Cool Britania ?

Vivir en Manchester, en las tripas de lo que fue el Imperio Británico, es una experiencia esclarecedora. Aquí se ven de cerca esas sutiles artes de la discriminación social inglesa, se siente la vida gris (por el clima) que los brazos de la revolución industrial y burguesa británicas llevaron y llevan… también se aprende la poesía del pub, se comprende la gratitud por la cerveza Guinness y se entiende que el Reino Unido es una experiencia multiétnica y multicultural.

En los últimos dos años, esta masa compleja que son los ciudadanos ingleses se han visto desafiados por la crisis financiera, algo que supuestamente debía haber sido controlado, pero que se revela como un fenómeno duradero y de gran calado. Los planes a futuro de muchas familias se vieron cortados; los jóvenes han visto como sus esperanzas se han ido al suelo y muchos ven con miedo y tristeza lo que se avecina, al no poder pagar una educación universitaria y no poder conseguir un empleo.

La juventud británica se pregunta por su futuro...

De ahí que la iniciativa del gobierno inglés de hacer trabajar a los jóvenes por el subsidio de desempleo, sea recibida con actitud agridulce. Para algunos es el método de sacar a muchos chicos de las calles y de sus casas, para otros es una medida que está a pocos pasos de la esclavitud. Pero es bueno que examinemos esta medida gubernamental con cuidado, pues tiene unas características bien particulares:

Under new plans, 18 to 24-year-olds who have spent less than six months in employment since leaving school or college will have to work at least 30 hours a week to get their £56-a-week jobseeker’s allowance. They will also get a 10 hours a week help preparing their CVs and searching for a job.

Se trata de que los nuevos profesionales/trabajadores no calificados británicos, tengan un ingreso a la vida laboral sin asfixiar a los empleadores, que ya no dan abasto. También se les entrenaría para la competencia laboral, para sobrevivir en un mundo de ofertas laborales limitadas. Pero una de las objeciones – puesta por los sindicatos – es que este tipo de trabajo en realidad no entrenaría al joven en la disciplina del mundo laboral. En Inglaterra, el mundo del trabajo cuenta con la organización sindical, una tradición que aquí en Manchester es honrada con un museo especialmente dedicado a ella. Los sindicatos se han visto desafiados por medidas como esta, que buscan abaratar los costos que afronta el Estado para mantener los beneficios públicos por medio de la desregulación de muchos campos de la economía. Uno de esos campos, es el trabajo; y claro, la población trabajadora más vulnerable es la población de trabajadores jóvenes, que con esta nueva medida accede a un ingreso que no está regulado por mecanismos laborales… ahí se añade más vulnerabilidad.

Los que apoyan la medida, argumentan que es un modo de hacer que la juventud aprecie los beneficios públicos, pues no es bueno que se desarrolle una cultura de “algo por nada”. Pero al parecer, el consenso público era que ese  subsidio de desempleo era algo que se obtenía por los impuestos pagados… Ahora bien, gracias a ese subsidio que sería el pago por ese “trabajo”, los jóvenes se unirían a la población consumidora. Y de este modo, la estructura económica queda más o menos intacta…

Otra gran particularidad, es que esta medida será probada en las zonas donde la población juvenil explotó el año pasado, formando los famosos riots, los tumultos violentos que la BBC mostró con lujo de detalles. Es decir, esta medida tiene un blanco determinado: una población creciente, descontenta, que se perfila como un permanente “problema” que el Estado debe resolver, pues desde hace dos años los analistas están advirtiendo sobre las crecientes cifras del desempleo juvenil… justo cuando se aumenta la edad de jubilación y se desalienta el cobro de impuestos a los más ricos.

Para la gran mayoría de los ciudadanos británicos, el desplome del Estado de bienestar es traumático. Algunos se consuelan con el manido discurso xenófobo, pero para muchos está claro que los inmigrantes no son los culpables de esta situación. Para los jóvenes de las clases medias, acostumbrados a unos estilos de vida que les prometían el ascenso social o la estabilidad socioeconómica, ha sido más traumático aún: ya no hay garantías de ningún tipo, sólo aquellos que pueden asegurarse un futuro por sus propios medios, pueden sentir que tienen un lugar en esta sociedad.

Es curioso: a ojos y oídos latinoamericanos, esta situación les es tremendamente familiar…

Anuncios