Egipto en el Manchester Museum

Una de las cosas que más sorprende del imperialismo, es su afán por coleccionar.  Este afán está guiado por una curiosidad insaciable y claro, no exenta de prejuicios, pero hay que agradecerle el que nos permita entrar en contacto con pedacitos de culturas y sociedades de las que, de otra manera, no tendríamos noticia.

El caso del Reino Unido es emblemático del imperialismo moderno y de esa curiosidad omnívora.  Además, dicha curiosidad se ejerció desde la autoridad que tenían las ciencias humanas y naturales: la medicina, la antropología, la lingüística, la química, la historia, y claro, las artes también colaboraron en este asunto de conocer a los pueblos exóticos y antiguos, por lo que tenemos en nuestras actuales colecciones de arte, series de grabados, acuarelas y dibujos que fueron elaborados con el propósito de reproducir ruinas y tipos tanto naturales como humanos.

Egipto fue uno de los primeros países que fueron auscultados con este arsenal de saberes; académicos y aficionados se dedicaron a documentar todo lo que podían hallar en tierras egipcias sobre el enigmático Egipto Antiguo. Para ello contaban con recursos del Imperio Británico o a veces privados y esto es sólo una parte de lo que recogieron:

Sarcófagos de La Tumba de los Dos Hermanos

La coleccion de artículos egipcios que custodia el Manchester Museum es verdaderamente impresionante.
Allí uno, llegado del trópico, puede apreciar en vivo y en directo la maravilla y el color de lo que quedó del glorioso antiguo Egipto, que sobrevivió varios imperios… y que sigue sobreviviéndolos.
Ensaladera... a los egipcios les gustaban las verduras!!!

Hasta los detalles de a vida cotidiana pudieron conservarse… cosas que para nosotros tienen muy poco de especial, cobran un nuevo significado cuando nos damos cuenta que estamos viendo una instantánea de la vida simple de gente a la que hemos rodeado de un mito.

Para el gato... en la otra vida.

Y lo que para nosotros es curioso -aunque amemos mucho a nuestra mascota-, para ellos era muy lógico y hasta cuestión de deber: esta urna era para que la momia del gato pudiera ser conservada como sagrada religia. Aqui tenemos que recordar que, si nosotros pensamos que el mejor amigo del hombre en esta vida es el perro, pues los egipcios pensaban que el mejor amigo del hombre en las dos vidas -esta y la del inframundo- era el gato. Por ende, al final de sus nueve vidas, Mambrú debía ser amorosamente guardado, para que acompañara a su amo en el otro mundo…

Joyería... funeraria...

 

Si, están leyendo bien. Y no, les aseguro que no me equivoqué. Estos hermosos collares no fueron hechos para que los usaran los vivos, sino para que los llevaran los muertos, que obviamente tenían que aparecer con sus mejores galas ante Osiris, el juez del corazón humano.  Cosas como esta nos revelan esa maravillosa tensión que los egipcios antiguos tenían, esa fluctuante situación de reverenciar la muerte y de amar la vida. Porque amaban la vida, con todo su color.

Frasco para el perfume..

Sino, vean este hermoso frasco para el perfume. Como cosa común en la arqueología egipcia, fue hallado en una tumba. Pero su hermoso color y sus adornos nos dan muchas pistas de quien habría sido su dueña; tal vez una mujer joven que en vida, llenó de alegría su entorno y que amaba los perfumes; por eso la despacharon al otro mundo con uno de sus frascos más valiosos -¿su favorito?…

La molinera..

Las momias!!!!

Claro, lo mejor para el final…. esto si es real, innegable: todo lo mortal inmortalizado…

Los retratos de los amados muertos

Y como le digo, esto es solo una pequeña muestra de la variedad de tesoros egipcios que se pueden hallar en Manchester… son pedazos de un mundo en el que la vida y la muerte eran intensamente apreciados, pues eran experiencias irrepetibles.

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Boyacá: cofre de tesoros.

Este cofre tiene una apariencia sencilla y cotidiana, guardado por el imponente y desafiante sistema montañoso de los Andes, al que tanto le debemos los colombianos.  Eso hace que el viaje por tierra hasta esta región, ubicada en el centro de nuestro paradójico país, sea una invitación constante a no quedarse dormido en el asiento del bus… y esta invitación se repite muchas veces…  

Las brumas que rodean a Paipa...

Los accidentes típicos de la cordillera proveen a esta región con una gran variedad de climas… ese es el sello de las regiones andinas colombianas, la variedad.  Y por eso hay que tener un buen estado físico para recorrerlas, por que lo que en un momento es montaña brumosa, en el otro se transforma en desierto sinuoso:  

La aridez que rodea a Villa de Leyva.

Y entonces uno se ve llevado del calor al frío, del clima templado al viento glacial.. pero todo vale la pena, incluso el enfrentamiento a los fuertes vientos helados del páramo, si el premio es una visión mágica como esta:  

La laguna de Tota.. azul bruñido y brillante, luminoso y helado.

El viento golpea, la luz amenaza con la ceguera, pero semejante encuentro vale todo desafío.  El suelo es generoso y prodiga una gran variedad de delicias y de colores.  

La veranera, una presencia constante.

Y si esto es el campo, las zonas urbanas también sorprenden por su belleza y su sencillez.  La vida de los boyacenses aparenta ser muy simple, sin mayores altibajos; al menos el caracter amable y un poco taciturno de la gente, lo inclina a uno a pensar eso -claro que uno es un paisa ruidoso sonriente y ruidoso, así que…  De todos modos, sorprende la limpieza y el orden de los pueblos y ciudades de la región.  

Así como también sorprende su fe católica, en estos tiempos de ateísmo y de religiones light.  Estabamos en Semana Santa, semana de rezos, procesiones y monumentos, de altares llenos de flores… y los boyacenses se lucieron en orden, primor y devoción, pues los sermones que en tierras antioqueñas ya se van reduciendo, por allá aún duran según su solemnidad y la gente, claro, se pone sus mejores galas para ir a la iglesia y participar en la procesión, hecha con todo el cuidado.  Por ejemplo, miren a este personaje:  

El pregonero en Monguí... ¿quién dijo que la Edad Media se había acabado?

Y como ya vimos parte de los tesoros hechos por Mamá Natura en esta región, demos una mirada a los hechos por el hombre. En estos hay suntuosidad y mucho agridulce.  

Altar mayor de la iglesia de Villa de Leyva.

Esta luz dorada en el interior de los templos es un leitmotif que en Boyacá tiene una variación constante y embrujadora.  Y no lo duden: en los viejos templos coloniales boyacenses, casi todo lo que brilla es oro.  

Uno de los altares en la puerta de la iglesia de Tópaga.

Bien le dijo Hernán Cortés al emperador Mexica, que la enfermedad del español se curaba con oro.  Y así procedieron, haciendo del oro un objeto de culto y un medio de adoración esparcido por los hermosos templos e iglesitas doctrineras en los que nuestros antiguos nativos aprendieron la fe trabajando en sus adornos.  Debemos recordar que el significado de cruces, flores, vírgenes, pastores y demás, fue entrando en la mente y el corazón de los nuevos cristianos mientras trabajaban para la gloria de Dios.  Las doctrinas de indios fueron los espacios privilegiados para que los sacerdotes católicos, que asumieron la conversión y la protección de los indígenas -y créanme, la protección de un cura podía ser lo menos peor-, enseñaron la artesanía occidental a sus alumnos tan habilidosos.  En pocas generaciones, los aprendices habían superado a sus maestros. La iglesia de Tópaga es una de las pocas iglesias doctrineras que aún tenemos en Colombia y en ella reposan verdaderas joyas del arte barroco de nuestro país, que han engalanado diversas publicaciones nacionales e internacionales.  Mírenla:  

Iglesia de Tópaga.

Desgraciadamente no pude entrar, pues estaban en pleno Sermón de las Siete Palabras y había que respetar la solemnidad de la ocasión.  Pero otros templos aguardaban, con sus naves repletas de tesoros que recuerdan lo paradójicamente prolífica que puede ser una relación de colonización como la que se vivió en estas tierras por unos 300 años.   

Este es el templo de Santo Domingo de Guzmán, en una callecita de la fría Tunja:  

Iglesia de Santo Domingo, Tunja.. vista desde la entrada.

Y nada, ni un perentorio aviso arzobispal que regaña al turista diciendole “nuestros templos no son museos”, puede impedir que uno le tome fotos y fotos a tanto esplendor.. esta visión embruja y uno casi que puede ver a los fantasmas de artesanos indios y mestizos cuidando con amor los cuadros, los altares, los arcos…  

Cerca al altar mayor..

 

 

Figuras como ésta, llenas de simbolismo y riqueza, abundan en nuestros templos coloniales, que eran más que edificios consagrados a la fe y a la arrogancia de una sociedad; eran libros, en los que una sociedad mayoritariamente analfabeta podía aprender y esperar a comprender todo lo que debía saber para vivir en paz, según el rol que Dios -amo de la vida y de la muerte, de este mundo y del otro- le hubiese asignado.  Nosotros ya hemos olvidado todo este lenguaje, hijos de una cultura cada vez más laica y dependiente de la alfabetización.  Pero para nuestros antepasados, la vista y su amigo, el color, eran indispensables.  A ellos iba pegada la palabra hablada, que quedaba en anclada en la memoria gracias al ritmo de la letanía piadosa. 

Pero las iglesias no eran las únicas que podían utilizar el color para resaltar su grandeza y comunicar a todos los fieles las maravillas que aguardaban a los que obedecían la ley.  Las casas de los notables, de aquellos que por raza, propiedad y linaje podían ostentar los títulos de Don o Doña, también podían hacer alarde de un despliegue decorativo colorido y fastuoso, digno de sus pergaminos; y como ejemplo, he aquí la Casa del Fundador, en Tunja:
 
 

El cielo raso en la Casa del Fundador, Tunja

Cielo raso Casa del Fundador, Tunja. Detalle (un camello?)

En estas pinturas de decoración doméstica, como pueden ver, se alternan los motivos clásicos y los exóticos.  Hay lugar para citar las culturas conocidas por los españoles -mediterránea, árabe, eurocristiana- y a veces, para citar esa cultura que estaban llegando a conocer: la nativa suramericana.   

Gracias al azar y a la conservación, estas pinturas no es lo único que ha quedado en las viejas casonas coloniales.  A veces, entre los trastos viejos, se han recuperado trocitos de la vida cotidiana, del quehacer de todos los días:  

Loza y azulejos del siglo XVI y el XVII, recuperados en la Casa del Fundador, Tunja.

Y junto a los platos, tazas, cuencos, jarras, cucharas, candelabros, frasquitos, ceniceros, trinchetes, ruecas, armaduras, pistolas, espadas y demás, claro, estaban los muebles… por que al colonizar, uno lleva su pobre humanidad a cuestas hasta donde haya elegido: ese es el requerimiento para trasladar una civilización de una latitud a otra:  

El secretero: mueble indispensable. Casa del Escribano, Tunja.

Y claro, como el tiempo no se detiene, la civilización siempre tiene más cosillas que agregar.  Por eso es que, llegado el caso, hay que importarla, para no quedar tan atrasados.  Y así es como llegó, a comienzos del siglo XIX, un piano a la pequeña Tunja:  

Un piano francés en la Casa del Escribano, Tunja.

En estas casonas se encierra una gran colección de artículos quenos muestran cómo se desarrollaba la vida virreinal.  Son unos doscientos años de muchas existencias, hechos de muchas palabras y sueños que, por lo general, nunca conoceremos.  

En los documentos de los archivos se pueden encontrar algunas palabras, retazos de los eventos en los que estos artículos tuvieron un sentido para las personas que llamaban a estos espacios su hogar.  Para nosotros, si tenemos la suficiente imaginación, pueden llegar a ser máquinas de viajar en el tiempo.   

Interior de la Iglesia del Convento Santa Clara la Real, Tunja.

Pero no podemos salir de Tunja sin darle unos minutos al Convento de Santa Clara la Real y a su iglesia, pequeña pero fastuosa.  

Este convento y su templo son muestras incontestables de lo que la riqueza y la fe podían lograr en la sociedad virreinal: que una pareja sin hijos, entrados en la madurez, decidan consagrarse a Dios… claro, la Iglesia, conmovida, recibe semejante regalo.  He aquí unas muestras de lo que guarda este edificio, actualmente en proceso de restauración:  

Púlpito en la Iglesia del Convento Santa Clara la Real, Tunja.

Santa Clara la Real: cielo raso..

En el Coro de la Iglesia del convento de Santa Clara la Real, Tunja.

La Inmaculada... del siglo XVII...

Y hasta la penitencia y el martirio por el Crucificado, podía tener su lado artístico.  Fue en este convento que Josefa Del Castillo, una de las primeras escritoras del Nuevo Mundo, pasó su mística y masoquista vida, ahuyentando al demonio y escribiendo con gran belleza… y este es su cuartico de penitencia, donde según la leyenda, se azotaba y el demonio la tentaba.. ¿será que esos angelitos pintados la consolaron un poco?  Espero que sí…  

El cuartico de penitencia de Josefa del Castillo en Tunja..

Y bueno, suficiente de templos, monjas tentadas por el demonio, imágenes rematadas de oro y donaciones imponentes… es hora de salir a la calle, de seguir viajando y viendo..  

A la calle en Tunja!!!

Entonces al bus!!! a la carretera!!! el camino nos llama!!!  

En la carreteraaa.... rumbo a Nobsa, capital de todo lo tejido!!!!

 Sí señores!!!! En la pequeña Nobsa ustedes podrán encontrar todo lo que alguna vez pensaron que podía tejerse… y lo que jamás se imaginaron que podía tejerse!!!!  

Desgraciadamente, los nobseños, tan habilidosos en las artes de lo tejido, no lo son en lo de la creatividad para los negocios: una tienda de tejidos y artesanías es igual a las otra cien… así que aquí les muestro lo que hallé de más colorido: 

Lindos tapices nobseños.

Y el mayor atractivo que en estos momentos tiene tan noble municipio, es este pesebre móvil.. toda una belleza, un paseo por lo que pudo haber sucedido el día de la Última Cena: 

Lindo pesebre móvil en Nobsa..

Como detalle curioso, en aquel día se presentaba la agrupación de Capoeira del pueblo en el pequeño parque central y competía con la llamada a procesión.. al parecer los nobseños se sentían más atraídos por la Capoeira que por la procesión, pues la invitación a rezar sonaba cada vez más a regaño.. 

Capoeira en el parque de Nobsa.

Detalle de cuadro de la Crucifixión, en el interior de la iglesia de Nobsa.

Y habiendo visto todo lo que Nobsa tiene para ofrecer al turista fugaz, era hora de pasar a otros destinos… 

Y esos nuevos destinos nos deparaban emociones más republicanas, de fuerte tono independentista, que nos hacían esculcar la memoria para acordarnos de las lecciones de historia patria… y claro, para esta historiadora, las lecciones de historia patria vienen como un paquete enorme, lleno de contradicciones deliciosas: 

Monumento a los Lanceros... "Salve usted la patria!!!"...

San Isidro Labrador, interior templo del Pantano de Vargas.

 

 Como pueden ver, no todo son fiestas patrias y honores a las huestes de centauros indomables, lideradas por Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. 

Incluso en este sitio memorable, la vieja tradición católica y agrícola se hace presente en este encantador altar, pequeño, en el también pequeñito templo del pueblo que rodea lo que fue alguna vez el Pantano de Vargas… desafortunadamente, el paraje no es para nada apacible, pues en la placita se instalaron tres bares que compiten por tener el equipo de sonido de volumen más potente. 

Pero prosigamos nuestro viaje por este cofrecito.  Vamos a un destino bien colorido, lleno de comercio y de placer para los ojos: Ráquira. 

Ráquira: adelante, bienvenido...

 Todos los colores conocidos y todos los que uno ni se imaginaba, están en Ráquira.  Ah, también sale uno con muy buenas ideas para aplicarlas a la fachada de la casa propia, si es que uno se atreve… y dan ganas de atreverse.. 

Fachada de verde, en Ráquira..

Fachada de rosa y campanitas colgantes, también en Ráquira.

Y claro, si uno tiene el poder adquisitivo, puede dejarse tentar de lo lindo y salir con paquetes llenos de cositas y adornos pintorescos para decorar lo propio y lo ajeno… 

no es sino que pase, que se deje antojar y verá que en la mente le surgen todos los lugares en los que falta algún detallito… 

Pajaritos que cuelgan...

Muñequitas y flores de madera..

¿Si ve?  Lo que hace falta es billetera y maleta, para ir, elegir y llevarse tantas cosas tan lindas…

Y cuando uno se cansa de ver tanta artesanía, pues simplemente se sienta y fantasea con vivir en un pueblito así, sacado de la imaginación más hippi del mundo…

 

 

 

O hamacas de todos los tamaños y colores...

Pero es que Boyacá está llena de lugares, grandes y pequeños, en los que a uno le gustaría quedarse, o al menos, en los que uno se ha visto cuando se imagina viviendo otra vida… por ejemplo, miren esta casita en Monguí:

La casita junto al Puente Real, en Monguí.

O tal vez esta, de fachada austera y prometedor interior, en Tibasosa:

Tibasosa: tierra del sabajón en todas sus presentaciones..

Pero nos montamos de nuevo al bus, el viaje prosigue… y pronto, otra joya nos da la bienvenida:

Chiquinquirá, tierra espiritual.

Y lo es, encantadora y llena de gente para las fiestas piadosas… claro, no se asombren por el mercado de la fe que allí hallarán: escapularios e imaginería de todos los tamaños y clases y una taquilla especial en la catedral, en la que pueden consignar el valor de la misa que deseen ofrecer.  Por que no sólo de espíritu viven los hombres, ni siquiera los consagrados a Dios..

La famosa catedral de Chiquinquirá

En ese día soleado, tan lleno de gente, era una proeza entrar… todos querían ver el interior del afamado templo, para tomar fotos o con propósitos más piadosos..

Yo ya perdí mi relación de creyente con los edificios eclesiales y no sé si la recuperaré… por lo tanto, apenas logré entrar, me dediqué al muy pedestre oficio de fotografiar todo cuanto hallé de bonito e interesante.  Pero no se preocupen, que no los voy a agobiar con fotos y más fotos.. sólo unas cuantas para que vean la belleza y la amplitud de esta catedral:

Interior de la catedral de Chiquinquirá

Y esto es sólo un detalle de lo que hay adentro…

La virgen de... ?????? en el interior de la catedral, nave lateral derecha.

En la puerta lateral derecha, Catedral de Chiquinquirá.

Y si adentro había trajín, afuera estaba la procesión..

 Y después de tanto templo, de tanta procesión y de tanto santo, había que descansar… entonces seguimos el ejemplo del mejor amigo del hombre:

"Ufff!!!!! reposemos un ratico!!!"

 Y tras un merecido descanso en el bus, pues nos fuimos a almorzar, por que ya era hora.  Entonces, nos encontramos ante otra maravilla, otra joya de este cofre… deliciosa y sorprendente, un ritual que no se puede pasar en esta región: la gloriosa morcilla de Sutamarchán…

¡Salve, Morcilla! ¡Oh, manjar regional de tan sonora localidad! ¡Loada seas, Sutamarchán!

 No hay palabras… faltan los calificativos para describir esta genialidad culinaria… no hay motivo más sagrado para romper con dietas, con vigilias, con prescripciones médicas.. la morcilla de Sutamarchán seguramente no tiene rival y debería ser consagrada como patrimonio histórico de la humanidad.

Y bueno, para que Tibasosa no se sienta mal, pues consagremos también el sabajón y la guayaba feijoa en todas sus posibles preparaciones:

Sabajones para todos los gustos en Tibasosa..

Y si a eso le suman una humilde y dulzona arepa boyacense… pues bueno… de lo más genial.

Pero si los tesoros hechos por el hombre nos habían robado los ojos, la naturaleza no se daba por vencida.  Todavía no habíamos visto otras maravillas naturales: faltaban el famoso fósil y los termales de Paipa…

Sí, era enorme.. el fósil de Monquirá

 Este impresionante animal, de cuyo nombre científico no me acuerdo, habitó esas desérticas tierras cuando Colombia no era Colombia, ni Suramérica el continente que hoy identificamos.  Algo así como el cruce entre un delfín y un cocodrilo, esta criatura hizo de las suyas en el mar que una vez cubrió el desierto de la Candelaria.  Y cuando las aguas se evaporaron, allí quedaron sus huesos, en lo que alguna vez fue su dominio, junto a los caparazones y las huellas de hojas y semillas.

Pero Zipaquirá, definitivamente, está entre los primeros puestos si se trata de visiones deslumbrantes; es que la Nueva Catedral de Sal se merece la hora de recorrido…

La cúpula azul, al interior de la Nueva Catedral de Sal en Zipaquirá.

El frío, la penumbra, los pasadizos… todo tiene una atmósfera única, no se puede comparar.  Cuando se llega al coro, con vista al altar mayor, el recorrido por las estaciones del Viacrucis que le precede cobra sentido:

Nueva Catedral de Sal, Zipaquirá.

 

Y ya para finalizar esta resumida crónica, hay un cierre patriótico: el famoso Puente de Boyacá.

El Puente de Boyacá: enorme fama en formato pequeño.

En este tierno puentecito, que parece sacado de un pesebre navideño, se definió el primer destino republicano del antiguo virreinato de la Nueva Granada.  Ahora es un monumento, con llama eterna en honor de los próceres y otros aditamentos: escudos, estatuas, puertas conmemorativas y claro, un enorme edificio sin usar que se ve al fondo, que queda como testigo de otra gran costumbre administrativa colombiana: la de hacer elefantes blancos.

Y estos son sólo algunos de los tesoros de ese cofre que llamamos Boyacá.  Así nos burlemos de sus gentes y de la vida rústica que muchos llevan, obviamente lo que esconde la sencillez de esta región satisface y excede la curiosidad.

Hace tiempos: El día de Venus, 27 de abril

 

Andrea Botticelli: El nacimiento de Venus

La bella dama cuenta con triple ancestro: romano, griego y etrusco.  De sus tres familias se tomaron sus seductores atributos y de dichos atributos, se derivaron sus responsabilidades y la reverencia  que se le debe. 

Sus centros de culto abundaron en el mundo antiguo, pues sus favores eran sumamente deseables: la belleza, la abundancia y la fertilidad.  Así que fue muy difícil destronarla; ni el cristianismo ha podido con ella, que sigue eternamente joven y seductora, incluso dándole un poquito de dulzura a esa otra imagen femenina y nutricia que el catolicismo lanzó con gran estruendo: la virgen María.

Venus, nuestra vecina.

Y por su gran belleza se le han perdonado variadas pilatunas, una que otra guerra.  Claro, su hermosura también ha demostrado la fragilidad humana más de una vez: la fugacidad del deseo, la combustión de la envidia y la desconfianza de la inteligencia hecha astucia… hay que recordar a aquella pobre víctima de los regalos de Venus-Afrodita: Medusa, quien al verse perseguida por Poseidón quiso refugiarse en la astucia y la sabiduría, en Atenea… pero la diosa de los ojos de búho, asqueada, convirtió a la belleza que “paraba el tráfico” en un monstruo que también paraba el tráfico, convirtiéndolo en piedra por el horror que provocaba.

Afrodita Anadyomene de Pompeya

Y al parecer el universo siguió las órdenes de la rebelde y sabia diosa cazadora, aquella que ve en la oscuridad y se mantiene casta, pues la sonda Venus Express, enviada por los hombres de Europa para explorar a este esquivo planeta, ha hallado una atmósfera infernal y sombría, donde no hay amplios cielos azules ni idílicos soles, sino dióxido de carbono, relámpagos y fuertes vientos.  La sonda también ha descubierto en la superficie del planeta de la diosa, una profusa actividad volcánica que impide que reine la paz.

Pareciera una enseñanza de los griegos, a milenios de distancia:  una belleza irresistible no presagia la paz, esconde tormentas… ni Venus en su día se ha salvado de ser expuesto como un planeta que no alcanzó a tener la exuberante y prolífica belleza de la discreta Gaya, nuestro planeta azul.

Fotografía de la atmósfera de Venus, tomada por la sonda Venus Express.

Hace tiempos: centro de la historia, centro de la ciudad.

En las ciudades europeas es común hallar los antiguos centros urbanos más o menos conservados. Se trata de secciones de la ciudad de más de doscientos años de antigüedad que aún son vigentes para la sociedad y la cultura de sus habitantes, por lo que no se permite su alteración y hasta se busca su reconstrucción más cercana a su antiguo esplendor… en otras partes, el descuido ha permitido la permanencia de estas viejas construcciones.

Aquí en Colombia los centros históricos tienen, si mucho, más de 250 años. La época colonial se manifestó arquitectónicamente en forma tardía, pues muchos pueblos que hoy son ciudades -y otros que desaparecieron- tuvieron que ser trasladados al no contar con buenas condiciones para la vida humana… y también hay que añadir la pobreza de nuestras regiones, tan aisladas geográficamente las unas de otras -si hoy es difícil viajar por tierra o por aire, imagínense en aquellos tiempos, sin carreteras ni flotas de buses… Ahora, trayendo esto a términos contemporáneos, el crecimiento loco de nuestras ciudades es otro factor que está afectando lo poco que queda del patrimonio histórico arquitectónico:

Pero esa importancia que el centro tiene para la ciudad no siempre se manifiesta en la realidad. En América Latina en general y en Colombia en particular, los centros históricos han merecido tan poca importancia, que, como diagnosticó el año pasado la arquitecta del Ministerio de Cultura Leonor Gómez, padecen de “ocupación indiscriminada del espacio público, inseguridad, contaminación ambiental, desconocimiento del valor patrimonial y falta de arborización”.

Honda

Honda

Pero son partes de la ciudad que no se pueden olvidar… tal vez ya luzcan su antigua belleza, pero se han transformado y han ganado nueva relevancia para la sociedad contemporánea… siguen siendo lugar de habitación, de paso y de encuentro… lo que hace su conservación más complicada.  La batalla entre conservar el edificio, ayudar a los habitantes y recibir el progreso necesario para que una sociedad siga teniendo la opción de la vida, es algo con lo que se enfrentan los arquitectos y estudiosos del tema..

Santa Fe de Antioquia

Santa Fe de Antioquia

Villa de Leyva

Villa de Leyva

Hace tiempos: un par de aretes …

“Los trabajos de excavación que se están llevando a cabo en la necrópolis del poblado desde el pasado jueves, en el conjunto arqueológico de Coimbra del Barranco Ancho, situado en el término municipal de Jumilla, han permitido el hallazgo de unos pendientes con forma de racimo y con una antigüedad de 2.300 años.

En este sentido, entre los materiales hallados en los ajuares de las sepulturas excavadas en la presente campaña destacan varios pendientes, dos de ellos en forma de racimos de uva, lo que eleva la tradición vinícola jumillana a una antigüedad de 2.300 años; dato corroborado por el hallazgo de pepitas de vitis vinífera en el poblado de Coimbra del Barranco Ancho.”

los pendientes de 2.300 años...

los pendientes de 2.300 años...

La noticia completa en el diario español El País…

Es algo muy simple, en verdad; sólo se trata de un par de aretes, un objeto que para muchos es superficial.

Como soy una mujer educada en las artes tradicionales de la femenidad, el uso de aretes es parte de mi existencia; también es un gran placer, confieso que tengo muchos pares y que me detengo en cualquier vitrina que exhiba aretes, para poder admirarlos y codiciarlos…  sé que a muchas les pasa lo mismo y conozco a varios hombres que han incluido en su masculinidad el gusto de los aretes …

Por lo tanto, me parece curioso y a la vez lógico, que la historia y la arqueología se ocupen de algo tan sencillo, que lo utilicen para explicar todos los vericuetos que puede dar una cultura. Al estudiar los aretes, su diseño, las ocasiones en los que su dueña los habría usado, las circunstancias en las que los habría obtenido y al preguntarse por qué se los habría llevado a la tumba, la historia nos explica las diversas facetas que tiene la vida, no solo para entender el pasado, sino también para comprender nuestro presente.

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réplica de antiguos aretes eslavos

aretes portugueses, año 1870

aretes portugueses, año 1870

“Desde el punto de vista cultural, la producción de mercancías es también un proceso cultural y cognoscitivo: las mercancías no sólo deben producirse materialmente como cosas, sino que también deben estar marcadas culturalmente como un tipo particular de cosas.

(…)

Al elaborar la biografía de una cosa, se formulan preguntas similares a aquellas relacionadas con las personas: desde la perspectiva sociológica, ¿cuáles son las posibilidades biográficas inherentes a su “estatus”, periodo y cultura, y cómo se realizan tales posibilidades? ¿De dónde proviene la cosa y quién la hizo? ¿Cuál ha sido su carrera hasta ahora, y cuál es, de acuerdo con la gente, su trayectoria ideal? ¿Cuáles son las “edades” o periodos reconocidos en la “vida” de la cosa, y cuáles son los indicadores culturales de éstos? ¿Cómo ha cambiado el uso de la cosa debido a su edad, y qué sucederá cuando llegue al final de su vida útil?”

Igor Kopytoff, en el libro La vida social de las cosas, perspectiva cultural de las mercancías.