La foto: el reino de los cielos..

… se ve mejor desde un avión.

Cielos colombianos desde un avión...

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Bicentenarios V: de gritos y silencios.

Llegó y pasó, con bombos y platillos, fuegos artificiales, banderitas y desfiles militares -al menos no hubo repetición de la famosa miniserie Crónica de una generación trágica; se acuerdan?

Claro, las instituciones están de plácemes, pero también hay muchos descontentos, con amargas reflexiones sobre estos doscientos años de vida cuasirepublicana.  Y por supuesto, hay muchos modos de celebrar: desde lo más frívolo y superficial hasta lo más concienzudo y reflexivo.

Todos convocados y listos...

Yo quiero detenerme en una celebración que tiene por partes iguales reflexión y amargura, pues una celebración alegre y frívola es más fácil de desarmar.  Así que mi víctima de hoy es Luis Fernando Parra París, columnista de La Silla Vacía.com.

No puedo dejar de sentir tristeza por la pronta partida, hace ya algunos años, de los españoles, nuestros fundadores. Esos que nos trajeron las venéreas, los que diezmaron a los indígenas, los que trajeron el catolicismo, el de la pedofilia. Pero tercos nos independizamos.

El famoso florero...

Los españoles no fueron los únicos “fundadores” de esta comarca; hay que tener en cuenta a los africanos, esclavizados pero no anulados y a aquellos pueblos indígenas que lograron sobrevivir. Los esclavos africanos venían de diferentes naciones-culturas y dentro de la institución de la esclavitud, lograron reconstruir lazos sociales que garantizaron su supervivencia.  De estas solidaridades surgieron las fuerzas para los palenques, en caso de huida, o para establecer compadrazgos y vecindarios si se quedaban junto a los amos.  En cuanto a los nativos, las opciones de supervivencia demuestran la capacidad de resistencia y adaptación que estas culturas podían desplegar; la ley hispana concedía igualdad y reconocimiento a la tradición jurídica nativa si no desafiaba el fuero español, admitiendo sus tradiciones en cuanto a la propiedad y la jerarquía social; esto, más lo logrado por algunos sacerdotes que lucharon contra la esclavitud indígena -declarada ilegal desde comienzos del siglo XVI-, hicieron posible que grandes comunidades nativas se reorganizaran e hicieran una transición hacia la vida como indios.  Otras comunidades aprovecharon el desconocimiento de los blancos de gran parte del territorio y se establecieron en aquellas regiones de frontera, recreando su vida comunitaria.

Es cierto que los blancos trajeron muchas enfermedades, pero fueron tantas o menos que las que se desarrollaron con el choque microbiano que siguió al primer desastre ecológico -en las islas del caribeñas- y que se reforzó con la primera epidemia de viruela que golpeó territorio continental, ya en el siglo XVI.  A estas hay que sumarles las diferentes manifestaciones de melancolía o depresión profunda que hizo mella tanto en nativos como en colonizadores, algo que ellos llamaron modorra y que describieron con palabras llenas de piedad y asombro: dejan de hablar, de dormir, de caminar, de comer y tras unas semanas de esto, simplemente mueren… entre la modorra y la locura de muchos, los territorios americanos se parecieron a Macondo en sus últimos días.

Herencia católica: el país está consagrado a esta figura..

Y sí, trajeron el catolicismo con sus ángeles, vírgenes y santos; con sus hipocresías de todos los tamaños… entre historiadores es común la anécdota siguiente: un frailecito franciscano, por allá en el siglo XVI, en una comarca mexicana, le preguntó a un viejecito indio si sentía ganas de hacerse bautizar; el indio respondió que él ya era más o menos cristiano, pues había aprendido a mentir.  Esto lo sabemos por aquel fraile, que buscaba conversiones sinceras y como muchos evangelizadores, sospechaba de la convivencia cotidiana de los indios -a los que les admitían nobles cualidades- junto a los díscolos españoles, llenos de supersticiones medievales y de la picaresca que después sería literatura en la pluma de Miguel de Cervantes. Así se fue haciendo ese cristianismo raro, de santos para todo -desde virgen del apocalipsis hasta santa muerte, de procesiones multiusos y de mojigatería que castiga la debilidad y premia la doblez llevada con elegancia.  Y ni hablemos de las primeras instituciones educativas a la occidental, con todos sus vicios y sus virtudes… de estos recintos salieron, ya a finales del siglo XVIII, jóvenes criollos de linaje comprobado -pues la educación siempre fue un privilegio de clase-  que después de su viajecito por las Europas, se sientieron descontentos con la des-educación que aquí se impartía, pues no eran ciencias para conocer el mundo o mejorarlo, sino para comentarlo y huir de él hacia el reino de los cielos.

El desfile de las Fuerzas Militares colombianas.. una nación se caracteriza por el monopolio de la fuerza.

En ese clima de descontento se organizaron las primeras voces de autarquía, voces criollas y de piel clara. Pues el ejemplo de Haití causó asombro y revolvió el pánico secular a una revuelta de esclavos generalizada. Negros e indios poco a poco fueron cayendo en ese despelote, arrastrados por sus amos y compadres… aunque debemos recordar que existieron indios realistas, pues en algunas regiones las comunidades indias habían contado con la ayuda de eclesiásticos e instituciones seculares; una de estas, el protector de naturales, había hecho posibles muchos beneficios.

Aunque para nuestra fortuna nos dejaron incrustados, como gen autoinmune, esas ganas de matarnos, de robarnos, de dejarnos robar: de servilismo. Nos dejaron el machismo, el racismo, la paciencia de esperar la recompensa por nuestro trabajo en la otra vida, mientras ellos la disfrutan en esta.

Desgraciadamente, concuerdo con el columnista en esta apreciación; pero también la discuto.  Y ya hablaban y escribían en ese sentido los republicanos colombianos de la segunda mitad del siglo XIX y se hacían las preguntas respectivas: si es cultural, si esa es nuestra herencia hispánica ¿cómo mejorarla? si es genético, por la mezcla racial ¿cómo mejorarlo?  Y así empezaron los planes educativos y de desarrollo de algunos, así como los discursos eugenésicos de otros.  Había que fundar escuelas, estandarizar la educación y formar trabajadores racionales, eficientes y productivos para que construyeran las carreteras y ferrocarriles necesarios, las universidades que hicieran falta y las empresas que necesitabamos.  Y si era cuestión de raza, pues había que importar sangre caucásica a como diera lugar y darles espacio; había que instaurar la moda de la apertura que en otros países suramericanos estaba dando frutos conflictivos: recordemos las oleadas de emigrados europeos al cono sur, a Brasil, a Perú, México, el Caribe y Venezuela… el proyecto conservador y hegemónico de 1886, apuntalado por el concordato con la iglesia católica, frustró esta intención y así, muchos extranjeros de distinta religión simplemente desviaron su camino hacia países institucionalmente más tolerantes.

Mapa de la República de Colombia elaborado por Manuel María Paz y Manuel Ponce de León, basados en los datos de Agustín Codazzi, 1865.

¿Y España? pues bien, este país que había sido potencia por allá, en el lejano siglo XV, soportó las consecuencias de haberse consagrado como un reino fuera de este mundo. Ni el Espíritu Santo al que se encomendaban Cortés y sus huestes antes de entrar en batalla contra fieros mexicas, salvó a España de la decadencia lenta y proclamada por su creciente incapacidad de hacer efectivo su imperio: el contrabando generalizado y el aislamiento de muchas regiones de los virreinatos, hicieron difícil el previsto enriquecimiento a costa del Nuevo Mundo.. esas economías silenciosas terminaron por minar no sólo las arcas, sino también la confianza de los chapetones en los criollos. De este modo, gran parte de las riquezas americanas alimentaron los comercios ingleses, franceses y holandeses, pero no el español.  Y el imperio se vio más arruinado y puesto en el ridículo; a finales del XVIII, las Reformas Borbónicas, fueron el intento desesperado de parar 200 años de vida criolla… demasiado tarde: Inglaterra ya había comenzado su Revolución Industrial y Francia ya sembraba el conflictivo camino hacia la democracia.

Para mí, son muchos los silencios que encubre el famoso grito de independencia, con su celebración bulliciosa y alegre.  Y también son muchos los silencios que encubre una actitud de reproche hacia el país que, con una gran dosis de arrogancia y aventura, hizo de Iberoamérica el otro occidente que ha fascinado al Occidente cristiano y centroeuropeo, que siempre nos mira con curiosidad, miedo y lujuria.  Así que prefiero ondear mi bandera con discreción y recordar al señor Llorente con una sonrisa, mientras sigo en mi mente la letra del himno nacional…

Por un patriotismo reflexivo.


Cinco minutos y diez segundos

Para cantar…

Para filosofar…

Para orar …

Para exigir…

Para bailar …

Para construir …

Para dar …

Para compartir …

TOMEMONOS ESTE TIEMPO.

¿Creer o no creer?

La discusión es interminable y siempre termina con una de las partes -si no las dos- acaloradas, atormentadas y afligidas por su falta de convencimiento.  Es curioso que una conversación sobre algo tan profundamente subjetivo como es la creencia en un ser superior, despierte tanto fanatismo tanto en el creyente como en el escéptico; para ambos, la cuestión es excluyente y de hecho, lo es.  Pero entre los frutos más interesantes de estos encontronazos está el conjunto de conceptos que arman los argumentos de cada equipo: para el escéptico, la evidencia material y psicológica habla de un mundo que no necesita de un dios para explicarse; para el creyente, el escéptico se “muere de hambre ontológica”, “vive en el desierto” y claro, “ha perdido el contacto con Dios”… pareciera que ambos hablasen de una profunda experiencia subjetiva: la de saberse solos o la de sentirse acompañados.

En los últimos años, el ateísmo ha dejado de ser una postura atractivamente subversiva o desencantada, que algunos personajes del mundo intelectual, científico o artístico enarbolaban contra el establishment, para volverse un elemento bastante común en la vida de muchas personas:

Ahora los ateos han salido del closet y se han publicado varios libros argumentando el por qué del ateísmo, sus ventajas y los puntos en contra de los creyentes. Con títulos tan atractivos como “Dios no es grandioso” o “Probablemente Dios no existe, así que relájate y disfruta de la vida”, los ateos ya no se esconden ni sienten que tienen que justificar su muy bien ajustada existencia a las expectativas de los creyentes.

Los creyentes, acostumbrados a ser la mayoría, están espantados.  Y amparados por variadas propuestas políticas -sin sorpresa, conservadoras-, buscan legitimar la necesidad y la lógica de una creencia como un elemento esencial para salvaguardar una comunidad, un conjunto de valores que son entendidos como “el orden natural”. El reciente debate en Argentina sobre los derechos de los homosexuales a contraer matrimonio, con todo lo que esto implica en cuanto a derechos civiles, ha sido un ejemplo de cómo las creencias y las inercias sociales pueden ser movilizadas políticamente y producir la exclusión de una gran parte de la sociedad; el resultado de este proceso argentino, que fue la aprobación del matrimonio gay, también es una muestra de cómo una verdadera democracia asegura los derechos de sus ciudadanos, aún cuando parte del país se oponga.

Volviendo al ateísmo: el que los ateos hayan salido del clóset y conversen sus creencias -sí, el ateísmo es otra postura ontológica como la creencia en un ser superior-, es un paso hacia adelante en el arduo proceso de abandonar los señalamientos facilistas.  Y como lo muestra esta serie de la BBC, ser ateo no es simplemente dejar de creer; es ejercer la duda ante las respuestas fáciles que dan las religiones masivas y ese ejercicio ha conocido diversas etapas históricas, así como la fe a ultranza también la ha tenido.  Lo mejor de una serie como esta, es que puede darnos luces sobre algo tan mal y sobreentendido como el no creer y el creer… al fin y al cabo, ya se sabe que las religiones no tienen todas las respuestas, tampoco la razón humana y mucho menos las iglesias..

Bicentenarios IV: de Manuela y las anónimas.

De la leyenda erótica que rodea la figura del criollo Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, por nosotros llamado Simón Bolívar, el personaje que fue Manuela Sáenz de Thorne se yergue con una luz propia y desafiante.

Uno de los retratos más conocidos de Manuela Sáenz

Si su compañero sentimental alcanzó la eternidad al comandar la temeraria empresa de conseguir la independencia política de las colonias hispanoamericanas del Sur de nuestro continente, doña Manuela se volvió legendaria por haber sabido convertirse no sólo en amante, sino también en aliada y defensora.  Sin embargo, la leyenda que envuelve a Manuela Sáenz se nutre de fuerzas contradictorias que nos empañan la vista… pues Manuela no fue la única mujer de las campañas libertadoras.. y no, no me refiero a la vida sexual de Bolívar.

Pero iré por partes, para explicarme mejor.  Empiezo precisamente por Manuela Sáenz, criolla quiteña reconocida por su padre blanco.  Como todas las niñas de linaje probado, a Manuela se le destinó una educación que la haría doncella apetecible para el mercado matrimonial y se la envió a un convento.  Y muchos de ustedes dirán: ¡pobrecita! o también dirán ¡de nada le sirvió, como era de loca!  Pues bien, la educación femenina en los conventos podía ser maravillosa y en los conventos de las grandes capitales criollas -México, Veracruz, La Habana, Santa Fe de Bogotá, Quito y Lima- era de lo más excelso; tanto, que muchas se aficionaban al estudio y preferían tomar sus votos antes que convertirse en la esposa de un mortal que les impidiese coger un libro… es que Cristo podía ser muy buen marido: oración y estudio, sin los riesgos de la maternidad, las molestias de familiares políticos o la insatisfacción erótica y emocional.

Monja coronada, México, siglo XVIII. La riqueza y el fasto que acompañaba la vida de las esposas de Cristo criollas, fue objeto tanto de crítica como de sorna.

Bueno, el caso es que la pequeña Manuela se fue al convento… y no fue terrible, pues la vida cultural que allí se llevaba era excelente y al parecer, no muchas monjas cumplían eso del celibato; por lo tanto, esa cultura subterránea de los anticonceptivos y abortivos hacía parte de la educación

"Mujer vergonzante". Lima, aproximadamente finales del siglo XVIII

no académica que allí se impartía.  El caso es que Manuela tuvo esa rara educación criolla que machacaba en la mente el discurso de castidad y obediencia femeninas, mientras que en la vida cotidiana seguramente observaba cómo las mujeres mandaban en muchas actividades. Comenzando con las monjas, no debe extrañarnos que de ellas Manuela haya aprendido las expresiones y efectos del poder femenino; luego, cuando fue sacada del convento para entrar en ese mercado matrimonial, seguramente tuvo la oportunidad de observar el sutil y extenso poder de las matronas criollas, mujeres bien casadas y/o viudas respetables que esgrimían sus linajes y sus propiedades para armar y desarmar familias, carreras y reputaciones.

Debemos recordar que, como herencia ibérica, las familias criollas no estaban compuestas solamente por lo que era unido por Dios -ok, el cura- en ceremonia católica y civil; la familia muchas veces incluía parientes pobres, amigos de toda la vida, sirvientes muy queridos, parientas solteronas y claro, los hijos ilegítimos que a veces eran reconocidos legalmente y otras simplemente, por el chismorreo colectivo y la admisión tácita del marido infiel.  Las mujeres aquí tenían gran protagonismo, pues eran las llamadas a organizar todo este batallón de personas que esperaban algo del señor marido-padre-hermano-tío-padrino-compadre…  el orden familiar, así como el bienestar y la paz del hogar, eran competencias absolutamente femeninas, al ser las educadoras de los niños y las administradoras de la casa.  Y todo esto lo aprendió Manuela y seguramente lo aplicó una vez casada con el inglés Thorne. Y eso que ni hablemos de los hogares paralelos, pues en muchas ocasiones la amante negra, mulata, mestiza, etc., tuvo igual o más poder que la señora de la casa.

Pareja de mulatos en Santo Domingo, siglo XVIII

Como pueden ver, ya hay bastante información sobre las mujeres de aquella época. Los estudios de Asunción Lavrín, Virginia Gutiérrez de Pineda, Pablo Rodríguez y otros que se han adentrado en los archivos buscando girones de la vida cotidiana de las sociedades criollas, han sacado a la luz muchos de los comportamientos santos y non sanctos de las mujeres y han podido dibujarnos algunos rasgos de ese complejo mundo que tal vez no tendría la publicidad del mundo masculino, pero que no era mudo inválido, ni mudo, ni poco creativo… y mucho menos fragmentado por la raza. En esos crisoles socioculturales que fueron los hogares criollos y los vecindarios, criollas blancas ricas tenían relación cotidiana con mestizas, indias, negras esclavas o libertas, mulatas esclavas o libertas, blancas pobres y extranjeras; todas estas mujeres tenían profesiones diferentes, no reconocidas por los gremios masculinos, pero igualmente importantes para la economíahogareña y local.  Así que debemos imaginarnos a doña Manuela rodeada de su séquito de sirvientas y esclavas, algunas de más confianza que otras, las cuales tendrían amistades con otras mujeres fuera de la casa, con las que podrían compartir información -“chisme”- que interesaría a doña Manuela, de las que podrían obtener algún servicio para su patrona y que, claro está, podrían servir de correo privado y certificado para otra patrona.

Entonces doña Manuela no era lirio inocente ni tonta hermosa. Y eso no es restarle valor moral, al contrario: es reconocerle todo su carácter, que nunca osó esconder. Y ahí radica el elemento desafiante de su personalidad: pudiendo limitarse a ser un amor escondido de un hombre al que le sobraban las ofertas de ese tipo, decidió abandonar la comodidad de su muy respetable matrimonio para irse con Bolívar; ojalá tuviese a la mano la carta que doña Manuela le dirige a su británico marido, en el que le explica que su frialdad y la distancia de su carácter han corroído el amor que pudo haber sentido por él -si es que se enamoró del inglés, y que por ende, ahora que amaba apasionadamente, prefería irse con Bolívar y sumergirse en esa aventura militar, tan lejana de lo que debía hacer una mujer.

O era en realidad tan lejano de una mujer salir con la tropa en campaña?  De nuevo, el estudio de crónicas, correspondencia y otros documentos de la época, han revelado que entre las filas de soldados espontáneos que se unieron a Bolívar, las mujeres y los niños eran presencia numerosa y cotidiana.  Las mujeres cocinaban, lavaban, atendían heridos y los curaban, limpiaban armas y tenían otras dos funciones: espiaban y peleaban.  Ah sí, más de una hizo prostitución por la causa; entretener a la soldadesca chapetona con risitas, canciones, bailes, caricias y folladitas en las tiendas de campaña era la perfecta excusa para ver el armamento, asegurarse de cuántos eran, agudizar el oído para escuchar pistas de la posible estrategia y de noticias que pudieran interesar a los patriotas; es decir, era toda una labor de espionaje organizado.  Luego, llegaba la hora de la batalla y allí muchas no dudaban en dejar las faldas y vestir pantalones, alzar machete o cargar fusil y entrar en la gresca, disparando y tendiendo emboscadas.  Por lo tanto, la visión de doña Manuela en traje militar, montada en un caballo y dirigiendo acción militar seguramente sorprendía, pero no demasiado; lo que seguramente sorprendía era ver a una mujer de su clase en esas lides y tan segura de sí misma, tanto, que ese tenaz militar que era Antonio José de Sucre no dudó en apoyar su nombramiento como coronel.

La otra imagen oficial de Manuela Sáenz.

Esta gran dama nunca dejó de ser dama, simplemente sabía que ser mujer no significa ser pasiva y que la valentía daba prueba de carácter.  También asumió el costo social de su elección, que se hizo contundente cuando Bolívar cayó en desgracia y más después de su muerte. La coronel Sáenz no se quejó; asumió el repudio, la traición, el abandono y la pobreza y mantuvo vivo el recuerdo del hombre a quien no sólo había amado y seguido, si no también admirado y defendido.  Muchas compartieron un destino similar, recordando en su vejez al marido muerto o que las había dejado, o simplemente llevándose a la tumba el nombre -o nombres- del padre de los hijos que habían criado; la pobreza y el trabajo continuo fueron compañeros constantes de muchas mujeres a quienes las guerras y las enfermedades dejaron como cabezas de sus familias y por ende con la responsabilidad de administrar lo mejor que podían patrimonios de todos los tamaños para poder asegurar una dote, una herencia y un oficio.  La imagen de doña Manuela Sáenz haciendo dulces para la venta puede ser conmovedora, pero entonces debemos recordar que muchas mujeres echaron mano de esas habilidades domésticas para poner pan en la mesa y una ruana en las espaldas de los suyos: hacer dulces, tortillas, morcillas, arepas, aguardiente o guarapo; remendar, coser, tejer; lavar y planchar; cuidar niños o ancianos; todas estas eran artes femeninas -lo siguen siendo- que garantizaron la subsistencia de más de una que no tenía hombre o renta para apoyarse; así sustentaron sus hogares en todas las etapas de su vida, así lo sustentó Manuela Sáenz en su vejez.

Es muy lindo que se le hagan homenajes a doña Manuela en estas fechas; hay que darle el lugar que le corresponde; pero no nos olvidemos de las otras, que no figuran con letras de molde pero que fueron fuerzas contundentes en la formación de lo que hoy somos.

Tercer Congreso Iberoamericano de Cultura

Por allá estuvimos esta semana, representando a nuestro grupo de investigación INTERDÍS. En un evento como este se encuentra uno con mucha gente que tiene experiencias similares y que comparte la inquietud: la difusión cultural más allá del mercado.  Así que no perdimos la oportunidad de oír, ver y tomar nutrida nota.. y una que otra foto…

La tarjeta de presentación.

Si bien el logo les quedó muy bonito, la organización dejó bastante qué desear, sobre todo para los invitados nacionales.  Al parecer muchas entidades colombianas dedicadas a la actividad musical, no contaron con toda la información necesaria para preparar sus intervenciones con suficiente anterioridad.  Sin embargo, la participación y el espíritu de cooperación entre todas las entidades asistentes, tanto nacionales como internacionales, fue excelente.  En mi caso personal, la buena comunicación que se estableció en la mesa de trabajo en la que estaba con los representantes mexicanos, españoles y los otros colombianos, fue muy buena y resultó en maravillosos contactos que ya darán sus frutos.  Eso, por lo local; por que en cuanto a lo macroregional, los planes son ambiciosos y por lo tanto peligran… espero que el futuro me obligue a tragarme mis palabras.

Obviamente, me fue imposible estar en todas las conferencias, pero aquí les comparto las que pude presenciar. La primera tomó lugar en el teatro de la Universidad de Medellín, un espacio maravilloso pero que, tal vez por no estar ubicado en la zona más central de la ciudad, no logró convocar. Y eso que la conferencia estuvo muy, muy buena: Músicas iberoamericanas, identidades y procesos transculturales.

El panel, de izquierda a derecha: Juan Pablo González (Chile), Marita Fornaro (Uruguay), Albert Recasens (España), Héctor Fouce (España).

Y como sé que se van a preguntar por qué no digo nada sobre la conferencia dada por Silvio Rodríguez y Rodolfo Medeiros, pues les cuento: se podía asistir con invitación y no repartieron de esas a todos los invitados… ese fue otro punto de desorganización, pues no contaron con todos para los eventos que requerían la dichosa “invitación” y más de uno nos quedamos con ganas.

Bueno, como les iba diciendo, esta conferencia estuvo muy interesante.  Marita Fornaro y Juan Pablo González dejaron en claro que la idea de folklore es mucho más rica y compleja de lo que uno se imagina; con ejemplos demostraron cómo el folklore y lo que se entiende por raíz musical, van cambiando según las apropiaciones que los diferentes miembros de la sociedad hacen de ellos. De ahí que los ritmos y los formatos tradicionales puedan adaptarse, no se queden conservados en formol. La profesora Fornaro demostró cómo los cantautores de los años setenta, acicateados por las dictaduras en esa zona del continente, le dieron nuevos sentidos a la música popular tradicional, por lo que esta ganó una poderosa dimensión política.  El profesor González nos contó cómo se ha construido un nuevo entendimiento de la noción raíz musical, pues la sensibilidad globalizada contemporánea permite que los intérpretes y oyentes elijan sus referencias identitarias a partir de una amplia y diversa oferta musical; de ahí que los nuevos grupos musicales, por ejemplo los chilenos, busquen anclar sus raíces en tradiciones tan diversas como la celta, la sefardí, la mediterránea, la hispana, la mapuche y la gitana, por sólo mencionar algunas.  Héctor Fouce (España) nos llevó a otro mundo aparentemente lejano: el de la escena del rock español en los años ochenta.  Sin embargo, Fouce no demoró en revelar el punto en común con Fornaro y González, que era el de la apropiación y los variados caminos que esta presenta.  En su análisis nos mostró que la génesis del rock español pasó por procesos de rechazo y de recreación: rechazo de la tradición española, recreación del fomato gringo comercial y por último, aclimatación de las tendencias más alternativas (Beatles, Bob Dylan, etc.) Lo más curioso de la exposición de Fouce, fue la demostración del proceso de renovación del rock español vía los cantautores argentinos, que les mostraron a los españoles cómo el rock servía para dar referencias de la vida cotidiana y de la experiencia de su generación.  El otro español, Albert Recasens, fue uno de los coordinadores de una exposición que en estos días se pasa en el Museo de Antioquia, llamada A tres bandas, donde se da una muestra de los procesos que construyeron las músicas criollas iberoamericanas; por lo tanto, su ponencia se enfocó en los problemas para conectar las instituciones responsables de mantener y difundir este patrimonio… este sería el tema recurrente del evento y ya les contaré por qué.

En Plaza Mayor...

El resto del Congreso pasó para mí en Plaza Mayor, ese espacio planificado para que Medellín se convierta en el centro de lo más sonado en Sur América.  Este lugar ha sido todo un éxito, pues combina y conecta el centro de eventos Plaza Mayor con el Palacio de Exposiciones (remodelado), el Parque de los Pies Descalzos -que tiene acceso al centro administrativo La Alpujarra- y la zona del Teatro Metropolitano.  Es un todo en uno muy bien dispuesto, en el que se aprovecha cada centímetro de espacio.

Justo frente a Plaza Mayor.. ¿reconocen este emblema?

Pueden adivinar entonces, la enorme propaganda que este congreso ayudó a hacerle a la ciudad y a su administración.  El slogan Medellín la más educada no se oyó directamente, pero impregnó la atmósfera.  La atención a los invitados de otras ciudades colombianas y claro, a los internacionales, fue estupenda y la ciudad quedó muy bien como plaza de eventos.

Y claro, al país no le fue nada mal.  Vean esta foto para que lo comprueben:

¿La identidad nacional como marca registrada?

Claro, Colombia es Pasión.. ya reconocieron el emblema de la foto anterior, ¿cierto?  Es curioso cómo se puede hacer marketing del país. Claro, eso es toda una operación de selección y edición y su presencia en un congreso de cultura no deja de ser irónica, pues muchos ponentes criticaron el folklorismo nacionalista de las naciones iberoamericanas que idealizó lo tradicional, convirtiéndolo en costumbrismo fácil.  Ahora bien, yo me pregunto: ¿no es muy peligroso poner la pertenencia a la nación en un formato que puede ser tan efímero como una marca comercial? sí, concedo que algunas marcas han logrado la eternidad: Coca Cola, Pepsi.. Picasso es un buen ejemplo de individuo convertido en marca… ¿pero una nación?

La conferencia Cultura y Desarrollo contó con la participación de Juan Luis Mejía (ex-ministro de cultura y actual rector de la Universidad EAFIT) y el profesor argentino Bernardo Kliksberg (Universidad de Buenos Aires) y fue una de las más elocuentes; ambos conferencistas hicieron mucho énfasis en la importancia del tejido social, es decir, en la importancia de contar con una sociedad civil activa y participativa, que proponga y defienda políticas públicas. Para formar esta sociedad civil se necesitan enormes dosis de ética, para que la cultura política pueda reflejar de la manera más positiva la manera de vivir juntos.  Esta idea del profesor Kliksberg se complementaba directamente con la expuesta por Mejía, en la que nos explicó cómo el aspecto cultural, comprendido como un esencial elemento dinámico en la sociedad, tiene que hacer parte de los modelos de desarrollo económico. Por lo tanto, no se puede hablar de un sólo modelo de desarrollo, de un solo tipo de sociedad, ni de un solo tipo de cultura; si en realidad se trata de plantear un desarrollo sostenible, se debe poner atención a las dinámicas culturales que hacen posible la vida cotidiana en una comunidad, pues todo lo que se produce y se valora está inserto en esa lógica y por ende, hay una gran variedad de modelos de desarrollo.

¡Tecnología para conferencias!!!: el traductor simultáneo para la conferencia del brasilero.. en portugués !!!!

(Nos disculpamos por la mala calidad de esta foto, pero ante la descarga de la cámara, figuró tomarla con celular. ) Bueno, la conferencia Música y políticas culturales: políticas locales para la promoción de la música estuvo muy informativa. Los participantes eran la Comunidad Autónoma de Valencia (España), Argentina y Brasil.  Y en resumen: toca por nuestro lado, por que el Estado no dice ni mú. ¿Se acuerdan de lo que les dije del tema recurrente? pues es ese, la dificultad de lograr unas políticas institucionales continuas que garanticen los procesos que alimentan la cultura: formación, preservación, creación y difusión.  La gran lección de esta conferencia, fue la increíble importancia que ahora tienen las redes como espacios y herramientas de organización que permitan presentar un frente unido; desde ese frente, desde esa comunidad de agentes de la cultura, se puede ejercer presión sobre las instituciones gubernamentales para que actúen.

El panel de izquierda a derecha: Jaime Quevedo (Colombia, Centro de Documentación Musical), Ismael Fernández de la Cuesta (España, Grupo de Estudio del Patrimonio Musical Iberoamericano), Juan Carlos Franco (Ecuador, investigador musical), Jesús Evaristo Gómez (Cuba, Museo Nacional de la Música)

Este tema recurrente volvió a sonar en la conferencia Musicalización ciudadana: patrimonio y documentación musical. Claro que la orientación de  esta charla iba por los lados de la recuperación de la música del pasado y de todos los recursos que esa actividad necesita, pues no sólo se trata de las músicas tradicionales populares, también esto cobija las músicas académicas y además, integra una gran variedad de soportes: partituras, discos, rollos de pianola, planchas de impresión, manuscritos, instrumentos musicales, libros, audiovisuales, música grabada en investigaciones antropológicas, etc.  Este trabajo está muy descoordinado, pero Cuba, específicamente el Museo Nacional de Música de Cuba, dio un gran ejemplo de trabajo continuo e intenso en la conservación de toda esa memoria cultural.  El conferencista español, Ismael Fernández de la Cuesta (director del Grupo de Estudio del Patrimonio Musical Iberoamericano) puso de relieve que este trabajo de conservación es muy importante, pero que debe complementarse con un intenso trabajo de difusión para que la gente se apropie de esta faceta de su historia; hay que convencer a los músicos para que interpreten este repertorio, gestionar conciertos y festivales, conseguir patrocinio para grabaciones… y así se le dará toda la importancia que merece a música que ha estado ignorada injustamente, por que por varias razones ha quedado fuera de los grandes canales de circulación.

Y bien, llegó la hora de cerrar el evento.  Todos -bueno, casi todos- fuimos muy juiciosos a los salones 4, 5 y 6 de Plaza Mayor, donde se leyeron las conclusiones finales.  Estas son muy ambiciosas, pero cuentan con los buenos deseos de varios ministerios de cultura y del BID… amanecerá y veremos, dijo el ciego.

El gran final, con la ministra de cultura colombiana, Paula Moreno Zapata.

Discursos cortos y positivos, un punto a favor. Hay que reconocer que nuestra actual ministra de cultura es muy activa y en realidad ha trabajado mucho por este sector, siempre tan descuidado por nuestros gobiernos -al parecer la cosa no cambiará mucho con el próximo gobierno… así que sólo nos queda trabajar desde lo local para construir las deseadas redes transnacionales de cultura.

Bueno, esta fue mi pequeña crónica sobre el Tercer Congreso Iberoamericano de Cultura.  Sé que lo que fueron a los conciertos se lo soyaron de modo muy distinto y espero que compartan su experiencia. Y que les sirva de algo la mía, que la comparto con gusto.

Al interior de Plaza Mayor, vemos de nuevo a Colombia, la marca registrada.