Hace tiempos: Bicentenarios I – sobre himnos

Ya se llegó el año, ya la fecha tremenda está más próxima.  Y entonces, como lo manda la efeméride, debemos celebrar… pero yo propongo una celebración menos eufórica y más reflexiva.  Lo que me propongo es pensar sobre algunos elementos que, según los que organizan la fiesta, deberíamos estar alabando sin mucha preocupación… pero siempre he creído que cuando uno se dedica a las humanidades, uno tiene el gusto de preocuparse y complicarse la vida un poco; así que hoy empiezo. Y se llama Bicentenarios, por que en esto hay más de una perspectiva.

Empecemos entonces por esa canción llamada himno nacional: ¿A alguien se le ha ocurrido pensar por qué es necesario tener un himno nacional? ¿A quién se le ocurrió? ¿Y por qué tenemos que aprenderlo y cantarlo?  Resulta que la composición de himnos es algo bastante antiguo. Por supuesto, primero estuvieron los religiosos, que también tuvieron sus dinámicas de cambio: en los primeros siglos de cristianismo, muchos surgían de la misma comunidad, a veces adaptados de los antiguos himnos paganos.  Algunos expertos opinan que las primeras comunidades cristianas no debieron haberse entusiasmado mucho con el canto, pues los asemejaba a los paganos. Y escuchen entonces uno de estos himnos, o al menos, cantos en alabanza a uno de los dioses: Eros. Se trata de una hermosa reconstrucción de uno de los himnos escritos por la poetisa Sapho.

Pero esta actitud cambió y cuando en la Edad Media la Iglesia se desplegó como una poderosa institución política, económica y cultural, monopolizó la composición de himnos; verán, la música religiosa era un lenguaje de los elegidos para Dios, que el rebaño debía más obedecer que comprender totalmente; de ahí la creciente complejidad de estos himnos, que necesitaban de músicos específicamente entrenados en las sutilezas tanto del canto llano como de la polifonía.  El primer ejemplo que les pongo de este cambio, viene de la lejana Irlanda, una de las tierras más cristianas en los amaneceres de la Edad Media… si no han leído el libro De cómo los irlandeses salvaron la civilización, se los recomiendo. Es de Thomas Cahill y se consigue fácilmente… pero aquí va el himno reconstruido, en gaélico -lengua irlandesa-, a la virgen; luego la versión en inglés, editada por la iglesia:

En este segundo ejemplo, les muestro lo que surgió del monopolio del himno ejercido por la Iglesia: se trata de la era dorada de la polifonía parisina, siglos XII y XIII  la que resonaba en la gran Notre Dame… una de las razones de este monopolio, era la escritura. Esta es de la primera música conservada por la escritura específicamente musical:

¿Se han dado cuenta que la escritura y el canto de los himnos, por ahora, se caracteriza por mantener a la comunidad silenciosa, oyendo a los que cantan?  Pues bien, podríamos decir que esa fue la característica de los himnos hasta la Revolución Francesa… claro, hay que hacer una ecepción: los himnos de las iglesias protestantes, que revivieron el canto comunitario liderados por el pastor o ministro.

Y entonces, llegó la Revolución Francesa. Pero no llegó sola: la acompañaba la novedosa importancia que la cultura popular estaba ganando, aceleradamente, durante las últimas décadas del siglo XVIII.  Esto significó la legitimación política y cultural del pueblo, el surgimiento de esta figura tal y como la conocemos con todos sus poderes… muchos de ellos más ideales que prácticos.  Y claro que la música tuvo mucho que ver, y no me refiero sólo a la Marsellesa; este superfamoso himno republicano hizo parte de un programa político y musical, en el que la revolución veía la música como un elemento estético que debía intensificar el lazo nación-líderes-pueblo.  Por lo tanto, nada de músicas eruditas ni de escenarios reservados; ahora los espectáculos musicales debían ser hechos para el bien del pueblo, que era el alma de la república; por lo tanto, los dos formatos básicos debían ser en francés, fáciles de aprender y de estructura sencilla: el himno y la canción patriótica. Sin embargo, las funciones más elaboradas, seguían manteniendo esa distinción entre los músicos profesionales y el pueblo.

Esto que van a ver y escuchar es un ejemplo de esa música promovida por los revolucionarios franceses, esos que gritaban Libertad, Igualdad y Fraternidad, después instauraron el Terror y entonces llegó Bonaparte y… escuchen más bien. Se llama El triunfo de la República y lo compuso un músico y revolucionario convencido: François Joseph Gossec.

En cuanto a la Marsellesa, se convierte en modelo de himno laico moderno gracias a la adaptación y la aplicación de los siguientes elementos: la profunda convicción -muy preromántica y romántica- de que la música es el lenguaje de las pasiones; del uso de la música como signo de memoria, en la que se estandariza la emoción patriótica y se la convierte en monumento intocable; la idea de la voz de la nación como la de un nosotros, que nos identifica pero que también nos excede; y por último, el elemento del texto como un programa ideológico.  Como ven, no es para nada sencillo, aunque suene así… y si no se acuerdan de la Marsellesa, pues aquí les refesco la memoria:

¿Y por qué tiene que ser la Marsellesa? Bueno, pues como el modelo de revolución republicana fue más francés que estadounidense, pues el modelo de himno también. Esta canción patriótica llegó a Latinoamerica en 1794, exactamente a Buenos Aires y desde allí se convirtió en el molde de las músicas revolucionarias.  Esta adopción entre los criollos revolucionarios tiene mucho de búsqueda de resonancia con las ideas de su tiempo, de inquietud por construir una nueva identidad política que permita establecer la ruptura con el pasado colonial.. y esta ruptura fue algo muy difícil de plantear y de lograr.

Si en las cuestiones políticas materiales e institucionales, formar la vida republicana fue complicado y se tomó varias décadas del siglo XIX, en este aspecto simbólico de los himnos pasó lo mismo.  En el caso colombiano, se demoraron hasta las últimas décadas del primer siglo republicano: los años 80’s.  La idea cuajó en la mente de ese unificador conservador de la nación hecho presidente que se llamó Rafael Núñez -el de Regeneración o Muerte, ¿se acuerdan?.  Bueno, pues el presidente Nuñez continuó varios procesos que se venían dando en Colombia desde la mitad del siglo, aquellos que buscaban el fortalecimiento del Estado y la creación de una verdadera comunidad política; también instauró otros procesos, pues era urgente presentar a Colombia como una nación coherente.  De estos años vienen la formación del Museo Nacional, la Biblioteca Nacional y de cosas aparentemente tan sosas y superfluas como el Árbol Nacional, la Flor Nacional, la Música Folklórica Nacional y claro: el Himno Nacional, fruto de la inspiración poética del señor Presidente y la pericia musical de un italiano que llegó dirigiendo una compañía de ópera y se quedó: Oreste Sindici…. y don Oreste tendría mucho qué hacer gracias a esta amistad política…

El profesor Egberto Bermúdez nos da la fecha y lugar exactos en los que resonaron por primera vez, las marciales notas de nuestro himno… del cual no nos sabemos todas las estrofas, admitámoslo:

Como “La Marsellesa”, casi todos comenzaron siendo canciones. A ellas pertenecen las que con poca suerte fueron descartadas en nuestro país, hasta que el 11 de noviembre de 1887, día conmemorativo de la independencia de Cartagena, se estrenóel himno en un acto público organizado por el gobierno, en el Teatro Variedades de la capital, con un poema de Rafael Núñez (1825-94), entonces presidente de la República, y con música del maestro italiano de canto y composición Oreste Sindici (1828-1904).

Y bien, este fue un pequeño sobrevuelo por lo que implica el tener un himno nacional, cantarlo y claro, obligar a aprenderlo.  Esta canción sencilla, con lenguaje un poquito pasado de moda, nos uniforma a todos como patriotas, sea que nos sintamos muy colombianos o no… curiosamente, el efecto de esta música no es tan inequívoco ni positivo como se desea, pues lo maravilloso -y lo tremendo- de toda música, es que cada uno se la puede apropiar y le puede dar el sentido que desee.

También debemos recordar que las referencias que hay en nuestro himno a la variedad poblacional de nuestro país, son pocas y discretas.  No debemos asombrarnos de ello, pues en los tiempos en los que fue compuesto y lanzado, se deseaba proyectar una imagen sociopolítica aceptable ante los gobiernos del primer mundo europeo, que veían con una mezcla de atracción y horror la mezcla étnica latinoamericana.  Sólo en los años ochenta del siglo XX, se autorizó a los sanandresanos y a los pueblos indígenas cantar el himno nacional en sus idiomas propios… ¿mejor tarde que nunca?????


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La foto: Agua

Weeki Wachee Spring. Florida 1947. Tori Frisell