Hace tiempos: tierra

Buscando cosas interesantes para leer, me topé con este excelente artículo en Razón Pública donde se nos invita a reflexionar sobre un problema en la historia de Colombia que se ha convertido en un tabú: la tenencia de la tierra.

La cuestión de la propiedad de la tierra es uno de los núcleos más antiguos de nuestra problemática social. Durante los tiempos coloniales, el ser propietario no sólo denotaba un poder social sino que también hacía la diferencia entre morirse de hambre o subsistir. Cuando llegó la república, la propiedad fue uno de los requisitos para ser ciudadano, algo que contradecía los principios democráticos que habían fundamentado el republicanismo que explicaba la legitimidad de las repúblicas en la soberanía del pueblo; como en la pobre y desintegrada Colombia decimonónica no todos eran propietarios, entonces la ciudadanía -con sus derechos y deberes políticos- terminó siendo el distintivo de unos cuantos.

A estos problemas debemos añadir la tradición que pone al terrateniente en la posición de “señor” al que se le deben lealtades y favores. Aún los campos colombianos están marcados por esta dinámica social, que concentra el ascendiente social/político en manos de unos gamonales con los que el resto del campesinado se siente endeudado. La contracara de esta situación, es la constante precariedad en la que vive el campesino, quien vive entre el olvido de la nación y la explotación y expropiación que caracterizan a nuestros conflictos bélicos. La cuestión, obviamente, es mucho más compleja de lo que yo alcanzo a describir. Pero el hecho de que los poderes del Estado-Nación se hallen cimentados en una gran contradicción (el que la soberanía no sea del pueblo ni se refleje en el pueblo, sino que sea de aquellos que coordinan los recursos de la nación y se refleje en ellos), hace relevantes estos puntos de reflexión propuestos por el autor:

  • Los factores estructurales en materia de tenencia y uso del suelo.
  • La organización, la formación, el empoderamiento y la movilización de los campesinos.
  • El marco o contexto de avance político y económico democrático.

Esta plataforma es suscinta, pero bastante rica en relaciones. Nos invita a poner sobre la mesa debates que se han convertido incómodos en la sociedad colombiana, pues el sólo hecho de mencionar el tema nos lleva a temas de gran sensibilidad, como la perenne violencia que se originó en nuestras sociedades rurales y que ha marcado la modernización del país. Tenemos que admitir que la atmósfera de jerarquía social y explotación que ha constituido nuestra sociedad, ha sido una de las fuerzas más constantes en nuestros procesos de modernización, por ejemplo, en los desarrollos urbanos… yo sé que la palabra “explotación” suena a vocabulario pseudo izquierdoso, pero en realidad cubre unas realidades sociales que requieren laaaaaaarga explicación.

 

¿Cómo enfrentar un problema que nos cuesta vidas humanas?

 

Otro de los puntos de interés que trae el artículo, es este resumen de “leyes” que explican la dificultad de establecer un proceso de reforma agraria:

 

  • Ley del paliativo o del bombero: consiste en aplicar medidas que solo alivian la situación, sin llegar a su esencia.
  • Ley del colonialismo intelectual: se buscan las fórmulas paliativas en otra parte, en los países dominantes o en organismos que no perciben las realidades locales.
  • Ley de la decantación utópica: a las fórmulas de supuestas soluciones se las vacía de los elementos que puedan afectar el orden económico y político prevaleciente.
  • Ley del mimetismo modernista: se producen acciones aparentemente innovadoras que confieren un halo o fachada de modernización a las pautas tradicionales de dominación o explotación.
  • Ley del control social y económico capitalista: se entrega la ejecución de los cambios o reformas a hombres-claves para que controlen los efectos de la innovación y finalmente nada cambie

Tenemos entonces un serio problema que no podemos ocultar… es cierto que hace parte de nuestra tradiciones y que deseamos olvidarlo o peor aún, cubrirlo con un aura de romanticismo bucólico, que nos evitaría el reflexionar seriamente en lo que nos concierne, pues nos toca a todos… no es fácil admitir que nuestra indiferencia afecta y contribuye al sufrimiento de tantos. Y además, no es fácil admitir que la población que no vive con nuestros parámetros urbanos también es gente y merecen respeto en sus proyectos de vida.

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