Tara: toda ella, todita, toda…

Ella quería ser delgada, esbelta y admirada… empezó el ritual de abstinencia alimentaria y ejercicios con disciplina… y entonces, su cuerpo y su salud mental le pidieron ayuda a gritos. Y se dejó de tonterías:

Tara Lynn, modelo tallas grandes, en la portada de la revista Elle.

 

Haber, confesémoslo: ¿qué le envidiamos a Tara?  Yo para comenzar, le envidio dos atributos: sus piernas llenitas y su amor por sí misma… ¿alguien más quiere confesar?

Hace tiempos: Una aventura en el Archivo de Prensa…

Pocas personas saben que en el cuarto piso de la Biblioteca de la Ciudad Universitaria en la Universidad de Antioquia, existe uno de los mejores archivos de prensa del país. Claro, no es un lugar muy concurrido por el gran público, pues rara vez la gente en general tiene la necesidad de desenterrar viejas noticias de años pasados. Para los que trabajamos con archivos, para los que escarbamos entre las letras de imprenta mudas, el archivo es un hogar, es un laberinto lleno de aventuras.

Biblioteca de la Universidad de Antioquia, Medellín (Ant.)

Una de esas aventuras me ocurrió en estas semanas, trabajando en ese Archivo de Prensa, donde reposan las ambiciones impresas de los primeros periodistas colombianos, así como las arriesgadas investigaciones de los profesionales reporteros de los últimos tiempos.

Esta aventura tuvo una triste coincidencia: mientras yo escudriñaba un número del periódico El Espectador, de Medellín, del año 1899, el archivo se fue llenando de mujeres jóvenes y maduras, todas ávidas de un tipo específico de noticias: la presencia de grupos paramilitares en ciertas zonas de Medellín a principios de los años 90, así como la publicación de notas donde anunciaban la aparición de cadáveres y fosas comunes en esos mismos años.

Una de las viejas ediciones del periódico El Espectador, en sus comienzos, en Medellín. En 1915, el periódico se trasladó a Bogotá.

Muchas recordaban la fecha donde aparecían las notas que más les interesaban. Otras recordaban las fotos que ilustraban la página donde estaba la noticia que buscaban. Otras buscaban sus agujas en ese pajar de páginas de prensa, cada vez más grande, pues al no recordar la fecha exacta, tenían que armarse de paciencia para buscar en cajas y más cajas de prensa guardada y celosamente cuidada por los auxiliares del archivo.  Muchas no sabían cómo debían solicitar lo que buscaban, y sobre todo, no sabían cómo pedir una copia del pedacito de papel que les ayudaría a argumentar sus casos; por ende, los dos auxiliares jefes se vieron copados de actividad, pues sólo ellos pueden sacar fotografías de los periódicos con los cuidados necesarios, para evitar la destrucción prematura del ejemplar.

Las filas para pedir una foto, los nervios, la angustia y hasta la frustración eran los mayores componentes de la atmósfera del archivo en esos momentos. El archivo, usualmente tan pacífico y callado, se había convertido en un hormiguero. Las afortunadas que encontraban su noticia sonreían con la tranquilidad de haber hallado el argumento que necesitaban para contextualizar sus muertos y argumentarlos en un tribunal. Como es usual entre las mujeres, la conversación sobre la situación en común no tardó en surgir… es un buen modo de compartir la premura y darse ánimos; las preguntas “cuándo lo/la mataron?” “dónde lo/la mataron?” “dónde lo/la encontraron?” eran frecuentes; a éstas se unían “Y tiene más hijos?” o con más precisión, ante la presencia de pequeños acompañantes: “Este es su nieto/a, hijo/a?”  Claro, también llegaron las sonrisas de celebración junto a un “bendito sea Dios, qué bueno que encontró la noticia!!” o un más preciso “Claro que iba a encontrar, si por esas fechas los paras mandaban por allá!!”

Toda esta actividad frenética por encontrar rastro de lo que ellas ya sabían, se tomó el archivo ese día.. se lo ha tomado por varios días…

Mientras tanto, yo leía mis rollos de prensa microfilmada. En el diario liberal El Espectador, en los números de 1899, el editor y varios corresponsales denunciaban las persecuciones políticas que el gobierno ultraconservador, bajo la bandera de la Regeneración, ejercía contra los liberales. El editor -Fidel Cano- y sus corresponsales denunciaban el ambiente de inseguridad y de creciente temor, pues la guerra se veía como algo inevitable; en el periódico también se denunciaba la progesiva pérdida de libertades republicanas y la penuria económica que asolaba a la nación. Entonces, llegué al último número de 1899 y me levanté a buscar el rollo del año 1900. Pero el siguiente rollo comienza en 1903… claro, pensé: la Guerra de los Mil Días, que llenó de terror al país, que desangró regiones, que aniquiló la incipiente economía colombiana y que dio el marco para la secesión de Panamá, comenzó a finales de 1899 y terminó a finales de 1902. Esa guerra dejó en claro cómo la contienda política volvía a tomar la dinámica de aniquilar al otro que tiene ideas diferentes. Por medio de los sufrimientos de la Guerra de los Mil Días, se construyeron recuerdos que aún constituyen las identidades regionales de nuestro país: la goda Antioquia (en la que muchos liberales antioqueños lucharon y sufrieron y sobrevivieron), la Costa liberal, las guerrillas liberales y conservadoras del Valle, del Huila… todos colombianos asesinados y expropiados por el absolutismo de las ideas, ideas vueltas bandera para encubrir venganzas personales en muchos casos… para encubrir masacres, violaciones, asesinatos selectivos, robos hechos en nombre del partido, del pueblo, de la Iglesia… y claro, en nombre de la nación y de su bienestar.

Ejércitos liberales al comienzo de la Guerra de los Mil Días.

Entonces, recordando lo que sé de la Guerra de los Mil Días, y con las conversaciones de estas mujeres en mis oídos,  recomencé mi lectura en el año 1903… don Fidel Cano volvía a la imprenta, prometiendo continuidad e imparcialidad. Claro, las noticias tristes no tardaban en aparecer en el rollo de microfilm: más penuria económica (venta de casas, de muebles, ruegos por trabajo), peticiones de noticias de los esposos que se fueron a la guerra y cuyas esposas aún esperaban sin saber si eran viudas o si debían esperar a un inválido -o loco..- y las tristes nuevas del fallecimiento de muchos, víctimas de la guerra, de los que apenas se sabía una vez restablecida la regularidad de las comunicaciones por telegrama. La rabia por la pérdida de Panamá coronaba este panorama periodístico..

Y mientras yo me levantaba de mi silla para estirar un poco las piernas y buscar mi rollo de microfilm, escuchaba cómo entre estas mujeres que buscan noticias sobre un dolor que ya conocen muy bien, surgían frases parecidas a las que Fidel Cano y varios de sus corresponsales escribían hace poco más de cien años. Escuchaba lamentos que, de tanto leer en los archivos y los libros, se vuelven dolorosamente comunes.

Estas mujeres no lo saben y no lo sospechan, pero su búsqueda y lo que yo leo en el viejo diario El Espectador, tienen mucho en común. Y no me causa alegría darme cuenta de esto. Por qué vivimos en un país en que hay que argumentar nuestros muertos, para que se les reconozca la dignidad de ser admitidos por sus victimarios? Acaso podemos sentirnos orgullosos de que las frases de un editor de periódico de hace 100 años tengan eco en la voz de mujeres que ni saben que existió, ad portas del siglo XXI?

Y lo más doloroso: ¿Por qué insistimos en olvidar, en no recordar ni apropiarnos de nuestras memorias, sino que las relegamos a un archivo, donde pocos las ven y donde muchos se olvidan de su existencia? ¿En realidad es más fácil olvidar y señalar impunemente al otro como causa de los problemas, sin hacer un acto de remembranza liberador? un acto de memoria en el que podamos decir nosotros, todos nosotros, somos víctimas y victimarios, hemos inflingido dolor y lo hemos recibido y lo hemos repetido al señalar al otro y no ponernos en su piel.

A propósito, si desean visitar el Archivo de Prensa de la Biblioteca de la Universidad de Antioquia, pueden ir de Lunes a Sábado entre 8 de la mañana y 6 de la tarde, 3 de la tarde los Sábados… luego les contaré de otros archivos, igual de retadores.