha sido víctima… pero eso de cambiar, de buscar mejores opciones y valores para regir la vida, eso es de ingratos, eso es “creerse de mejor familia”; pareciera que la miseria mental y espiritual son las verdaderas herencias a los que los antioqueños tenemos que aspirar, para no vivir de manera diferente – y potencialmente mejor – que nuestros padres y abuelos. Los apellidos, el linaje, también se miden en la carga monumental de errores que uno puede repetir, simple y llanamente por que uno no puede cuestionar, uno “no le contesta al papá/mamá”… ¡Cuántas vidas no se han salvado en Medellín, por que alguien “se atrevió” a “contestar”!

Si vas por los barrios de las comunas ocho y trece, por ejemplo, sabrás que son dominio de narcos, de bandas criminales, y como decía alguien de por esos contornos, que los pelados ni culpa tenían, porque los “pájaros grandes” te ofrecen plata, armas, entrenamientos y así cualquiera resbala y cae ante las tentaciones del lumpen. Para tantos muchachos de esas barriadas es triste tener que habitar sin poder salir de cuatro cuadras a la redonda, porque si atraviesan la frontera invisible los vuelven “ropita de trabajo”.

En Manchester también hay juventudes asfixiadas… juventudes que no esperan mucho, por que no han sido educadas para esperar mucho – ni siquiera para exigirse mucho a sí mismas. No sé qué es lo que ha forjado esta actitud, que según me dicen varios amigos mancunianos (así es el gentilicio) no es muy novedosa.  Pero sé que la encuentro muy parecida a la actitud de muchos jóvenes medellinenses, que se rinden con mucho o poco esfuerzo a ese oficio de “ser malo”. Es otra manifestación de la enfermedad autoinmune que nos despertó el narcotráfico: el aguante se nos volvió resignación… “es que como uno es pobre”, y a veces ni pasa hambre el o la que esto dice, simplemente no puede comprar el aparato (el que sea) de última generación… “¿Estudio? lo que dé plata” y no es sólo por cubrir necesidades evidentes (para comer, para vestir, para poder pagar un arriendo o incluso ahorrar), si no para comprar o hacer cosas que demuestren que “no es por plata”. Y mucho menos para ejercer la curiosidad intelectual, por que eso “no sirve”: “¿Usted para qué estudia/lee/escribe/va tanto a cine/va tanto a teatro/va a conciertos/escucha música.. tanto, si eso no da plata, si eso no es útil?” Resígnese a la ignorancia, resígnese a lo mismo, que si sus padres y abuelos vivieron así, ¿usted quién se cree para siquiera hacer algo que le permita vivir una que otra experiencia diferente?

Manchester, la Curry Mile (Calle del Curry), la zona de los restaurantes y tiendas del Medio Oriente.

Y habemos muchos medellinenses raros, que creemos que uno puede vivir distinto y que eso no va en la plata.  Que sentimos que es nuestro deber criticar, dudar, cuestionar y sobre todo, no repetir los errores de nuestros padres – claro, eso empieza admitiendo la doliente humanidad de los progenitores y por ende, admitir que ellos también “la cagan”. Habemos medellinenses que no nos creemos ese cuento arribista de que hay que tener plata para saber disfrutar de cosas distintas, buenas… Claro, la vieja generosidad o nobleza antioqueñas, por la enfermedad autoinmune, la convertimos en arrogancia, en insultos, en prepotencia y en ética de pistoleros como la describe Spitaletta.

Y todo esto se me vino a la cabeza y al corazón leyendo a Spitaletta. Todo esto se me viene en avalanchas cada vez que he oído a varios decir que Medellín es una ciudad de gente encantadora o la capital de la cirugía estética. Es mi ciudad, la amo y la odio, me da felicidad cuando vuelvo y siento unas enormes ganas de llorar cuando sé que regresaré y haré mi vida allí. “¿Y por qué no se queda por allá?” Pues por que no quiero abandonar el barco, por que sé que en Medallo encontraré muchas razones para vivir, por que sé que el Primer Mundo no me quiere (así muchos ingleses sí me quieran) y por que me rehúso a creer que los raros, no podremos convencer al resto de que podemos darle cristiana sepultura a esa sociedad que se murió de una horrible enfermedad autoinmune… y que podemos empezar el incierto proceso de vivir de manera diferente y potencialmente mejor. Es curioso: muchos mancunianos sienten lo mismo respecto a Manchester.

La educación sexual como corresponsabilidad

Este artículo de The Guardian estaba demasiado bueno como para dejarlo pasar… Nos cae como anillo al dedo, teniendo en cuenta la negligencia que mostramos frente al tema de la educación sexual juvenil (Aclaro: considero que la educación sexual es para todas las edades y fases de la vida.)

Se trata de un programa que se desarrolla en Bristol, patrocinado por una fundación privada e implementado por el NHS, el Servcio de Salud Nacional de Inglaterra… qué contraste con nuestra situación, no?

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Esta iniciativa se conoce como Sharp (sexual health action: real people) y se trata de grupos de jóvenes que van a las escuelas y a los lugares de alta asistencia juvenil – como los clubes, bares y discotecas – para hacer campañas de información y concientización. Y por qué jóvenes? Por que se trata de hacer circular la información en una manera que en realidad cautive la atención de los muchachos; los chicos que trabajan en Sharp saben por experiencia propia que es más convincente hablar con alguien de la edad de uno, que con un adulto en modo “predicador”

Young people feel more comfortable talking to other young people about sex, as we’re more liberal. They are more likely to be receptive. When sex education comes up in schools, everyone just giggles and never takes it seriously. They expect a teacher to be patronising and think: “What’s a 40-year-old going to know about sex?” Teenagers don’t like listening to adults anyway! Just talking to another young person is so much better, and hopefully it can ultimately lead to things like fewer teenage pregnancies.

Por eso es que se trata de corresponsabilidad: los jóvenes un poquito mayores, les hablan a los adolescentes, a los más jovencitos… es algo de gran urgencia, pues según lo revelan los datos recogidos por Sharp y otros organismos juveniles, hay una gran presión interpoblacional por comenzar la vida sexual desde muy temprana edad (los 14 años), cuando en promedio se ha estado comenzando a los 16… a esta presión hay que añadirle otros factores: la creciente sexualización de los medios de comunicación y de la publicidad, la ansiedad que invade a muchas muchachas, quienes ante la dificultad de empezar a tomar decisiones como adultas, deciden embarazarse… y convertirse en madre joven y soltera ha sido “rentable” hasta hace poco, con los subsidios y exenciones con los que las privilegia el gobierno; el acoso que aún asola a la comunidad homosexual y que puede llegar a ser cruel en los chicos y chicas homosexuales y por último y tan importante como lo demás, las posibilidades de abuso sexual.

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La meta de Sharp es lograr que el estigma y la reserva que rodean la educación sexual en la sociedad inglesa, vaya dando lugar a un enfoque más abierto, solidario y honesto, para poder promover mejores estilos de vida entre los jóvenes adolescentes y los adultos jóvenes. Pero también quieren promover una mejor comunicación entre padres e hijos, haciendo posible un ambiente más relajado y cálido. Por lo tanto, es muy importante escoger bien el lenguaje y observar con mucho cuidado los modos de expresarse sobre el sexo y temas sexuales que utilizan los chicos.. no se trata de ofender a nadie, ni de ridiculizar, ni de usar eufemismos que complican la situación:

Why am I involved in Sharp? It makes me happy to know that I’ve helped someone and they’ve learned something. If I can help de-stigmatise sex for young people then I’m happy. A lot of language gets bandied about among teenagers, like “slut” and other words, and it’s unnecessary. I’m quite confident in speaking about sensitive issues, and am happy to go out there and say what needs to be said. But I am aware that bringing up sex around people, you don’t want to make the wrong impression sometimes.

Y a todas estas uno puede decir: es que los ingleses son más civilizados, se trata de una sociedad más abierta y moderna… NO. La sociedad inglesa también tiene problemas de machismo y de consecuente hipersexualización de sus jóvenes. Como ya dije, muchas chicas de clase media y obrera, ven en un embarazo la salida a sus problemas; otras simplemente continúan una tradición familiar, en la que las mujeres se casan jóvenes o se embarazan jóvenes; para las poblaciones biculturales es más problemático aún, pues los matrimonios y maternidades tempranos constituyen un ritual comunitario – familiar que prueba la cohesión cultural en tierra extraña. En algunos sectores de la población, el homosexualismo todavía tiene estigma y hay muchos niños, niñas, adolescentes y jóvenes que pueden ser víctima del acoso, abuso y explotación sexual debido a las costumbres comunitarias, pobreza, etc. Por todas estas razones, la educación sexual es una urgencia en la sociedad inglesa.

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Así que nosotros, los colombianos, no podemos excusarnos en lo de “sociedad pacata, hipócrita y conservadora” para quedarnos callados. Nosotros, los jóvenes adultos y los que estamos entrando a la madurez, los adultos, los viejos y los adolescentes, tenemos que asumir nuestro papel activo como educadores de nuestra sexualidad. Ante la negligencia oportunista de nuestro Estado, que se ampara en la lentitud operativa de la legislación, debemos oponer una actividad consciente y amorosa; consciente, por que debe ser mucho más que repetir babosadas y eufemismos, que transmitir miedos y odios; amorosa, por que debemos apoyarla en un sincero deseo por mejorar nuestras propias vidas y las de aquellos que queremos y viven con nosotros.

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Cool Britania – A modo de respuesta…

Mi buen amigo Felipe, me escribió con esta inquietud, salida de la conversación con una amiga:

Ella sostiene que desde la vista de estado-nación, el país es pobre porque su estado no tiene fuerza de intervención en su vida social significativa, no posee grandes inversiones de infraestructura ni hay la amplitud de libertad de expresión que hay en otros países… así mismo dice que la desigualdad en este país no es tan violenta en términos de miserableza comparada con países como Brasil o India.

 

Yo sostengo que Colombia ES UN PAÍS RICO. Ahora, creo que lo que es sobre todo es unpaís mal administrado, un país de inmenso potencial y poder que tiene unas élites completamente perdidas y que se encuentra, como toda nación caribeña que es colonia norteamericana, viviendo El Mundo al Revés de Eduardo Galeano.

Veo que no es un país de talentos ni potenciales, sino un país de riquezas que por falta de autoestima no se logran consolidar ni comprender en toda la amplitud de lo que realmente puede llegar a necesitar el habitante de esta nación; es para mí, sobre todo, una nación que es un estado en perpetua apariencia de falla porque carece de una integración racial y cultural adecuada que le brinde la energía necesaria para reconstruir y construirse en pos de esa riqueza.

Así que, sin decir que mejor dicho ‘COLOMBIA MI TIERRA QUERIDA’, yo sí sostengo que este es un país rico, con un corazón y mente pobre.
Quería saber… ¿qué piensas tú?

Francamente, a mí me parece un montón de bullshit hablar de indicadores de qué es y qué no es pobreza, cuando la miseria y la pobreza es por lo cual se puede medir la grandeza de una nación -y es que así una nación tenga el Golden Gate, si tiene Pet Rocks y a Rush Limbaugh no es que digamos, qué ricos en su naturaleza-.

 

Voy por partes: me llama mucho la atención el vocabulario que mi amigo y su amiga usan para referirse a la situación colombiana. 

Si bien el Estado colombiano no se caracteriza por ejercer de manera correcta los tres monopolios básicos -fiscal, legislativo, de la fuerza- , me parece incorrecto decir que no tiene incidencia en la vida de nosotros como sociedad y como ciudadanos. Esas deficiencias SON la manifestación de nuestro Estado, son nuestro vínculo como nación. El hecho de que veamos nuestro Estado como una enorme máquina deficiente, mal orientada, extractiva mas no re-distributiva y además expropiadora, constituye un vínculo con él y nos forma a nosotros como ciudadanos políticos. Nuestro Estado y nosotros, como nación, somos una formación sui-generis, a la que los medidores de riqueza y pobreza no nos definen bien. Decir que el Estado colombiano es pobre por su poca capacidad de generar infraestructura incluyente y distributiva, es casi que apelar al modelo del Estado de bienestar… que es el que está en crisis. 

La pobreza en Inglaterra: casas clausuradas en Manchester, por ser inhabitables o por que sus dueños no pueden pagarlas. Foto tomada de The Guardian

Esa crisis del Estado de bienestar trae a la luz problemas de desigualdad más sutiles, pero tan violentos como los que se ven en el Tercer Mundo. Ese es un tema incómodo en el Primer Mundo, donde se suponía que al cubrir las necesidades básicas de una manera lo suficientemente básica y eficiente, se podrían promover dinámicas sociales y culturales que terminaran por incluir de un modo igualitario a toda la sociedad. El caso que me es más familiar, el británico, muestra que ese modelo de Estado no fue tan exitoso en ese sentido. La cobertura al ciudadano que garantiza el gobierno británico, no ha impedido que el profundo clasismo de la sociedad británica siga incólume… es más, que se haya replanteado y que se manifieste de diversas maneras en la distinción que cada grupo social hace de sí mismo diariamente. Incluso en las expectativas de las juventudes británicas, esa distinción social y la sutil exclusión que genera, está reflejada: no todos disfrutan ni buscan disfrutar ni ejercer las mismas ventajas. La Estado británico es rico en infraestructura que cubre a la población, pero esto no ha impedido que muchos de sus grupos poblaciones no se sientan incluidos o protegidos… los tumultos de hace un año así lo demostraron.

Dice Felipe que, según su amiga, la desigualdad colombiana no es tan violenta en términos de miseria – ? – como en Brasil o en la India. Estoy en desacuerdo. La desigualdad colombiana ES un tipo de violencia brutal, ejercida con armas simbólicas. La miseria material es la suma tanto de la exclusión material, como de la exclusión sociocultural que estructura a la desigualdad. En nuestra sociedad, los límites materiales también tienen su equivalente en los límites socioculturales que cada grupo poblacional ejerce para definirse ante los otros. Nada más pensemos en una de las frases favoritas de los colombianos: “Es que como yo soy pobre…”  Y muchas veces, el que emite esta autodefinición no sufre de pobreza material; cuando el sujeto sí sufre de pobreza material, su miseria se hace más violenta en tanto que es más evidente, en una sociedad donde la desigualdad material es un modo de presentación en sociedad: el que tiene, debe hacerlo notar. Además, la Colombia rural vive altos niveles de exclusión y de miseria que, desafortunadamente, se han hecho normales y por lo tanto, invisibles. Esos niveles de exclusión y miseria se han convertido en patrones de vida que son difíciles de romper.

Estoy de acuerdo en que Colombia es un país rico. Pero también pienso que no es ni más rico, ni más pobre que otros. La mala administración no es un tema exclusivo de Colombia como Estado o como país. Tampoco me parece algo novedoso, admitir la tesis del mundo alrevés de Galeano, o lamentarse de ser colonia o post-colonia de otro país. De nuevo, más de medio planeta comparte esa característica con Colombia… en cuestiones de colonialismo, estamos en una gran familia. Lo que me parece novedoso es ver cuáles son las referencias que se esconden detrás de esas lamentaciones de ser “el mundo al revés”; en ese sentido, dichas lamentaciones son las mismas quejas sobre las fallas que tenemos como Estado y como sociedad, quejas que hacen parte del pensamiento colombiano desde el siglo XIX. Si nosotros somos el mundo alrevés, entonces hay mundo al derecho, un mundo correcto al que debemos aspirar… no podemos ser autónomos, no debemos serlo, pues nuestra autonomía también funciona “al revés”. Con este marco de pensamiento, es muy difícil poder evaluar y valorar nuestros propios procesos, sobre todo cuando no estamos muy abiertos al grado de coresponsabilidad que tenemos en ellos.

La pobreza en Inglaterra: esta cama es compartida por cuatro niños en una casa de dos habitaciones en la que viven once personas. Para los indicadores ingleses, el hacinamiento es un indicador de pobreza. Tomada de The Guardian

Felipe habla de falta de autoestima y de falta de una integración racial y cultural adecuada. Esto también me suena familiar, pues de integración racial y cultural adecuada se está hablando desde hace 200 años y no se ha podido forjar… sin embargo, ese “adecuada” me queda sonando… por que no sólo se trata de admitir a todos los componentes “raciales”, sino de hacer una mirada crítica a esa idea de “raza” y los efectos sociales que tiene. La raza en Colombia es un calificativo socioeconómico, no es sólo de color de piel. Y echar mano de la exotización tampoco contribuye mucho a un proceso de inclusión verdaderamente profundo: poner a afrocolombianos o a nativos como la cuota romántica y colorida de la sociedad colombiana, no es admitir sus dinámicas como integrantes vigentes de nuestra sociedad, ni tampoco remediar la exclusión de la que han sido víctimas. 

Entonces, la cuestión de reflexionar sobre la racialización – es decir, lo que hace que la “raza” sea tan importante para nosotros – es cosa que nos toca a todos… no sólo a las “élites perdidas”, sino también a la ciudadanía anclada en un conservadurismo que le ha dado su identidad; los colombianos no somos víctimas de nuestra historia, somos victimarios de nuestro presente al escudarnos en nuestro pasado y al no reflexionarlo… sólo lo usamos para buscar culpables y eso no requiere mayor ciencia.

En mi post Cool Britania comentaba una de las manifestaciones de esta dolorosa transición del Estado del bienestar del Primer Mundo: la progresiva desregulación de la sociedad en el aspecto laboral. La intervención del Estado en el mundo del trabajo era una de las victorias del movimiento obrero británico; el subsidio para jóvenes es un gran atentado a esta estructura de inclusión, que velaba por la capacidad de consumo, de ahorro y de inversión de los ciudadanos. Es como si ya lo importante no fuera velar por estas tres actividades económicas, sino por la primera, al endiosarla como fuerza motriz de la economía.

En nuestro Estado, por razones diversas, el consumo ha sido el factor motriz de la economía y ha reforzado relaciones sociales verticales y excluyentes.  Nuestro Estado no intervino favorablemente el mundo del trabajo, por ende reforzó el carácter excluyente que puede tener y también reforzó el poco valor social que tiene. 

Es curioso que, desde dos corrientes tan diferentes, se llegue a un mismo punto: la progresiva desconexión social, que no promueve la creación de valores integradores, sino que genera una percepción social del Estado como el gran organismo que nos quita y no nos protege. 

 

 

Cool Britania ?

Vivir en Manchester, en las tripas de lo que fue el Imperio Británico, es una experiencia esclarecedora. Aquí se ven de cerca esas sutiles artes de la discriminación social inglesa, se siente la vida gris (por el clima) que los brazos de la revolución industrial y burguesa británicas llevaron y llevan… también se aprende la poesía del pub, se comprende la gratitud por la cerveza Guinness y se entiende que el Reino Unido es una experiencia multiétnica y multicultural.

En los últimos dos años, esta masa compleja que son los ciudadanos ingleses se han visto desafiados por la crisis financiera, algo que supuestamente debía haber sido controlado, pero que se revela como un fenómeno duradero y de gran calado. Los planes a futuro de muchas familias se vieron cortados; los jóvenes han visto como sus esperanzas se han ido al suelo y muchos ven con miedo y tristeza lo que se avecina, al no poder pagar una educación universitaria y no poder conseguir un empleo.

La juventud británica se pregunta por su futuro...

De ahí que la iniciativa del gobierno inglés de hacer trabajar a los jóvenes por el subsidio de desempleo, sea recibida con actitud agridulce. Para algunos es el método de sacar a muchos chicos de las calles y de sus casas, para otros es una medida que está a pocos pasos de la esclavitud. Pero es bueno que examinemos esta medida gubernamental con cuidado, pues tiene unas características bien particulares:

Under new plans, 18 to 24-year-olds who have spent less than six months in employment since leaving school or college will have to work at least 30 hours a week to get their £56-a-week jobseeker’s allowance. They will also get a 10 hours a week help preparing their CVs and searching for a job.

Se trata de que los nuevos profesionales/trabajadores no calificados británicos, tengan un ingreso a la vida laboral sin asfixiar a los empleadores, que ya no dan abasto. También se les entrenaría para la competencia laboral, para sobrevivir en un mundo de ofertas laborales limitadas. Pero una de las objeciones – puesta por los sindicatos – es que este tipo de trabajo en realidad no entrenaría al joven en la disciplina del mundo laboral. En Inglaterra, el mundo del trabajo cuenta con la organización sindical, una tradición que aquí en Manchester es honrada con un museo especialmente dedicado a ella. Los sindicatos se han visto desafiados por medidas como esta, que buscan abaratar los costos que afronta el Estado para mantener los beneficios públicos por medio de la desregulación de muchos campos de la economía. Uno de esos campos, es el trabajo; y claro, la población trabajadora más vulnerable es la población de trabajadores jóvenes, que con esta nueva medida accede a un ingreso que no está regulado por mecanismos laborales… ahí se añade más vulnerabilidad.

Los que apoyan la medida, argumentan que es un modo de hacer que la juventud aprecie los beneficios públicos, pues no es bueno que se desarrolle una cultura de “algo por nada”. Pero al parecer, el consenso público era que ese  subsidio de desempleo era algo que se obtenía por los impuestos pagados… Ahora bien, gracias a ese subsidio que sería el pago por ese “trabajo”, los jóvenes se unirían a la población consumidora. Y de este modo, la estructura económica queda más o menos intacta…

Otra gran particularidad, es que esta medida será probada en las zonas donde la población juvenil explotó el año pasado, formando los famosos riots, los tumultos violentos que la BBC mostró con lujo de detalles. Es decir, esta medida tiene un blanco determinado: una población creciente, descontenta, que se perfila como un permanente “problema” que el Estado debe resolver, pues desde hace dos años los analistas están advirtiendo sobre las crecientes cifras del desempleo juvenil… justo cuando se aumenta la edad de jubilación y se desalienta el cobro de impuestos a los más ricos.

Para la gran mayoría de los ciudadanos británicos, el desplome del Estado de bienestar es traumático. Algunos se consuelan con el manido discurso xenófobo, pero para muchos está claro que los inmigrantes no son los culpables de esta situación. Para los jóvenes de las clases medias, acostumbrados a unos estilos de vida que les prometían el ascenso social o la estabilidad socioeconómica, ha sido más traumático aún: ya no hay garantías de ningún tipo, sólo aquellos que pueden asegurarse un futuro por sus propios medios, pueden sentir que tienen un lugar en esta sociedad.

Es curioso: a ojos y oídos latinoamericanos, esta situación les es tremendamente familiar…