West Eastern Divan Orchestra: lo más improbable puede suceder.

Daniel Barenboim es uno de los pocos genios de la música clásica en los últimos tiempos que ha llegado a construir -no tener simplemente- una carrera respetada y exitosa. Sus interpretaciones al piano son legendarias, su desempeño como director de orquesta es magistral y su labor como maestro es… bueno, es invaluable.

A esto hay que sumarle su existencia como activista judío. Barenboim es judío, nació y pasó parte de su infancia en Argentina, se crió en Israel y ha pasado su juventud y madurez entre Europa y los Estados Unidos… un ciudadano del mundo. Por ende, su activismo es de un cuño muy diferente al común y es muy, pero muy subversivo y belicoso. Es un judío que no se victimiza y que analiza la situación de su pueblo y del Estado de Israel desde una perspectiva muy crítica, construida desde su experiencia y desde sus ideas sobre la historia, la política y claro, el arte.

Edward Said nació en Jerusalén, creció entre esta ciudad y El Cairo y se educó en los Estados Unidos. Fue uno de los historiadores y pensadores polémicos de las últimas décadas del siglo XX. Siempre se consideró un extranjero en Occidente, pero eso nunca le impidió analizar críticamente la compleja relación entre Oriente y Occidente. Su libro Orientalismo es un verdadero clásico de la historiografía, donde desde los estudios en literatura, Said plantea hipótesis sobre el complejo discurso que Occidente ha elaborado para acercarse a Oriente y poder comprenderlo/dominarlo. Sin embargo, esto no implicó que Said se victimizara como oriental. Sus dardos también iban dirigidos a la intrincada política del Estado palestino, de la Revolución Iraní, al socialismo libio, en fin, al caleidoscópico estado de cosas que se agitaban en Medio Oriente. Su visión crítica lo convirtió en una de las voces en el desierto, en un personaje políticamente incorrecto que se negaba a servir como acólito de los fundamentalismos orientales u occidentales.

A esta impresionante actividad intelectual y política de Said hay que sumarle su amor y fe en el arte, hechos evidentes en su conocimiento musical. Era excelente pianista aficionado y su libro Elaboraciones musicales dio muestra de su saber musical y del gran papel que le otorgaba a la música como espacio de representación intelectual y político. Para nadie es un secreto que la muerte de Edward Said dejó un profundo vacío….

Edward Said y Daniel Barenboim

Edward Said y Daniel Barenboim

El que dos mentes tan sagaces como Barenboim y Said se hubieran conocido y unido esfuerzos, es una de esas felices coincidencias. Desde su primer encuentro, el músico y el historiador hallaron muchos puntos en común, lo que les llevó a poner en marcha la fundación Barenboim-Said desde 2004 en Sevilla (España).  Tenía que ser Sevilla, ciudad que en la Edad Media simbolizó la convivencia entre las tres religiones-culturas monoteístas más importantes políticamente: el Cristianismo, el Islam y el Judaísmo.  Esta fundación tiene sólo tres principios rectores:

Promover el espíritu de paz, diálogo y reconciliación, fundamentalmente a través de la
música. En ese espíritu, será un referente esencial la historia de convivencia pacífica a
lo largo de los siglos en Andalucía entre las distintas culturas.
* Promover la acción formativa y educativa en el ámbito de la música, siempre con el
objetivo de la formación integral humanística.
* Elaborar, promover, ejecutar y difundir proyectos de formación y cooperación en
Andalucía, en Palestina y en otros países de Oriente Próximo.

Aquí la música y el conocimiento reinan, pero sobre todo, actúan. Esta filosofía del arte como medio para conocer y experimentar se hace evidente en la West Eastern Divan Orchestra, donde jóvenes del Oriente medio que nunca se han visto, que muchas veces se odian y se temen por crianza, terminan conviviendo, haciendo música juntos y conociéndose:

No se trata de un sueño de paz. Said y Barenboim lo han sabido siempre y ahora que Said ha muerto y Barenboim lidera el trabajo, ese principio de realidad sigue siendo el mismo. Se trata de crear un espacio para que todos sepan que se puede ser crítico sin ser excluyente, para que todos puedan tener un diálogo y conocerse. Barenboim lo ha dicho muchas veces: dialogar no significa estar de acuerdo con el otro, sino darle al otro la oportunidad de hablar y darse a sí mismo la oportunidad de escuchar y aprender. Para él esta es la lección más importante que puede dejar la orquesta del Diván y es algo que desea llevar a todos los que asisten a los conciertos. Para Barenboim es primordial ejercer el respeto y el derecho al diálogo como puentes para llegar a una solución al conflicto entre Palestina e Israel:

I am devastated every day when I see the situation [in the Middle East] worsening, and the reason it keeps going like this is that the great majority of Israelis do not feel any sense of responsibility for the Palestinian problem. They don’t feel that the creation of the state of Israel, inevitable though it was from the Jewish point of view, would equally inevitably create the Palestinian problem. We have to make amends. Until Israel is able to recognise this fact, there will be no dialogue.”

Esto no es un sueño de armonía. Es un trabajo desafiante y duro, persistente, en el que los que están involucrados arriesgan la comodidad de  sus prejuicios seguramente seducidos por la idea de aprender música con un gurú de la talla de Barenboim. Pero las ganancias son más cuantiosas, el aprendizaje no sólo musical, como nos lo narra este joven músico musulmán:

These are feelings you cannot talk about. I grew up with my Arab national heritage and the feeling of trying to fight against a conspiracy to separate the Arab countries in the Middle East. Going through this transformation and becoming non-religious, moderate, trying to understand Israeli suffering with the background I have, it’s like schizophrenia in your head. Your inner feelings and your bad memories fight against your rational thoughts. But then, going into a land that you think of as Palestine through an Israeli checkpoint to meet other Israelis to make music together with them for the freedom of Palestine – it’s simply too much to take in all at once.

En la Orquesta del Diván Oriente y Occidente, lo más improbable pasa. Es un espacio privilegiado para aprender y para hacer. Volver a casa, una casa inestable con estas lecciones de vida, debe ser el sentimiento más desafiante y emocionante del mundo…

The point of all this is that a new paradigm emerged for us and our students who were, it should go without saying, from differing and sometimes jarringly antagonistic backgrounds and whose interests, ambitions, histories, and commitments during the three weeks were suspended, as it were, in the interests of music. Music, I don’t need to insist on this too much, is a silent art: what and how it articulates in sound are totally independent of the world of ideas, concepts and words themselves. Yet also dependent on them in that those very things suspended by music’s enactment are paradoxically the very worldly circumstances that bring musicians together. But that opposition and symbiosis between music and the world, so to speak, proved amazingly fertile. – Edward Said.

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