Hace tiempos: de colonias, coloniajes y postcolonialismos

¿Qué puede ser coloniaje cultural? El término salió a la palestra gracias al presidente venezolano Hugo Chávez, con motivo del lanzamiento de la nueva ley de educación en este país, que busca luchar contra este fenómeno en la cultura venezolana.  Entonces, ¿qué es coloniaje cultural? en esta página web encontramos la siguiente definición:

En cuanto al coloniaje ideológico y cultural, se presenta como algo que asimilan los protagonistas de esas ramas de la actividad social. Los intelectuales de las excolonias copian o imitan a los intelectuales de las potencias mundiales; son los escritos de los intelectuales europeos los que más difusión poseen en estos países; los ideólogos de los países europeos influyen sobre los ideólogos criollos de los países atrasados; y en lo que se refiere a la cultura el proceso es similar a los anteriores.

“.. esas ramas de la actividad social.” Creo que se entiende que se habla de lo que en sociología se identifica, al menos en un primer momento, como los grupos de élite, aquellos que por su posición socioeconómica tienen acceso a ciertos productos culturales, comportamientos y actividades foráneas a su cultura nativa que se consideran parte de la civilización y el buen gusto necesarios para estar en una sociedad avanzada. Todo esto era adquirido por medio de la educación… y aquí toca hacer como Jack el Destripador: ir por partes.

Han sido muchos los esfuerzos por hacer de la educación un proceso generalizado e incluyente.

Empecemos por definir educación. La educación ha significado dos cosas. La más literal es ira la escuela, aprender a leer y escribir, las matemáticas y esos otros contenidos que a uno se le olvidan al minuto de graduarse de la secundaria. Históricamente la asistencia a la escuela no ha sido algo generalizado en nuestras sociedades latinoamericanas. Desde los tiempos coloniales se consideró la alfabetización como un privilegio de clase y de raza: sólo aquellos blancos, criollos, nacidos de matrimonio cristiano legítimo podían ambicionar la entrada a una buena escuela… se hicieron algunas exepciones con los indios pertenecientes a las élites nativas, pero lentamente se les fue alejando de este privilegio. El resto de la sociedad quedaba fuera y tal vez algún esfuerzo familiar e individual podía alfabetizar a la enorme cantidad de mestizos, pardos, mulatos, negros libertos, etc.  En cuanto al género, los hombres eran la población más opcionada.. las mujeres tenían opciones, pero no se esperaba mucho de ellas, pues su reino no era el de los libros sino el de la vida práctica. Las monjitas en sus conventos podían escapar a esta regla, pero esta educación también estaba restringida a aquellas de noble cuna.

Y llegó la era republicana y la cosa siguió prácticamente igual, pues ni la obsesión ilustrada y liberal de educar al pueblo para civilizarlo y ponerlo en posesión de sus derechos lograron cambiar esta inercia: la de considerar la educación escolar como un privilegio, como algo que no toda la sociedad puede tener.  Esta idea se extendió a la educación no libresca, pues hay otras experiencias que educan pero que están fuera del espacio de la escuela. Estas experiencias relacionan al ser humano con otras facetas de su ser y completan su formación; para muchos la experimentación con las artes es fundamental, de ahí que el entrenamiento musical, la lectura, la danza clásica o las artes plásticas hagan parte de un comprensivo programa de educación.

También se ha intentado hacer de la educación en artes un elemento para la formación ciudadana, transmitiendo cánones occidentales.

De nuevo hay que ver esto histórica y sociológicamente, pues el contacto con las artes académicas implicó el desarrollo de otra dinámica de distinción social: sólo la gente que tiene acceso a esta formación puede decir que es bien educada; la gente bien educada lee libros, sabe de arte… tiene buen gusto y es  “sensible“.. y para muchos esto significó -significa- que están más capacitados para roles de liderazgo que el resto de la sociedad.

“Los intelectuales de las excolonias copian o imitan a los intelectuales de las potencias mundiales…” este acto de copia/imitación se constituyó como uno de los capitales culturales de las élites latinoamericanas.  No es algo automático pues la imitación también implica algo de apropiación y reinterpretación. Esta imitación ha sido la partera de gran cantidad de obras de arte en Latinoamérica, así que no se puede abominar de ella así como así. Pero también ha sido la facilitadora de un tremendo esnobismo asociado a esa discriminación social que mencioné arriba y que funcionó como un arma de humillación en muchos casos: aquel que traspasaba las barreras sociales era recibido con una aplastante muestra de su inferioridad en cuanto a gusto y educación.. la mona, aunque vestida de seda, mona se queda.

... y no es un chiste....

Hay otra faceta de la educación que ha tenido efectos tremendos para nuestro contexto: el que lo transmitido por los medios educativos haya sido impuesto, fruto de un proyecto civilizatorio que la sociedad ibérica occidental cristiana desplegó desde el siglo XV y que ha tenido diversas relecturas y aplicaciones.  El temor a no ser más que una manada de copiones o a estar condenados a no ser más que la sombra defectuosa de algo  mejor nos atormenta cada vez que planteamos algo por nosotros mismos; eso se conoce como mentalidad colonial y nos pone en constante complejo de inferioridad; hace que sintamos la necesidad de depender de lo que otros dicen de nosotros, de como nos definen, de seguir modelos de desarrollo y de conducta para poder sentirnos civilizados…

Y entonces, ¿qué nos queda? ¿qué podemos hacer? Pareciese que para algunos abominar de los tiempos de colonización, de sus estrategias, de lo que construyeron, es la solución.  Señalar al colonizador como el enemigo y el culpable es la movida más fácil, más popular y más efectiva cuando se quiere buscar una razón -la que sea- para explicar por qué estamos tan mal. Culpar al colonizador y llamarlo demonio imperialista puede ganar muchos votos, pero lo más probable es que no comience una reflexión seria sobre lo que somos… simplemente nos da una buena excusa para desquitarnos y patalear.

En la propuesta postcolonialista lo que vale es preguntar y construir juntos las respuestas.

La otra opción, la de reflexionar, viene de la propuesta postcolonialista. Para muchos puede parecer compleja y cobarde, pero de hecho es más desafiante de lo que parece. Desde esta noción se quiere meditar sobre los procesos de colonización y lo que produjeron, sobre cómo nos construyeron y sobre cómo los vemos ahora; también busca evaluar todas las dinámicas que habrían tenido un papel en los movimientos emancipadores y en los movimientos sociopolíticos que se han dado en nuestras sociedades para articularnos a procesos más grandes. Desde el postcolonialismo se toma lo trágico y lo positivo, pero no para buscar culpables; eso no sirve, pues nada puede borrarse; lo que busca es comprender y eso es un gran signo de autonomía.  Luchar por entenderse es algo que no levanta la popularidad.. es algo que atrae la desconfianza y atrae la ira, pues su complejidad implica que no tendrá soluciones fáciles sino que nos llevará por accidentados caminos en los que nos encontraremos con todos aquellos a los que nos gustaría señalar y a quienes, sin embargo, nos parecemos; somos parientes de los colonizadores y nos gusta seguirlos, imitarlos y aplicamos muchas de sus referencias a diario…

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