Hace tiempos: El día de Venus, 27 de abril

 

Andrea Botticelli: El nacimiento de Venus

La bella dama cuenta con triple ancestro: romano, griego y etrusco.  De sus tres familias se tomaron sus seductores atributos y de dichos atributos, se derivaron sus responsabilidades y la reverencia  que se le debe. 

Sus centros de culto abundaron en el mundo antiguo, pues sus favores eran sumamente deseables: la belleza, la abundancia y la fertilidad.  Así que fue muy difícil destronarla; ni el cristianismo ha podido con ella, que sigue eternamente joven y seductora, incluso dándole un poquito de dulzura a esa otra imagen femenina y nutricia que el catolicismo lanzó con gran estruendo: la virgen María.

Venus, nuestra vecina.

Y por su gran belleza se le han perdonado variadas pilatunas, una que otra guerra.  Claro, su hermosura también ha demostrado la fragilidad humana más de una vez: la fugacidad del deseo, la combustión de la envidia y la desconfianza de la inteligencia hecha astucia… hay que recordar a aquella pobre víctima de los regalos de Venus-Afrodita: Medusa, quien al verse perseguida por Poseidón quiso refugiarse en la astucia y la sabiduría, en Atenea… pero la diosa de los ojos de búho, asqueada, convirtió a la belleza que “paraba el tráfico” en un monstruo que también paraba el tráfico, convirtiéndolo en piedra por el horror que provocaba.

Afrodita Anadyomene de Pompeya

Y al parecer el universo siguió las órdenes de la rebelde y sabia diosa cazadora, aquella que ve en la oscuridad y se mantiene casta, pues la sonda Venus Express, enviada por los hombres de Europa para explorar a este esquivo planeta, ha hallado una atmósfera infernal y sombría, donde no hay amplios cielos azules ni idílicos soles, sino dióxido de carbono, relámpagos y fuertes vientos.  La sonda también ha descubierto en la superficie del planeta de la diosa, una profusa actividad volcánica que impide que reine la paz.

Pareciera una enseñanza de los griegos, a milenios de distancia:  una belleza irresistible no presagia la paz, esconde tormentas… ni Venus en su día se ha salvado de ser expuesto como un planeta que no alcanzó a tener la exuberante y prolífica belleza de la discreta Gaya, nuestro planeta azul.

Fotografía de la atmósfera de Venus, tomada por la sonda Venus Express.

Chocquibtown: la nueva música colombiana.

Por que no todo son antioqueñitas, ni capas del viejo hidalgo, ni jeticas emprestadas, ni cucharitas perdidas o polleras colorás…. y no se trata de denigrar, simplemente de admitir que también nos movemos, que el tiempo no nos pasa en vano y que nuestros ritmos se reconfiguran constantemente.

Por que hay conocerlos y agradecerles que nos den la oportunidad de conocernos en sus sonidos que están en este mundo y que se nutren de la rica tradición oral y musical que nos ha construido. Es esa tradición que compartimos todos los colombianos y que nos recuerda que no somos hijos de virreyes, sino que hemos surgido de esa variopinta sociedad que fue procreada en camas, catres, hamacas y rastrojos, con violencia o con sumo placer, frutos del amor correcto e incorrecto, del deber o de la convivencia hecha sumisión y afecto….  que nuestra piel clara es un genial chiste genético, pues la abuela india y el padre afro nos miran desde muy cerca…esto es CHOCQUIBTOWN y que Dios los bendiga y les de larga vida:

… y que les de muchísima voz y cantidades navegables de ritmo, para que nos recuerden que en este país no hay minorías por que sean pocos, lo que pasa es que nos gusta mucho ignorar al otro que no se nos parece… y eso que somos parientes… Y que no se come sólo bandeja paisa o tamal con chocolate…

Por que no se trata sólo de las noches de ensueño en Cartagena colonial, ni de tierras labrantías ni de guaneñas… y no es por que estén mal, sino que no nos lastima admitir que en el mundo vivimos y que todos tenemos maneras de reconocerlo.  La nueva música colombiana, la que hace la gente de Chocquibtown, nos habla de una ciudadanía más rica de lo que pensamos; es nuestra ciudadanía, nuestra sangre, que también adopta caras nuevas: las caras de nuevas generaciones colombianas.

¿Es la ópera racista?

Para mucha gente, la ópera no es sólo aburrida: es incomprensibe, muestra cosas anticuadas y a personas que nada tienen que ver con uno y para rematar, es sólo para gente blanca, adinerada y que al parecer tiene una alteración en el cerebro que los hace tener “buen gusto”.

Antes de pasar a una defensa de esta forma de arte, debemos pensar un par de cosas muy importantes que seguramente nos ayudarán a comprender por qué esta disciplina artística aún está viva… y por qué, aparentemente, es tan excluyente.

El teatro La Fenice, en Venecia. Una de las mejores plazas de ópera del mundo.

Es cierto que la ópera es creación occidental. Y también es cierto que nació y se desarrolló en ambientes preferiblemente cortesanos, no muy relacionados con el público masivo. Y eso que el primer teatro público de ópera anda funcionando desde la primera mitad del siglo XVII, en la muy burguesa Venecia. Desde allá la ópera pública comenzó a expandirse lentamente, junto a la ópera cortesana; la gente podía pagar la entrada y disfrutar del espectáculo.

Pero vamos por partes… la ópera, tal y como la conocemos o la ignoramos, ha surgido de un lento proceso.  Como ya dije, desde su nacimiento durante el siglo XVI, estuvo asociada a los espacios de las cortes principescas y monárquicas, pues estas eran instituciones que podían pagar lo que estos espectáculos necesitaban: actores, cantantes, escenografía de grandes montajes -con animales exóticos, juegos de agua, fuegos artificiale, etc-, músicos, compositores y luego bailarines.  Desde su formación como espectáculo audiovisual, la ópera implicó un enorme y rico despliegue que confirmaba su asociación con el poder. Los temas que los compositores y libretistas eligieron para poner en este formato, también eran temas asociados a estas instituciones de poder: temas de la mitología grecoromana, de la historia antigua, algunos de la historia medieval o de la historia bíblica. Para la muestra, un botón del compositor barroco reconocido como padre de la ópera: Claudio Monteverdi; se trata del fragmento inicial de su ópera Orfeo -sí, el héroe griego-, en una representación muy fiel históricamente hablando, puesta por Jordi Savall (el director de la orquesta) y sus músicos y cantantes:

Portada de la ópera -"tragedia en música"- Amadís, inspirada en la historia medieval y compuesta por Jean Baptiste Lully, compositor del rey Luis XIV de Francia.

Pero había otra forma de ópera que funcionaba en los pocos teatros públicos: la llamada opera buffa, o cómica.  Como su nombre lo indica, esta ópera se encargaba de representar los temas chistosos, asociados a la cultura popular.  Aquí aparecían para la risa, representaciones de prototipos de los súbditos de a pie: sirvientas, banqueros, soldados, sacerdotes, artesanos, pastores, etc. Y en situaciones ridículas o irónicas, pero que carecían de la solemnidad y de las lecciones edificantes que la gran ópera seria buscaba transmitir.

Entonces, la ópera occidental ha tenido dos vertientes. En la primera, la exhibición del poder se manifestaba con el uso de lo mejor, más brillante y ostentoso.  Y esa ley pronto se aplicó al empleo de los compositores y de los cantantes: los directores de los teatros reales se desvivían por contratar al compositor de moda o al cantante de moda. Si vieron la película Farinelli, il castrato, recordarán como los teatros se disputan al torturado cantante operístico Farinelli, como si fuese una estrella de rock. Y también recordarán como el compositor Händel, famoso por sus obras, lucha denodadamente por mantener la calidad de su producción.  Esta ficción cinematográfica nos representa una lucha que ha caracterizado el mundo de la ópera desde su nacimiento.  Pero también nos representa otra característica de la ópera seria: sus personajes eran dioses, semidioses, héroes o archivillanos; eran arquetipos masculinos y femeninos que representaban lo eterno y estable… y ahí viene nuestra materia. Recordemos una de las escenas de esta película, que nos trae a la memoria la cultura del divismo que ha tenido la ópera desde entonces:

El tenor Joseph Frank interpreta al malvado moro Monostatos en la ópera La Flauta Mágica, de W.A Mozart en 1979.

Estos arquetipos, por supuesto, pertenecen a la cultura occidental.  Hasta finales del siglo XVIII, el tratamiento musical que se les dio a estos personajes enfatizaba algunas de sus características, pero su estructura permanecía intocable, así como su representación.  Cuando se introdujeron personajes exóticos, también reprodujeron arquetipos: la misteriosa sensualidad oriental, la rareza americana, el primitivo africano, el sofisticadamente cruel musulmán; incluso su representación escénica confirmaba estas construcciones, resaltando lo atractivo y lo peligroso a la vez.

Para entender esto, veamos uno de los estereotipos más famosos: es femenino, no es caucásico y es muy atractivo; se trata de la gitana Carmen, de la ópera de Georges Bizet, cantando la famosa habanera “El amor es como un pajarillo”. Recuerden que como se trata de una gitana, su sexualidad es mucho más explícita, según el canon moral de la época en que fue compuesta la ópera: pleno siglo XIX.

Plácido Domingo como Otelo, ópera de Giuseppe Verdi.. fíjense en el maquillaje...

Claro, los arquetipos más positivos siguieron teniendo la piel blanca.  Cuando el siglo XIX puso en ópera el drama de Shakespeare Otelo, ni el torturado moro se salvó de su dosis de estereotipo: colérico, posesivo, obsesivo y débil, termina estrangulando a Desdemona. Y si se están preguntando por el cantante de ópera que interpretaba a Otelo, pues sí, era un blanco maquillado.  Tendremos que esperar hasta bien entrado el siglo XX para tener Otelos negros de verdad, cantantes de ópera negros, las formidables voces afronorteamericanas … pero me estoy adelantando un poco.

Como muchos artefactos y rituales de la cultura occidental, la ópera también funcionó como un medio de occidentalización, sobre todo durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando el mundo no totalmente occidental, buscaba replicar las instituciones y espacios que eran tomados como indicios de progreso y civilización.  La fundación de sociedades filarmónicas y la construcción de teatros en Latinoamérica y algunas partes del Medio Oriente, fue paralela a la presentación de las ciudades latinoamericanas y las capitales orientales como buenos destinos para una gira operística, aventura que tentó a muchas compañías itinerantes.  Así fue como llegó el compositor del himno nacional colombiano: dirigiendo una compañía de ópera.  Estas compañías eran el instrumento con el que los latinos cultos, aquellos que habían viajado al exterior, buscaban replicar algo de cultura que modernizara sus entornos socioculturales, que para el caso latinoamericano, aún seguían muy apegados a los viejos rituales virreinales.

Maria Callas, soprano, en su traje para la ópera Tosca.

Por supuesto, la ópera funcionó como un artículo importado y como un gusto adquirido. En una sociedad tan marcada por las diferencias económicas y culturales, no todos cayeron en su hechizo y a su vez, el hechizo operístico no estaba diseñado para todos.  Para empezar, tocar y cantar una ópera requería educación específica, algo difícil en unas sociedades mayoritariamente analfabetas.  La educación musical usual entre latinoamericanos era la de la música popular, con los instrumentos que todos conocemos y en patrones rítmicos familiares -aunque no tan sencillos como usualmente se cree. Los modos de cantar ópera, con sus voces de soprano, mezzosoprano, tenor, bajo, etc.  también eran algo exótico en estos parajes y no gustaron mucho; ni hablemos de los idiomas de la ópera -italiano y francés, sobre todo-, que muchos no habían oído nunca.  Así que la comunidad que asumió la ópera como uno de sus rituales y gustos, no era muy extensa, pero sí podía ejercer esta forma artística, al contar con los recursos para hacerla realidad: teatros, educación, instrumentos musicales, cantantes, etc.  Claro, no nos asombremos de hallar a más de un inmigrante europeo involucrado en estas lides; es que para las clases medias urbanas europeas, la ópera era algo más común y muchos europeos que se establecieron en nuestras tierras,  pertenecían a esta clase social.

Vista del escenario de la Ópera de París, miniatura del siglo XIX.

En nuestro ambiente, la ópera se convirtió en otro medio de distinguirse socialmente. Por supuesto, no es que todo el que disfrute de la ópera cumpla obligatoriamente los requisitos socioeconómicos, pero para muchos, la equivalencia riqueza=gusto por la ópera aún funciona.  Por lo tanto se alejan de una forma de arte que ha tenido un agitado proceso de revitalización desde el siglo XIX, proceso que ha incluido la musicalización de historias más contemporáneas, escenografías novedosas por su minimalismo o su gran colorido, la inclusión de intérpretes no occidentales (afros, japoneses, latinos, chinos, coreanos, libaneses..) y claro, nuevas apropiaciones que dan a entender que la ópera no es racista, sino que los que se la apropian, pueden hacerlo así. De hecho, la ópera occidental puede considerarse un tipo de legado cultural cosmopolita.  Aunque claro, cuando no se tienen medios lo suficienteme abiertos a la innovación, la ópera queda como un esnobismo, a lo sumo como un gusto de anticuario y como una forma vacía, que no puede decirnos nada sobre nuestra vida actual; si a esto se añade el esnobismo ya mencionado, muchos se sienten relegados al no poseer el supuesto requisito económico que garantizaría la comprensión de esta forma de arte.

Como ejemplo de una producción impactante por su minimalismo, les propongo este: se trata de la puesta en escena de la ópera La Traviata -que en castellano traduce la perdida o la vagabunda-, de Giuseppe Verdi. Es una ópera infaltable en el repertorio y esta escenificación fue para la temporada de Salzburgo en el 2005… por favor, miren todos los detalles: la protagonista con vestido rojo, el reloj que señala la brevedad de su existencia.. esto enmarca la trágica historia de amor que cuenta la ópera, pues la heroína protagonista ha de morir al final.


Y ahora fíjense que la ópera sí puede ser apropiada por todos: esta versión de Carmen, de Georges Bizet fue filmada en Ciudad del Cabo, en Africa, con cantantes africanos y combina la música de Bizet con el idioma africano y la música africana; se llama U-Carmen


Y los africanos siguen: esta es Impempe Yomlingo… o más bien, la versión surafricana de La Flauta Mágica, de Mozart:

A la hora de la verdad la ópera no es tan estirada ni tan imposible, ni propiedad exclusiva de blancos ricos. Y hasta se puede bailar, como lo demostraron en Glyndebourne en 2005, con la puesta en escena de la ópera Julio Cesar en Egipto, de Händel:


Y si buscamos que la ópera nos diga algo que conocemos, que nos toca, pues volvamos al compositor de nuestro primer ejemplo, Claudio Monteverdi. Esta escena es de su ópera El retorno de Ulises y nos muestra como Ulises se reencuentra con su hijo Telémaco, tras años de ausencia.. ¿acaso no hay muchos hijos y padres que se reencuentran, o que desean volver a verse?

¿Se dan cuenta de la diversidad de puestas en escena, de elementos utilizados? ¿de las muchas maneras que tiene la ópera de contar historias? Debe ser por eso que sigue viva, más que por que sea un instrumento de poder o un ejercicio de distincinción.. obviamente, puede ser mucho más. Así que la ópera en realidad no es racista, ni clasista. Es lo que uno quiere que sea.

Bicentenarios III: de banderas y colores.

En el eterno y engañosamente etéreo juego de los símbolos, los colores en las formaciones de las banderas nacionales tienen un lugar destacado.  Esos trapitos multicolores, a veces en combinaciones desafortunadas que hieren el gusto, son toda una narrativa propuesta e impuesta para que todos nos sintamos pertenecientes a alguna entidad política.

En el mundo de las comunidades imaginadas, las banderas son elementos contradictorios que con su materialidad y a la vez con ese aire superfluo, nos pueden poner a pensar por qué es importante reclamar un pedazo de tela coloreado como elemento de identidad.. y esa función no es sólo para los partidos de fútbol, uno de los escenarios donde más se despliega este objeto.

La función de las banderas se configura desde varios factores: la simbología de los colores, las mitologías laicas modernas y la parafernalida de la construcción de los Estados.  Y no crean que esto es sencillo, de hecho, con sólo mencionar estos tres, estoy simplificando.  Así que entro en materia yendo de una a la fuente:

La primera bandera nacional Boliviana fue creada por Ley de 17 agosto de 1825 en la Asamblea General de la República Bolívar. El artículo 1º. de dicha Ley, dice textualmente lo siguiente: “La bandera nacional será bicolor, verde y punzo; el campo principal será punzó, y a uno y otro costado irán colocadas dos fajas verdes del ancho de un pie; sobre el campo punzó se colocarán óvalos verdes, formados de ramas de olivo y laurel, uno en el medio y cuatro en los costados, y dentro de cada uno de estos óvalos se colocará una estrella de color de oro”.
Esta primera bandera tuvo duración de un año. El Congreso Constituyente de 1826 la modificó mediante Ley promulgada el 25 de julio de 1826, disponiendo lo siguiente: Artículo único: “La bandera nacional será la misma que designo la Asamblea General en la Ley de 17 de agosto, poniéndose en lugar de las cinco estrellas de oro, una faja amarilla superior, y las armas de la República al centro, dentro de dos ramas de olivo y laurel”. Por consiguiente, la bandera nacional ya fue tricolor con el escudo de armas en la faja central punzó.
En el Gobierno de Don Manuel Isidoro Belzu y por Decreto de la Convención Nacional de 5 de noviembre de 1851, se fijaron los tres colores definitivos del símbolo nacional en la forma siguiente: el rojo en la parte superior, el amarillo al centro y el verde en la parte inferior. De esta manera, se afirma la condición horizontal de las fajas de la bandera y el orden de sus colores.

Hela aquí:

La bandera de la répública de Bolivia

Creo que con este ejemplo queda muy claro que las banderas no han estado siempre ahí.  Al menos las banderas modernas.  Tenemos que recordar los famosos estandartes que, desde tiempos de los romanos, identificaron de un modo contundente a los grupos que les ponían un sentido a los dibujos y colores en estas telas ondeantes.  Recordemos entonces a El tesoro del Saber: la palabra clave de este momento eeeees:  ESTANDARTEEE..

Insignia o bandera que usan los cuerpos montados, las tropas de aviación y algunas corporaciones civiles y religiosas.  La voz es importada del francés antiguo, que designaba  el recito atrincherado donde se reunían los soldados y proviene del latín extendere.

Entonces, tenemos un significado militar, luego uno religioso. Y de ahí se deriva su utilidad: congregar al rededor de una idea poderosa, más grande que las individualidades.  Y como tiene que ser más grande, como tiene que estar más allá de lo pedestre y común, sus elementos gráficos cobran nuevos significados y no tienen que estar estrictamente basados en la realidad; ¿o alguno de ustedes ha visto un águila de dos cabezas volando por los aires???

Recordemos algunos estandartes famosos: los de los ejercitos romanos, el más importante con el águila imperial, el resto según las legiones y claro, la famosa sigla SPQR: por el senado y el pueblo de Roma:

Reproducciones de los estandartes romanos usados en batalla.
Reproducción de estandartes romanos.

Pocos colores, pero fuertes.  Símbolos animales, pero en posiciones rígidas y con líneas definidas… además, en tiempos en que los humanos aún podían ser vulnerables a las garras de un oso o a las manadas de los lobos o a la ira de un gran felino, estos animales pintados evocaban sensaciones de poder terrorífico e inapelable.

En la Edad Media, esto se complementó con el poder místico reconfigurado y repotenciado por el cristianismo.  La historia -o leyenda, si lo prefieren- del emperador Constantino combatiendo a sus enemigos bajo el signo de la cruz, se hizo símbolo en los estandartes monárquicos. Hoc Signo Vincis: con este signo vencerás…

Estandartes de cruzadas.

Entonces tenemos dos tipos de evocaciones: los poderes del animal y sus asociaciones sociopsicológicas.  Nos topamos con el reino de la imaginación, que ha formado la historia -aunque muchos de mis colegas se burlen de mí- y que ha hecho posibles grandes movimientos culturales.  Estas asociaciones de los poderes animales y mitológicos impactan la creatividad y dejan huella, construyen memoria.  A esta poderosísima dupla, hay que agregarle otra fuerza hecha entre la imaginación y la percepción sensorial: el significado asignado a los colores en el sistema de la heráldica.

El tema de los significados de los colores no es una invención de la cultura de la Era de Acuario.  Desde el psicoanálisis y la psicología de Jung se han elaborado teorías muy interesantes que han repercutido en varias propuestas terapéuticas.  Y por supuesto, en el abigarrado universo de las narrativas sociopolíticas, la apropiación de una combinación de colores en la bandera, indica lo que ese grupo de gentes que se denomina nación, quiere expresar de sí misma: lo que considera sus características dominantes -por ende, aglutinantes, lo que reclama como formador de su carácter nacional -otra utilísima narrativa política para atenuar las diferencias regional- y las historias que asocia a esa formación de colores.

Esta combinación de colores habría sido la que utilizó Miranda.

A nuestro pabellón patrio le han cabido diversas interpretaciones, pues al parecer, no se cuentan con fuentes específicas para entender por qué a Miranda se le ocurrió llevar ese trapito tricolor el día que tuvo la genial idea de invadir Coro en Venezuela… invasión que fracasó.  Se dice que Miranda se habría basado en la teoría de los colores propuesta por Goethe..

La primera y la más famosa interpretación que se hizo sobre su disposición cromática, es decir, sobre el orden que tienen las franjas de colores en la bandera, fue la que se atribuye a Francisco Antonio Zea en el Congreso de Angostura en 1819:

“Nuestro pabellón nacional, símbolo de las libertades públicas, de la América redimida, debe tener tres franjas de distintos colores: sea la primera amarilla, para significar a los pueblos que queremos y amamos la federación; la segunda azul, color de los mares, para demostrar a los déspotas de España, que nos separa de su yugo ominoso la inmensidad del océano, y la tercera roja, con el fin de hacerles entender a los tiranos que antes de aceptar la esclavitud que nos han impuesto por tres siglos, queremos ahogarlos en nuestra propia sangre, jurándoles guerra a muerte en nombre de la humanidad”

Como con la bandera boliviana, nuestra bandera tuvo sus metamorfosis.  Cuando se fundó La Gran Colombia, se decretó este diseño que identificó a la joven nación entre 1819 y 1820:

La bandera de la Gran Colombia, 1819-1821.

Santander dispuso que las franjas fueran verticales en 1834, para identificar a la República de la Nueva Granada. Esta disposición también sirvió para la Confederación Granadina. Para que vean lo difícil que es presentar una nación en sociedad..¿se la imaginan? ¿No? pues tranquilos, que aquí se las pongo:

La bandera de Santander para la República de la Nueva Granada.

La de la Confederación Granadina llevaba el escudo patrio en la franja azul.

Luego, Tomás Cipriano de Mosquera, presidente en 1861 de los Estados Unidos de Colombia, que en la franja azul se pusieran ocho estrellas que simbolizaran las ocho provincias unidas de Colombia.  No se asombren si les recuerda a la bandera gringa o a la de Venezuela…

Esta bandera con estrellas duró de 1861 hasta 1886, cuando el cartagenero Rafael Núñez llegó a la presidencia y lanzó su famosa Regeración Nacional.  Y si tampoco pueden imaginarsela, pues aquí les pongo dos versiones:

bandera de los Estados Unidos de Colombia, versión 1

Y la otra versión viene con las franjas horizontales, quedando de este modo:

bandera de los Estados Unidos de Colombia, versión 2.

Tienen que recordar las generaciones post indepedencia invirtieron gran parte del siglo XIX en organizar el país, intentar diversos modos de administración, en las consecuentes luchas de poder que esto implica y por supuesto, en proponer diferentes imágenes y símbolos con los que la diversa, analfabeta y pobre población colombiana pudiera identificarse políticamente. No, no se les preguntó si les gustaban esos colores, ni su orden.

Ya en el siglo XX, el presidente Pedro Nel Ospina devolvió la bandera colombiana a la que habría sido su disposición inicial: tres franjas horizontales, amarilla la primera, azul la segunda y roja la tercera.  El simbolismo de estos tres colores también se estabilizó:

El color amarillo simboliza las grandes riquezas naturales de Colombia, el azul simboliza el cielo y los mares, y el rojo la sangre que, a lo largo de la gesta de Independencia, derramaron los héroes.

Las palabras de Francisco Miranda respecto a la bandera, nos sirven para entender la obsesión por estas telas y la importancia del ritual del que se las rodea:

Un país parte de un nombre y de una bandera y se convierte en ellos, como un hombre que cumple un destino.

La bandera debe recordarnos nuestro destino como nación. Es un discurso hecho colores, sintético y contundente, que debe igualar todos los sentimientos que podamos tener por nuestro país.  El que haya sido formada y adoptada por decreto, también nos pone una pregunta: esta identidad nacional ha sido puesta “desde arriba”; este proyecto de nación, también.

Y entonces ¿qué debemos hacer? ¿cómo apropiarnos de este símbolo?


Carlos Saura: Salomé.

Confieso que nunca he sido fan insobornable de este director español. Y confieso que sus películas tampoco han ejercido gran atracción sobre mí.  Pero su versión de la requetesabida historia bíblica me ha hecho repensar mi actitud hacia la obra de este hombre… y si hay algo que me guste hacer, es volver a pensar y decir que es muy posible que me haya estado perdiendo de algo muy, pero muy bueno.

Uno de mis puntos más sensibles son los oídos. Y las suaves y poderosas guitarras de la banda sonora de este filme, unidas al enérgico y sensual zapateo flamenco, me electrizaron. Quedé seducida al instante por el sonido… luego llegó la profunda voz del mismo Saura y ya no hubo remedio: tenía que ver, una y otra vez, esta película, en la que se incluyen los vericuetos creativos que Saura y su equipo recorren para dar coherencia y cuerpo a esta historia renovada.

Colores, movimientos y pasiones se conjugan en esta creación donde el minimalismo contribuye a intensificar el drama de esta historia. Nada nos distrae del impacto que debe producirnos el trágico encuentro entre la pasión amorosa, la pasión lujuriosa y la pasión mística: Salomé, Herodes, El Bautista. La tremenda habilidad de los bailarines nos trae una y otra vez sobre cada detalle y el ojo de Saura, con un manejo de la cámara austero e impecable, nos mantiene pegados al desarrollo… esto es arte visual al extremo: fotografía, cine, danza… el sonido musical, fluido, añade a la impresión.

El clímax, por supuesto, es la famosa Danza de los Siete Velos.  La versión que da la bailarina Aída Gómez seguro pasará a la historia como la más perfecta y sensual; verán, se supone que Salomé tiene que dejar a Herodes sin habla, sin cerebro para pensar en las consecuencias de su deseo exacerbado por el perverso strip-tease de la joven princesa .. y Dios, Aída lo logra.  Ninguna otra Salomé logra su cometido con tantos argumentos: el Bautista perderá su cabeza, claro está, después de que Herodes pierda la suya.

Y no les digo más, pues las palabras sobran… dénle a sus ojos este festín, quedarán con ganas de más.. yo, definitivamente, voy por más de Saura.

La foto: Aire

Descendiendo suavemente sobre el campo en Boyacá, Colombia.

Emilie Simon: Flower Girl… la chica de las flores

Quiero comprarte flores, por que cuando eres un chico y no una chica, nadie te compra flores…  así que te regalaré flores, como ninguna chica lo ha hecho.  Estoy completamente de acuerdo, Emilie: hay que regalarles flores.

El problema es que las flores no duran.  A veces son tan fugaces, que son sólo de una temporada.

Pero no hay mayor dificultad… uno siempre puede florecer de nuevo

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