Ane Brun (la cálida voz de la fría Noruega)

Y me la encontré por pura casualidad… lo que hace una thumbnail curiosa… nada me presagiaba semejante sorpresa:

Nació en 1976 en Noruega y esa tal vez sea la razón por la que no se sabe de ella en nuestro mundo cultural comercial, tan abrumado por el mercado pop estadounidense. Ha vivido en Europa, escribiendo sus canciones y haciendo giras. Su sonido es acústico y como pueden apreciar, intensamente melódico. Y sus canciones tienen una honestidad inmensa, de una desnudez poética…

No es una cantante con gran despliegue de medios sonoros, pero no los necesita. Sus letras tienen suficiente poder y su intuición melódica es certera. Ya la escucharon en el primer video, un hermoso cover del compositor italiano del Barroco, Claudio Monteverdi. Aquí va otra muestra de esa maravillosa intuición, esta vez del compositor inglés (también Barroco) Henry Purcell:

Qué maravilloso descubrimiento, qué bendita casualidad… no les parece?

Boyacá: cofre de tesoros.

Este cofre tiene una apariencia sencilla y cotidiana, guardado por el imponente y desafiante sistema montañoso de los Andes, al que tanto le debemos los colombianos.  Eso hace que el viaje por tierra hasta esta región, ubicada en el centro de nuestro paradójico país, sea una invitación constante a no quedarse dormido en el asiento del bus… y esta invitación se repite muchas veces…  

Las brumas que rodean a Paipa...

Los accidentes típicos de la cordillera proveen a esta región con una gran variedad de climas… ese es el sello de las regiones andinas colombianas, la variedad.  Y por eso hay que tener un buen estado físico para recorrerlas, por que lo que en un momento es montaña brumosa, en el otro se transforma en desierto sinuoso:  

La aridez que rodea a Villa de Leyva.

Y entonces uno se ve llevado del calor al frío, del clima templado al viento glacial.. pero todo vale la pena, incluso el enfrentamiento a los fuertes vientos helados del páramo, si el premio es una visión mágica como esta:  

La laguna de Tota.. azul bruñido y brillante, luminoso y helado.

El viento golpea, la luz amenaza con la ceguera, pero semejante encuentro vale todo desafío.  El suelo es generoso y prodiga una gran variedad de delicias y de colores.  

La veranera, una presencia constante.

Y si esto es el campo, las zonas urbanas también sorprenden por su belleza y su sencillez.  La vida de los boyacenses aparenta ser muy simple, sin mayores altibajos; al menos el caracter amable y un poco taciturno de la gente, lo inclina a uno a pensar eso -claro que uno es un paisa ruidoso sonriente y ruidoso, así que…  De todos modos, sorprende la limpieza y el orden de los pueblos y ciudades de la región.  

Así como también sorprende su fe católica, en estos tiempos de ateísmo y de religiones light.  Estabamos en Semana Santa, semana de rezos, procesiones y monumentos, de altares llenos de flores… y los boyacenses se lucieron en orden, primor y devoción, pues los sermones que en tierras antioqueñas ya se van reduciendo, por allá aún duran según su solemnidad y la gente, claro, se pone sus mejores galas para ir a la iglesia y participar en la procesión, hecha con todo el cuidado.  Por ejemplo, miren a este personaje:  

El pregonero en Monguí... ¿quién dijo que la Edad Media se había acabado?

Y como ya vimos parte de los tesoros hechos por Mamá Natura en esta región, demos una mirada a los hechos por el hombre. En estos hay suntuosidad y mucho agridulce.  

Altar mayor de la iglesia de Villa de Leyva.

Esta luz dorada en el interior de los templos es un leitmotif que en Boyacá tiene una variación constante y embrujadora.  Y no lo duden: en los viejos templos coloniales boyacenses, casi todo lo que brilla es oro.  

Uno de los altares en la puerta de la iglesia de Tópaga.

Bien le dijo Hernán Cortés al emperador Mexica, que la enfermedad del español se curaba con oro.  Y así procedieron, haciendo del oro un objeto de culto y un medio de adoración esparcido por los hermosos templos e iglesitas doctrineras en los que nuestros antiguos nativos aprendieron la fe trabajando en sus adornos.  Debemos recordar que el significado de cruces, flores, vírgenes, pastores y demás, fue entrando en la mente y el corazón de los nuevos cristianos mientras trabajaban para la gloria de Dios.  Las doctrinas de indios fueron los espacios privilegiados para que los sacerdotes católicos, que asumieron la conversión y la protección de los indígenas -y créanme, la protección de un cura podía ser lo menos peor-, enseñaron la artesanía occidental a sus alumnos tan habilidosos.  En pocas generaciones, los aprendices habían superado a sus maestros. La iglesia de Tópaga es una de las pocas iglesias doctrineras que aún tenemos en Colombia y en ella reposan verdaderas joyas del arte barroco de nuestro país, que han engalanado diversas publicaciones nacionales e internacionales.  Mírenla:  

Iglesia de Tópaga.

Desgraciadamente no pude entrar, pues estaban en pleno Sermón de las Siete Palabras y había que respetar la solemnidad de la ocasión.  Pero otros templos aguardaban, con sus naves repletas de tesoros que recuerdan lo paradójicamente prolífica que puede ser una relación de colonización como la que se vivió en estas tierras por unos 300 años.   

Este es el templo de Santo Domingo de Guzmán, en una callecita de la fría Tunja:  

Iglesia de Santo Domingo, Tunja.. vista desde la entrada.

Y nada, ni un perentorio aviso arzobispal que regaña al turista diciendole “nuestros templos no son museos”, puede impedir que uno le tome fotos y fotos a tanto esplendor.. esta visión embruja y uno casi que puede ver a los fantasmas de artesanos indios y mestizos cuidando con amor los cuadros, los altares, los arcos…  

Cerca al altar mayor..

 

 

Figuras como ésta, llenas de simbolismo y riqueza, abundan en nuestros templos coloniales, que eran más que edificios consagrados a la fe y a la arrogancia de una sociedad; eran libros, en los que una sociedad mayoritariamente analfabeta podía aprender y esperar a comprender todo lo que debía saber para vivir en paz, según el rol que Dios -amo de la vida y de la muerte, de este mundo y del otro- le hubiese asignado.  Nosotros ya hemos olvidado todo este lenguaje, hijos de una cultura cada vez más laica y dependiente de la alfabetización.  Pero para nuestros antepasados, la vista y su amigo, el color, eran indispensables.  A ellos iba pegada la palabra hablada, que quedaba en anclada en la memoria gracias al ritmo de la letanía piadosa. 

Pero las iglesias no eran las únicas que podían utilizar el color para resaltar su grandeza y comunicar a todos los fieles las maravillas que aguardaban a los que obedecían la ley.  Las casas de los notables, de aquellos que por raza, propiedad y linaje podían ostentar los títulos de Don o Doña, también podían hacer alarde de un despliegue decorativo colorido y fastuoso, digno de sus pergaminos; y como ejemplo, he aquí la Casa del Fundador, en Tunja:
 
 

El cielo raso en la Casa del Fundador, Tunja

Cielo raso Casa del Fundador, Tunja. Detalle (un camello?)

En estas pinturas de decoración doméstica, como pueden ver, se alternan los motivos clásicos y los exóticos.  Hay lugar para citar las culturas conocidas por los españoles -mediterránea, árabe, eurocristiana- y a veces, para citar esa cultura que estaban llegando a conocer: la nativa suramericana.   

Gracias al azar y a la conservación, estas pinturas no es lo único que ha quedado en las viejas casonas coloniales.  A veces, entre los trastos viejos, se han recuperado trocitos de la vida cotidiana, del quehacer de todos los días:  

Loza y azulejos del siglo XVI y el XVII, recuperados en la Casa del Fundador, Tunja.

Y junto a los platos, tazas, cuencos, jarras, cucharas, candelabros, frasquitos, ceniceros, trinchetes, ruecas, armaduras, pistolas, espadas y demás, claro, estaban los muebles… por que al colonizar, uno lleva su pobre humanidad a cuestas hasta donde haya elegido: ese es el requerimiento para trasladar una civilización de una latitud a otra:  

El secretero: mueble indispensable. Casa del Escribano, Tunja.

Y claro, como el tiempo no se detiene, la civilización siempre tiene más cosillas que agregar.  Por eso es que, llegado el caso, hay que importarla, para no quedar tan atrasados.  Y así es como llegó, a comienzos del siglo XIX, un piano a la pequeña Tunja:  

Un piano francés en la Casa del Escribano, Tunja.

En estas casonas se encierra una gran colección de artículos quenos muestran cómo se desarrollaba la vida virreinal.  Son unos doscientos años de muchas existencias, hechos de muchas palabras y sueños que, por lo general, nunca conoceremos.  

En los documentos de los archivos se pueden encontrar algunas palabras, retazos de los eventos en los que estos artículos tuvieron un sentido para las personas que llamaban a estos espacios su hogar.  Para nosotros, si tenemos la suficiente imaginación, pueden llegar a ser máquinas de viajar en el tiempo.   

Interior de la Iglesia del Convento Santa Clara la Real, Tunja.

Pero no podemos salir de Tunja sin darle unos minutos al Convento de Santa Clara la Real y a su iglesia, pequeña pero fastuosa.  

Este convento y su templo son muestras incontestables de lo que la riqueza y la fe podían lograr en la sociedad virreinal: que una pareja sin hijos, entrados en la madurez, decidan consagrarse a Dios… claro, la Iglesia, conmovida, recibe semejante regalo.  He aquí unas muestras de lo que guarda este edificio, actualmente en proceso de restauración:  

Púlpito en la Iglesia del Convento Santa Clara la Real, Tunja.

Santa Clara la Real: cielo raso..

En el Coro de la Iglesia del convento de Santa Clara la Real, Tunja.

La Inmaculada... del siglo XVII...

Y hasta la penitencia y el martirio por el Crucificado, podía tener su lado artístico.  Fue en este convento que Josefa Del Castillo, una de las primeras escritoras del Nuevo Mundo, pasó su mística y masoquista vida, ahuyentando al demonio y escribiendo con gran belleza… y este es su cuartico de penitencia, donde según la leyenda, se azotaba y el demonio la tentaba.. ¿será que esos angelitos pintados la consolaron un poco?  Espero que sí…  

El cuartico de penitencia de Josefa del Castillo en Tunja..

Y bueno, suficiente de templos, monjas tentadas por el demonio, imágenes rematadas de oro y donaciones imponentes… es hora de salir a la calle, de seguir viajando y viendo..  

A la calle en Tunja!!!

Entonces al bus!!! a la carretera!!! el camino nos llama!!!  

En la carreteraaa.... rumbo a Nobsa, capital de todo lo tejido!!!!

 Sí señores!!!! En la pequeña Nobsa ustedes podrán encontrar todo lo que alguna vez pensaron que podía tejerse… y lo que jamás se imaginaron que podía tejerse!!!!  

Desgraciadamente, los nobseños, tan habilidosos en las artes de lo tejido, no lo son en lo de la creatividad para los negocios: una tienda de tejidos y artesanías es igual a las otra cien… así que aquí les muestro lo que hallé de más colorido: 

Lindos tapices nobseños.

Y el mayor atractivo que en estos momentos tiene tan noble municipio, es este pesebre móvil.. toda una belleza, un paseo por lo que pudo haber sucedido el día de la Última Cena: 

Lindo pesebre móvil en Nobsa..

Como detalle curioso, en aquel día se presentaba la agrupación de Capoeira del pueblo en el pequeño parque central y competía con la llamada a procesión.. al parecer los nobseños se sentían más atraídos por la Capoeira que por la procesión, pues la invitación a rezar sonaba cada vez más a regaño.. 

Capoeira en el parque de Nobsa.

Detalle de cuadro de la Crucifixión, en el interior de la iglesia de Nobsa.

Y habiendo visto todo lo que Nobsa tiene para ofrecer al turista fugaz, era hora de pasar a otros destinos… 

Y esos nuevos destinos nos deparaban emociones más republicanas, de fuerte tono independentista, que nos hacían esculcar la memoria para acordarnos de las lecciones de historia patria… y claro, para esta historiadora, las lecciones de historia patria vienen como un paquete enorme, lleno de contradicciones deliciosas: 

Monumento a los Lanceros... "Salve usted la patria!!!"...

San Isidro Labrador, interior templo del Pantano de Vargas.

 

 Como pueden ver, no todo son fiestas patrias y honores a las huestes de centauros indomables, lideradas por Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. 

Incluso en este sitio memorable, la vieja tradición católica y agrícola se hace presente en este encantador altar, pequeño, en el también pequeñito templo del pueblo que rodea lo que fue alguna vez el Pantano de Vargas… desafortunadamente, el paraje no es para nada apacible, pues en la placita se instalaron tres bares que compiten por tener el equipo de sonido de volumen más potente. 

Pero prosigamos nuestro viaje por este cofrecito.  Vamos a un destino bien colorido, lleno de comercio y de placer para los ojos: Ráquira. 

Ráquira: adelante, bienvenido...

 Todos los colores conocidos y todos los que uno ni se imaginaba, están en Ráquira.  Ah, también sale uno con muy buenas ideas para aplicarlas a la fachada de la casa propia, si es que uno se atreve… y dan ganas de atreverse.. 

Fachada de verde, en Ráquira..

Fachada de rosa y campanitas colgantes, también en Ráquira.

Y claro, si uno tiene el poder adquisitivo, puede dejarse tentar de lo lindo y salir con paquetes llenos de cositas y adornos pintorescos para decorar lo propio y lo ajeno… 

no es sino que pase, que se deje antojar y verá que en la mente le surgen todos los lugares en los que falta algún detallito… 

Pajaritos que cuelgan...

Muñequitas y flores de madera..

¿Si ve?  Lo que hace falta es billetera y maleta, para ir, elegir y llevarse tantas cosas tan lindas…

Y cuando uno se cansa de ver tanta artesanía, pues simplemente se sienta y fantasea con vivir en un pueblito así, sacado de la imaginación más hippi del mundo…

 

 

 

O hamacas de todos los tamaños y colores...

Pero es que Boyacá está llena de lugares, grandes y pequeños, en los que a uno le gustaría quedarse, o al menos, en los que uno se ha visto cuando se imagina viviendo otra vida… por ejemplo, miren esta casita en Monguí:

La casita junto al Puente Real, en Monguí.

O tal vez esta, de fachada austera y prometedor interior, en Tibasosa:

Tibasosa: tierra del sabajón en todas sus presentaciones..

Pero nos montamos de nuevo al bus, el viaje prosigue… y pronto, otra joya nos da la bienvenida:

Chiquinquirá, tierra espiritual.

Y lo es, encantadora y llena de gente para las fiestas piadosas… claro, no se asombren por el mercado de la fe que allí hallarán: escapularios e imaginería de todos los tamaños y clases y una taquilla especial en la catedral, en la que pueden consignar el valor de la misa que deseen ofrecer.  Por que no sólo de espíritu viven los hombres, ni siquiera los consagrados a Dios..

La famosa catedral de Chiquinquirá

En ese día soleado, tan lleno de gente, era una proeza entrar… todos querían ver el interior del afamado templo, para tomar fotos o con propósitos más piadosos..

Yo ya perdí mi relación de creyente con los edificios eclesiales y no sé si la recuperaré… por lo tanto, apenas logré entrar, me dediqué al muy pedestre oficio de fotografiar todo cuanto hallé de bonito e interesante.  Pero no se preocupen, que no los voy a agobiar con fotos y más fotos.. sólo unas cuantas para que vean la belleza y la amplitud de esta catedral:

Interior de la catedral de Chiquinquirá

Y esto es sólo un detalle de lo que hay adentro…

La virgen de... ?????? en el interior de la catedral, nave lateral derecha.

En la puerta lateral derecha, Catedral de Chiquinquirá.

Y si adentro había trajín, afuera estaba la procesión..

 Y después de tanto templo, de tanta procesión y de tanto santo, había que descansar… entonces seguimos el ejemplo del mejor amigo del hombre:

"Ufff!!!!! reposemos un ratico!!!"

 Y tras un merecido descanso en el bus, pues nos fuimos a almorzar, por que ya era hora.  Entonces, nos encontramos ante otra maravilla, otra joya de este cofre… deliciosa y sorprendente, un ritual que no se puede pasar en esta región: la gloriosa morcilla de Sutamarchán…

¡Salve, Morcilla! ¡Oh, manjar regional de tan sonora localidad! ¡Loada seas, Sutamarchán!

 No hay palabras… faltan los calificativos para describir esta genialidad culinaria… no hay motivo más sagrado para romper con dietas, con vigilias, con prescripciones médicas.. la morcilla de Sutamarchán seguramente no tiene rival y debería ser consagrada como patrimonio histórico de la humanidad.

Y bueno, para que Tibasosa no se sienta mal, pues consagremos también el sabajón y la guayaba feijoa en todas sus posibles preparaciones:

Sabajones para todos los gustos en Tibasosa..

Y si a eso le suman una humilde y dulzona arepa boyacense… pues bueno… de lo más genial.

Pero si los tesoros hechos por el hombre nos habían robado los ojos, la naturaleza no se daba por vencida.  Todavía no habíamos visto otras maravillas naturales: faltaban el famoso fósil y los termales de Paipa…

Sí, era enorme.. el fósil de Monquirá

 Este impresionante animal, de cuyo nombre científico no me acuerdo, habitó esas desérticas tierras cuando Colombia no era Colombia, ni Suramérica el continente que hoy identificamos.  Algo así como el cruce entre un delfín y un cocodrilo, esta criatura hizo de las suyas en el mar que una vez cubrió el desierto de la Candelaria.  Y cuando las aguas se evaporaron, allí quedaron sus huesos, en lo que alguna vez fue su dominio, junto a los caparazones y las huellas de hojas y semillas.

Pero Zipaquirá, definitivamente, está entre los primeros puestos si se trata de visiones deslumbrantes; es que la Nueva Catedral de Sal se merece la hora de recorrido…

La cúpula azul, al interior de la Nueva Catedral de Sal en Zipaquirá.

El frío, la penumbra, los pasadizos… todo tiene una atmósfera única, no se puede comparar.  Cuando se llega al coro, con vista al altar mayor, el recorrido por las estaciones del Viacrucis que le precede cobra sentido:

Nueva Catedral de Sal, Zipaquirá.

 

Y ya para finalizar esta resumida crónica, hay un cierre patriótico: el famoso Puente de Boyacá.

El Puente de Boyacá: enorme fama en formato pequeño.

En este tierno puentecito, que parece sacado de un pesebre navideño, se definió el primer destino republicano del antiguo virreinato de la Nueva Granada.  Ahora es un monumento, con llama eterna en honor de los próceres y otros aditamentos: escudos, estatuas, puertas conmemorativas y claro, un enorme edificio sin usar que se ve al fondo, que queda como testigo de otra gran costumbre administrativa colombiana: la de hacer elefantes blancos.

Y estos son sólo algunos de los tesoros de ese cofre que llamamos Boyacá.  Así nos burlemos de sus gentes y de la vida rústica que muchos llevan, obviamente lo que esconde la sencillez de esta región satisface y excede la curiosidad.

Kapsberger:¿el eterno retorno?

Traigo esa famosa frase sacada de la filosofía nietzscheana para mostrarles un reciente hallazgo musical… ese hallazgo se llama Johannes Kapsberger, un lautista y compositor que vivió por allá en el siglo XVII en su lejana Europa. En aquellos años se esperaba que los compositores y los artistas en general, hiciesen cosas inesperadas con sus materias primas. Kapsberger tenía su laud e hizo bastantes cosas inesperadas, como nos lo muestra Rolf Lislevand -un genio contemporáneo de la música barroca.. escuchen entonces esta Colascione de Johannes Kapsberger en las virtuosas manos de Rolf Lislevand y díganme si a veces el tiempo no nos da la sensación de transcurrir en círculos:

¿Suena conocido no? ¿suena muy cercano, cierto? Vuelvan a escuchar y luego revisiten a los chicos de Nirvana:

O vayan más atrás y revisiten a The Beatles:

Escuchen y piénsenlo bien.  Pues la música clásica es mucho más de lo que parece.. y al parecer Cobain, Lennon y Kapsberger deben estar tocando juntos allá arriba. Eso es una buena razón para ir al cielo, ¿no les parece?

La pureza todavía existe…

… y yo la invoco hoy, con tanto ruido y tanta porquería que le quiere invadir a uno los oídos y se le quiere sentar a uno en el alma…

Cristina Pluhar, creadora y directora de L'Arpeggiata.

 

 

 

Llamo a una gran mujer: Cristina Pluhar, lautista y arpista directora del grupo barroco L’Arpeggiata, para que reúna a sus muchachos y muchachas y con los sonidos de la música erudita y de la música popular, me refresque la actitud.  Oh Cristina, mi nueva amiga musical, hazlos cantar y tocar, yo escucho y me limpio… ¿a cuál estúpido se le habrá ocurrido la tonta idea de que la música barroca es tan seca como una ruina de anticuario???????

 

 

Afortunadamente Pluhar y sus amigos no creen semejante despropósito:

Y entre la pureza y la sonrisa, son capaces de construir los mejores puentes:

Le Roi Danse: El Rey Baila (Gérard Corbiau)

Es una de las lujosas y dramáticas películas de este director belga, el mismo que nos dió en Farinelli il castrato una exquisita meditación sobre el arte y la originalidad -entre otras cosas.

Corbiau tiene obsesión por la tensa, dramática y decadente belleza del Barroco y esta vez ha puesto sus ojos en el Barroco francés. No debe asombrarnos, pues el Barroco Francés fue un arte hecho para la propaganda, como casi todo el arte barroco. En Le Roi Danse (traducida al castellano como La pasión del Rey), Corbiau nos muestra la compleja relación entre el arte y el poder encarnada en uno de los compositores más celebrados del Barroco Francés, el italiano hecho francés Jean Baptiste Lully, el dramaturgo francés más celebrado Moliére y el impresionante Luis XIV, popularmente conocido como El Rey Sol.

Su majestad Luis XIV, por la gracia de Dios rey de Francia, sabía usar todos los símbolos para acentuar su poder. Hizo construir Versalles para tener un universo a su medida… las fuentes con sus impresionantes juegos de agua debían funcionar a un ritmo específico cuando el se paseaba por los jardínes. Luis XIV, Le Roi Soleil, extremó las ceremonias de la etiqueta cortesana y anuló la independencia de los príncipes… en muchas ocasiones y de maneras implacables, dejó muy en claro que la única fortaleza a la que debía aspirar un noble francés, era un lugar en el corazón de Su Majestad.

Aquí, Corbiau pone en lid por los afectos de Luis XIV a las dos luminarias del arte francés del barroco: Lully, el imponente compositor bailarín y Molière, el mordaz comediante dramaturgo. Si el primero lo hace bailar, el segundo lo hace reír. Si el primero resalta su juventud y su belleza, el segundo realza su inteligencia y sagacidad. En ambos creadores el joven rey halla espacio para su poder… el joven y feroz rey marca de un modo profundo a la vez que terrible la vida de los dos hombres, que aprenden a aplazarse como seres humanos para tener la gracia de ser servidores del Rey Sol.

El arte y el poder siempre han tenido una relación de odio y de amor. No pueden vivir el uno sin el otro y son una pareja prolífica tanto unidos como en agrio divorcio. El arte barroco, como muestra Corbiau, tenía una función política ineludible: patrocinar la armonía del universo; el universo entendido como sistema, donde cada elemento tiene un lugar y debe, desde su inalterable posición, contribuir a la permanencia de esta armonía.  La imponencia y el primor del barroco se enlazan en esta búsqueda de sistema, de dominio de la naturaleza para un bien superior. El drama y la tensión son los lugares que el barroco le hace a lo terrible, que también tiene su papel. Nada escapa al cálculo, pero no es un cálculo frío; las pasiones son puestas al servicio del sistema haciéndolas categorías de esta arquitectura.

Y de este modo, el rey baila y todo el universo debe ajustarse a su danza. En las elaboradas ceremonias de la corte, sean de etiqueta o de diversión, todos tienen su lugar en la comparsa mientras el rey ejecuta su danza ordenadora del universo. Y si el rey se tambalea…

Nuestros líderes contemporáneos ya no bailan ballet, pero mientras desfilan junto a sus estados mayores de la milicia, cuando comandan los actos civiles y cuando salen a hacer ejercicio -trotar, algo simple, reviste el símbolo de la salud física del líder- … o cuando montan a caballo sosteniendo con firmeza una taza de café… esas cosas son tan poderosas como una pirouette… por que si el café que reposa en la mano del ecuestre líder, se derramase…  😉

Que esta pequeña nota sirva de invitación para que disfruten de esta belleza cinematográfica.