La imaginación como necesidad

Y no me estoy refiriendo a las cursilerías usuales, que ponen a la imaginación como el premio de consolación de las frustraciones o como el medio para llegar a “un mundo mejor”… por lo general, ese “mundo mejor” no tiene nada que ver con el que nos ocupa diariamente, y por lo tanto, no es que sea de mucha utilidad.

La imaginación a la que me refiero es aquella facultad que nos permite enfrentar la incertidumbre con un gran sentido de aventura y claro, con gran sentido del humor. La imaginación que más me gusta, es la que abre puertas que están cerradas por los prejuicios y los estereotipos. La imaginación a la que prefiero apelar es aquella que se constituye en la gran herramienta del saber -como la promovía Carl Sagan- y que le devuelve relevancia a todo lo que habita y circula por el mundo, pues podemos aprender de todo… claro, si ya cayeron en cuenta, la hermana gemela de este tipo de imaginación es la curiosidad. Y aquí viene a cuento la intervención de Stephen Fry, un hombre de gran imaginación, enorme curiosidad y tremendo sentido del humor:

Este hombre es capaz de hacer un maravilloso especial sobre Richard Wagner y de entrevistar a Lady Gaga (confieso mi falta de asombro ante Lady Gaga, pues crecí con Madonna: todo lo que Gaga ha hecho o se ha puesto, Madonna ya lo hizo y ya se lo puso.). Y con esa potente imaginación que le permite ir de un planeta a otro en el universo de la cultura, puede hacer una amorosa defensa del conocimiento y de la curiosidad que lo sustenta. Con la música como excusa, nos invita a rechazar el esnobismo que nos impide disfrutar con libertad del placer de aprender, de preguntar y de hallar en los compositores de la injustamente desprestigiada “música clásica”, gente muy cercana a nosotros.

Desprestigiada??? Claro.. porque se la ha puesto como una experiencia sólo para algunos, porque se la ha encerrado en un museo y se le ha quitado su enorme poder: el de estimular la imaginación, esa imaginación que nos permite sentir y creer que nuestras dificultades son la materia de trabajo para un mundo mejor (sin cursilerías de abrazos, gente tomada de la mano y esas cosas..)

 

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Hace tiempos: uno de los peligros de la amnesia

En mi querido país, la amnesia es generalizada y altamente peligrosa; por lo tanto, las terroríficas secuelas que deja son muchas y este post sólo se va a ocupar de una de tantas. Rueda la película…

Y esto no es todo… falta la segunda parte:

Es cierto, en Colombia hay templos más antiguos.. es posible que esta iglesia esté edificada en la zona de lo que fue una doctrina de indios y que hubiera quedado como punto de referencia para esa zona en la que había tanta población india móvil que trabajaba en las encomiendas y estancias.  Si estaba decorada con pinturas, habría seguido el modelo de muchos templos en Hispanoamérica -para indios y para blancos-, que contaban con coloridas escenas de las partes más importantes del evangelio que se quería enseñar a todos los habitantes de los nuevos reinos. 

El meollo del asunto, es la falta de cuidado del Ministerio de Cultura colombiano, como lo denuncia el sacerdote. Un ministerio que, al parecer, está más orientado a hacer publicidad volviendo al país una marca -“Colombia es pasión”- que en cuidar los restos materiales del pasado que nos construye… por que sí vale la pena cuidar de este vejestorio de edificio, ya que nos cuenta la historia de cómo una población fue incluida, a la fuerza y con diferentes herramientas, en un proyecto social y cultural que alteró sus vidas profundamente y que les dio un lugar relegado en una sociedad “blanca”, lugar del que no han salido todavía.

El hermoso mestizaje de una orquesta y el hip hop

La sacaron del estadio… esto es una maravilla, la Filarmónica y ChocQuibTown .. claro que sí!!!

Hace tiempos: tierra

Buscando cosas interesantes para leer, me topé con este excelente artículo en Razón Pública donde se nos invita a reflexionar sobre un problema en la historia de Colombia que se ha convertido en un tabú: la tenencia de la tierra.

La cuestión de la propiedad de la tierra es uno de los núcleos más antiguos de nuestra problemática social. Durante los tiempos coloniales, el ser propietario no sólo denotaba un poder social sino que también hacía la diferencia entre morirse de hambre o subsistir. Cuando llegó la república, la propiedad fue uno de los requisitos para ser ciudadano, algo que contradecía los principios democráticos que habían fundamentado el republicanismo que explicaba la legitimidad de las repúblicas en la soberanía del pueblo; como en la pobre y desintegrada Colombia decimonónica no todos eran propietarios, entonces la ciudadanía -con sus derechos y deberes políticos- terminó siendo el distintivo de unos cuantos.

A estos problemas debemos añadir la tradición que pone al terrateniente en la posición de “señor” al que se le deben lealtades y favores. Aún los campos colombianos están marcados por esta dinámica social, que concentra el ascendiente social/político en manos de unos gamonales con los que el resto del campesinado se siente endeudado. La contracara de esta situación, es la constante precariedad en la que vive el campesino, quien vive entre el olvido de la nación y la explotación y expropiación que caracterizan a nuestros conflictos bélicos. La cuestión, obviamente, es mucho más compleja de lo que yo alcanzo a describir. Pero el hecho de que los poderes del Estado-Nación se hallen cimentados en una gran contradicción (el que la soberanía no sea del pueblo ni se refleje en el pueblo, sino que sea de aquellos que coordinan los recursos de la nación y se refleje en ellos), hace relevantes estos puntos de reflexión propuestos por el autor:

  • Los factores estructurales en materia de tenencia y uso del suelo.
  • La organización, la formación, el empoderamiento y la movilización de los campesinos.
  • El marco o contexto de avance político y económico democrático.

Esta plataforma es suscinta, pero bastante rica en relaciones. Nos invita a poner sobre la mesa debates que se han convertido incómodos en la sociedad colombiana, pues el sólo hecho de mencionar el tema nos lleva a temas de gran sensibilidad, como la perenne violencia que se originó en nuestras sociedades rurales y que ha marcado la modernización del país. Tenemos que admitir que la atmósfera de jerarquía social y explotación que ha constituido nuestra sociedad, ha sido una de las fuerzas más constantes en nuestros procesos de modernización, por ejemplo, en los desarrollos urbanos… yo sé que la palabra “explotación” suena a vocabulario pseudo izquierdoso, pero en realidad cubre unas realidades sociales que requieren laaaaaaarga explicación.

 

¿Cómo enfrentar un problema que nos cuesta vidas humanas?

 

Otro de los puntos de interés que trae el artículo, es este resumen de “leyes” que explican la dificultad de establecer un proceso de reforma agraria:

 

  • Ley del paliativo o del bombero: consiste en aplicar medidas que solo alivian la situación, sin llegar a su esencia.
  • Ley del colonialismo intelectual: se buscan las fórmulas paliativas en otra parte, en los países dominantes o en organismos que no perciben las realidades locales.
  • Ley de la decantación utópica: a las fórmulas de supuestas soluciones se las vacía de los elementos que puedan afectar el orden económico y político prevaleciente.
  • Ley del mimetismo modernista: se producen acciones aparentemente innovadoras que confieren un halo o fachada de modernización a las pautas tradicionales de dominación o explotación.
  • Ley del control social y económico capitalista: se entrega la ejecución de los cambios o reformas a hombres-claves para que controlen los efectos de la innovación y finalmente nada cambie

Tenemos entonces un serio problema que no podemos ocultar… es cierto que hace parte de nuestra tradiciones y que deseamos olvidarlo o peor aún, cubrirlo con un aura de romanticismo bucólico, que nos evitaría el reflexionar seriamente en lo que nos concierne, pues nos toca a todos… no es fácil admitir que nuestra indiferencia afecta y contribuye al sufrimiento de tantos. Y además, no es fácil admitir que la población que no vive con nuestros parámetros urbanos también es gente y merecen respeto en sus proyectos de vida.