Bogotaneando – la crónica, parte 1

Bueno, no había vuelto a postear con frecuencia por cuestiones académicas. Esas cuestiones me llevaron a Bogotá, la capital de mi hermoso y loco país. Confieso que en lo que se refiere a viajes a la capital, era una completa novicia provinciana… pero sé que no soy la única, pues muchos colombianos se pasan la vida entera sin ir a la capital de su país, pues ni lo desean ni lo necesitan. Yo me sumé a aquellos colombianos que, por necesidad, salen de su ciudad natal para irse a la capital… fueron sólo dos meses y medio y sé que me quedó mucho por experimentar; pero igual, Bogotá fue toda una experiencia y quiero compartirla.

Entonces, comparto la primera impresión común a todos los que la ven por primera vez: es una ciudad muy grande… pero tanta enormidad esconde heridas y contrastes muy agudos, lo que la hace intrigante y abrumadora. La mejor manera de hacerse una idea de lo compleja y multifacética que es Bogotá, es usar el transporte público: Transmilenio o buseta. Sí, claro, entre tumultos y ladronzuelos a uno se le pueden quitar las ganas de participar de ese deporte extremo urbano bogotano, pero es el mejor medio para conocer la ciudad.

Transmilenio, estación Museo del Oro, Bogotá - Colombia

El famoso Transmilenio, diseñado y aplicado para resolver el problema de la movilidad de Bogotá, es una solución a medias. En realidad no es más barato ni más rápido, aunque tiene buses express que hacen los recorridos de una estación a otra directamente. Lo más emocionante que puede ofrecer Transmilenio, es una visión privilegiada de la sectorización de la ciudad y de la discriminación económica que esto implica; al tomar como recorrido central la Avenida Caracas, una sección de Transmilenio le da a uno la oportunidad de una visita turística sin guía; dependiendo de la hora, uno encuentra señales del abandono que sufren algunos sectores de Bogotá, sobre todo en el centro; yo tuve la experiencia de hacer ese recorrido en horas de la noche y vi estudiantes, trabajadores, comerciantes, ejecutivos, amas de casa, prostitutas, gamines y demás peleando por su lugar en la calle o por salir rápido de esa calle… ahí recordé algo que aprendí leyendo historia de la arquitectura: una ciudad puede ser moderna y fantasmal, pues se convierte en un lugar de paso y no de habitación; hay sectores del centro de Bogotá que son lugares de paso afanoso y contrariado para parte de sus habitantes, mientras que son lugares de habitación para otra parte de su población. Claro, esa parte de la población que los habita no es la población “de mostrar”…

Otro sector que muestra un gran abandono, es el sector de Las Cruces, que comienza unas cuantas calles más abajo del Palacio de Nariño y su zona de influencia -las carreras Octava y Novena-. Aquí el abandono lleva la marca de la pobreza.

 

Carrera Octava, antigua Calle de Florián, Bogotá - Colombia

La primera advertencia que uno recibe de los bogotanos, es no pasar por ese sector. Yo tuve la oportunidad de pasarlo en taxi, y ahí supe porqué: parecía un pueblo fantasma del viejo oeste. Curiosamente, es uno de los sectores más antiguos de Bogotá y sus viejas casas se hallan casi intactas, obviamente por que sus habitantes no han tenido con qué modernizarlas.

La violencia y la  rudeza de ese barrio se sienten al pasar por esas callecitas angostas, callecitas que con su escaso diámetro, hablan de los tiempos en que Bogotá fue un pueblo grande…

es muy triste ver cómo media ciudad queda abandonada a su suerte, pues al salir a la avenida en la que queda el famoso Hospital San Juan de Dios, otra institución histórica en la nación, la cosa no mejora: más abandono, más descuido, más suciedad, más tristeza.

Y así finalizo mi primera crónica bogotana.  No se preocupen, tengo mucho que decir al respecto y vendrán más.

Vista panorámica de Bogotá desde Monserrate, cerca al punto de llegada del funicular. Bogotá - Colombia

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Y ZAZ!!!!!

Claro, ese es el sonido de una sorpresa. De una rotunda, maravillosa sorpresa. Pero ella era sólo la cereza en la punta del helado de vainilla francesa recubierto de salsa de chocolate derretido calentito…

Ella viene sin disculpas, con inefable audacia. Es una voz joven y muy urbana, a la vez que intensamente urbana, que renueva el jazz francés y también ese arte un poco monumentalizado que es la chanson, que tiene en Edith Piaf a su mesías.

Zaz: la vibrante Francia...

Esta   muchacha es una artista ya hecha. No creo que sea un producto del mercado, más bien, es una de esas bendiciones que le llegan de vez en cuando.

En el video de arriba uno puede ver toda la energía que entrañan sus canciones,  con letras sin disculpas y llenas de alegría de vivir.  De ahí que Zaz sea toda una experiencia,  no sólo para escuchar sino para ver, por la electricidad que comunica.

Y sí, me parece pura poesía urbana, de la alegría de vivir la calle con todo lo que tiene de caótico.

Me encanta que sea una voz femenina y fresca la que le cante a la calle. Y me encanta poder disfrutar de esa comicidad y de esa alegría… se apuntan?