“Sé el interior del jarrón” – Mirar adentro y reconocer lo que contenemos.

En esta “performance” la artista Echo Morgan se da una profunda mirada a sí misma, sin auto compasión y con espíritu integrador. La intención es ser más que un lindo contenedor disponible. La intención es ser más que una colección desordenada de experiencias. 

El juicio de Paris?

Y cuenta la noticia que la reina nacional de la belleza colombiana, Lucía Aldana Roldán, al ver que en su carroza se contoneaba la figura de otra reina, la reina “gay” (cuyo nombre no aparece en la noticia), fue advertida por una de sus chaperonas de que se bajase de allí inmediatamente, pues la bella Lucía no podía compartir los vítores del público con una reina de la cual no se sabía a ciencia cierta su género y que, para completar, había sido coronada por una comunidad alternativa. Entonces, Lucía descendió de su carroza y fue a parar a otra, con otros acompañantes mucho menos cuestionadores y mucho menos cuestionables. De este modo, la fantasía que ella encarna volvió a dar una batalla por su lugar de privilegio: la belleza, tal y como se ha conocido en Colombia, volvió a quedar sin preguntas.

O tal vez, esta vez, no es así. Muchos opinan en las redes sociales que la reacción de Lucía Aldana es la típica reacción de una niña tonta, simplona, y pacata. Otros dicen que la tontería y moralina de Lucía es complementada con el ultraconservadurismo de una institución como el Reinado Nacional de la Belleza. De un lado y del otro se critica y se señala la godarria de la bella coronada en Cartagena de Indias y de la institución que amparó dicha coronación.  Y se les demanda a Reina y a Reinado, que se actualicen y que acepten la diversidad del mundo actual.

Miss Colombia

La Señorita Colombia 2012-2013, Lucía Aldana

Todo eso está muy bien, pero como la belleza es uno de mis temas de reflexión favoritos, yo propongo que pensemos un poco más en las instituciones que se enfrentan en esta contienda. Para comenzar, notemos que, aunque no hay un cuestionamiento frontal sobre la belleza de la reina gay (o transgénero), si hay un acto de enorme violencia simbólica: al no permitir que Lucía Aldana ostente su título de representante de la belleza colombiana junto a otra reina que ha sido elegida como representante de la belleza colombiana LGBT, se le ha dicho a esta comunidad que su belleza no tiene la misma validez que la de la reina “oficial”; es decir, se le ha dicho a la comunidad LGBT “Adelante, tengan sus reinados y sus fiestas y sus desfiles, pero no esperen figurar al lado de los nuestros, los que hemos ostentado el estandarte oficial de la belleza y la feminidad. Serán legales y libres, pero no iguales.” Y así se construye otro acto de violencia contra esta comunidad, que en Colombia seguramente es mucho más extensa de lo que anuncian las estadísticas.

El segundo elemento que me llama la atención es la reacción a la aparente posición del Reinado Nacional de la Belleza. Se denuncia la estrechez mental de esta institución, pero al parecer pocos se detienen a pensar que una institución que promueve sólo un tipo de belleza femenina, no puede tener una visión muy liberal del mundo. Se puede objetar que ya aceptan reinas de belleza negras y mulatas, pero eso ha sucedido después de décadas… por ende, la validación oficial de la belleza afrocolombiana ha sido lenta y tardía. Y es cierto que las reinas son muchachas universitarias, algunas hablan varios idiomas… pero las opiniones que expresan no son especialmente complejas ni revelan una percepción que indique que su instrucción académica ha llegado más lejos, es decir, ha generado en ellas un impacto que las haga reflexionar y emitir juicios más complejos sobre ellas mismas y la sociedad que las aclama como bellas y sin problemas.  Por ende, la educación de estas muchachas aspirantes a reinas no es sino otro atributo que se suma a sus encantos físicos y estéticos, los cuales ocupan toda la atención. Las burlas que se hacen sobre el corto intelecto de las reinas son un reproche cruel e injusto, pues estas muchachas no son brutas, simplemente no utilizan su inteligencia de manera más integral, pues no es eso lo que se les pide. Respecto a esto, recuerdo mucho la cobertura del reinado nacional que hizo Jaime Garzón; él les preguntaba a las reinas las tablas de multiplicar… no recuerdo que alguna haya contestado en serio, recuerdo que la mayoría sólo atinaba a sonreírse. Sin embargo, viéndolo en retrospectiva, muchas de estas muchachas estudiaban ingeniería y a ninguna, que yo recuerde, se le ocurrió contestarle con una contrapregunta que le planteara algún ejercicio complejo de cálculo, esa materia terrible que en todas las ingenierías tienen que aprobar durante tres semestres los estudiantes de esta rama del saber… lástima, eso habría sido un momento legendario de la televisión colombiana. Pero lo que la chanza de Garzón y la reacción de las reinas nos recuerda, es el círculo cultural vicioso que ejercemos los colombianos cuando nos enfrentamos a la belleza femenina, cuando la representamos y la traemos a la vida en la figura de una reina de belleza.

 

No sé si la reina transgénero en cuestión era la Reina del Carnaval Gay, pero aquí tienen, como muestra de una belleza transgénero, a la Reina del Carnaval Central Gay 2012, Francesca Carolina Mendoza

No sé si la reina transgénero en cuestión era la Reina del Carnaval Gay, pero aquí tienen, como muestra de una belleza transgénero, a la Reina del Carnaval Central Gay 2012, Francesca Carolina Mendoza

 

Ojo, que digo muchachas y no niñas… es que eso tiene su enredo: es mejor dejar a la belleza sin problemas y por eso se la infantiliza. Al infantilizar a la reina de belleza, se le quita no sólo su autonomía personal, sino también su capacidad mental para procesar la realidad que la rodea. El calificativo señorita es más formal y reconoce la madurez sexual de las participantes, pero no creo que signifique algún adelanto comparándolo con el de niña. ¿Cuáles son las posibles dificultades de estos apelativos, cuando se trata de una reina de belleza transgénero? Por costumbre se le sigue llamando señorita. Pero seguramente los que reparten el señorita y el niña a diestra y siniestra en el reinado nacional, se sienten muy inseguros e incómodos a la hora de aplicarlo a la belleza transgénero que no sólo desafía la identidad sexo=género, sino que hace alarde, con su presencia, de una decisión que implica no sólo madurez sexual reproductiva, sino madurez psicológica.  La decisión de asumirse como persona en la vivencia total de un género diferente al sexo que se tiene, implica un viaje vital emocional complejo, lleno de desafíos y que pone a prueba todas las habilidades psicológicas de supervivencia, reinvención, sanación y recursividad que una persona pueda poseer. Una belleza transgénero podrá ser sujeto de burla y ridículo, pero eso es el payaso que la sociedad conservadora (y temerosa) se hace de ella; la reina transgénero es una presencia imponente no sólo por sus atributos físicos (y algunas quedan físicamente divinas!!) , sino por su riqueza emocional personal, esa educación y experiencia que una mujer sin temores puede transmitir cuando habla, cuando mira, cuando escucha, etc. Ahí, no hay cómo llamarla niña; es una MUJER.

Y así sucede que la belleza convencional, eternamente niña y muda, baja de la carroza en la que la sociedad, temerosa de cambiar sus nociones sobre la belleza y la feminidad la había puesto… la llegada de la belleza transgénero, quien con su presencia activa pone en escena toda la arbitrariedad de la representación social de lo femenino en Colombia, demanda un reconocimiento total, no sólo como admisión a regañadientes. ¿Será que la carroza con su pedestal, en el que había de ir la reina nacional dispuesta a ser vista, admirada, envidiada y deseada (y descuartizada con la mirada, si seguimos ese juicio de Florence Thomas) , no puede albergar un objeto de deseo y admiración alternativo, como es la reina transgénero? Aquí nos desplazamos al otro elemento de los concursos de belleza: nosotros, los que vemos a las concursantes. Y que deseamos ser como ellas o poseer una mujer como ellas o incluso, hacen alarde de patrocinar a una de esas bellezas inalcanzables. No me refiero sólo a la mirada masculina, sino a toda la idea de masculinidad que hace parte de este juego de la belleza en concurso. El hecho de que los hombres se pongan en escena por medio de sus juicios sobre estas muchachas (y la posesión que algunos de ellos tienen sobre algunas de ellas), indica que la aparición de la belleza transgénero cuestiona ese ejercicio de masculinidad… ¿Qué burlas no tendrá qué enfrentar el que en un momento de éxtasis dice que la reina transgénero está hermosa, bella, o muy buena, para minutos después reaccionar con asombro/rabia/asco al saber que “en realidad” se trata de otro hombre transformado en mujer? Pocos serán los que admiten que sí, que les parece bella y deseable. El resto, o se sume en el silencio o reaccionan airados, reclamando lo “incorrecto” de esa aparición. Curiosamente, nadie se queja de la aparición y acción de los asesores y preparadores en maquillaje, etiqueta, vestuario y demás que las reinas emplean para encarnar el ideal femenino. En ese lugar, como abstractas hadas madrinas, inofensivas pero mágicas e invisibles, están muy bien; en su marginalidad, no cuestionan el ordenamiento usual. Pero la reina transgénero reclama el territorio de todo ese ejército de homosexuales y transgéneros que se han dedicado a la belleza femenina convencional como un medio de expresión de la suya; por ende, llegar a admitir la admiración y el deseo que la belleza transgénero puede despertar si se la pone en un pedestal, es otro disolvente a esa construcción social que es la belleza. 

¿ Y qué diría Paris, entonces? Sabemos que eligió a Afrodita, diosa del amor, del deseo y la belleza. Y que la eligió por una promesa: le daría la mujer más bella de la tierra. Entonces, cabe preguntarnos que entendía Paris por belleza (algo más que un rostro y un cuerpo que causan batallas) y también, qué entendemos nosotros. Tal vez, si admitimos un concepto más complejo de belleza, estaremos listos para admitir otras presencias en el mundo, para admitir el cambio como una fuerza esencial en nuestras vidas y nuestra realidad. ¿ Qué nos prometemos a nosotros mismos, cuando juzgamos que una belleza existe, que es, que la vemos y que la admiramos? 

 

La foto: de la belleza física… 1

Yo sé que no estoy diciendo nada nuevo… sé que no estoy mostrando nada nuevo… pero es curioso que el placer que estas visiones provocan siempre, siempre sea algo nuevo, algo revelador para el alma del que ve – no sé si sea igual para el alma del que es visto…

En fin, ahí va la primera “víctima”: el actor inglés Ralph Fiennes

Ralph Fiennes: la belleza adolescente…

En esta , no tendría veinte años… así, disfrazado de príncipe azul -¿o de Romeo?- y seguramente recitando a Shakespeare, su gran amor literario y dramático.  Con toda la lozanía y la frescura del que comienza… Y luego, viene el estrellato:

Ralph Fiennes: años noventa…

Los ojos azules, la voz educada, ese gesto entre melancólico, dulce y huraño… y no tuvo que desvestirse para que lo considerasen sexy y no tuvo que derretir el corazón de alguna actriz o de muchas fanáticas para que lo considerasen hermoso… sólo tuvo que asustarnos con su personificación de un nazi amo y señor de un campo de concentración, repartiendo balazos como quien respira… Y él lo confiesa: las mieles del éxito no fueron tan dulces como él lo creyó, fue ingenuo… Pero afortunadamente, llegó el esplendor de la edad madura:

Ralph Fiennes: la reinvención…

¿No se le nota, cierto? No se le nota la media centuria que lleva… Y en su debut como director, ha dado muestras de una visión propia y poderosa, con buena intuición para innovar y no caer en lo trillado.  Su imponente presencia y marcada personalidad siguen agraciando la pantalla gigante, hasta el punto que ya tiene otros dos grandes villanos bajo su cinturón: Lord Voldemort y Hades… el inframundo no parece tener secretos para Mr. Fiennes.

Las entrevistas que da no son reveladoras… es decir, desde el comienzo los periodistas se quejan de que, a pesar de su gran cortesía, no les de chismes. Él ya lo ha dicho: no le interesa explicarse, no le importa que no lo conozcan, él no tiene por qué compartir lo más sagrado de su corazón. Y así quedará, felizmente misterioso, o como dice uno de sus amigos: con esa curiosa mezcla de santo y libertino que pone en sus personajes y que a veces despliega en su vida cotidiana.

 

Sólo cuando me río: depende de la que mira…

- Pobrecita, todo cubierto menos los ojos.. qué cultura tan machista!! - Pobrecita, todo descubierto menos los ojos... qué cultura tan machista!!

– Todo cubierto menos los ojos!!! Qué cultura tan cruel y tan machista!!!

– Todo descubierto, menos los ojos!!! Qué cultura tan cruel y tan machista!!!

Tara: toda ella, todita, toda…

Ella quería ser delgada, esbelta y admirada… empezó el ritual de abstinencia alimentaria y ejercicios con disciplina… y entonces, su cuerpo y su salud mental le pidieron ayuda a gritos. Y se dejó de tonterías:

Tara Lynn, modelo tallas grandes, en la portada de la revista Elle.

 

Haber, confesémoslo: ¿qué le envidiamos a Tara?  Yo para comenzar, le envidio dos atributos: sus piernas llenitas y su amor por sí misma… ¿alguien más quiere confesar?

Elizabeth, tal y como era…

Y hablando de cuerpos, el de ella fue uno de los más codiciados y admirados. En esta foto, que se ha conocido después de su muerte, aparece tal y como era, con toda su gloria:

Elizabeth Taylor, fotografiada a los 24 años por el actor y fotógrafo Roody MacDowell

Esta fotografía fue un regalo para su primer marido y primer amante, un multimillonario de cuyo nombre no me acuerdo… obviamente, el matrimonio no duró pero afortunadamente el regalo perduró y ahora podemos confirmar, como siempre, la poderosa belleza de Elizabeth… esa belleza que también habitaba en la fiera actriz que nos dio “La fierecilla domada” y “¿Quién le teme a Virginia Wolf?”.

Nuestro cuerpo = Nuestro mundo

No se trata de una poetización más del tema. Sin embargo, el lenguaje poético es absolutamente necesario, pues aunque las sensaciones físicas pueden ser traducidas en las expresiones cuantificables de las ciencias exactas, la empatía que generan sólo puede hacerse comprensible por medio de la poesía.

No se trata de una descripción new age del asunto. Pero es muy difícil -sino imposible- pensar en una relación física con el mundo sin tener en cuenta el poderoso efecto de lo físico en nuestras ideas y nuestras más instintivas percepciones sobre nosotros mismos y lo que nos rodea.

Por esto, la charla de Eve Ensler para TED trasciende lo usualmente poético aunque parte de una sensibilidad muy fuerte y poética para percibir los cambios.  En esta charla, Ensler nos explica cómo el mundo no está separado de nosotros y cómo nosotros, en realidad, no estamos separados del mundo… es que simplemente, la mayoría de las veces, tenemos que viajar por otros mundos -como el de la razón humana- para volver a casa y habitarnos.. habitar el mundo:

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