The Invisible Woman (el breve espacio en el que estás para mí y en el que yo estoy para ti)

Es la segunda creación fílmica de Ralph Fiennes. No tiene nada que ver con super héroes. El título, de hecho, parece un juego de palabras: la mujer invisible es la que fuera la amante de Charles Dickens, ese monumento de la literatura inglesa victoriana. Ella, Ellen Ternan, podría haber sido invisible para los demás, pero no para Dickens; no lo es para Claire Tomalin, su biógrafa y autora del libro que fue transformado por Fiennes y la guionista, Abi Morgan; y obviamente, no es invisible para Fiennes. Y sé que este es un comienzo pobre para esta reseña, pero una película tan intensa y con tantas capas narrativas, tiene que ser tratada con cuidado. Así que es mejor ir con paciencia.

Ralph Fiennes en el set de "The Invisible Woman"

Ralph Fiennes en el set de “The Invisible Woman”

La vi dos veces. Admito que ver el nombre de Ralph Fiennes en la marquesina me atrajo inmediatamente. Ya vi “Coriolanus”, su primera producción: una adaptación moderna de la tragedia homónima de Shakespeare. Fiennes es un director audaz… le gusta muchísimo contar la historia, incluso contar lo que queda en silencio. En “The Invisible Woman” utiliza una personal combinación de inteligente composición, cámara lejana y estática y cámara móvil y envolvente. A veces es como si estuviéramos en los ojos de Fiennes en aquellos años en los que, antes de estudiar actuación, estudió pintura; no quiero dar “spoiler alert”, pero cierta escena de carreras es memorable por su composición, su luz, su suspenso que precede al movimiento. La luz es una herramienta narrativa en esta película: es dinámica, a veces indicando distancia entre los personajes o su cercanía.

El texto, el subtexto y el silencio son otros elementos importantísimos. La impresión más duradera que me ha dejado esta película, es que Fiennes está obsesionado con la comunicación humana en todos sus niveles. Es como si la comunicación entre dos personas le pareciese el mayor acto de amor y generosidad. En la película los momentos de silencio son tan elocuentes como aquellos en que las conversaciones deciden el curso de las vidas de los personajes. Ahora bien, no esperen encontrar un lenguaje semejante al nuestro; claro, es inglés, pero no es el inglés moderno que uno puede usar; al respecto, Fiennes ha dicho en una entrevista que deseaba ser respetuoso con el lenguaje y la carga emocional que llevaba en esa época… creo que lo logró.  No hay que esperar explosiones verbales. Tampoco besos apasionados ni corsés desatados con furia. Tanta contención está manejada de un modo inteligente, pues los actores logran transmitir la tormenta interna, la angustia, el pensamiento, la pasión y el deseo … de nuevo, ese era un deseo de Fiennes como director de la película: transmitir la vida interna en su complejidad, con sus múltiples capas e intensidades. No es una película para los que les gusta las expresiones “masticadas”. En ese sentido un puede recordar dos películas repletas de silencio/subtexto: “The Remains of the Day” y “Hannah Arendt”. En estas cintas es más lo que no se dice es tan o incluso, más importante que lo que se dice. El mayordomo de “The Remains …” logra decir en sus ojos y su voz pausada todo lo que no articula, mientras la protagonista de “Hannah Arendt” nos muestra una mente intensa en la demandante  tarea del pensamiento comprensivo.  Fiennes y sus actrices (y esta es una película de actrices) nos muestran personas procesando eventos y sentimientos que van a afectar sus vidas irrevocablemente.

Felicity Jones como la madura Ellen Ternan

Felicity Jones como la madura Ellen Ternan

Las actrices. Felicity Jones sorprende en su juventud. Uno puede entender por qué Dickens se enamoraría de una mujer que no sólo es joven, sino también generosa y cálida. Y luego, en su madurez, es reflexiva y llena de autodeterminación para finalizar el duelo que su relación con Dickens le dejó. Joanna Scanlan como la esposa de Dickens da una muestra de enorme dignidad y generosidad. La escena de la sala, en la que ambas mujeres conversan, es una escena provocada por la crueldad pero que ella, la señora Dickens, logra transformar en una conversación con consejos en los que ella, como mujer madura y veterana en la “experiencia Dickens”, comparte lecciones que la joven aprenderá pronto. Kristin Scott Thomas (antigua leading lady de Fiennes en “The English Patient”) tiene una actuación discreta pero determinante como la madre de Ellen Ternan. No me canso de repetirlo, pues no me canso de impresionarme: Fiennes está fascinado con la comunicación íntima y las conversaciones entre mujeres le dan ese espacio de exploración. No es que quiera saber “de qué hablan las chicas”. Sólo quiere saber y hacernos saber de la generosidad y calidez que puede haber en una conversación, por lo que es algo precioso que debe ser atesorado.

Joanna Scanlan encarna a la silenciosa y digna Catherine Dickens

Joanna Scanlan encarna a la silenciosa y digna Catherine Dickens

Fiennes, como ya dije, dirige la película. También encarna a Charles Dickens, en una actuación llena de actividad y alegría, algo que sus personajes usuales no le han permitido mostrar mucho en la pantalla grande. Se le conoce con el “villano” o el galán silencioso, pero aquí es un hombre maduro, lleno de energía y expresivo que, en realidad, extraña tener intimidad con alguien. Y no me refiero a la sexual. A mí me parece que el personaje de Dickens es una especie de comentario de Fiennes sobre la fama, algo que, según ha dicho en muchas entrevistas, él no logra conciliar con su profesión y de lo que ha huido en cada oportunidad (sea una entrevista o un escándalo… y ha protagonizado uno que otro..).

Una conversación íntima...

Una conversación íntima…

En una entrevista radial reciente, Fiennes dijo que alguien le había llamado  la atención sobre el hecho de usar la palabra “Amante” (Mistress) para describir la relación entre Dickens y Ellen Ternan. Esta persona le dijo a Fiennes que no era una palabra apropiada, aunque tampoco le dio una alternativa. Pienso que esa palabra no tiene nada de malo al describir esa relación, de hecho, su carga hace gran parte de lo que unió a estos dos personajes. Al ser la amante de Dickens, Ternan se refugió en las sombras, se hizo invisible y sacrificó unos privilegios sociales; dicho sacrificio formó ese duelo incompleto que luego la acompañó cuando Dickens murió. Claro, era una relación en la que él tenía el poder socialmente aceptado. Pero en privado, su Amante Amada, su Compañera, era ese espacio donde él estaba con todas sus cualidades y sus debilidades. Tal vez sólo ante ella, la invisible para otros, él podía ser visible verdaderamente. Y eso era un regalo invaluable. Es un regalo invaluable, pues, como dijo el mismo Dickens, toda criatura humana es un secreto para toda criatura humana…

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