Brassaï: el otro mundo

Ese que despierta con la luna, ese que vive en París cuando los buenos ciudadanos se van a dormir.

Ese, al que le cantó Woody Allen en su hermosa cinta Media Noche En París… ese mundo en el que todo puede ser posible, en el que viajar en el tiempo es una opción y en el que de tanto caminar por esas hermosas calles y ajetreados cabarets, uno hasta se puede encontrar a sí mismo.

Ese era el mundo del fotógrafo húngaro Brassaï.

Brassaï: Notre Dame, 1933

Y con todos sus personajes, tan poéticos… llenos de esa poderosa y transgresora belleza que tienen todas las criaturas de la noche..

Pero no se trata sólo de mostrar estos personajes;

Brassaï: Bijou

se trata de concederles su dignidad,

su fuerza creadora,

como la que tienen los seres humanos

que se consagran con la luz del día…

el mundo de Brassaï no es sólo sombrío;

esto sería ponerle una etiqueta facilista;

el mundo de Brassaï

tiene toda la ternura

y la maravilla

que la creatividad nocturna acuna.

Este adorador de la ciudad nocturna nació en Hungría en 1899 y tomó por nombre el de otra ciudad, la suya, Brassó… que actualmente, por las cosas de la política, pertenece a Rumania.  Pero eso no importa. Su pasión por la ciudad que lo adoptó y por sus noches llenas de cosas y personas interesantes, fue la que definió su vida.

Brassaï: Alcantarilla

Por supuesto, viviendo en el París de los años 30 del siglo XX, se hizo amigo de toda la gente genial que habitaba ese ambiente.  De toda la gente fascinante que escribió los libros que ahora leemos, que compuso y cantó las canciones francesas que ahora nos gustan y que pintó todos esos cuadros locos que aún nos asombran. Pero con tanta genialidad rodeándolo, el tuvo la suficiente sensibilidad de dedicarle su lente a las bellezas cotidianas de su vida nocturna.

Brassaï: Back Stage

 

Brassaï

Pero tampoco fue inmune a la masa de sustanciosas celebridades que lo admiraban, que lo aclamaban como el ojo de París:

Brassaï: Matisse pintando, 1939

Ese otro mundo, en el que la creatividad que no encuentra espacio entre los rayos del sol, se enamora de la noche, mucho más callada y receptiva, llena de vida que, en la claridad del día, no encontraría espacio para manifestarse… qué hermoso mundo el que nos ha dejado Brassaï…

Brassaï: niebla parisina, 1934

 

Brassaï: el corset, 1933

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