Dosis de personalidad: No violencias.

Esta semana celebramos un día de la mujer que no tuvo tanto eco comercial como el del ocho de Marzo, donde muchos caballeros y damas -llenos de buenas intenciones, claro está, que no es con sarcasmo ni nada parecido..- dedican la famosa canción de Ricardo Arjona, algún poema de Pablo Neruda o Mario Benedetti y agotan las existencias de rosas rojas con sus respectivas tarjetas.

No, este día de la mujer era un día por la No Violencia hacia la mujer.  Era un día para reflexionar especialmente sobre lo que debería hacer parte de nuestra educación, de nuestra espina dorsal, de nuestros músculos y de nuestra sangre y que nos falta en dosis alarmantes: el RESPETO.

Pero no es un respeto cualquiera.  Podríamos empezar diciendo que nuestra falta de respeto hacia nosotros mismos nos ha llevado a situar un montón de ideas y sentimientos fuera de nuestro ser, poniéndolos en cosas.  Esta externalización no es para nada buena, aunque a veces conviene sacar para ver en perspectiva. A lo que me refiero es a aquella exteriorización que nos lleva a cifrar nuestra valía en cosas que en realidad no dependen de nosotros, que en realidad no nos definen y que por el esfuerzo de mantenerlas, nos llevan a los abismos.

Tal vez la violencia esconda una profunda tristeza y una aterrorizante impotencia…

En ese sentido, el hombre que dice que se expresa como hombre desnudando con los ojos a una mujer o que dice que la vulgaridad que acaba de eructar dizque para halagarla  en realidad es un piropo, no se respeta a sí mismo…. sí, no se respeta; si en realidad estimara el placer y la alegría que le produce la belleza femenina, no degradaría sus emociones de ese modo. Pero nuestra cultura ha hecho de las expresiones de placer, erotismo y sensualidad algo asqueroso, reprimible y animalesco.  Por ende, la gran mayoría de los hombres no valoran su alegría y su deseo, sino que lo convierten en fuente de angustia y en arma que causa horror en nosotras; no aprenden a expresarse con la corrección que se deben a sí mismos y que por ende podrían reconocer que nos deben a nosotras. Al decir que usan esas expresiones y ademanes por que son hombres, no se respetan a sí mismos y se violentan. Ponen su hombría en un afuera que semeja una cloaca y la llaman masculinidad. Y luego se asombran de que les vean la cara de marranos y los traten como cajeros parlantes prestos a pagar por la belleza femenina que ostentan como un trofeo en persona de sus mujeres….

Por supuesto, de la vulgaridad a los golpes sólo hay un paso.  Y hay que recordar que las violencias físicas son tan terribles como las simbólicas.  Desde el “estás como gordita, no?” pasando por él “no hables, por que tu no entiendes” y también el “por qué te pones tan seria? yo no quiero que te pongas seria” hasta el empujón, la mano alzada, el zarandeo y luego los morados… es una frontera más móvil que la famosa Línea de Tordesillas y muchas mujeres la cruzan a diario sin pensarlo. Yo lo he hecho. Y luego me he dado cuenta y me he llamado al orden: es mejor hacerle pasar un mal rato, que tener que arrepentirme por no haberlo parado a tiempo. Ahora, si creen que me estoy poniendo histérico-feminista-castradora-semilesbiana, no es eso; muchos estudios revelan las diferencias sociales e intelectuales de la violencia de género: si un obrero le puede dejar un ojo morado a su mujer, el decano de la universidad puede anular a la suya con un “¿Y por qué crees que te van a publicar esa cosa que escribiste?”….

Hay varios tipos de violencia contra las mujeres.

Hay varios tipos de violencia contra las mujeres.

Y entonces, ¿cuándo nos irrespetamos nosotras? ah, los momentos y los instrumentos son muchísimos.  Empiezo por esta pregunta: ¿Por qué nos da miedo que los hombres no nos quieran, ni nos deseen? La competencia que llevamos a cabo entre nosotras para ser la más bella, la más alabada y la más deseada es descarnada y hasta cruel. Hay una anécdota de un hombre en Londres, en el siglo XIX, que se dió cuenta de esta curiosa conducta femenina y puso un negocito: acompañantes feítas, poco agraciadas para mujeres más bonitas que buscaban marido; la menos linda resaltaría los encantos de la clienta….. suena jocoso, pero ahí está: lo que entendemos por nuestra belleza es un reflejo producido por lo que ellos dicen y aprueban; estamos tan acostumbradas a complacer y agradar que no pensamos en nosotras, en lo que a nosotras nos gustaría que fuera nuestra belleza. Y así es como muchas se privan de comer o se automutilan -le llaman lipoescultura, liposucción,etc- para ajustarse a patrones ajenos.

Todo esto se extiende a nuestro carácter. Y planteo la siguiente pregunta ¿por qué nos da miedo ofenderlos o criticarlos? y no hablo de la cháchara seudofeminista que termina con la consabida frase “Los hombres son todos iguales”. No, me refiero a aquellos momentos en que es obvio que el más inteligente, astuto y sensible no es el caballero sino una de nosotras y nosotras lo sabemos y sin embargo… si decimos algo que haga la ignorancia o estupidez del otro algo evidente, nos da pena.. ¿por qué tenemos que esconder que somos inteligentes y que no estamos de acuerdo algunas veces?

Mary Shelley

 

Estas violencias sin moretones ni cicatrices no son menos terribles, pues acaban gradualmente con una mujer que se abandona a sí misma para que el caballero se quede a su lado. Su femenidad descansa en él, no en ella misma. ¿Ven? es una situación tan terrible como la de aquella que oye insultos y luego oculta los morados y siente que tiene que mentir en Urgencias cuando el médico le pregunta cómo se fracturó.  Entre una violencia y la otra la diferencia sólo es de evidencia física, pues la tragedia emocional es igual.

Comenzar a respetarse es comenzar reclamar nuestro territorio. Y paralelo a esto, reconocer que el otro tiene territorio. La tercera fase es compleja en su sencillez: si yo cuido mi territorio, admito que el otro también debe cuidarlo.  Y le ayudo a cuidarlo. Y si los hombres se respetasen más, nos recordarían a nosotras el respeto que nos debemos. Y si nosotras nos respetasemos más, no admitiríamos mutilaciones, ni insultos, ni privaciones, ni definiciones, ni silencios que supuestamente componen la identidad femenina, pero que no tienen mucho que ver con nuestra variedad.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. alejandra179
    Mar 15, 2014 @ 14:43:51

    Reblogueó esto en cerebro hiperactivo.

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