Hace tiempos: espumoso licor, yo te saludo…

Hoy quiero compartir otro hallazgo en el archivo, esta vez cortesía de la colección patrimonial de documentos de la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Este poema fue publicado en la revista literaria El Montañés, una de las muchas publicaciones culturales que tuvieron vida efímera en el Valle de Aburrá a comienzos del siglo XX.  Como sé que muchos comparten mi gusto -por la cerveza, al menos, ahí les va…

LA MUSA DE LA CERVEZA

Mi bebida es cerveza fina y dorada,

para engañar la vida bebo cerveza,

su lúpulo mezclado con su cebada

tiene amor, alegría, gracia y belleza.

La sangre se atempera con su fermento,

el pulso se sosiega con su frescura,

y en calma las arterias y el pensamiento

los ojos se reposan en su hermosura.

Vertida en rutilantes vasos profundos,

finge cristal precioso que burbujea,

génesis esplendente lleno de mundos

donde el sol se hace chispas y centellea.

Amén!!

 

Cuando su hervor estalla con fuerza suma,

una visión el vaso lanza sonoro

con ojos de topacio, labios de espuma

y frente chorreante de rizos de oro.

 

 

Es la musa dorada de la cerveza,

tembladoras burbujas forman su risa,

y hecha está la mantilla de su cabeza

con claveles pajizos que el sol irisa.

Andaluza parece, y es alemana,

árabe, inglesa, egipcia, rusa y hebrea;

cruza al pie del Vesubio, y es italiana;

por las tierras de Cristo, y es galilea.

Es popular y alegre como una copla,

a los reyes iguala con los vasallos,

y, en un búcaro, ha visto Constantinopla

tras las rejas doradas de los serrallos.

Salud 🙂

Sus átomos son letras burbujeantes

que entienden cuantas razas alumbra el día,

y su verbo de pompas tonificantes

trama collares de hombres con la alegría.

En Nueva York grandioso como en Atenas,

en París esplendente como en la Nubia,

triunfan sus áureas gotas de vida plenas

y su espuma que es blonda de seda rubia.

Lo mismo da en los vasos, susurradora,

dentro de un patio alegre de Andalucía,

que con ella el Egipto sus labios dora

en las noches de fuego de Alejandría.

Acaso un rey artista va entre arenales,

llevando por remotos itinerarios,

su hastío que conducen a sillas reales

entre asiáticas pompas los dromedarios,

y al sentir ya los labios cual ascuas vivas,

el rey, por un capricho de su riqueza,

bebe las gotas de oro que van cautivas

en el cosmos dorado de la cerveza.

"Una cerveza antes de dormir, significa una mejor noche para toda la familia!"

Quizás también en suelos alcatifados,

y encima de almohadones de sedas vanas,

tiene un sultán los ojos encandilados

en un valle de hebreas y circasianas:

En una pipa, larga como serpiente,

fuma el fino tabaco que Arabia cría,

y el humo va a borrarse lánguidamente

en los muros pintados por la alegría:

y cuando en sed la sangre quema su boca,

pide a un eunuco negro rubia cerveza,

cuyo tapón tronante vibrando toca

en los techos calados por la belleza.

Dondequiera que al aire salta profusa

lanzando un taponazo rudo y sonoro,

allí sale del vaso la rubia musa

con la faz entre un marco de bucles de oro.

Ella pisa la esclava triste Polonia

y el calcinado suelo de Fez ardiente;

en el nombre de Irlanda besa a Bolonia,

en el nombre del Norte besa al Oriente.

Cosmopolita errante, mira mil soles

al desbordar la espuma de sus cristales;

en el Japón salpica los quitasoles,

en Persia los tapices de oro torzales.

Si enlazando naciones va furibundo

el tren vertiginoso, con más presteza

va uniendo corazones por todo el mundo

la espuma detonante de la cerveza.

Alzad la rubia copa, todos sus fieles,

cuantos movéis los hilos en los telares,

cuantos pulsáis las liras y los cinceles,

cuantos alzáis las hostias en los altares.

"La cerveza cambiará al mundo... no sé cómo, pero lo hará."

Los que esgrimís la azada que el brazo abruma,

los que, puras las almas, dictáis las leyes,

y en alto ya la copa llena de espuma

por vasallos y nobles, pobres y reyes,

juremos que tejid0s con fe de hermanos

nadie logre inspirarnos odio iracundo;

¡y un collar formaremos con nuestras manos

como un gigante abrazo que abarque el mundo!

 

Salvador Rueda, Madrid, 19 de Noviembre de 1904.

 

 

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