Hace tiempos: las canciones de Mamá

Esta hermosísima negra se llamaba Myriam Makeba y  pasó a la historia con el nombre de Mama Africa.. pero mejor dejemos que ella se presente solita:

A Mama Africa le tocó muy duro, pues muchos no querían oír lo que cantaba; decían que era una subversiva, que alborotaba a la gente con ideas locas como terminar el apartheid de su Suráfrica natal.  También decían que su música africana no era bella, que atentaba contra el buen gusto y otras barrabasadas de ese estilo.. y como no podía cantar en su tierra, con su idioma y de los temas que sabía, entonces Mama empacó sus maleticas y a Londres fue a dar. Allá conoció a un precioso negrazo llamado Harry Belafonte, que cantaba el calipso y que era de los Estados Unidos, donde a los afro tampoco les estaba yendo bien.. y eso que habían desmantelado la esclavitud, pero la discriminación, como ya sabemos, es más terca que la ley.

Cantame otra vez Mama, para que no se me olvide:

Y entonces Mama se puso a cantarles a los gringos, que disfrutan mucho de todo lo exótico. E incluso cantó en Chile, en el Festival de Viña del Mar, pero como el gobierno de Allende le parecía lo máximo, ella se ganó una buena insultada.

Y entonces Mama cantaba y cantaba

Y luchaba y luchaba, todos la escuchaban…

Con esa voz y esa sonrisa, era imposible evadirla.  Y su pelea a punta de canciones surgió efecto, pues en 1990 liberaron a Mandela, luego cayó el apartheid y ella pudo volver cantando a su casa, por la que siguió trabajando.

Y así, cantando, murió Mama Africa en el 2008… pero en realidad sigue viva, solo volvió a su estado natural: la inmortalidad.

Sígueme cantando Mama, para que yo recuerde siempre, para bailando siempre lo tenga conmigo… te oigo, Mama, te escucho….

Hace tiempos: memoria tangible e intangible.

Es un ejemplo cortico.  Son sólo unas notas musicales, muy raras para el lugar en el que suenan:

Estos minutos de música Kogui -que también es música colombiana, pues los kogui viven o malviven aquí, en nuestra patria-, que se pueden apreciar en este video, suenan en el Museo de Cluny, parte del Museo Nacional Medieval de Francia, en París.  El hombre que se le mide a esta gaita no es un colombiano, es un francés experto en música medieval popular: Pierre Hamon.

Algunos pueden decir que se trata de otro robo cultural, que este video es una muestra más del saqueo al que se nos somete… pero señalar esas cuestiones es irse por lo más sencillo.  La verdadera pregunta es ¿por qué carajos un músico europeo está tocando música india colombiana?

Pierre Hamon se especializa en flautas y todo lo que se le parezca. Si sopla dentro del instrumento y suena, lo más probable es que aprenda a tocarlo. Y también aprenderá a fabricarlo y aprenderá por qué su sonido es importante, por qué la gente se molesta en mantener vivo este instrumento musical.

Pierre Hamon, el flautista ubicuo.

Todos hemos visto y oído instrumentos musicales. Todos estamos hartos de saber que muchos de ellos hacen parte de “nuestra memoria cultural”. Pero en realidad, no sabemos por qué un instrumento musical puede ser importante para nuestra memoria. A muchos les parece un delirio típico de esos hippies buenos para nada, que pierden su tiempo estudiando cosas tan tontas como flautas y culturas. Escuchando a Pierre Hamon, uno recuerda y llega a entender por qué una flauta puede ser importante para nosotros como cultura. Los sonidos no son producto del éter, la imaginación no es algo superfluo y la flauta no es una baratija más; lo que quiero decir, es que en los sonidos va parte de lo que hemos sido y de lo que somos, que en la imaginación que se hace éter en esos sonidos va lo que hemos sido, lo que somos y lo que nos gustaría ser y que la flauta es el medio privilegiado para que nosostros nos pongamos en contacto con ese pedacito de nuestro mundo que tal vez no se vea, ni se toque, pero que existe.

He aquí otro ejemplo, pero esta vez en una bansuri sefardí -o sea, una flauta sefardí:

Hamon hace audible aquello que puede constituir una memoria colectiva. También nos hace escuchar lo que permanece en la memoria particular.  Ambos tipos de historia/identidad circulan en estas flautas, en sus sonidos encantadores y fuertemente evocadores.  Aquí uno entiende por qué la flauta es tenida como uno de los instrumentos musicales mágicos: puede despertar un montón de asociaciones que lo ubican a uno en el presente, en el pasado y en el futuro. ..

¿Es importante aprender de flautas y canciones? ¿Es importante y necesario un personaje como Pierre Hamon? Claro que sí. Es importante aprender todo lo que va en algo tan sencillo, todo lo que se dice y se escucha en una línea melódica.  Claro que es necesario un personaje que no nos habla, sino que nos canta y al hacerlo, imprime en nuestra imaginativa memoria las preguntas necesarias para empezar el camino hacia nosotros.

La foto: Roseanne Olson – justo como somos

Según la fotógrafa Roseanne Olson, estas imágenes son un homenaje a nuestra propia y variada belleza femenina; para que nos amemos justo como somos… como dicen por ahí, en la variedad está el placer:

Jennell.

Esta es Jennell, una de las mujeres que posó para el libro fotográfico de Olson, titulado This is who we are.

En este libro, ni la edad ni las formas fueron los criterios excluyentes de belleza.. solo la belleza, en toda su imponente variedad fue el objetivo de Roseanne Olson.

Esto es lo que Bea, modelo a los 95, dijo de sí misma:

En la medida en que uno envejece, se hace difícil pensar en el propio cuerpo. Pero mi cuerpo ha sido una confiable fuente de energía por casi todos mis 95 años. Me mantengo en forma caminando mucho y conservo mi agilidad mental leyendo muchísimo (trabajé como bibliotecaria). Aprecio mi vitalidad. He tenido una vida diversa e interesante. Les recomendaría a las mujeres jóvenes que desarrollen habilidades físicas y mentales para que puedan disfrutar de todo su ser“.

Y si es de asuntos de madre e hija…

Es que ustedes no se imaginan todo lo que va en ese vínculo.. ni el matrimonio puede romperlo, muchas veces ni la muerte interfiere…

Mi hija y yo somos diferentes en muchas formas, pero le he enseñado a estar cómoda con su desnudez y a hallar su propio estilo.  Si las únicas mujeres desnudas que ves,  aparecen en las páginas de las revistas de modas en avisos retocados o en las películas, te intimidaría ir a un spa o estar en un vestidor como parte de tu rutina. Allí te das cuentas de que los cuerpos son graciosos, que no debes tomarte el tuyo tan seriamente.”

En todos los colores...

Las mieles de Salwa Al Neimi

Salwa Al Neimi

Esta escritora árabe ha recibido la peligrosa bendición del público y de la crítica con su novela El sabor de la miel. Y digo que es una bendición peligrosa por que la gente puede empezar a leer esta obra por las razones erradas; es posible que le ocurra lo que predijo Oscar Wilde respecto a su libro El retrato de Dorian Gray: la gente correrá a comprarlo y a leerlo pensando que se trata de literatura roja, atrevida y lo que hallarán es un relato hermoso, poderosamente construido sobre las experiencias que nos formas y las consecuencias que elaboramos a partir de ellas.

"El sabor de la miel" de Salwa Al Neimi

Pero el revelador sabor de esta miel, radica en la profunda y serena declaración de independencia que estas páginas contienen.  Salwa Al Neimi no necesita de acontecimientos dramáticos ni extremadamente públicos para presentar a su heroína -que habla en primera persona: esta miel es su historia como mujer, como mujer-persona.

Supe pronto lo que quería y decidí jugar con mis propias reglas. Concebí aquello como parte de mi vida secreta, que nadie, salvo yo, conoce. No estoy obligada a presentar informes sobre ella a nadie. No quiero la aprobación de los demás, ni su perdón, ni su participación. Mi vida es sólo mía, y mis secretos son sólo míos.( p.22)

Así que este libro es una tremenda concesión, pues esta mujer ha hecho de su vida una obra para sí misma. Y el tema sexual es el eje que estructura esta confidencia, pero no del modo en que se espera. Para Al Neimi, el sexo no es una evasión del conocimiento de la realidad, sino otro modo de conocer la realidad, su realidad. Y ese modo se revela en todo su poder con la llegada de El Pensador, su amante-profesor:

A pesar de mis experiencias prácticas y mis lecturas secretas y públicas, sólo conocía el placer de forma semiconsciente. Era un conocimiento vago, como una imagen poco nítida, borrosa. Con la llegada del Pensador, pudieron distinguirse los detalles. (…) Dejé de representar mi papel. Pasé a ser yo misma. (p.32)

Sí, no hablamos del fin de la virginidad física. Esa no importa. La que importa aquí es la virginidad hacia el mundo. Para Al Neimi, el sexo se hace, pero también se reflexiona. Y cuando habla de lecturas, se refiere a su profundo conocimiento de una de las tradiciones más excelsas de la literatura árabe: la literatura erótica. Verán, en agudo contraste con la cultura occidental, la cultura árabe-musulmana siempre ha tenido gran estima por el placer y por su puesto el placer erótico-sexual fue uno de los objetos de reflexión y creación artística más visitados en el período clásico, estableciendo una dinámica que se manifestó en la profusión de obras y tratados que tenían al amor y a la sexualidad como tema principal; en ellos hombres y mujeres cuentan y aconsejan por igual, desde su experiencia sentimental y sexual y Al Neimi utiliza esta erudición para plantear su propia experiencia romántica-sexual … ahora, en la era de los neoconservatismos, se pretende que el saber erótico sexual es algo que, o no ha existido o hace parte de una pervertida época pretérita. Y por lo tanto no se educa eróticamente a las nuevas generaciones, exponiéndolas a los errores prácticos y teóricos más peligrosos -aunque también ridículos. En uno de los apartes del libro, titulado De la educación y la enseñanza, Al Neimi denuncia esta ignorancia voluntaria como un atentado a la salud mental y física de las generaciones presentes y futuras, pero también como una pedrada terrible a un enorme segmento de la memoria cultural árabe:

Como Scheherezade, Salwa Al Neimi nos lleva por narración a pensarnos. Ilustración de Juan Marigot.

Cuanto más visito esa sección y más preguntas leo (sobre sexo), más me digo a mí misma que, desde luego, el lector de los antiguos libros eróticos árabes se evita tener que vivir en tal miseria teórica y práctica; por eso es preciso recuperarlos, alejarlos de la sombra y sacarlos a la luz. Debemos transformar el miedo que nos producen en reivindicación pública de los mismos. Hemos de dejar de cubrirlos y empezar a desempolvarlos. (p. 156)

La miel de la que habla Salwa Al Neimi no es entonces sólo la miel del acto sexual.  Es la miel del placer admitido y sano, que endulza la existencia y que deja su rastro en el conocimiento que genera, en la comprensión que deja a su paso. Al alabar el saber obtenido por el uso erótico del cuerpo, Al Neimi no está pintando un camino de rosas, lejano al dolor y a la pérdida. Sufrir y perder hacen parte de este hermoso camino, de este tremendo aprendizaje en el que el sexo y el amor no deben ser una evasión ni una vergüenza, sino parte de la dulce y cruda realidad.

Al placer se llega tras superar la urgencia de la necesidad y luego la premura del deseo, y allí, esperándole – porque nunca tiene prisa-,está el placer de los sentidos, con el que alcanzará formas de conocimiento y de perfección espiritual cada vez mayores.

Feliz lectura y que la dulzura de la miel invada sus vidas… con lágrimas incluidas…

Tan lejos y tan cerca

Propongo el siguiente ejercicio: vamos a leer dos crónicas de países lejanos entre sí y vamos a jugar a hallar las semejanzas y las diferencias… puede ser divertido… ¿listos? aquí vamos:

Munir Majir, el joven tejedor de pañuelos afgano. Fotografía de El País.

Existe un triángulo entre Afganistán, Pakistán y Cachemira del que los medios de comunicación escribimos y hablamos mucho. La imagen que proyecta tanta información es la de unos territorios habitados por gentes que dedican una parte considerable de su tiempo a hacerse la guerra en nombre de dios o del diablo.

Ya nos dan las primeras coordenadas geográficas… veamos a donde nos lleva nuestra segunda crónica:

Para bajar a los estratos más bajos de Medellín hay que subir, subir, subir. Arriba, en los bordes de las montañas nororientales de la ciudad, están los barrios bajos, reguero de casas apretadas, muros contiguos, techos recostados sobre techos, escalas en procesión interminable, ventanas y balcones sobre el vacío, vericuetos de corredores, aceras de tierra, remolinos de polvo, los gallinazos volando allá, abajo, en un cielo inferior, por debajo de la línea de los pies. Podría ser poético, pero no lo es.

La Policía patruya las calles de los barrios altos de Medellín. Fotografía de la revista Semana.

No se podría imaginar que nuestros dos destinos geográficos tuviesen tanta tierra, agua y aire de por medio, ¿cierto?. Y es que de las lejanas tierras del Oriente a las cercanas tierras de los Andes tropicales, hay, aparentemente, más que la distancia geográfica… pero fíjense que esta diferencia nos lleva a la primera semejanza: la violencia campea.  La violencia se ha convertido en un lenguaje cotidiano, en una manera de relación en la que se evitan las palabras y las acciones tienen el peso inapelable del plomo. Y no es una simple metáfora…

Pero prosigamos nuestro ejercicio:

Mohamed Munir es afgano y no tiene siquiera tiempo para ponerse triste, que la melancolía es cosa de primermundistas. Sentado ante el telar mueve los pies y las manos como un pianista, pero no salen notas, sólo se mezclan los colores. Aprendió a fabricar pañuelos en Mazar-i-Sharif, al norte. Allí huyó con su familia tras la llegada de los talibán.

‘Caliche’, un joven del sector de La Silla, en pleno corazón del conflicto, ve pasar la caravana de uniformados que patrullan el sector, entre ellos cuatro carabineros a caballo escoltados de cerca por soldados de la IV Brigada. ‘Caliche’ es miembro de una banda y tiene un Corazón de Jesús tatuado en alguna parte. Estuvo en la cárcel Bellavista y fue, dice él, uno de los hombres que ‘Don Berna’ mandó a reclutar a toda carrera a finales de 2003 para enlistarlo como miembro del Bloque Metro de las autodefensas. En dos días le enseñaron a marchar como soldado, pero no pudo presentarse porque las armas y los uniformes camuflados no alcanzaron para todos y lo bajaron del bus en el que sí se fueron tres de sus vecinos, un tío y el esposo de una prima.

He aquí nuestra segunda semejanza: jóvenes y gallardos protagonistas cuyo ritual de entrada en la vida, fue el ver correr la sangre y huirle a la muerte.. o volverse su amigo. ¿Qué hace uno cuando el dolor y la supervivencia a pulso son su caudal de herencia? Obviamente planear y pensar no deben ser las actividades que entren de primeras en la lista de obligaciones -pues algo me dice que estos dos muchachos tienen más obligaciones que deberes

Estos pequeños afganos tienen que trabajar. Algunas fundaciones organizan escuelas especiales para ellos.

Y justo cuando hallamos a los protagonistas de nuestra crónica, aparecen nuestros coprotagonistas estelares, aquellos que comparten la suerte de nuestros héroes:

En el piso donde Munir fabrica jugando con los pies y las manos una media de un pañuelo y medio al día trabaja también su sobrino Abdul Majid, de 14 años. Es el encargado de preparar los tambores con los hilos tintados. Sentado en un cojín, Majid ríe cada pregunta pues entiende inglés. Va a la escuela como todos los niños afganos que aseguran ir a la escuela pese a estar trabajando como stajanovistas en horario de aprender. Ahora tiene excusa: cerraron los colegios y universidades por miedo a la gripe A y a las manifestaciones contra el fraude.

‘Caliche’ admite que un hermanito suyo va a la Biblioteca España a que le lean cuentos y él mismo dice haber ido un par de veces con una vecina a darse besos en las bancas de afuera. Lo que más le gusta de allí es lo limpio, lo grande, lo espectacular que es ese edificio en forma de dado, son sus palabras, pero admite que la única plata que sube a los barrios es la de los malos, amén, y que nadie se quita el hambre leyendo libros, de nuevo son sus palabras.

Estos dos chiquillos tienen en sus mayores -no tan mayores- el espejo de su próximo futuro… no hay tiempo para la escuela, pues hay que trabajar para poner pan en la mesa; que los libros no quitan el hambre.

Y de las cosas más triste, es que estas ideas tienen mucho de cierto cuando la realidad es tan mezquina, cuando la sociedad que hace el mundo es tan corta y no ofrece más que el hoy, que este minuto, que ese billete que no va a durar ni rendir, pues la supervivencia es la diosa de la inmediatez: todo es ya, la imaginación no puede costearse y por ende los planes no entran en el presupuesto.  Hay que vivir, pero este vivir parece un recorrido por los laberintos del purgatorio, un lugar donde nada se resuelve..

Pero sigamos leyendo, que pronto encontraremos a los actores de reparto. Y como en toda buena obra, los actores de reparte pueden tener una aparición corta, pero pueden cambiar el curso de la historia:

A falta de viajes organizados y vuelos low cost, el complejo papel de turistas lo representan en Afganistán los reporteros, diplomáticos y funcionarios de la ONU.

Sobre su escritorio, el comandante de la Policía Metropolitana examina siete carpetas con fotografías y reseñas de decenas de miembros de bandas criminales, casi todos menores de 30 años, sus nombres, alias, calles donde delinquen, edad y hasta dirección de residencia. Aunque sabe todo de ellos, se queja el oficial, no puede apresarlos porque ninguno tiene orden de captura.(…) En su último cumpleaños, el 5 de marzo pasado, Carolina Domínguez se pasó el día entero haciendo las necropsias de dos jóvenes descuartizadas a las que sus victimarios vaciaron en canecas con concreto. La médica legista, de cabello negro y ojos casi siempre enrojecidos, admite que ha tenido días peores.

Estos actores de reparto no son personajes inmunes, simple relleno.  Muchos de ellos creen en su pequeño papel, creen en que su actuación puede ser grande. Muchos hacen su parte con fe, con sudor diario, con la esperanza de ser la piedra que impida el rodar de esta rueda terrible, que todo lo tritura y lo aplasta… muchos de ellos arruinan su salud y su paz mental bregando a no ser parte de ese monstruo que se nutre de miedo, indiferencia, prejuicio e inercia… no es fácil, pero al parecer, estos actores no se le apuntan a lo fácil.

En Colombia todos debemos asumir un rol: desde lo institucional y desde lo personal.

Y sin embargo, a veces es imposible no quedar como una garra de ese monstruo.  A veces a uno le puede el cansancio, le puede la rabia y la tristeza, le puede su humanidad y cuando menos piensa, le está limando las uñas al monstruo.

En la tienda no hay descansos. Se trabaja siete días a la semana, de siete de la mañana a nueve de la noche. No existen los días libres, ni las vacaciones ni los diez minutos del bocadillo, todas esas ventajas que se logran cuando el progreso transforma la explotación en un trabajo remunerado y con ciertos derechos. Cuando Munir termina no ve la televisión, apenas sale con los amigos. Sólo tiene ganas de dormir. Es la ventaja de tanto trabajo: no hay tiempo para gastar.

Munir y Majid no reciben un sueldo. Su tío, a cambio del deslome, les ofrece techo, comida y seguridad. “Cuando necesita dinero me lo pide y se lo doy”, dice Farid. En Afganistán, donde nunca hubo Estado, la sociedad se basa en la familia, en el clan y en la tribu. El voto siempre es tribal y se destina a quien el jefe de la comunidad decide. En la tienda de Farid él es el jefe y responsable de su gente.

Un muchacho que trabaja como campanero, es decir, como delator de operativos policiales, puede recibir 20.000 pesos diarios, 600.000 pesos al mes. Los que recogen las cuotas de extorsión en las casas, en los negocios, en los paraderos de los buses, pueden duplicar esa cifra, lo mismo que se gana un bibliotecólogo o un administrador de empresas recién graduado. Al parecer, sin importar a nombre de quién se empuñen las armas, la milicia es desde hace dos décadas la mayor empresa en los barrios altos de Medellín. Los que no se van al Ejército a pagar servicio y luego a sobrevivir con un sueldo como soldados profesionales, se quedan a merced de las milicias guerrilleras, los narcotraficantes o, como ahora, de las bandas dedicadas a la extorsión.

En las comunas, dicen sus habitantes, están acostumbrados a ver subir gente a proponerles cosas. Por eso muchos entendieron la oferta del Presidente de darles 100.000 pesos a los estudiantes a cambio de información como otra de tantas ofertas que les viven haciendo de enrolarse en uno u otro bando. ‘Caliche’ ni siquiera está dispuesto a considerarla por lo ridículo de la cifra. Cien mil pesos no es plata, dice el muchacho, amén, y se santigua. Sus patrones le sextuplican esa cifra y no tiene que pecar por sapo, dice.

Yo les dije que este ejercicio iba a ser entretenido.  Aunque para muchos, el darse cuenta de que la violencia no es el excremento de nuestros tiempos, no tiene nada de divertido.. es algo que tiene que ser resuelto.  Pero cuando la violencia se vuelve un régimen de comunicación, una forma de vida, una manera de ser que trae una rutina y una seguridad, esto llama por algo más que una resolución… la palabra revolución puede ver a la mente, pero esto necesita algo más hondo que una pataleta con lluvia de girasoles y unas lágrimas.

Si hay mucho que nos separa, es más lo que nos une...

Quién iba a pensar que entre las lejanas tierras del Oriente y los Andes tropicales habían tantas semejanzas… nuestras generaciones jóvenes están siendo llevadas al matadero y los que aún quedamos, buscamos desesperados el antidoto para este veneno que no da tregua. Los veteranos que nos ven se debaten: dejarse morir y dejarnos morir, escarmentarnos por nuestros sueños de vivir (no son sueños excéntricos: es sólo vivir) o luchar con nosotros para hacer de nuevo el mundo, pues los ladrillos de antes ya no resisten el peso de la existencia contemporánea… estos veteranos ya han enterrado a suficentes hijos e hijas que debían sucederlos tanto en la grandeza, como en la cotidianidad.

Tan lejos y tan cerca………

Una frase sabia..

De hecho, es toda una declaración.  Y proviene de la música, esta vez de  un intérprete de música clásica que no es sólo un sabio en su oficio, también es un humanista desafiante.

Y Daniel Barenboim, ciudadano del mundo -legalmente es ciudadano de unos cuatro países..- tiene arte y agallas para defender lo suyo: la creencia inconmovible en una salida social y política al conflicto palestino-israelí.  Y en su East Western Divan Orchestra, lo prueba.

Pero estas frases que deseo compartir, vienen de un contexto específico: una serie de clases magistrales que este maestro pianista dio a cinco jóvenes pianistas hace dos años, en las que se dedicaron a estudiar las sonatas para piano de Ludwig van Beethoven.

Esta fue una de esas clases:

Y si no entienden inglés, aquí les va la traducción:

El espíritu de la música de Beethoven es totalmente contrario al zeitgeist -espíritu de los tiempos- de nuestra actualidad, donde una palabra como controversia se ha convertida en una palabra sucia, una palabra negativa; donde queremos que todo sea suave, que todo sea aceptado por todos … ahora, la música de Beethoven y las indicaciones que él dejó para la interpretación de su música son totalmente extrañas a esta actitud; se trata de la necesidad de empujarse a uno mismo hasta el límite..

¿Y qué mejor que la obra de un viejo músico sordo físicamente, pero muy atento espiritualmente, para darnos una lección sobre lo falaces que pueden ser los límites?

Repítanme otra vez eso de que el arte no enseña nada… por que no me lo creo ni por un momento….

¿Cultura para quién? ¿Cultura para qué? ¿Cultura con qué?

Este es un debate viejo. Y no pretendo añadir nada nuevo, simplemente volverlo a traer para que mantengamos abierta esta herida que, para algunos, no es importante, sino un rasponcito.

Nicolás Morales denuncia en su columna en la revista Arcadia cómo el Archivo General de la Nación ha sido encomendado a alguien que, al parecer, no sabe nada de archivos históricos. El objetivo de este nombramiento es bastante fácil de adivinar: recortar el gasto. Muchos suponen que en cultura no se invierte, sólo se gasta y se gasta demasiado; por lo tanto es bueno que nombren a alguien que sepa más de contratos y contabilidad, que a alguien que sepa del manejo de instituciones culturales -lo que implica saber de contratos y contabilidad específicos para las necesidades y potencial de las entidades culturales.

Recortar la inversión en cultura y educación, es recortar la capacidad mental del ciudadano.

Pero resulta que manejar una institución cultural -llámese archivo, biblioteca, museo, orquesta, ballet nacional…- es manejar un espacio lleno de riqueza intangible, por lo que necesita una mentalidad administrativa diferente a la empresarial.  No se trata de recortar gastos, se trata de ver la cultura como un conjunto de inversiones dirigidas a forjar ciudadanos.  Jorge Orlando Melo nos lo explica de este modo:

El dominio del lenguaje, que es la competencia cultural fundamental para la vida, se consolida con la lectura de textos literarios; muchas habilidades manuales y motrices se refinan con el ejercicio del arte; el conocimiento y disfrute de obras de arte consolida el juicio estético e intelectual de los individuos. Quienes han aprendido a disfrutar de la literatura, del arte, de la belleza de la naturaleza, son personas, en muchos sentidos, más ricas, complejas y productivas.

Melo continúa con el ejemplo de la literatura, para señalar la importancia del dominio del idioma como primera ventaja laboral y profesional. Por lo tanto la inversión en programas de lectura y de escritura creativa, ayudaría a las planeaciones escolares en español y literatura a llevar a los estudiantes a un manejo más completo de sus medios de expresión oral y escrita. Estimular la lectura y la escritura es una de las metas de la alfabetización, por lo tanto no pueden pensarse recortes en personal o en medios para estos procesos en los que el niño/adolescente/adulto aprende a crear. Aprender a escribir creativamente, equivale a desarrollar una compleja y efectiva herramienta de pensamiento que le permite a la persona crear un espacio social, construir una identidad dialógicamente e incluso superar traumas. Además, como lo dice el mismo Melo,

El funcionamiento de una sociedad democrática requiere una cultura política avanzada, en la que la capacidad para buscar y analizar la información, someter a crítica las propuestas políticas, evaluar alternativas, etc., es necesaria para participar en la vida política. Para ser un ciudadano se requiere haber desarrollado la habilidad de diálogo y debate que es el resultado en buena parte de una buena capacidad de lectura.

Privar a la ciudadanía de educación y de cultura, es un acto de opresión.

La experiencia del arte, la familiaridad con todas las ramas artísticas, entrena a la persona en la curiosidad y en la tolerancia. Esta curiosidad resulta en una capacidad para razonar con agudeza y sobre todo, en el desarrollo del impulso de ir hacia adelante y no conformarse con lo preestablecido; disfrutar el arte puede ser, de hecho, un espacio para las reflexiones que nos catapultan a la puesta en práctica de nuestros planes; ese impulso puede cambiar vidas, puede sacar de la miseria material y espiritual. Referente a esto conviene recordar una tremenda frase de José Antonio Abreu, cerebro fundador del famoso Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, organización que ha sacado del ciclo de la miseria a numerosos jóvenes que hoy por hoy, son luminarias en el mundo de la música clásica -sólo busquen los nombres Gustavo Dudamel, joven director de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles, o Edicson Ruiz, contrabajista en la Orquesta Filarmónica de Berlín:

Los ricos tienen una deuda con los pobres que jamás podrán pagar materialmente, pero pueden pagarla culturalmente: privar a los pobres del arte es una terrible opresión.

Pensar que recortar la inversión en proyectos culturales no va a lastimar a nadie, es ejercer una enorme estupidez. Pero es una estupidez comprensible, si se piensa en el arte y la cultura únicamente como objetos de mercado. Y no es que no lo sean, claro que son objetos de mercado; un cuadro, un c.d de música, una película, un libro son mercancías que circulan en nuestros mercados; algunos de estos productos tienen mayor circulación que otros, es decir, otros son más populares que otros… pero esa palabrita popular es una espada de doble filo, que puede condenar una gran experiencia cultural a una muerte temprana por falta de financiación. Enfocar todos los productos culturales como si fuesen cerveza o un partido de fútbol, hace que se pierda la necesidad de una publicidad y mercadeo específicos para ellos; un concierto de piano puede tener una buena expectativa de mercado, si se le saca de la exclusión sociocultural en la que usualmente se maneja; es decir, hay que sacar al concierto de música clásica del estereotipo, para que tenga esa expectativa de mercado positiva y tiente tanto a inversionistas como al amplio público… contrario a lo que se cree, no hay que mojarse acalorado, ni venir de otro planeta, ni haber nacido en cuna de oro para disfrutar una sonata de Beethoven. Jorge Orlando Melo vuelve a recordarnos que todo esto es un proceso llamado construcción del público, o si prefieren un término más económico: de la demanda cultural. Pero ese proceso, que debe cobijar a toda la ciudadanía, tiene un responsable específico:

la política cultural del estado debe promover en acceso de la población a los bienes culturales, dar prioridad al público infantil y juvenil y  tener a la escuela como escenario privilegiado de la actividad cultural. Por ello, la función del estado, más que producir la cultura, es ante todo promover la conservación del patrimonio cultural, impulsar la formación para la cultura, sobre todo en la escuela, apoyar el mantenimiento de una infraestructura adecuada[1] y facilitar, reduciendo trabas y regulaciones, la creación y difusión de bienes culturales. [2]

Formar el público cultural es una apuesta por el futuro, es un proceso largo. (Fotograma de la película Cinema Paradiso)

Entonces hay que hablar de la formación de cultura, de sus procesos de inclusión, de sus modos de financiación y apoyo. En vez de buscar ahorros en monedas, hay que buscar oportunidades de inversión en la formación de ciudadanos, algo que toma años y varias generaciones y en lo que tanto el Estado como los empresarios privados deben tomar parte. Sólo profesionales que han ganado sus galones en las trincheras del mundo cultural, saben los vericuetos de su promoción y por lo tanto están capacitados para convertir las instituciones culturales en espacios socialmente relevantes, en los que se formen ciudadanos pensantes.

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