Hace tiempos: Por el día de la no-raza

El pasado 12 de Octubre se celebró el Día de la Raza. Se supone que esa celebración debe marcar el encontronazo -no voy a decir descubrimiento ni encuentro, pues no fue lo uno ni lo otro-  de los pueblos ibéricos con los pueblos americanos el 12 de Octubre de 1.492.  Se supone también que ese día debemos celebrar la multiplicidad cultural y étnica que nos caracteriza…

Sin embargo esta efeméride coincide con otro aniversario para nada alagüeño: este año se cumplieron 400 años de la expulsión de los moros de los reinos españoles. Y claro que nos toca a nosotros, los iberoamericanos. Y sí, tiene que ver con nosotros. Pues la misma mentalidad que desterró a una parte de la población ibérica por su condición musulmana, fue la misma que fundó las dinámicas de la discriminación racial en nuestro continente.  Entonces, como la manda la efeméride, hagamos memoria…

Desde el año 700 de la era cristiana, la península ibérica -España es una invención moderna- fue el hogar más occidental del Islam.  Los musulmanes que llegaron a Iberia no eran un colectivo homogéneo; egipcios, sirios, marroquíes, berebéres y al parecer palestinos, se enamoraron del bondadoso clima y se adaptaron con gusto al territorio. Claro, esto no se hizo sin violencia, pues estos musulmanes venían apoyados por la palabra del Profeta y acicateados por las guerras tanto intestinas del Islam como las desatadas por los conflictos con los reinos cristianos.

Uno de los patios de La Alhambra

Uno de los patios de La Alhambra

Durante 800 años, poco más o menos, Iberia fue el hogar de Al Andalus. En relativa paz, el Islam español convivió con los reinos cristianos del norte de la península y acogió a las prósperas comunidades judías que buscaban asentarse allí. Al Andalus se convirtió en una de las joyas que tachoneaban  la Europa Mediterránea; la sofisticada cultura oriental se unió al cristianismo y al judaísmo y posibilitó la floración de una de las civilizaciones más ricas y complejas de la Europa medieval. El Islam había adoptado la antigua costumbre árabe de la negociación entre comunidades y la había convertido en respeto hacia los pueblos del libro (judíos y cristianos), permitiendo la interacción y la cercana convivencia así como la inclusión de cristianos y judíos en altos puestos del gobierno. En la vida cotidiana las tres comunidades llegaron a mezclarse y las familias en las que las tres religiones convivían fueron comunes; la convivencia y la intimidad se hicieron evidentes en la cocina -las especias, los sorbetes y los dulces-, en la bebida -los vinos y el jerez-, en la poesía, en la cosmética -perfumes, jabones, maquillaje, ambientadores, baños-, en la música -laúdes, rabeles y guitarras- en la arquitectura -fuentecitas, aljibes, jardínes y ventanas decoradas- y claro, en la estima por la educación… con todo esto, no debe sorprendernos el que el viaje a Al Andalus fuese una de las experiencias educativas de muchos centro europeos medievales.

Cuando el proceso de Reconquista se consolidó durante el siglo XV, la victoria de los cristianos reinos españoles -Castilla, León y Navarra- no era algo muy unánime. Para muchos cristianos de Al Andalus que podían tener simpatía por los ejércitos cristianos, era obvio que la cultura árabe traía más ventajas políticas, económicas y prácticas que el ardoroso cristianismo norteño. El mercantil y mediterráneo reino cristiano de Aragón-Cataluña tampoco estaba muy convencido, pues la amplia y muy próspera comunidad judía temía el coletazo de la victoria católica: la imposición de la Inquisición.

Techo de la Mezquita de Córdoba

Techo de la Mezquita de Córdoba

Pero la Reconquista triunfó e hizo posible la unificación política y religiosa de las Españas. Por supuesto, 800 años no se borran de la memoria y del cuerpo de un día para otro y por eso aquellos que no huyeron o murieron durante las guerras, continuaron con sus vidas y sus costumbres andaluzas, mezcladas. Algunos desafiaron la orden monárquica de la conversión y siguieron practicando su fe clandestinamente. Otros, con discreción, llegaron a América y constituyeron los grupos de conquistadores, artesanos y colonos. Uno de estos cristianos criado en el ambiente andaluz, llegó a Tenochtitlán en 1.523, se rindió ante la belleza y el orden la ciudad mexica y se decidió a someterla; y para darle a su Majestad española una idea de la riqueza que veía, habló de mezquitas -no de iglesias- y de alfaquíes -no de sacerdotes. Hernán Cortés sometió al imperio mexica teniendo en los ojos y en la cabeza a Al Andalus ….. la presencia de estos mestizos ibéricos aún se ve en la fisonomía de muchos de nosotros, en las trazas coloniales de muchas de nuestras ciudades, en nuestra pasión por los dulces y en más de un nombre y palabra: Javier (Xavier), Manzur (Al Mansur), ojalá (insh Alláh -como dios lo quiera), alcázar, Arbeláez, la Virgen de la Candelaria (al parecer, coincidente con la fiesta judía de la luz)

El aljibe -o fuente- en el patio, una herencia morisca.

El aljibe -o fuente- en el patio, una herencia morisca.

Y así llegamos al aniversario que nos ocupa: 1.609-2.009. Hace 400 años, la homogenización de la sociedad española se hizo completa y el estereotipo tomó vuelo. El morisco sufrió la misma humillación que el judío y se convirtió en una caricatura ofensiva de un pasado que se debía olvidar para la gloria de la Corona española y de la Iglesia católica. Pero una cosa es el pasado que la política quiere borrar y otra, la memoria que sobrevive en los cuerpos y los hábitos y que permaneció, que llegó a nuestras tropicales latitudes y se mezcló con nuestros ancestros indígenas y africanos.

Así que yo propongo que no celebremos el día de la raza. Propongo que recordemos que las razas no existen, que nosotros los iberoamericanos llevamos las cuatro esquinas del mundo corriendo por las venas y que somos la síntesis más terrible y más bella. Propongo que recordemos este cuatricentenario para lamentar ese enorme malentendido entre el Occidente cristiano católico y el Oriente musulmán, pues al fin y al cabo, somos descendientes de esos siglos en los que tres culturas vivieron en amorosas, conflictivas y prolíficas relaciones.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Jalule
    Nov 07, 2009 @ 05:22:51

    “Propongo que recordemos que las razas no existen, que nosotros los iberoamericanos llevamos las cuatro esquinas del mundo corriendo por las venas y que somos la síntesis más terrible y más bella.”

    Mujer, si fueras red de oro, habrías ya atrapado los huracanes sobre los cuales los poetas cabalgan en mariposas para rendirle a la mañana su factura de pleitesías.

    ¡GRANDE ALEJA, MUY GRANDE!

    Esta es, sin duda, la palabra del Centenario más dulce que he leído. ¡Por favor, no dudes en hacerle una segunda parte! ¡Más música andaluza, por favor!

    Pongo este post en rotación el fin de semana. Besote por mejilla wapa….

    F.

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