Hace tiempos: La vieja guitarra

Con perdón de Silvio, Facundo y otros sabios de esa tribu… pero las protestas de mi vieja guitarra van por otro lado. Tienen voces audaces, en tanto que mal entendidas. No reclama perentoriamente, pero cuando suena, no hay más remedio que escucharla.

Y mil disculpas, Paco de Lucía y Gipsy Kings. Por que su salero es una rica herencia, es algo que el tiempo ha forjado con esas manos de artesano curtido… son manos de artesano las que la hacen sonar…

A muchos les va a disgustar, pero este legado surgido de esa relación amor-odio entre nosotros los criollos y los ibéricos, ha sido una de las maravillas más elásticas, más transgresoras. El señorial Joaquín Rodrigo lo supo cuando compuso para ella sus sonoras elegías: este noble instrumento, nacido de otra relación amor-odio (entre moros y cristianos), tiene tanto de princesa como de saltimbanqui… si bien requiere la calma de estar sentado, puede salir a espaldas de su poseedor (¿esclavo?) en cualquier momento…

Entre dama y brincona, mi vieja guitarra se amiga con todos. Entre bailes y llantos, es tan camarada como el licor que puede remojar a ambos y como el recuerdo que puede detonarlos. Muy bella, de formas esplendorosas y también ajada y con signos de excesivo manoseo, ha sido tan constante como los caminos imprevistos por los que ha viajado gran parte de nuestro sentir sin palabras.

Si bien no le choca la erudición, ha sido fiel al analfabeto, a aquél que primero aprende a cantar y a tocarla que a distinguir letras o notas en un papel. Ella sí que no distingue entre razas o credos. Y es tanto el amor de muchos por ella, que quieren que su ataúd tenga forma de guitarra:

La vieja guitarra, la mía, la de todos, nadie puede reclamarla para sí. Todos vamos en sus cuerdas, tiene suficiente fuerza para cargarnos. Llegó a estas latitudes hace 500 años y nadie puede desterrarla, esta es su casa tanto como esa rara península Ibérica. Y como sabemos que no le gusta estarse solamente en un par de sitios, pues la compartimos con muchos…

Tan fuerte y tan sonora y tan flexible como una caña de bambú, tan andariega como una gitana y como una india y como una negra, tan mezclada como muchas de las músicas que suenan en ella… como todo lo poderoso de la cultura humana, es en sus variadas formas donde radica su fuerza.

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