“La peligrosa caribonita”, Medellín

Me impactó profundamente la columna de Reinaldo Spitaletta para El Espectador.  Me puso a pensar en todas las ocasiones en que he intentado describir mi ciudad natal, ahora que vivo en el extranjero. Me puso a sentir ese dolor tremendo, esa falta de aire, esa alegría, esa rabia y esa impaciencia que me provoca la ciudad y mucha de la gente que la habita… medellinenses como yo.

Y mientras tanto, en esta ciudad entre montañas, de clima primaveral, y hoy de las más contaminadas de América Latina, se iba estableciendo una industria del crimen, que ya parece muy difícil desmontar.

 

Esas sensaciones tan contradictorias jamás me abandonan y me impiden compartir el optimismo ciego – el regionalismo/localismo ciego – de muchos de mis coterráneos… Aún cuando me lleno de alegría cuando algún europeo me dice que ha ido a Medellín y que ha salido sorprendido, no por que haya comprado a satisfacción la fantasía tropical de rumba-sexo-marihuana que se vende en Medallo, si no por que en realidad se dio tiempo para conocer la ciudad y a sus habitantes y descubrió el lado bueno de los medellinenses, los buenos lugares con compañías fascinantes y cálidas que hay en muchas esquinas y casas de Medallo.

Medellín, vista nocturna del Parque de Bolívar, portón frontal de la Catedral.

Yo pienso mucho en Medellín, tal vez por que vivo en una ciudad inglesa de la que muchos ingleses despotrican – Manchester – y de la que muchos ingleses dicen que no puede salir nada bueno.  Es pequeña, contaminada, con sus pedazos de gran belleza y sus huellas de lo que alguna vez fue su grandeza, el progreso industrial. Medellín es pequeña, contaminada, con sus pedazos de gran belleza y sus vestigios de casonas o barrios acogedores que querían emular un “pasado Colonial”. Así entiendo yo lo de caribonita: en realidad, no es bonita… es “agraciada”, bien arreglada… uno limpia y compone, y hasta se ve bien.

Al patrón lo mataron hace muchos años, pero no a la cultura de terror que sembró. Desapareció su cuerpo en 1993, pero no la mentalidad de violencia y crimen como medios para conseguir dinero y fama y posición social, de la cual él y muchos otros fueron artífices. Y también víctimas. En esta ciudad color ladrillo, muchos verdugos han terminado en la guillotina.

Pero esa mentalidad de violencia es en realidad producto de una enfermedad autoinmune: aquellos valores que supuestamente debían defendernos de la gran debacle, se convirtieron en nuestro lastre. La fuerza a prueba de todo, se convirtió en crueldad; la capacidad y la creatividad para el trabajo, se transformaron en mañas de avivato y de ratería para quitarle al otro lo suyo, “por que la vida es de riesgos, la vida es de los vivos.”  La belleza y la coquetería se transformaron en “para qué estudia, si está sentada en la plata” y en “si me quiere, que me mantenga”.

Medellín, Museo de Antioquia visto desde el Metro.

 

El respeto a las canas lo volvimos una excusa para no cambiar, por que si uno es buen hijo, uno no cuestiona a los padres – así los padres hayan cometido terribles burradas de las cuales uno ha sido víctima… pero eso de cambiar, de buscar mejores opciones y valores para regir la vida, eso es de ingratos, eso es “creerse de mejor familia”; pareciera que la miseria mental y espiritual son las verdaderas herencias a los que los antioqueños tenemos que aspirar, para no vivir de manera diferente – y potencialmente mejor – que nuestros padres y abuelos. Los apellidos, el linaje, también se miden en la carga monumental de errores que uno puede repetir, simple y llanamente por que uno no puede cuestionar, uno “no le contesta al papá/mamá”… ¡Cuántas vidas no se han salvado en Medellín, por que alguien “se atrevió” a “contestar”!

Si vas por los barrios de las comunas ocho y trece, por ejemplo, sabrás que son dominio de narcos, de bandas criminales, y como decía alguien de por esos contornos, que los pelados ni culpa tenían, porque los “pájaros grandes” te ofrecen plata, armas, entrenamientos y así cualquiera resbala y cae ante las tentaciones del lumpen. Para tantos muchachos de esas barriadas es triste tener que habitar sin poder salir de cuatro cuadras a la redonda, porque si atraviesan la frontera invisible los vuelven “ropita de trabajo”.

En Manchester también hay juventudes asfixiadas… juventudes que no esperan mucho, por que no han sido educadas para esperar mucho – ni siquiera para exigirse mucho a sí mismas. No sé qué es lo que ha forjado esta actitud, que según me dicen varios amigos mancunianos (así es el gentilicio) no es muy novedosa.  Pero sé que la encuentro muy parecida a la actitud de muchos jóvenes medellinenses, que se rinden con mucho o poco esfuerzo a ese oficio de “ser malo”. Es otra manifestación de la enfermedad autoinmune que nos despertó el narcotráfico: el aguante se nos volvió resignación… “es que como uno es pobre”, y a veces ni pasa hambre el o la que esto dice, simplemente no puede comprar el aparato (el que sea) de última generación… “¿Estudio? lo que dé plata” y no es sólo por cubrir necesidades evidentes (para comer, para vestir, para poder pagar un arriendo o incluso ahorrar), si no para comprar o hacer cosas que demuestren que “no es por plata”. Y mucho menos para ejercer la curiosidad intelectual, por que eso “no sirve”: “¿Usted para qué estudia/lee/escribe/va tanto a cine/va tanto a teatro/va a conciertos/escucha música.. tanto, si eso no da plata, si eso no es útil?” Resígnese a la ignorancia, resígnese a lo mismo, que si sus padres y abuelos vivieron así, ¿usted quién se cree para siquiera hacer algo que le permita vivir una que otra experiencia diferente?

Manchester, la Curry Mile (Calle del Curry), la zona de los restaurantes y tiendas del Medio Oriente.

Y habemos muchos medellinenses raros, que creemos que uno puede vivir distinto y que eso no va en la plata.  Que sentimos que es nuestro deber criticar, dudar, cuestionar y sobre todo, no repetir los errores de nuestros padres – claro, eso empieza admitiendo la doliente humanidad de los progenitores y por ende, admitir que ellos también “la cagan”. Habemos medellinenses que no nos creemos ese cuento arribista de que hay que tener plata para saber disfrutar de cosas distintas, buenas… Claro, la vieja generosidad o nobleza antioqueñas, por la enfermedad autoinmune, la convertimos en arrogancia, en insultos, en prepotencia y en ética de pistoleros como la describe Spitaletta.

Y todo esto se me vino a la cabeza y al corazón leyendo a Spitaletta. Todo esto se me viene en avalanchas cada vez que he oído a varios decir que Medellín es una ciudad de gente encantadora o la capital de la cirugía estética. Es mi ciudad, la amo y la odio, me da felicidad cuando vuelvo y siento unas enormes ganas de llorar cuando sé que regresaré y haré mi vida allí. “¿Y por qué no se queda por allá?” Pues por que no quiero abandonar el barco, por que sé que en Medallo encontraré muchas razones para vivir, por que sé que el Primer Mundo no me quiere (así muchos ingleses sí me quieran) y por que me rehúso a creer que los raros, no podremos convencer al resto de que podemos darle cristiana sepultura a esa sociedad que se murió de una horrible enfermedad autoinmune… y que podemos empezar el incierto proceso de vivir de manera diferente y potencialmente mejor. Es curioso: muchos mancunianos sienten lo mismo respecto a Manchester.

La educación sexual como corresponsabilidad

Este artículo de The Guardian estaba demasiado bueno como para dejarlo pasar… Nos cae como anillo al dedo, teniendo en cuenta la negligencia que mostramos frente al tema de la educación sexual juvenil (Aclaro: considero que la educación sexual es para todas las edades y fases de la vida.)

Se trata de un programa que se desarrolla en Bristol, patrocinado por una fundación privada e implementado por el NHS, el Servcio de Salud Nacional de Inglaterra… qué contraste con nuestra situación, no?

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Esta iniciativa se conoce como Sharp (sexual health action: real people) y se trata de grupos de jóvenes que van a las escuelas y a los lugares de alta asistencia juvenil – como los clubes, bares y discotecas – para hacer campañas de información y concientización. Y por qué jóvenes? Por que se trata de hacer circular la información en una manera que en realidad cautive la atención de los muchachos; los chicos que trabajan en Sharp saben por experiencia propia que es más convincente hablar con alguien de la edad de uno, que con un adulto en modo “predicador”

Young people feel more comfortable talking to other young people about sex, as we’re more liberal. They are more likely to be receptive. When sex education comes up in schools, everyone just giggles and never takes it seriously. They expect a teacher to be patronising and think: “What’s a 40-year-old going to know about sex?” Teenagers don’t like listening to adults anyway! Just talking to another young person is so much better, and hopefully it can ultimately lead to things like fewer teenage pregnancies.

Por eso es que se trata de corresponsabilidad: los jóvenes un poquito mayores, les hablan a los adolescentes, a los más jovencitos… es algo de gran urgencia, pues según lo revelan los datos recogidos por Sharp y otros organismos juveniles, hay una gran presión interpoblacional por comenzar la vida sexual desde muy temprana edad (los 14 años), cuando en promedio se ha estado comenzando a los 16… a esta presión hay que añadirle otros factores: la creciente sexualización de los medios de comunicación y de la publicidad, la ansiedad que invade a muchas muchachas, quienes ante la dificultad de empezar a tomar decisiones como adultas, deciden embarazarse… y convertirse en madre joven y soltera ha sido “rentable” hasta hace poco, con los subsidios y exenciones con los que las privilegia el gobierno; el acoso que aún asola a la comunidad homosexual y que puede llegar a ser cruel en los chicos y chicas homosexuales y por último y tan importante como lo demás, las posibilidades de abuso sexual.

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La meta de Sharp es lograr que el estigma y la reserva que rodean la educación sexual en la sociedad inglesa, vaya dando lugar a un enfoque más abierto, solidario y honesto, para poder promover mejores estilos de vida entre los jóvenes adolescentes y los adultos jóvenes. Pero también quieren promover una mejor comunicación entre padres e hijos, haciendo posible un ambiente más relajado y cálido. Por lo tanto, es muy importante escoger bien el lenguaje y observar con mucho cuidado los modos de expresarse sobre el sexo y temas sexuales que utilizan los chicos.. no se trata de ofender a nadie, ni de ridiculizar, ni de usar eufemismos que complican la situación:

Why am I involved in Sharp? It makes me happy to know that I’ve helped someone and they’ve learned something. If I can help de-stigmatise sex for young people then I’m happy. A lot of language gets bandied about among teenagers, like “slut” and other words, and it’s unnecessary. I’m quite confident in speaking about sensitive issues, and am happy to go out there and say what needs to be said. But I am aware that bringing up sex around people, you don’t want to make the wrong impression sometimes.

Y a todas estas uno puede decir: es que los ingleses son más civilizados, se trata de una sociedad más abierta y moderna… NO. La sociedad inglesa también tiene problemas de machismo y de consecuente hipersexualización de sus jóvenes. Como ya dije, muchas chicas de clase media y obrera, ven en un embarazo la salida a sus problemas; otras simplemente continúan una tradición familiar, en la que las mujeres se casan jóvenes o se embarazan jóvenes; para las poblaciones biculturales es más problemático aún, pues los matrimonios y maternidades tempranos constituyen un ritual comunitario – familiar que prueba la cohesión cultural en tierra extraña. En algunos sectores de la población, el homosexualismo todavía tiene estigma y hay muchos niños, niñas, adolescentes y jóvenes que pueden ser víctima del acoso, abuso y explotación sexual debido a las costumbres comunitarias, pobreza, etc. Por todas estas razones, la educación sexual es una urgencia en la sociedad inglesa.

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Así que nosotros, los colombianos, no podemos excusarnos en lo de “sociedad pacata, hipócrita y conservadora” para quedarnos callados. Nosotros, los jóvenes adultos y los que estamos entrando a la madurez, los adultos, los viejos y los adolescentes, tenemos que asumir nuestro papel activo como educadores de nuestra sexualidad. Ante la negligencia oportunista de nuestro Estado, que se ampara en la lentitud operativa de la legislación, debemos oponer una actividad consciente y amorosa; consciente, por que debe ser mucho más que repetir babosadas y eufemismos, que transmitir miedos y odios; amorosa, por que debemos apoyarla en un sincero deseo por mejorar nuestras propias vidas y las de aquellos que queremos y viven con nosotros.

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