Historia: Carlos Fuentes, la memoria y la imaginación

Carlos Fuentes, escritor.

Carlos Fuentes, escritor.

–Tal vez por eso pone en boca de su personaje que “ hubiera querido darle a la memoria el sobrenombre de la imaginación”.
–Sí, verá. Todos tenemos memoria, pero la memoria no es a veces la imaginación, es decir, la memoria la guardamos en el pasado como hechos pretéritos y no le dotamos de la imaginación que le damos al futuro. Estamos en función de la imaginación de lo que queremos ser mañana, pero no le damos la imaginación necesaria a lo que fuimos ayer, es lo que quiero decir.
–Son constantes en la novela las referencias a la religión y a la fe. A la trascendencia, más allá de la muerte, a ese “ser lo que somos porque somos lo que fuimos y lo que seremos”…
–Bueno, yo apelo a esa gran definición de la fe, creo que de Tertuliano, “es cierto porque es increíble”. Eso es la fe. Éste es el secreto de la religión, que apela a ese sentimiento de misterio que todos tenemos y que todo lo sacraliza. El problema es que la religión está tomando hoy un protagonismo que no le corresponde. Es la causante y el refugio de muchos conflictos. ¿Por qué? Porque han fracasado las ideologías políticas y como la gente tiene que creer en algo, empieza a creer más en la religión que en la ideología, pero a mí ni la religión ni la ideología me parecen soluciones buenas.
–¿Dónde están las buenas?
–En el uso de la razón, en la politica, en la imaginación, en la cultura, todo lo que es propio de la creación humana, incluyendo, claro, la religión, pero no como protagónica, lo mismo que la ideología. Lo malo es cuando la ideología o la fe se vuelven protagonistas y desplazan a todo lo demás. Entonces se nos olvida que está la razón, la inteligencia, las pasiones, la imaginación y que hay la cultura.

Carlos Fuentes es uno de los más grandes escritores latinoamericanos del siglo XX y la relación que plantea entre memoria e imaginación es sumamente fértil, pues la memoria, tal y como se ha comprendido, ha sido algo intocable que no puede controvertirse; la memoria se ha convertido en una pieza de museo con la que se ha perdido una relación pertinente, una herramienta para producir una cultura conveniente que no plantea preguntas ni crea el espacio para plantearlas… así, la memoria se vuelve un tipo de fe, creíble, defendible y se sacraliza, y ahí puede reemplazar la inteligencia, la imaginación y la cultura, fuerzas que pueden contribuir a construir una cultura que evoluciona, que incluye la duda como fuerza positiva.