Santiago Rusiñol: de la luz y sus magias..

Santiago Rusiñol i Prats… adoro estos nombres catalanes, con esa sonoridad tan rara y tan extrañamente parecida a la del castellano.  Este modernista catalán-español fue uno de esos personajes que se enfrentaron a esa terrible y medieval vocación hispana: la de ser un reino del otro mundo… pero para don Santiago, este mundo era un festín de color, si no miren:

Santiago Rusiñol: Jardín

Y claro, la enfermedad parisina tenía que dejar secuelas y créanme: son suculentas, son impactantes… pero hay que recordar que la enfermedad parisina, la del modernismo y la aventura, produjo verdaderos prodigios; uno de los seguidores de Rusiñol se ha convertido en el más popular de esos “engendros”: Pablo Picasso.  Eso era un ritual de paso: irse a París y ver qué hacían los artistas modernos, los de vanguardia; qué pintaban y por qué, por qué Monet pintaba el mismo pajar veinte veces y por qué Tolouse pintaba putas de burdel, mientras que Renoir pintaba mujeres rellenitas, pelirrojas y llenas de luz…

Santiago Rusiñol: Jardín del pirata, Mallorca

Pero la luz de Rusiñol no sólo derrama luminosidad y sombras sobre los jardínes; también nos puede cegar en una calle, como aquí:

Santiago Rusiñol: Calle de Sitges

Si se están acordando de Van Gogh y sus armonías en amarillos -que nosotros conocemos como Los Girasoles-, no se preocupen… es ese ojo curioso, minucioso hasta el problema, que no ve sólo un color, sino que ve todas sus posibilidades.. son todos los amarillos del mundo…

Y es el poder de un solo color, la fuerza que engaña al ojo y que nos cambia la emoción:

Santiago Rusiñol: La muchacha del tiovivo.

Eso es el color ROJO, muy rojo, para que no se te olvide que es rojo gracias a la blancura cremosa de la niña que lo lleva puesto, gracias al frío gris de los tubos que sostienen el tiovivo donde el pálido caballito da vueltas y vueltas y vueltas… ese rojo no nos dejará perdernos en la maraña…

Y esa es la gracia de la luz de Rusiñol, que nos deja perpelejos y sedientos, con una maravillosa y sensual placidez, con sorpresa por este mundo… que maravilla vivir en un reino de este mundo…

Santiago Rusiñol: Retrato de la señora Riquel

Saramago: buen viento y buena mar.

El viejo que nos previno del miedo a la ceguera, se ha ido al otro mundo.  El que nos contó del poder de la memoria y de su fuerza creadora, también se ha ido.  Y siempre fiel a sí mismo, su partida no ha dejado a nadie silencioso, como nos muestra El País:

El artículo dedicado al autor de ‘Memorial del convento’ por el diario oficial de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, se titula La omnipotencia (relativa) del narrador, está firmado por Claudio Toscani y mezcla reflexiones sobre su tarea de intelectual de izquierdas con descalificaciones del tipo “populista extremista”.

La pieza subraya la “ideología antirreligiosa” de Saramago, a quien define como “un hombre y un intelectual de ninguna capacidad metafísica, (y que vivió) agarrado hasta el final a su pertinaz fe en el materialismo histórico, alias marxismo”. Para añadir: “Colocándose lúcidamente de la parte de la cizaña en el evangélico campo de trigo, (Saramago) se declaraba insomne por las cruzadas, o por la inquisición, olvidando el recuerdo de los ‘gulag’, de las purgas, de los genocidios, de los ‘samizdat’ (panfletos de la Rusia soviética) culturales y religiosos”.

Ningún escéptico que se respete le ha caído bien a los que proclaman el orden ciego, así que Saramago casi que había rogado por semejante necrológica.  Pero no debemos compadecernos de él, pues seguramente le habría gustado el que lo recuerden como un incómodo signo de interrogación… de esos que son necesarios, aunque no nos gusten.

Pero si en algo tuvo fe potente Saramago, fue en las palabras… en lo que podría hacer, las personas a las que podría llegar; como los niños:

Por que en las palabras sencillas también habita la fuerza del rayo… y por que te extrañaremos mucho, buen viaje, viejo José… lo único que me en realidad me entristece de tu partida es que se te cumplirá uno de tus miedos: pasar la eternidad sin tu amadísima esposa.

Buen viaje, fuertes vientos y segura mar, José!!!!


El mensaje en la botella cibernáutica.

La presentación que le hace Juan Camilo Maldonado en El Espectador es más que suficiente:

Se llama Lina Hesham Al-Sharif. Tiene 21 años. Estudia literatura inglesa en la Universidad Islámica de Gaza, aunque preferiría estudiar periodismo. No está mal, dice, leer a Shakespeare y a T. S. Elliot, pero nada como andar con la cámara al hombro, pasearse por las calles polvorosas de la Franja y entrevistar a su gente, hablar de su creatividad, de cómo se las ingenian para resistir a la escasez y la soledad. Es su sueño, ser reportera de la cadena de noticias Al Jazeera.

Ahora bien: el modo que ella tiene de ponerse ante nosotros, es maravillosamente simple y contundente:

Este blog es básicamente sobre Gaza. Muchos familiares y amigos dirían que estoy loca al dedicar un blog entero a esta, mi tierra. Pero vivo aquí desde 1995, y pese a toda la fealdad, desesperación y frustración que me causa, todavía la quiero. Por eso en este blog voy a mostrarles la verdad.

A mi no me parece una locura. ¿Cómo no compartir con otros, con extraños, el amor que se le tiene al país que a veces lo desgarra a uno y otras lo llena de orgullo? ¿Cómo no compartir con extraños el raro coraje que se va armando mientras se sienten los muros caer otra vez?

De toda la basura y estupidez que el mundo virtual puede ofrecer, esto es lo más hermoso: el que una muchacha no se haya rendido a la desesperación y haya hecho de esta herramienta, un medio de supervivencia y de conexión.  Claro, no hay que olvidar que en un mundo de filtros mediáticos y de comunicaciones editadas, un blog como el de Lina Al-Sharif es algo refrescante y hasta más confiable, pues al fin una ciudadana nos dice algo diferente de su tristemente famosa patria sin tener que hacer caso a las “recomendaciones” de un editor.

Este es el banner del blog Live from Gaza, de Lina Hesham Al-Sharif

Esta joven no escapa a su realidad ni la embellece.  Tampoco se victimiza, lo que hace más valiente su apuesta: contar su realidad cotidiana, hablar con la gente y claro, admitir la tristeza y la rabia de verse y ver a los suyos sitiados en su propio hogar, privados de las oportunidades elementales para construir su propia felicidad… creo que Lina y muchos colombianos tenemos mucho en común, ¿no?

Admitir la tristeza y la rabia… para muchos, algo totalmente incorrecto, si se quiere formar un mundo de paz.  Pero de hecho, es la postura más humana e inteligente.  Admitir la tristeza de ver el país constantemente destruido, la tristeza de renunciar a muchas posibilidades por tu origen; admitir la rabia que te produce tu cárcel, la rabia que te causa la agresión ignorante, la ira que te produce la arrogancia del que te señala y te acorrala con medios desalmados y con razones que ya no tienen peso… eso es difícil para muchos, es difícil de aceptar desde la neutralidad que te da la comodidad del estar muy, muy lejos de las bombas y la paranoia constantes, muy lejos del miedo y de la frustración cotidianas que hacen que cada mañana uno tenga que convencerse de que sí, de que sí es bueno seguir viviendo así, aunque sea así, por que tal vez las cosas cambien…

La simpatía es lo más fácil y lo más políticamente correcto.  Pero el reconocimiento del otro demanda más, mucha más inteligencia y demanda la habilidad de querer incomodarse para poder conocer un poco y tratar de comprender lo que el otro vive y piensa.  Lina Al Sharif ha dado el primer paso, sabiendo que no encontrará muchos oídos dispuestos y sabiendo que tal vez no hallará un auditorio con paciencia, sólo con ansias de venganza.  Ella no rechaza su odio.  Es parte de su vida. Pero tampoco rechaza la posibilidad de que entre los otros a los que teme, hayan mentes dispuestas.

Entonces, yo quiero leer lo que Lina tiene para contarme.. sé que me voy a sorprender: por ella y por mí.

El blog de Lina Al Sharif

Boyacá: cofre de tesoros.

Este cofre tiene una apariencia sencilla y cotidiana, guardado por el imponente y desafiante sistema montañoso de los Andes, al que tanto le debemos los colombianos.  Eso hace que el viaje por tierra hasta esta región, ubicada en el centro de nuestro paradójico país, sea una invitación constante a no quedarse dormido en el asiento del bus… y esta invitación se repite muchas veces…  

Las brumas que rodean a Paipa...

Los accidentes típicos de la cordillera proveen a esta región con una gran variedad de climas… ese es el sello de las regiones andinas colombianas, la variedad.  Y por eso hay que tener un buen estado físico para recorrerlas, por que lo que en un momento es montaña brumosa, en el otro se transforma en desierto sinuoso:  

La aridez que rodea a Villa de Leyva.

Y entonces uno se ve llevado del calor al frío, del clima templado al viento glacial.. pero todo vale la pena, incluso el enfrentamiento a los fuertes vientos helados del páramo, si el premio es una visión mágica como esta:  

La laguna de Tota.. azul bruñido y brillante, luminoso y helado.

El viento golpea, la luz amenaza con la ceguera, pero semejante encuentro vale todo desafío.  El suelo es generoso y prodiga una gran variedad de delicias y de colores.  

La veranera, una presencia constante.

Y si esto es el campo, las zonas urbanas también sorprenden por su belleza y su sencillez.  La vida de los boyacenses aparenta ser muy simple, sin mayores altibajos; al menos el caracter amable y un poco taciturno de la gente, lo inclina a uno a pensar eso -claro que uno es un paisa ruidoso sonriente y ruidoso, así que…  De todos modos, sorprende la limpieza y el orden de los pueblos y ciudades de la región.  

Así como también sorprende su fe católica, en estos tiempos de ateísmo y de religiones light.  Estabamos en Semana Santa, semana de rezos, procesiones y monumentos, de altares llenos de flores… y los boyacenses se lucieron en orden, primor y devoción, pues los sermones que en tierras antioqueñas ya se van reduciendo, por allá aún duran según su solemnidad y la gente, claro, se pone sus mejores galas para ir a la iglesia y participar en la procesión, hecha con todo el cuidado.  Por ejemplo, miren a este personaje:  

El pregonero en Monguí... ¿quién dijo que la Edad Media se había acabado?

Y como ya vimos parte de los tesoros hechos por Mamá Natura en esta región, demos una mirada a los hechos por el hombre. En estos hay suntuosidad y mucho agridulce.  

Altar mayor de la iglesia de Villa de Leyva.

Esta luz dorada en el interior de los templos es un leitmotif que en Boyacá tiene una variación constante y embrujadora.  Y no lo duden: en los viejos templos coloniales boyacenses, casi todo lo que brilla es oro.  

Uno de los altares en la puerta de la iglesia de Tópaga.

Bien le dijo Hernán Cortés al emperador Mexica, que la enfermedad del español se curaba con oro.  Y así procedieron, haciendo del oro un objeto de culto y un medio de adoración esparcido por los hermosos templos e iglesitas doctrineras en los que nuestros antiguos nativos aprendieron la fe trabajando en sus adornos.  Debemos recordar que el significado de cruces, flores, vírgenes, pastores y demás, fue entrando en la mente y el corazón de los nuevos cristianos mientras trabajaban para la gloria de Dios.  Las doctrinas de indios fueron los espacios privilegiados para que los sacerdotes católicos, que asumieron la conversión y la protección de los indígenas -y créanme, la protección de un cura podía ser lo menos peor-, enseñaron la artesanía occidental a sus alumnos tan habilidosos.  En pocas generaciones, los aprendices habían superado a sus maestros. La iglesia de Tópaga es una de las pocas iglesias doctrineras que aún tenemos en Colombia y en ella reposan verdaderas joyas del arte barroco de nuestro país, que han engalanado diversas publicaciones nacionales e internacionales.  Mírenla:  

Iglesia de Tópaga.

Desgraciadamente no pude entrar, pues estaban en pleno Sermón de las Siete Palabras y había que respetar la solemnidad de la ocasión.  Pero otros templos aguardaban, con sus naves repletas de tesoros que recuerdan lo paradójicamente prolífica que puede ser una relación de colonización como la que se vivió en estas tierras por unos 300 años.   

Este es el templo de Santo Domingo de Guzmán, en una callecita de la fría Tunja:  

Iglesia de Santo Domingo, Tunja.. vista desde la entrada.

Y nada, ni un perentorio aviso arzobispal que regaña al turista diciendole “nuestros templos no son museos”, puede impedir que uno le tome fotos y fotos a tanto esplendor.. esta visión embruja y uno casi que puede ver a los fantasmas de artesanos indios y mestizos cuidando con amor los cuadros, los altares, los arcos…  

Cerca al altar mayor..

 

 

Figuras como ésta, llenas de simbolismo y riqueza, abundan en nuestros templos coloniales, que eran más que edificios consagrados a la fe y a la arrogancia de una sociedad; eran libros, en los que una sociedad mayoritariamente analfabeta podía aprender y esperar a comprender todo lo que debía saber para vivir en paz, según el rol que Dios -amo de la vida y de la muerte, de este mundo y del otro- le hubiese asignado.  Nosotros ya hemos olvidado todo este lenguaje, hijos de una cultura cada vez más laica y dependiente de la alfabetización.  Pero para nuestros antepasados, la vista y su amigo, el color, eran indispensables.  A ellos iba pegada la palabra hablada, que quedaba en anclada en la memoria gracias al ritmo de la letanía piadosa. 

Pero las iglesias no eran las únicas que podían utilizar el color para resaltar su grandeza y comunicar a todos los fieles las maravillas que aguardaban a los que obedecían la ley.  Las casas de los notables, de aquellos que por raza, propiedad y linaje podían ostentar los títulos de Don o Doña, también podían hacer alarde de un despliegue decorativo colorido y fastuoso, digno de sus pergaminos; y como ejemplo, he aquí la Casa del Fundador, en Tunja:
 
 

El cielo raso en la Casa del Fundador, Tunja

Cielo raso Casa del Fundador, Tunja. Detalle (un camello?)

En estas pinturas de decoración doméstica, como pueden ver, se alternan los motivos clásicos y los exóticos.  Hay lugar para citar las culturas conocidas por los españoles -mediterránea, árabe, eurocristiana- y a veces, para citar esa cultura que estaban llegando a conocer: la nativa suramericana.   

Gracias al azar y a la conservación, estas pinturas no es lo único que ha quedado en las viejas casonas coloniales.  A veces, entre los trastos viejos, se han recuperado trocitos de la vida cotidiana, del quehacer de todos los días:  

Loza y azulejos del siglo XVI y el XVII, recuperados en la Casa del Fundador, Tunja.

Y junto a los platos, tazas, cuencos, jarras, cucharas, candelabros, frasquitos, ceniceros, trinchetes, ruecas, armaduras, pistolas, espadas y demás, claro, estaban los muebles… por que al colonizar, uno lleva su pobre humanidad a cuestas hasta donde haya elegido: ese es el requerimiento para trasladar una civilización de una latitud a otra:  

El secretero: mueble indispensable. Casa del Escribano, Tunja.

Y claro, como el tiempo no se detiene, la civilización siempre tiene más cosillas que agregar.  Por eso es que, llegado el caso, hay que importarla, para no quedar tan atrasados.  Y así es como llegó, a comienzos del siglo XIX, un piano a la pequeña Tunja:  

Un piano francés en la Casa del Escribano, Tunja.

En estas casonas se encierra una gran colección de artículos quenos muestran cómo se desarrollaba la vida virreinal.  Son unos doscientos años de muchas existencias, hechos de muchas palabras y sueños que, por lo general, nunca conoceremos.  

En los documentos de los archivos se pueden encontrar algunas palabras, retazos de los eventos en los que estos artículos tuvieron un sentido para las personas que llamaban a estos espacios su hogar.  Para nosotros, si tenemos la suficiente imaginación, pueden llegar a ser máquinas de viajar en el tiempo.   

Interior de la Iglesia del Convento Santa Clara la Real, Tunja.

Pero no podemos salir de Tunja sin darle unos minutos al Convento de Santa Clara la Real y a su iglesia, pequeña pero fastuosa.  

Este convento y su templo son muestras incontestables de lo que la riqueza y la fe podían lograr en la sociedad virreinal: que una pareja sin hijos, entrados en la madurez, decidan consagrarse a Dios… claro, la Iglesia, conmovida, recibe semejante regalo.  He aquí unas muestras de lo que guarda este edificio, actualmente en proceso de restauración:  

Púlpito en la Iglesia del Convento Santa Clara la Real, Tunja.

Santa Clara la Real: cielo raso..

En el Coro de la Iglesia del convento de Santa Clara la Real, Tunja.

La Inmaculada... del siglo XVII...

Y hasta la penitencia y el martirio por el Crucificado, podía tener su lado artístico.  Fue en este convento que Josefa Del Castillo, una de las primeras escritoras del Nuevo Mundo, pasó su mística y masoquista vida, ahuyentando al demonio y escribiendo con gran belleza… y este es su cuartico de penitencia, donde según la leyenda, se azotaba y el demonio la tentaba.. ¿será que esos angelitos pintados la consolaron un poco?  Espero que sí…  

El cuartico de penitencia de Josefa del Castillo en Tunja..

Y bueno, suficiente de templos, monjas tentadas por el demonio, imágenes rematadas de oro y donaciones imponentes… es hora de salir a la calle, de seguir viajando y viendo..  

A la calle en Tunja!!!

Entonces al bus!!! a la carretera!!! el camino nos llama!!!  

En la carreteraaa.... rumbo a Nobsa, capital de todo lo tejido!!!!

 Sí señores!!!! En la pequeña Nobsa ustedes podrán encontrar todo lo que alguna vez pensaron que podía tejerse… y lo que jamás se imaginaron que podía tejerse!!!!  

Desgraciadamente, los nobseños, tan habilidosos en las artes de lo tejido, no lo son en lo de la creatividad para los negocios: una tienda de tejidos y artesanías es igual a las otra cien… así que aquí les muestro lo que hallé de más colorido: 

Lindos tapices nobseños.

Y el mayor atractivo que en estos momentos tiene tan noble municipio, es este pesebre móvil.. toda una belleza, un paseo por lo que pudo haber sucedido el día de la Última Cena: 

Lindo pesebre móvil en Nobsa..

Como detalle curioso, en aquel día se presentaba la agrupación de Capoeira del pueblo en el pequeño parque central y competía con la llamada a procesión.. al parecer los nobseños se sentían más atraídos por la Capoeira que por la procesión, pues la invitación a rezar sonaba cada vez más a regaño.. 

Capoeira en el parque de Nobsa.

Detalle de cuadro de la Crucifixión, en el interior de la iglesia de Nobsa.

Y habiendo visto todo lo que Nobsa tiene para ofrecer al turista fugaz, era hora de pasar a otros destinos… 

Y esos nuevos destinos nos deparaban emociones más republicanas, de fuerte tono independentista, que nos hacían esculcar la memoria para acordarnos de las lecciones de historia patria… y claro, para esta historiadora, las lecciones de historia patria vienen como un paquete enorme, lleno de contradicciones deliciosas: 

Monumento a los Lanceros... "Salve usted la patria!!!"...

San Isidro Labrador, interior templo del Pantano de Vargas.

 

 Como pueden ver, no todo son fiestas patrias y honores a las huestes de centauros indomables, lideradas por Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. 

Incluso en este sitio memorable, la vieja tradición católica y agrícola se hace presente en este encantador altar, pequeño, en el también pequeñito templo del pueblo que rodea lo que fue alguna vez el Pantano de Vargas… desafortunadamente, el paraje no es para nada apacible, pues en la placita se instalaron tres bares que compiten por tener el equipo de sonido de volumen más potente. 

Pero prosigamos nuestro viaje por este cofrecito.  Vamos a un destino bien colorido, lleno de comercio y de placer para los ojos: Ráquira. 

Ráquira: adelante, bienvenido...

 Todos los colores conocidos y todos los que uno ni se imaginaba, están en Ráquira.  Ah, también sale uno con muy buenas ideas para aplicarlas a la fachada de la casa propia, si es que uno se atreve… y dan ganas de atreverse.. 

Fachada de verde, en Ráquira..

Fachada de rosa y campanitas colgantes, también en Ráquira.

Y claro, si uno tiene el poder adquisitivo, puede dejarse tentar de lo lindo y salir con paquetes llenos de cositas y adornos pintorescos para decorar lo propio y lo ajeno… 

no es sino que pase, que se deje antojar y verá que en la mente le surgen todos los lugares en los que falta algún detallito… 

Pajaritos que cuelgan...

Muñequitas y flores de madera..

¿Si ve?  Lo que hace falta es billetera y maleta, para ir, elegir y llevarse tantas cosas tan lindas…

Y cuando uno se cansa de ver tanta artesanía, pues simplemente se sienta y fantasea con vivir en un pueblito así, sacado de la imaginación más hippi del mundo…

 

 

 

O hamacas de todos los tamaños y colores...

Pero es que Boyacá está llena de lugares, grandes y pequeños, en los que a uno le gustaría quedarse, o al menos, en los que uno se ha visto cuando se imagina viviendo otra vida… por ejemplo, miren esta casita en Monguí:

La casita junto al Puente Real, en Monguí.

O tal vez esta, de fachada austera y prometedor interior, en Tibasosa:

Tibasosa: tierra del sabajón en todas sus presentaciones..

Pero nos montamos de nuevo al bus, el viaje prosigue… y pronto, otra joya nos da la bienvenida:

Chiquinquirá, tierra espiritual.

Y lo es, encantadora y llena de gente para las fiestas piadosas… claro, no se asombren por el mercado de la fe que allí hallarán: escapularios e imaginería de todos los tamaños y clases y una taquilla especial en la catedral, en la que pueden consignar el valor de la misa que deseen ofrecer.  Por que no sólo de espíritu viven los hombres, ni siquiera los consagrados a Dios..

La famosa catedral de Chiquinquirá

En ese día soleado, tan lleno de gente, era una proeza entrar… todos querían ver el interior del afamado templo, para tomar fotos o con propósitos más piadosos..

Yo ya perdí mi relación de creyente con los edificios eclesiales y no sé si la recuperaré… por lo tanto, apenas logré entrar, me dediqué al muy pedestre oficio de fotografiar todo cuanto hallé de bonito e interesante.  Pero no se preocupen, que no los voy a agobiar con fotos y más fotos.. sólo unas cuantas para que vean la belleza y la amplitud de esta catedral:

Interior de la catedral de Chiquinquirá

Y esto es sólo un detalle de lo que hay adentro…

La virgen de... ?????? en el interior de la catedral, nave lateral derecha.

En la puerta lateral derecha, Catedral de Chiquinquirá.

Y si adentro había trajín, afuera estaba la procesión..

 Y después de tanto templo, de tanta procesión y de tanto santo, había que descansar… entonces seguimos el ejemplo del mejor amigo del hombre:

"Ufff!!!!! reposemos un ratico!!!"

 Y tras un merecido descanso en el bus, pues nos fuimos a almorzar, por que ya era hora.  Entonces, nos encontramos ante otra maravilla, otra joya de este cofre… deliciosa y sorprendente, un ritual que no se puede pasar en esta región: la gloriosa morcilla de Sutamarchán…

¡Salve, Morcilla! ¡Oh, manjar regional de tan sonora localidad! ¡Loada seas, Sutamarchán!

 No hay palabras… faltan los calificativos para describir esta genialidad culinaria… no hay motivo más sagrado para romper con dietas, con vigilias, con prescripciones médicas.. la morcilla de Sutamarchán seguramente no tiene rival y debería ser consagrada como patrimonio histórico de la humanidad.

Y bueno, para que Tibasosa no se sienta mal, pues consagremos también el sabajón y la guayaba feijoa en todas sus posibles preparaciones:

Sabajones para todos los gustos en Tibasosa..

Y si a eso le suman una humilde y dulzona arepa boyacense… pues bueno… de lo más genial.

Pero si los tesoros hechos por el hombre nos habían robado los ojos, la naturaleza no se daba por vencida.  Todavía no habíamos visto otras maravillas naturales: faltaban el famoso fósil y los termales de Paipa…

Sí, era enorme.. el fósil de Monquirá

 Este impresionante animal, de cuyo nombre científico no me acuerdo, habitó esas desérticas tierras cuando Colombia no era Colombia, ni Suramérica el continente que hoy identificamos.  Algo así como el cruce entre un delfín y un cocodrilo, esta criatura hizo de las suyas en el mar que una vez cubrió el desierto de la Candelaria.  Y cuando las aguas se evaporaron, allí quedaron sus huesos, en lo que alguna vez fue su dominio, junto a los caparazones y las huellas de hojas y semillas.

Pero Zipaquirá, definitivamente, está entre los primeros puestos si se trata de visiones deslumbrantes; es que la Nueva Catedral de Sal se merece la hora de recorrido…

La cúpula azul, al interior de la Nueva Catedral de Sal en Zipaquirá.

El frío, la penumbra, los pasadizos… todo tiene una atmósfera única, no se puede comparar.  Cuando se llega al coro, con vista al altar mayor, el recorrido por las estaciones del Viacrucis que le precede cobra sentido:

Nueva Catedral de Sal, Zipaquirá.

 

Y ya para finalizar esta resumida crónica, hay un cierre patriótico: el famoso Puente de Boyacá.

El Puente de Boyacá: enorme fama en formato pequeño.

En este tierno puentecito, que parece sacado de un pesebre navideño, se definió el primer destino republicano del antiguo virreinato de la Nueva Granada.  Ahora es un monumento, con llama eterna en honor de los próceres y otros aditamentos: escudos, estatuas, puertas conmemorativas y claro, un enorme edificio sin usar que se ve al fondo, que queda como testigo de otra gran costumbre administrativa colombiana: la de hacer elefantes blancos.

Y estos son sólo algunos de los tesoros de ese cofre que llamamos Boyacá.  Así nos burlemos de sus gentes y de la vida rústica que muchos llevan, obviamente lo que esconde la sencillez de esta región satisface y excede la curiosidad.