L.S. Lowry: la fuerza de lo simple

Este artista ha sido uno de mis grandes descubrimientos en Manchester. Lawrence Stephen Lowry es uno de esos pintores que engañan, pues con la simplicidad de sus líneas y colores, hacen creer que no ven mucho… pero es al contrario, pues Lowry veía no sólo la simplicidad sino la dureza -y las pequeñas alegrías- de la vida de la gente del Norte de Inglaterra mientras afrontaban dos guerras mundiales y una restauración de la que apenas se estaban recuperando en los noventas… hasta que llegó la crisis financiera y…

Pero me estoy distrayendo. El Museo dedicado a L.S. Lowry (1887-1976) está alojado en el impresionante teatro que lleva su nombre. Este espacio es uno de los faros culturales de la ciudad, pues además de contar con un impresionante diseño arquitectónico moderno, comparte el vecindario con el Imperial War Museum y los hermosos Muelles Salford. Este sector de la ciudad, que había sufrido un gran abandono, ha estado pasando por una fuerte recuperación, pues muchas empresas -entre ellas la BBC- se están ubicando allí y se están construyendo nuevas residencias.

Entrada al Lowry, teatro y museo en Salford Quays, Manchester, Reino Unido.

El ambiente del lugar es muy cultural, pero también muy familiar y estratégicamente complementado con un centro comercial. Así que es perfecto para un día soleado. 

Siguiendo con el artista: el museo que guarda muchas de sus pinturas no es muy grande, pero la muestra es sorprendente por la variedad que ofrece y por su capacidad de mostrar no sólo el desarrollo de la estética de Lowry, sino los variados temas que eligió representar.  Porque Lowry vio y sintió  en la vida urbana y semirural del norte de Inglaterra, una gran cantidad de cosas; en sus propias palabras: ” La mayoría de mis vistas urbanas son compuestas. Inventadas. En parte real y en parte imaginarias […] pedacitos y trozos de mi localidad natal. Ni siquiera sé que los estoy poniendo. Salen ellos mismos, como las cosas en los sueños..”

Dwelling, Ordsall Lane, Salford, 1927

The Sea, 1963

 Espero que hayan podido ver a lo que me refiero… esta es sólo una muestra de la impronta del impresionismo en Lowry. Además, uno puede encontrar en él rastros de la colorida publicidad del siglo XX, con sus fuertes asociaciones entre color y mensaje. Aquí el pintor nos vuelve a jugar una broma, pues lo que parece un pasatiempo infantil, es en realidad un comentario a la sociedad industrial masificada de su tiempo:

Fábricas en Lancashire

La supuesta simplicidad de la mirada de Lowry termina de romperse cuando uno se enfrenta a su representación de la figura humana…

Las carreras de caballos en Holcombe, 1954

 

La Pelea, 1937

 

Retrato de Ann, 1957

 

Hombre con los ojos enrojecidos

 Según Lowry, este cuadro comenzó como un autoretrato… luego pensó que él no quería un autoretrato y que nadie quería un autoretrato de él, pues no era interesante. Así que decidió pintar algo más interesante..

Y este fue mi primer encuentro con Lowry. Todavía no saco conclusiones, así que por el momento, guardo silencio y con ustedes, me dedico a observar…

Vista de calle con viaducto

 

Granjas y fábricas

 
La Feria

 
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Sólo cuando me río: firrrrrrrmessss!!!!!

De nuevo el genial Quino, nos muestra el otro lado. Esta vez, el otro lado de la disciplina castrense… porque no son cobardes, al contrario, lo dicen bien clarito y en coro:

.. y a que más de un soldado sueña con decirle eso a su coronel… 😉

Edmar Castañeda: arpa llanera y jazz

Sí, están leyendo bien: arpa llanera y jazz.  Este colombiano le está dando la vuelta al mundo, pero también a la música de su tierra. Al sacar el arpa llanera de su sitio habitual, está desafiando una larga historia de monumentalización de la música popular… pero tranquilos, que ya me voy a explicar.

Edmar Castañeda y su harpa mágica, tocando con Django Reinhardt en 2007

 

Los instrumentos musicales que están metidos en ese paquete cultural llamado “música folklórica colombiana” padecen, muchas veces, de un anquilosamiento, o encasillamiento que no les permite ser bien recibidos en otras formas de música. Muchos músicos se niegan a aceptar la plasticidad de un instrumento musical tradicional, por variadas razones; es posible que no les gusten los sonidos que produce fuera del contexto familiar, o que no entiendan el nuevo formato musical que tienen en frente. Todo eso es válido. Pero no debe ser obstáculo para que un instrumentista explore otras posibilidades con su instrumento.

Edmar Castañeda en plena acción.

 Al público amplio, por lo general, tampoco le caen bien estos cruces de frontera. Muchos seguramente dirán que es una especie de traición a la música tradicional y que el arpa llanera no tiene nada que hacer en una jam session de jazz. Muchos desdeñarán y recibirán con frialdad esta música, diciendo que “no es música colombiana, por lo tanto ni me va ni me viene”. La indiferencia es un indicativo, muy bueno, del rechazo basado en la falta de sentido de aventura.  Y también es totalmente válida.

La cuestión es que muchas veces, esa monumentalización o encasillamiento del que hablaba más arriba, se basan en estos sentimientos. Nos rehusamos a concebir algo diferente a lo familiar y tradicional y en este caso, nos negamos a la existencia de una posibilidad sonora muy rica y vibrante.  Al decir que la música de Edmar Castañeda no es música colombiana, se está apelando a un gusto que niega el cambio y la apertura cultural de nuestra nación, un proceso social que nos ha marcado durante los últimos 30 años.  Al decir que la música de Edmar Castañeda no pertenece a nuestra tradición, le negamos a nuestra cultura su diversidad, su riqueza, su enorme capacidad de aprendizaje y sobre todo, su inagotable fuerza creadora.

Lo que Castañeda hace con su arpa llanera, es una muestra de todas esas características que acabo de enunciar y que no tienen nada que ver con el anquilosamiento de los instrumentos musicales, una dolorosa consecuencia de entender el folklore como lo estático y inamovible.

Las alabanzas que Castañeda se ha ganado lo describen como un mundo en sí mismo, como un músico con el talento y el carisma necesarios para sacar su instrumento de la oscuridad. No podía ser de otro modo; hay que tener la potencia y la riqueza de un mundo, siempre en formación, para re-crear con tanta belleza una tradición.

Sólo cuando me río: porque no es lo mismo, ni es igual..

… y por ende, no son sinónimos. Aleida lo tiene muy claro:

Aleida, el alter ego femenino de Vlado.

La Foto: Isadora

Cuando bailar se parece a volar…

Isadora Duncan, bailarina

… y si le hubiesen dicho que algo parecido a uno de esos velos ondeantes, le arrebataría la vida…