Hace tiempos: ¿”Clásicos de la literatura (porno) infantil”?

Recordé esta frase de Jaime Garzón leyendo las variadas noticias de hoy. En uno de sus numerosos scketchs, en el que interpretaba a un crítico de arte, Garzón reseñaba lo último en literatura: el clásico El sastrecillo caliente.. 😉

Y al parecer a los publicistas de una fábrica de cerveza australiana se les ocurrió algo semejante cuando decidieron hacer público un rumor que circulaba en forma de chiste desde hacía años: las secretas relaciones de Blanca Nieves con los siete enanos.. por que una jovencita viviendo con siete hombres, así no más, pues…

¿Los rumores eran ciertos??????

¿Los rumores eran ciertos??????

Pero publicidad y chiste aparte, las versiones eróticas de los cuentos infantiles no son algo nuevo. Algunos analistas e historiadores de la literatura han propuesto la tesis de que, muchos de los cuentos reunidos diligentemente por Charles Perrault y los hermanos Grimm tenían versiones eróticas, pornográficas y satíricas que corrían de boca en boca con igual celeridad que las versiones infantiles, más aleccionadoras y pedagógicas. Estas versiones sin endulzante eran las más populares entre campesinos y su metamorfosis demuestra los cambios en la moral y en las ideas de infancia y pedagogía que se han operado en unos 200 o 300 años.

Un rumor parecido ha sufrido Caperucita Roja, pues tantos rodeos para identificar al peludo lobo que se hacía pasar por su abuelita, han desatado los chistes y adaptaciones más subidos de tono -recuerdan a Little Red Hot Riding Hood????? ah???? Obviamente el caricaturista Tex Avery estaba familiarizado con las versiones más adultas del cuentecito, vean su versión:

Pero de nuevo, chiste aparte, el análisis literario e histórico que se le ha practicado a Caperucita Roja ha revelado un contexto muy complejo tras el cuento, como nos muestra Elisa Boland:

La función era desalentar a los niños a cometer acciones imprudentes, como atravesar solos el bosque, por ejemplo. Aquí debe entenderse la presencia del lobo como un peligro real y no metafórico: en el siglo XV había antecedentes de pastorcillos que morían por ataques de lobos. Marc Soriano, citado por Colomer (4), ha estudiado los cuentos populares desde una perspectiva socio-histórica que los contempla como reflejo de la mentalidad de una época históricamente determinada. Desde ese punto de vista, esta ficción responde “al hambre y a la dureza de las condiciones de vida de los campesinos y al peligro real que suponía la existencia de los lobos en los grandes bosques y a la complacencia de los receptores populares por el triunfo del débil frente al poderoso, en los casos en que la niña engaña al lobo”. Una moral que señala la necesidad de astucia para sobrevivir en el mundo.

Tanto en la versión popular como en la de Perrault el lobo pide a la niña que se desvista. Sin embargo, Perrault se detiene menos en los detalles del strip tease —si bien la referencia sexual no está totalmente evitada— y tal vez esto se deba a un sentido de pudor o de consideración hacia los oyentes y lectores para los cuales escribía.

Los cuentos salen de la cultura popular. Ella es la matriz en la que se funden imágenes, metáforas e ideas sin tener las ideas de tabú o corrección que se pueden tener en la cultura de élite, alfabetizada y disciplinada. La sexualidad es una realidad cotidiana, sin tantos tapujos, un riesgo y un placer reconocidos y por ende figuran en estas historias conservadas y transformadas en la transmisión oral. Creo entonces que no deberíamos escandalizarnos por el reciclaje que opera la publicidad y la caricatura de esa característica en los cuentos… simplemente nos están recordando algo que el lenguaje sospechosamente edulcorante de cierto tipo de pedagogía, quisiera hacernos olvidar.

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