Cool Britania – A modo de respuesta…

Mi buen amigo Felipe, me escribió con esta inquietud, salida de la conversación con una amiga:

Ella sostiene que desde la vista de estado-nación, el país es pobre porque su estado no tiene fuerza de intervención en su vida social significativa, no posee grandes inversiones de infraestructura ni hay la amplitud de libertad de expresión que hay en otros países… así mismo dice que la desigualdad en este país no es tan violenta en términos de miserableza comparada con países como Brasil o India.

 

Yo sostengo que Colombia ES UN PAÍS RICO. Ahora, creo que lo que es sobre todo es unpaís mal administrado, un país de inmenso potencial y poder que tiene unas élites completamente perdidas y que se encuentra, como toda nación caribeña que es colonia norteamericana, viviendo El Mundo al Revés de Eduardo Galeano.

Veo que no es un país de talentos ni potenciales, sino un país de riquezas que por falta de autoestima no se logran consolidar ni comprender en toda la amplitud de lo que realmente puede llegar a necesitar el habitante de esta nación; es para mí, sobre todo, una nación que es un estado en perpetua apariencia de falla porque carece de una integración racial y cultural adecuada que le brinde la energía necesaria para reconstruir y construirse en pos de esa riqueza.

Así que, sin decir que mejor dicho ‘COLOMBIA MI TIERRA QUERIDA’, yo sí sostengo que este es un país rico, con un corazón y mente pobre.
Quería saber… ¿qué piensas tú?

Francamente, a mí me parece un montón de bullshit hablar de indicadores de qué es y qué no es pobreza, cuando la miseria y la pobreza es por lo cual se puede medir la grandeza de una nación -y es que así una nación tenga el Golden Gate, si tiene Pet Rocks y a Rush Limbaugh no es que digamos, qué ricos en su naturaleza-.

 

Voy por partes: me llama mucho la atención el vocabulario que mi amigo y su amiga usan para referirse a la situación colombiana. 

Si bien el Estado colombiano no se caracteriza por ejercer de manera correcta los tres monopolios básicos -fiscal, legislativo, de la fuerza- , me parece incorrecto decir que no tiene incidencia en la vida de nosotros como sociedad y como ciudadanos. Esas deficiencias SON la manifestación de nuestro Estado, son nuestro vínculo como nación. El hecho de que veamos nuestro Estado como una enorme máquina deficiente, mal orientada, extractiva mas no re-distributiva y además expropiadora, constituye un vínculo con él y nos forma a nosotros como ciudadanos políticos. Nuestro Estado y nosotros, como nación, somos una formación sui-generis, a la que los medidores de riqueza y pobreza no nos definen bien. Decir que el Estado colombiano es pobre por su poca capacidad de generar infraestructura incluyente y distributiva, es casi que apelar al modelo del Estado de bienestar… que es el que está en crisis. 

La pobreza en Inglaterra: casas clausuradas en Manchester, por ser inhabitables o por que sus dueños no pueden pagarlas. Foto tomada de The Guardian

Esa crisis del Estado de bienestar trae a la luz problemas de desigualdad más sutiles, pero tan violentos como los que se ven en el Tercer Mundo. Ese es un tema incómodo en el Primer Mundo, donde se suponía que al cubrir las necesidades básicas de una manera lo suficientemente básica y eficiente, se podrían promover dinámicas sociales y culturales que terminaran por incluir de un modo igualitario a toda la sociedad. El caso que me es más familiar, el británico, muestra que ese modelo de Estado no fue tan exitoso en ese sentido. La cobertura al ciudadano que garantiza el gobierno británico, no ha impedido que el profundo clasismo de la sociedad británica siga incólume… es más, que se haya replanteado y que se manifieste de diversas maneras en la distinción que cada grupo social hace de sí mismo diariamente. Incluso en las expectativas de las juventudes británicas, esa distinción social y la sutil exclusión que genera, está reflejada: no todos disfrutan ni buscan disfrutar ni ejercer las mismas ventajas. La Estado británico es rico en infraestructura que cubre a la población, pero esto no ha impedido que muchos de sus grupos poblaciones no se sientan incluidos o protegidos… los tumultos de hace un año así lo demostraron.

Dice Felipe que, según su amiga, la desigualdad colombiana no es tan violenta en términos de miseria – ? – como en Brasil o en la India. Estoy en desacuerdo. La desigualdad colombiana ES un tipo de violencia brutal, ejercida con armas simbólicas. La miseria material es la suma tanto de la exclusión material, como de la exclusión sociocultural que estructura a la desigualdad. En nuestra sociedad, los límites materiales también tienen su equivalente en los límites socioculturales que cada grupo poblacional ejerce para definirse ante los otros. Nada más pensemos en una de las frases favoritas de los colombianos: “Es que como yo soy pobre…”  Y muchas veces, el que emite esta autodefinición no sufre de pobreza material; cuando el sujeto sí sufre de pobreza material, su miseria se hace más violenta en tanto que es más evidente, en una sociedad donde la desigualdad material es un modo de presentación en sociedad: el que tiene, debe hacerlo notar. Además, la Colombia rural vive altos niveles de exclusión y de miseria que, desafortunadamente, se han hecho normales y por lo tanto, invisibles. Esos niveles de exclusión y miseria se han convertido en patrones de vida que son difíciles de romper.

Estoy de acuerdo en que Colombia es un país rico. Pero también pienso que no es ni más rico, ni más pobre que otros. La mala administración no es un tema exclusivo de Colombia como Estado o como país. Tampoco me parece algo novedoso, admitir la tesis del mundo alrevés de Galeano, o lamentarse de ser colonia o post-colonia de otro país. De nuevo, más de medio planeta comparte esa característica con Colombia… en cuestiones de colonialismo, estamos en una gran familia. Lo que me parece novedoso es ver cuáles son las referencias que se esconden detrás de esas lamentaciones de ser “el mundo al revés”; en ese sentido, dichas lamentaciones son las mismas quejas sobre las fallas que tenemos como Estado y como sociedad, quejas que hacen parte del pensamiento colombiano desde el siglo XIX. Si nosotros somos el mundo alrevés, entonces hay mundo al derecho, un mundo correcto al que debemos aspirar… no podemos ser autónomos, no debemos serlo, pues nuestra autonomía también funciona “al revés”. Con este marco de pensamiento, es muy difícil poder evaluar y valorar nuestros propios procesos, sobre todo cuando no estamos muy abiertos al grado de coresponsabilidad que tenemos en ellos.

La pobreza en Inglaterra: esta cama es compartida por cuatro niños en una casa de dos habitaciones en la que viven once personas. Para los indicadores ingleses, el hacinamiento es un indicador de pobreza. Tomada de The Guardian

Felipe habla de falta de autoestima y de falta de una integración racial y cultural adecuada. Esto también me suena familiar, pues de integración racial y cultural adecuada se está hablando desde hace 200 años y no se ha podido forjar… sin embargo, ese “adecuada” me queda sonando… por que no sólo se trata de admitir a todos los componentes “raciales”, sino de hacer una mirada crítica a esa idea de “raza” y los efectos sociales que tiene. La raza en Colombia es un calificativo socioeconómico, no es sólo de color de piel. Y echar mano de la exotización tampoco contribuye mucho a un proceso de inclusión verdaderamente profundo: poner a afrocolombianos o a nativos como la cuota romántica y colorida de la sociedad colombiana, no es admitir sus dinámicas como integrantes vigentes de nuestra sociedad, ni tampoco remediar la exclusión de la que han sido víctimas. 

Entonces, la cuestión de reflexionar sobre la racialización – es decir, lo que hace que la “raza” sea tan importante para nosotros – es cosa que nos toca a todos… no sólo a las “élites perdidas”, sino también a la ciudadanía anclada en un conservadurismo que le ha dado su identidad; los colombianos no somos víctimas de nuestra historia, somos victimarios de nuestro presente al escudarnos en nuestro pasado y al no reflexionarlo… sólo lo usamos para buscar culpables y eso no requiere mayor ciencia.

En mi post Cool Britania comentaba una de las manifestaciones de esta dolorosa transición del Estado del bienestar del Primer Mundo: la progresiva desregulación de la sociedad en el aspecto laboral. La intervención del Estado en el mundo del trabajo era una de las victorias del movimiento obrero británico; el subsidio para jóvenes es un gran atentado a esta estructura de inclusión, que velaba por la capacidad de consumo, de ahorro y de inversión de los ciudadanos. Es como si ya lo importante no fuera velar por estas tres actividades económicas, sino por la primera, al endiosarla como fuerza motriz de la economía.

En nuestro Estado, por razones diversas, el consumo ha sido el factor motriz de la economía y ha reforzado relaciones sociales verticales y excluyentes.  Nuestro Estado no intervino favorablemente el mundo del trabajo, por ende reforzó el carácter excluyente que puede tener y también reforzó el poco valor social que tiene. 

Es curioso que, desde dos corrientes tan diferentes, se llegue a un mismo punto: la progresiva desconexión social, que no promueve la creación de valores integradores, sino que genera una percepción social del Estado como el gran organismo que nos quita y no nos protege.