“Aquí tenéis reloj, allá tenemos tiempo”

Con esta joya le respondió un tuareg al periodista catalán que lo entrevistaba.

Por obra y gracia de su voluntad, este joven hijo del desierto ganó una beca para estudiar en Francia. De coordinar la marcha de los camellos de su familia, pasó a tratar de caminar en los abigarrados espacios citadinos, donde el espacio es algo por lo que se lucha y es algo que se le arrebata al otro.

El tuareg y su fiel amigo, el camello.

El tuareg y su fiel amigo, el camello.

En su vasta tierra natal, donde las estrellas y el agua son la brújula y el minutero, este joven se hizo no sólo como hombre, sino como ser humano:

Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

¡Bienaventurado! hay que ver cómo nos desgastamos inútilmente por demostrar que somos, que somos por que tenemos, que somos por que podemos, que somos por que no podemos, que somos por que queremos y por que no queremos… tenemos que justificar una y otra vez y adoptar una que otra pose para hacernos creíbles.  Algunos entre nosotros han trascendido esa etapa, pero eso requiere entrenamiento; se trata de desarrollar una disciplina del desprendimiento que le ayuda a uno a poner cada cosa en su sitio, cada actividad en su momento de vivencia y cada apreciación en el valor justo.

Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡Se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa… En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

Es curioso cómo lo que a alguien le parece insufrible escasez, para otro puede ser la abundancia justa.  Y cómo la palabra tesoro puede tener infinidad de sentidos..  todos atesoramos cosas y momentos distintos, pero igual caemos en la idea colectiva de que lo valioso sólo cobija un conjunto de cosas o de experiencias… tenemos el descaro de pensar de que los demás tienen que compartir y aplicar nuestras ideas, pues si no lo hacen, no son dignos de confianza ni de nuestra estima, no merecen nuestro respeto… se atreven a ser diferentes a nosotros…

Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella… Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra… Aquí, por la noche, miráis la tele.


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