Las mieles de Salwa Al Neimi

Salwa Al Neimi

Esta escritora árabe ha recibido la peligrosa bendición del público y de la crítica con su novela El sabor de la miel. Y digo que es una bendición peligrosa por que la gente puede empezar a leer esta obra por las razones erradas; es posible que le ocurra lo que predijo Oscar Wilde respecto a su libro El retrato de Dorian Gray: la gente correrá a comprarlo y a leerlo pensando que se trata de literatura roja, atrevida y lo que hallarán es un relato hermoso, poderosamente construido sobre las experiencias que nos formas y las consecuencias que elaboramos a partir de ellas.

"El sabor de la miel" de Salwa Al Neimi

Pero el revelador sabor de esta miel, radica en la profunda y serena declaración de independencia que estas páginas contienen.  Salwa Al Neimi no necesita de acontecimientos dramáticos ni extremadamente públicos para presentar a su heroína -que habla en primera persona: esta miel es su historia como mujer, como mujer-persona.

Supe pronto lo que quería y decidí jugar con mis propias reglas. Concebí aquello como parte de mi vida secreta, que nadie, salvo yo, conoce. No estoy obligada a presentar informes sobre ella a nadie. No quiero la aprobación de los demás, ni su perdón, ni su participación. Mi vida es sólo mía, y mis secretos son sólo míos.( p.22)

Así que este libro es una tremenda concesión, pues esta mujer ha hecho de su vida una obra para sí misma. Y el tema sexual es el eje que estructura esta confidencia, pero no del modo en que se espera. Para Al Neimi, el sexo no es una evasión del conocimiento de la realidad, sino otro modo de conocer la realidad, su realidad. Y ese modo se revela en todo su poder con la llegada de El Pensador, su amante-profesor:

A pesar de mis experiencias prácticas y mis lecturas secretas y públicas, sólo conocía el placer de forma semiconsciente. Era un conocimiento vago, como una imagen poco nítida, borrosa. Con la llegada del Pensador, pudieron distinguirse los detalles. (…) Dejé de representar mi papel. Pasé a ser yo misma. (p.32)

Sí, no hablamos del fin de la virginidad física. Esa no importa. La que importa aquí es la virginidad hacia el mundo. Para Al Neimi, el sexo se hace, pero también se reflexiona. Y cuando habla de lecturas, se refiere a su profundo conocimiento de una de las tradiciones más excelsas de la literatura árabe: la literatura erótica. Verán, en agudo contraste con la cultura occidental, la cultura árabe-musulmana siempre ha tenido gran estima por el placer y por su puesto el placer erótico-sexual fue uno de los objetos de reflexión y creación artística más visitados en el período clásico, estableciendo una dinámica que se manifestó en la profusión de obras y tratados que tenían al amor y a la sexualidad como tema principal; en ellos hombres y mujeres cuentan y aconsejan por igual, desde su experiencia sentimental y sexual y Al Neimi utiliza esta erudición para plantear su propia experiencia romántica-sexual … ahora, en la era de los neoconservatismos, se pretende que el saber erótico sexual es algo que, o no ha existido o hace parte de una pervertida época pretérita. Y por lo tanto no se educa eróticamente a las nuevas generaciones, exponiéndolas a los errores prácticos y teóricos más peligrosos -aunque también ridículos. En uno de los apartes del libro, titulado De la educación y la enseñanza, Al Neimi denuncia esta ignorancia voluntaria como un atentado a la salud mental y física de las generaciones presentes y futuras, pero también como una pedrada terrible a un enorme segmento de la memoria cultural árabe:

Como Scheherezade, Salwa Al Neimi nos lleva por narración a pensarnos. Ilustración de Juan Marigot.

Cuanto más visito esa sección y más preguntas leo (sobre sexo), más me digo a mí misma que, desde luego, el lector de los antiguos libros eróticos árabes se evita tener que vivir en tal miseria teórica y práctica; por eso es preciso recuperarlos, alejarlos de la sombra y sacarlos a la luz. Debemos transformar el miedo que nos producen en reivindicación pública de los mismos. Hemos de dejar de cubrirlos y empezar a desempolvarlos. (p. 156)

La miel de la que habla Salwa Al Neimi no es entonces sólo la miel del acto sexual.  Es la miel del placer admitido y sano, que endulza la existencia y que deja su rastro en el conocimiento que genera, en la comprensión que deja a su paso. Al alabar el saber obtenido por el uso erótico del cuerpo, Al Neimi no está pintando un camino de rosas, lejano al dolor y a la pérdida. Sufrir y perder hacen parte de este hermoso camino, de este tremendo aprendizaje en el que el sexo y el amor no deben ser una evasión ni una vergüenza, sino parte de la dulce y cruda realidad.

Al placer se llega tras superar la urgencia de la necesidad y luego la premura del deseo, y allí, esperándole – porque nunca tiene prisa-,está el placer de los sentidos, con el que alcanzará formas de conocimiento y de perfección espiritual cada vez mayores.

Feliz lectura y que la dulzura de la miel invada sus vidas… con lágrimas incluidas…

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. itlo
    Abr 18, 2010 @ 20:44:21

    “Sufrir y perder hacen parte de este hermoso camino…”

    A muchos se nos olvida, o simplemente nunca nos han enseñado a perder y sufrir, ya que en estos tiempos se catalogan como acciones negativas, siendo que son parte fundamental de la vida, para poder disfrutar las cosas buenas que sin estas no podríamos compararlas.

    las palabras nunca me alcanzan …

    gracias =)

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