Piedad Bonnet: del prestigio de la belleza y otras estrategias…

Piedad Bonnett, escritora colombiana.

El último libro de la escritora colombiana Piedad Bonnet, El prestigio de la belleza, es una crónica llena de amor, reflexión y gran sentido del humor.  Y lograr ese tipo de retrospectiva con la existencia -propia o de ficción- no es fácil; siempre está la tentación de la victimización, que acecha como un método simple y rápido para lograr la simpatía del lector.

Pero la mujer que habla en las páginas de Bonnet no tiene amarguras, sólo preguntas y respuestas sorprendentes.  Tampoco se conoce al dedillo como para justificar todas sus acciones; con gran amor y asombro de sí misma, la protagonista habla de situaciones en las que una faceta traviesa y oculta de sí misma, sale con toda su exuberancia:

El otro yo, el que toda la vida me había dictado al oído perversidades, me hizo contestarle algo que me sorprendió a mí misma…

Esta peculiar estrategia de comunicación es desarrollada por la protagonista desde que se da cuenta, en su infancia, que le falta la herramienta de comunicación fundamental, sobre todo en una sociedad tan conservadora como la nuestra: la belleza. 

El nuevo libro de Piedad Bonnett, una "autobiografía falsa".

Los hombres son, las mujeres aparecen.  No recuerdo de quien es esta frase, pero indica un régimen de comunicación que ha marcado y que sigue marcando tanto las relaciones entre los sexos, como la definición de los roles de cada género.  Bonnett lo describe de forma magistral, lo que significa carecer de esta herramienta de relación femenina:

Intuyo que fue aquella vez, en aquel salón de actos, entre la vacilación y el aplauso, donde nació, sin saberlo, mi yo extrovertido e histriónico, el que se alimenta de la mirada  y el reconocimiento de los demás.  Un yo que es muy útil a los tímidos y a los inseguros, pero sobre todo a los invisibles.

De esto último conozco bien porque hubo momentos de mi vida en que fui invisible. […] Ser invisible significaba que cada tanto mi identidad se reducía hasta el punto de hacerme dudar de mi existencia. […] La invisibilidad, estoy segura, provenía de la mirada de los otros.

Entonces, como no puede simplemente aparecer para ser reconocida, la heroína de esta novela se hace oír gracias a sus dotes para la palabra: aprende a recitar, aprende a leer y aprende a escribir… y estos aprendizajes van mucho más allá de lo usual, de lo que se espera en una mujer:

Pues yo como soy bonita, con poco estudio tendré, y de este modo obtendré ser una gran señorita.

Todas estas herramientas hacen parte del crecimiento de la heroína de Bonnett, heroína por que tiene pasar por lo que ella llama “el mundo de la represión”, es decir, el mundo de la educación femenina, orientada sobre todo a la actitud policiva sobre el cuerpo y la mente.  Junto a esta educación, la mujer que habla en el libro nos cuenta de esa otra mujer que nos marca y con la que tenemos una relación que ni el matrimonio puede romper: Mamá.  Y la mamá de esta protagonista lucha con esfuerzo por darle a su hija lo que Natura no prestó: belleza.

Mi hermana ya llevaba buen trecho ganado, pues la belleza, se sabe, es ganzúa que hace ceder todas las cerraduras. Pero ¡qué hacer conmigo? La primera decisión fue elemental: si el espíritu, el carácter, la inteligencia, pueden moldearse, ¿por qué no el cuerpo, máxime si este es reciente, no ha acabado de cuajar, todavía es blando, flexible, maleable?

La belleza: ¿una obligación desde la infancia?

Y ahí comienza la rutina de cosmética, que muchas niñas hemos afrontado entre aterrorizadas y alegres: cremas, baños, polvos, aceites para la piel y el cabello, para que engruesen miembros -pierna, sobre todo- o para que adelgacen -narices-, para que nazcan con ímpetu -cabellera y dientes- y se mantengan fuertes, o para que dejen de manifestar su factura defectuosa.  Todo esto es hecho por mamá, que nos ama tanto… y la frase de Bonnett es tremenda: el amor nunca es inocente… sobre todo si se trata de buscarle remedio o causa a tan desafortunada repartición de atributos. Y aquí Bonnett vuelve a brillar, pues saca a relucir una situación que muchos hemos oído en boca de nuestros progenitores cuando los decepcionamos: eso lo heredó de su papá – o de su mamá, depende del que hable; pero queda en claro: los defectos de la progenie pertenecen al otro 50% de ADN, no al nuestro.

¿Hay un final feliz en esta historia? no, pues no es lo más importante; ni siquiera hay un final.  Lo que Bonnett nos muestra es una retrospectiva que cimienta un viaje de autodescubrimiento pleno y agridulce.  En esta mirada al espejo se revisitan los miedos y las sorpresas de la infancia y la adolescencia, pues son la puerta de la comprensión de la adultez, de ese supuesto punto final que en realidad, es otro comienzo.

Al llevarnos por su reconocimiento, la heroína de este libro nos cuenta cómo se las ingenió para ser visible, para armar las herramientas que la sacan del rol que le había sido destinado al no poseer el prestigio más deseado: el de la belleza.

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. piedad bonnett
    May 10, 2010 @ 15:12:25

    !qué lectura tan inteligente la de Alejandra! Y qué bellamente expresadas. Me siento muy bien interpretada, conmovida por sus palabras. Muchas gracias, Piedad

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  2. Ana María
    Jun 22, 2010 @ 13:14:04

    Ayer empecé a leer la novela y casi no puedo parar. Me encantó esa niñita que le hacía maldades a su hermano. Y la que se asustaba con los cuentos de miedo, que se desboradaba en pesadillas y en imágenes repetidas y soñadas de las lecturas y de su imaginación desbordada de poeta.

    Y lo que escribe Alejandra es muy acertado y es de la primera parte, la parte que leí.
    La relación con dios es muy interesante, la manera como la analiza la narradora.
    Qué bien, es una historia memorable.
    Un abrazo a Piedad y gracias por escribir y contar historias.

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