La foto: de la belleza física… 1

Yo sé que no estoy diciendo nada nuevo… sé que no estoy mostrando nada nuevo… pero es curioso que el placer que estas visiones provocan siempre, siempre sea algo nuevo, algo revelador para el alma del que ve – no sé si sea igual para el alma del que es visto…

En fin, ahí va la primera “víctima”: el actor inglés Ralph Fiennes

Ralph Fiennes: la belleza adolescente…

En esta , no tendría veinte años… así, disfrazado de príncipe azul -¿o de Romeo?- y seguramente recitando a Shakespeare, su gran amor literario y dramático.  Con toda la lozanía y la frescura del que comienza… Y luego, viene el estrellato:

Ralph Fiennes: años noventa…

Los ojos azules, la voz educada, ese gesto entre melancólico, dulce y huraño… y no tuvo que desvestirse para que lo considerasen sexy y no tuvo que derretir el corazón de alguna actriz o de muchas fanáticas para que lo considerasen hermoso… sólo tuvo que asustarnos con su personificación de un nazi amo y señor de un campo de concentración, repartiendo balazos como quien respira… Y él lo confiesa: las mieles del éxito no fueron tan dulces como él lo creyó, fue ingenuo… Pero afortunadamente, llegó el esplendor de la edad madura:

Ralph Fiennes: la reinvención…

¿No se le nota, cierto? No se le nota la media centuria que lleva… Y en su debut como director, ha dado muestras de una visión propia y poderosa, con buena intuición para innovar y no caer en lo trillado.  Su imponente presencia y marcada personalidad siguen agraciando la pantalla gigante, hasta el punto que ya tiene otros dos grandes villanos bajo su cinturón: Lord Voldemort y Hades… el inframundo no parece tener secretos para Mr. Fiennes.

Las entrevistas que da no son reveladoras… es decir, desde el comienzo los periodistas se quejan de que, a pesar de su gran cortesía, no les de chismes. Él ya lo ha dicho: no le interesa explicarse, no le importa que no lo conozcan, él no tiene por qué compartir lo más sagrado de su corazón. Y así quedará, felizmente misterioso, o como dice uno de sus amigos: con esa curiosa mezcla de santo y libertino que pone en sus personajes y que a veces despliega en su vida cotidiana.

 

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