Nueva música latinoamericana

Están creando nuevos sonidos de la rica herencia de la música popular latinoamericana. Y no estoy hablando solo de la música que recibe el título de folklórica, también incluyo esa avalancha de música que ha enriquecido la banda sonora de nuestras existencias por muchas décadas.  Este caleidoscopio de sonidos, timbres y ritmos tiene un árbol genealógico muy frondoso y todo el sabor peculiar que caracteriza a la cultura Latinoamericana.

Para la muestra, el primer botón… traído de la zona solar berbenáutika colombiana:

Es mucho lo que esta música nos cuenta. Podemos empezar por el obvio y gran amor a esos boleros y demás música del trópico que amenizaron -y amenizan-  muchas mañanas de cocina y oficio casero desde el radio de nuestras salas… esa fue la música con la crecimos: Felpe Pirela, Celia Cruz, La Sonora Matancera… por sólo mencionar tres de esa galaxia maravillosa.

Con Tijuana Sound Machine, nos damos cuenta de que nuestra galaxia sonora incluye, en una mezcla alquímica, a muchas modas y tendencias… que ahora nos gustaría olvidar, pero que afortunadamente han quedado consignadas en los álbumes de fotografía de la familia:

Pero la cosa no para ahí. Desde los Andes tenemos a La Sarita, que nos muestra con versiones como esta de Cariñito, que esa idea de tradición es mucho más flexible que nunca, pues ahora no podemos olvidar que con los elogiados procesos de modernización y apertura llegaron a nuestras tropicales montañas muchas ofertas culturales que ahora hacen parte de nuestro ser:

Esto hay que escucharlo con cuidado: estas músicas nos dicen que Latinoamerica ya no cabe en los corsés fabricados por los paquetes turísticos y que tampoco está muy bien representada por nociones que nos ponen como una sola sociedad, apegada con terquedad a un pasado -idealizado también-, en la que no hay espacio para innovaciones ni creaciones. En realidad, la cultura latinoamericana es una de las más versátiles, pues ha hecho de la mezcla, la fusión, la copia y la transformación  sus procesos insignia; en este constante proceso de hibridación, la supervivencia y la renovación se dan la mano y el cambio es el rey…porque en realidad, en Latinoamerica, todo cambia.. hasta el tango:

Y no es que no nos guste o neguemos la erótica alrededor de lo tropical, como nos muestra Orishas:

Pero debemos reconocer y mostrar que hay mucho más… que los dioses hablan en el ritmo, de mil maneras.. cierto, Chocquibtown??

Y esto es sólo un aperitivo.. que nos quede de moraleja: hay que abrir los oídos, para escucharnos mejor.

 

 

Black Swan: la búsqueda de la perfección

Las películas de Daren Aronofsky no son entretenidas. Así que si usted está buscando cine para entretenerse, ni se le ocurra ir a ver una película de él.

Las películas de Daren Aronofsky no son felices. Así que si quiere salir riendo a carcajadas del teatro, pues no vaya a ver una película de él.

Las películas de Daren Aronofsky no tratan temas fáciles. Por ende, si usted quiere una película que no le dé problemas, pues ni se le ocurra acercarse a uno de sus filmes…

Darren Aronofsky, director de cine

Después de semejante introducción, usted se preguntará porqué me molesto en bloguear sobre una película de Aronofsky. Pues precisamente porque este director ha logrado construir un estilo muy elegante para narrar historias duras, difíciles de ver, pero que giran en rededor de una constante: la capacidad que tenemos los humanos para sufrir y para hacer sufrir. Es posible que lo que más fascina a Aronofsky es la inclemencia de las relaciones afectivas, como el amor y la obsesión pueden crear remolinos omnívoros que nos llevan a la autodestrucción.

Los que recordamos Requiem for a Dream, aún nos estremecemos con las terroríficas escenas de autodegradación que los personajes pusieron ante nuestros ojos. La adicción, la prostitución por heroína y la anorexia, se suman a la tremenda soledad que no solo da significado a la vida de estas personas, sino que termina por sellar sus destinos… la sensación de que el sueño de la felicidad y el amor, de la satisfacción, se derrumba por la misma desesperación de lograrlo, es uno de los abrumadores mensajes que tiene esta película.  Aquí Aronofsky arremetió con fuerza y sin piedad, aunque se veía en algunas tomas la ternura que le inspiraban estos seres tan solos y dañados.

Pienso que en The Wrestler Aronofsky mostró una evolución de su estilo. Debo confesar que la camara al hombro, siguiendo de cerca al personaje, me parece un detalle espectacular… y la austeridad en el uso del sonido, es algo que saca a la película de su atmosfera encantada y le da mucho peso. Las alabanzas que ha recibido Micky Rourke por su papel son más que justificadas, pues Randy “The Ram” Robinson es un personaje que, sin grandes aspavientos, hace alarde de una humanidad profunda, con errores y sin autocompasión. Aronofsky encontró un estilo de narración hermoso, mostrando un doloroso proceso de toma de conciencia que acaba con ese salto, del que sabemos que El Carnero no se volverá a levantar.

Y así llegamos al Cisne Negro, Black Swan, magistralmente interpretado por Natalie Portman. La fragilidad de Nina Seers esconde algo más terrible y doloroso y Portman logra mostrarnos estas capas con la ayuda del contrapunto magnífico que proporciona Barbara Hershey, una de las grandes actrices gringas que, por cosas del mercado, casi no vemos.  Claro que las actuaciones de Vincen Cassel y de Mila Kunis no se quedan atrás; ellos interpretan con dominio a los que serán el detonante de la crisis existencial de la perfecta bailarina; la sensualidad libre y alegre de Lily, personaje de Kunis y la veterana hombría de Thomas Leroy (Cassel) son los ingredientes para que ese vaso de agua lleno hasta el borde que es Nina, se rompa y libere sus contenidos en una crisis tremenda, expresada visualmente con poderosas metáforas: la sangre, las plumas, los poros irritados… he ahí a la pequeña y perfecta Nina, incómoda en su propio pellejo, saliendose de esa existencia de “dulce niña” que ha paralizado su crecimiento como persona y como artista.

Yo jamás he dudado de las dotes de Portman como actriz, pues la vi en The Professional. Eso es suficiente carta de presentación. Luego, vi cómo marcaba su madurez con Closer y ahora, con Black Swan, ya está confirmado: esta no es una linda jovencita que actua. A Kunis la conocí como la perfecta airhead en That 70’s show; sus buenos instintos de comediante obviamente preludiaban el talento de esta joven actriz, que supo encarnar a un personaje que resulta ser, inadvertidamente, toda una amenaza. En cuanto al francés Vincent Cassel, ya lo había visto en el papel de semivillano en dos producciones francesas: Le pacte des loups y Rives de Colour Purpre; es un actor con gran presencia y energía y aquí, como el rey del harén -compañía de ballet- , ofrece una actuación sutil, pero definitiva; es él el que la da a Nina la terrible sentencia de rescatar lo que con tanta disciplina ha logrado negar en si misma….

Y la sorpresa del filme es la intervención de Winona Rider, una actriz consagrada aunque caida en desgracia mercantil por sus problemas personales… me pregunto si ella sufre del subempleo que caracteriza a la industria cinematográfica estadounidense: trabajar haciendo menos de lo que puede hacer….

Natalie Portman sacando el Cisne Negro que lleva dentro...

Al final, Nina no logra reunir sus dos cisnes de manera armoniosa. Con un salto al final de su debut -como El Carnero- y la triste declaración de victoria “Lo logré, soy perfecta!” , se abre el camino de la autodestrucción… aunque si uno quiere ser optimista, ella sobrevivirá a esta crisis.

En las películas de Aronofsky, los sueños de fuerza y perfección, de belleza y felicidad, prueban ser frágiles y deshumanizantes. Los sacrificios hechos para lograrlos demuestran ser más terribles de lo que uno imaginó y a veces, la consciencia de esa mutilación, puede ser un proceso de crecimiento tan terrible, que la destrucción es la única opción posible. La pregunta es ¿somos lo suficientemente fuertes para tener otra posibilidad, después de destruirnos?