Nan Goldin: tal y como soy, tal y como eres

Y así:

Nan Goldin: One month after being battered - Un mes después de ser golpeada, 1984

Nan Goldin: One month after being battered – Un mes después de ser golpeada, 1984

Tengo dos referencias de esta fotógrafa: la primera, corresponde a esta foto, tan brutal, tan íntima. Con esta foto, Goldin marca el fin de una intensa relación sentimental que terminó en abuso físico y el comienzo de su vida tras esta relación. Las descripciones de esta foto pueden parecer chocantes, pues la violencia de la imagen hace un fuerte contraste con la puesta en escena: el cabello arreglado, el maquillaje, la sala y el primer plano… el juego entre lo oscuro y lo claro, tal vez indicando los extremos físicos y emocionales a los que Goldin llegó y que está integrando con esta foto. No es una imagen fácil de mirar, pues no apela a nuestro sentido usual de la compasión hacia una mujer maltratada. Ella ha sido víctima, pero no quiere ser victimizada.

La otra referencia proviene del filósofo y comunicador Alain De Botton, publicada en su libro junto al historiador del arte John Armstrong. En su libro Art as Therapy, ambos autores toman a esta fotógrafa como ejemplo de una de las funciones psicológicas del arte: la transformación de lo triste en algo positivo. Más específicamente, lo que De Botton y Armstrong encuentran en Goldin es una gran atención a la vida y circunstancias de las personas que fotografía. Gracias a esta atención, Goldin nos hace mirar y mirar y mirar de nuevo a las personas fotografiadas: verlas en lo que son y en lo que desean ser, así la articulación entre ambas cosas no sea muy clara.

De todas maneras, el hecho de mirar cuidadosamente, de observar con detenimiento y sin ánimo de hacer taxonomía de lo que puede significar la persona fotografiada, es propuesta por Goldin como una actividad comunicativa llena de amor y de comprensión. Sobre todo si se trata de mirar lo que no nos gusta, o de desafiar nuestros prejuicios al observar.

Nan Goldin: Siobhan in my mirror, 1992

Nan Goldin: Siobhan in my mirror, 1992

Hasta hace muy recientemente, la homosexualidad estaba muy lejos del territorio del arte. En el trabajo de Nan Goldin se convierte en un tema central, con gran capacidad para la redención. El arte de Goldin está lleno de una generosa atención hacia las vidas de sus sujetos. Aunque al principio no estemos muy conscientes de ello, esta fotografía de una joven  – y, como luego comprendemos, lesbiana examinandose frente al espejo, está compuesta con gran cuidado. (…) “Te veo como esperas que te vean, te veo como digno de amor”  (De Botton y Armstrong, Art as Therapy)

Nan Goldin: de su colección de retratos Heartbit, de parejas, en su homenaje personal al amor. 2005

Nan Goldin: de su colección de retratos Heartbeat, de parejas, en su homenaje personal al amor. 2005

Nan Goldin: Family.

Nan Goldin: Family.

Nan Goldin: Guido on the dock - Guido en el muelle, Venecia, 1998

Nan Goldin: Guido on the dock – Guido en el muelle, Venecia, 1998

Anuncios

La foto: de la belleza física… 1

Yo sé que no estoy diciendo nada nuevo… sé que no estoy mostrando nada nuevo… pero es curioso que el placer que estas visiones provocan siempre, siempre sea algo nuevo, algo revelador para el alma del que ve – no sé si sea igual para el alma del que es visto…

En fin, ahí va la primera “víctima”: el actor inglés Ralph Fiennes

Ralph Fiennes: la belleza adolescente…

En esta , no tendría veinte años… así, disfrazado de príncipe azul -¿o de Romeo?- y seguramente recitando a Shakespeare, su gran amor literario y dramático.  Con toda la lozanía y la frescura del que comienza… Y luego, viene el estrellato:

Ralph Fiennes: años noventa…

Los ojos azules, la voz educada, ese gesto entre melancólico, dulce y huraño… y no tuvo que desvestirse para que lo considerasen sexy y no tuvo que derretir el corazón de alguna actriz o de muchas fanáticas para que lo considerasen hermoso… sólo tuvo que asustarnos con su personificación de un nazi amo y señor de un campo de concentración, repartiendo balazos como quien respira… Y él lo confiesa: las mieles del éxito no fueron tan dulces como él lo creyó, fue ingenuo… Pero afortunadamente, llegó el esplendor de la edad madura:

Ralph Fiennes: la reinvención…

¿No se le nota, cierto? No se le nota la media centuria que lleva… Y en su debut como director, ha dado muestras de una visión propia y poderosa, con buena intuición para innovar y no caer en lo trillado.  Su imponente presencia y marcada personalidad siguen agraciando la pantalla gigante, hasta el punto que ya tiene otros dos grandes villanos bajo su cinturón: Lord Voldemort y Hades… el inframundo no parece tener secretos para Mr. Fiennes.

Las entrevistas que da no son reveladoras… es decir, desde el comienzo los periodistas se quejan de que, a pesar de su gran cortesía, no les de chismes. Él ya lo ha dicho: no le interesa explicarse, no le importa que no lo conozcan, él no tiene por qué compartir lo más sagrado de su corazón. Y así quedará, felizmente misterioso, o como dice uno de sus amigos: con esa curiosa mezcla de santo y libertino que pone en sus personajes y que a veces despliega en su vida cotidiana.

 

La foto: Bogotaneando

La capital colombiana siempre sorprende…. siempre… 🙂

En la Plaza de Bolívar, centro administrativo de la capital colombiana.

 

Brassaï: el otro mundo

Ese que despierta con la luna, ese que vive en París cuando los buenos ciudadanos se van a dormir.

Ese, al que le cantó Woody Allen en su hermosa cinta Media Noche En París… ese mundo en el que todo puede ser posible, en el que viajar en el tiempo es una opción y en el que de tanto caminar por esas hermosas calles y ajetreados cabarets, uno hasta se puede encontrar a sí mismo.

Ese era el mundo del fotógrafo húngaro Brassaï.

Brassaï: Notre Dame, 1933

Y con todos sus personajes, tan poéticos… llenos de esa poderosa y transgresora belleza que tienen todas las criaturas de la noche..

Pero no se trata sólo de mostrar estos personajes;

Brassaï: Bijou

se trata de concederles su dignidad,

su fuerza creadora,

como la que tienen los seres humanos

que se consagran con la luz del día…

el mundo de Brassaï no es sólo sombrío;

esto sería ponerle una etiqueta facilista;

el mundo de Brassaï

tiene toda la ternura

y la maravilla

que la creatividad nocturna acuna.

Este adorador de la ciudad nocturna nació en Hungría en 1899 y tomó por nombre el de otra ciudad, la suya, Brassó… que actualmente, por las cosas de la política, pertenece a Rumania.  Pero eso no importa. Su pasión por la ciudad que lo adoptó y por sus noches llenas de cosas y personas interesantes, fue la que definió su vida.

Brassaï: Alcantarilla

Por supuesto, viviendo en el París de los años 30 del siglo XX, se hizo amigo de toda la gente genial que habitaba ese ambiente.  De toda la gente fascinante que escribió los libros que ahora leemos, que compuso y cantó las canciones francesas que ahora nos gustan y que pintó todos esos cuadros locos que aún nos asombran. Pero con tanta genialidad rodeándolo, el tuvo la suficiente sensibilidad de dedicarle su lente a las bellezas cotidianas de su vida nocturna.

Brassaï: Back Stage

 

Brassaï

Pero tampoco fue inmune a la masa de sustanciosas celebridades que lo admiraban, que lo aclamaban como el ojo de París:

Brassaï: Matisse pintando, 1939

Ese otro mundo, en el que la creatividad que no encuentra espacio entre los rayos del sol, se enamora de la noche, mucho más callada y receptiva, llena de vida que, en la claridad del día, no encontraría espacio para manifestarse… qué hermoso mundo el que nos ha dejado Brassaï…

Brassaï: niebla parisina, 1934

 

Brassaï: el corset, 1933

Tara: toda ella, todita, toda…

Ella quería ser delgada, esbelta y admirada… empezó el ritual de abstinencia alimentaria y ejercicios con disciplina… y entonces, su cuerpo y su salud mental le pidieron ayuda a gritos. Y se dejó de tonterías:

Tara Lynn, modelo tallas grandes, en la portada de la revista Elle.

 

Haber, confesémoslo: ¿qué le envidiamos a Tara?  Yo para comenzar, le envidio dos atributos: sus piernas llenitas y su amor por sí misma… ¿alguien más quiere confesar?

Dos fotógrafos del viejo Medellín

Comencemos con una imagen que tal vez puede aparecer como una rareza en eso que nosotros creemos que era Medellín (Colombia) en los años 40 del siglo XX:

Kira, bailarina exótica.

Sí, ella llegó a esta pequeña ciudad a comienzos de la década del 40 y cosechó enorme éxito bailando en los dos teatros más importantes de entonces, el Bolívar y el Guayaquil. A mí me da dificultad imaginarme a una bailarina exótica en la muy católica Medellín, pero don Francisco Mejía (1899-1979) me la pone así, de frente, como hizo con muchos personajes, espacios y momentos que inmortalizó con su cámara.

Kira no fue la única artista que retrató. Por su lente pasaron actrices, cantantes de ópera y de zarzuela, intelectuales, pintores, escultores y músicos que ahora no hacen parte de los recuerdos de la gran mayoría de los medellinenses -contadas excepciones. Admirando a Kira, uno logra percibir lo que el fotógrafo Mejía seguramente admiraba en ella… y en esto, no se diferenciaría de muchos caballeros de la época: sensualidad, belleza, fantasía con tintes de goce prohibido. Y ahí uno vuelve a estrellarse de frente contra el estereotipo que uno tiene de Medellín: tan chiquita, tan católica, tan aburrida, tan práctica, tan pacata, tan moralista, tan goda, tan… atractiva para bailarinas exóticas????

Como historiadora, el estrellón que la foto de Kira me produce me lleva a varias preguntas; la primera, la más obvia, apunta a develar como una artista como Kira podría ser bien recibida en una ciudad que, regida de día por “buenos principios morales”, en las noches “se soltaba el pelo”. ¿Kira, la válvula de escape a un moralismo asfixiante? Es lo más probable. Otras noticias de la época (y de épocas anteriores) revelan en reportajes periodísticos y anécdotas el lado rebelde, hasta oscuro, de esta Villa empotrada en el Valle de Aburrá: los medellinenses aquí pintados son seres violentos, o sujetos de pasiones trágicas, protagonistas de heroismos poéticos y algunos, hasta desplegaban cierto cosmopolitismo; Medellín se agitaba entre asesinatos, la apertura de revistas literarias, los debates políticos, las inclementes persecuciones políticas, las pulpiteadas de los curas, los bailaderos populares y las temporadas de ópera… sí, mucho cabía en la vieja y pequeña Medellín.

Para esta historiadora, la belleza de una foto como la de Kira radica no sólo en que, como dice la trillada expresión, equivale a mil palabras. Al buscar el contexto de esta imagen y sus protagonistas -la bailarina y el fotógrafo- encuentro que son más que mil palabras y que también implica experiencias que rebasan las palabras… mi trabajo es intentar traducir en palabras, conceptos, explicaciones, esas cosas dichas y no dichas. Y claro, sentidas.

Miren esta otra:

José Celada P., travesti.

¿Travestis en la conservadora Medellín????? Pues sí, y don Benjamín, con ese ojo tremendo que tenía para todo lo raro, fuera divino o humano, fotografió a varios de ellos. También inmortalizó a cantantes, intelectuales, políticos, gente de la elite medellinense y campesinos con su traje dominguero; ni los muertos se escaparon del lente de don Benjamín de la Calle (1869-1934), es más, entre sus series más conmovedoras están las de los niños muertos, que en sus ataudes llenos de flores, parecen dormidos… para la eternidad.

Muchos saben y claro, pocos están dispuestos a admitir, que la movida travesti y gay en Medellín siempre tuvo buen tráfico. Hay un rumor sobre cierto café en el centro de la ciudad, conocido punto de encuentro entre homosexuales durante los años 30 y 40. Y con esa gran habilidad de la sociedad medellinense para hacerse la de la vista gorda, estos personajes travestidos llamaban que llamaban su atención se ganaban la tenaz indiferencia de esa sociedad bienpensante, que sólo se ocupaba de “cosas decentes”.

Esta imagen tan perfecta, desafía esa imagen de Medellín como una comunidad de hombres de a caballo, de carriel y ruana, que conquistaron montes y poblaron valles.. y otros discursos regionales de ese estilo. En Medellín también han vivido hombres lo suficientemente machos para entaconarse y salir muy bien vestidos, a la última moda flapper, por las callejuelas del centro, cosechando a su paso miradas ardientes, asombro y puritano desdén. Ese es un Medellín que le debo a don Benjamín de la Calle; gracias a sus fotos, hay otro lado de esta ciudad que da al traste con ese terco ideal de “pueblo grande”, homogéneo y rezandero.

Fotos como las de Francisco Mejía y las de Benjamín de la Calle hacen parte de lo que los historiadores llamamos “fuentes”. Nos dicen mucho, pero lo más apasionante es lo que apenas revelan; eso es lo que nos manda como locos a los archivos, a esculcar papeles viejos -públicos y privados- que nos digan más, que nos respondan algunas preguntas y que nos impulsen a formular otras. Claro, no todo son preguntas y respuestas; para eso tenemos nuestros métodos, nuestras reglas que también, dado el caso, estiramos y hasta rompemos cuando nuestro olfato nos dice que hay más… que detrás de estas fotos, hay mucho más…

pero eso, va para otro artículo..

Elizabeth, tal y como era…

Y hablando de cuerpos, el de ella fue uno de los más codiciados y admirados. En esta foto, que se ha conocido después de su muerte, aparece tal y como era, con toda su gloria:

Elizabeth Taylor, fotografiada a los 24 años por el actor y fotógrafo Roody MacDowell

Esta fotografía fue un regalo para su primer marido y primer amante, un multimillonario de cuyo nombre no me acuerdo… obviamente, el matrimonio no duró pero afortunadamente el regalo perduró y ahora podemos confirmar, como siempre, la poderosa belleza de Elizabeth… esa belleza que también habitaba en la fiera actriz que nos dio “La fierecilla domada” y “¿Quién le teme a Virginia Wolf?”.

Anteriores Entradas antiguas