Jaime Garzón… a 10 años de su muerte…

“…yo le cuento al país sus propias desgracias, les digo ¡los están explotando! ¡los están robando! y la gente se muere de la risa”.

“…yo le cuento al país sus propias desgracias, les digo ¡los están explotando! ¡los están robando! y la gente se muere de la risa”. Jaime Garzón.

Fue uno de los días más tristes en mi vida y en la de muchos.

Aunque siempre hubo ese temor de que le hicieran algo, uno siempre pensaba que tal vez no se atreverían. Uno sabía que Garzón era un hombre pertinente y necesario y por eso pensaba uno: no, imposible que le hagan algo… aunque casos se han visto… pero de pronto esta vez estamos de buenas y el hombre sigue.

Y no.

Esa mañana todo se hizo más lento y pesado, nadie podía creerlo y sin embargo todo el mundo lo había presentido. Ya se sabía que era mejor no hablar de ciertas cosas, pero Garzón ponía la válvula de escape y de razonamiento al hacer humor de un modo reflexivo y certero; gracias a Garzón se podía hablar de esas cosas… entre chiste y chiste el hombre soltaba la bomba. Y se sabía que muchos no se lo perdonaban… para muchos, reírse críticamente es el peor acto subversivo, pues demuestra que ya no hay miedo y que se tiene independencia. Y eso le cobraron a Garzón a punta de balazos: no tener miedo y ser independiente.

Con su finísimo olfato Garzón detectó la oleada neoconservadora que ahora sume a Colombia. Con vista de lince, vio venir las terribles consecuencias políticas para una sociedad sumida en el miedo, en la desidia, en el prejuicio: la venta de los derechos por soluciones fáciles. Tras el discurso del fortalecimiento del Estado -algo necesario en Colombia-, Garzón y muchos con él, detectaron la progresiva restricción de las libertades individuales. Ahora bien, la guerrilla tampoco se salvaba y con críticas certeras, salidas de su conocimiento de las dinámicas de ese movimiento, Garzón señalaba las contradicciones y fallas de la supuesta revolución que patrocina las Farc.

Garzón conocía bien el país que criticaba y por el que trabajaba desde el humor y desde su labor como miembro de diversas mesas de diálogo para la paz.  Se convirtió en un personaje políticamente incorrecto, pues podía describir de modo convincente por la excelencia de sus argumentos a todos los elementos que contribuían al desorden colombiano: la clase política, la clase media, los militares, el campesinado, la guerrilla, los narcos con sus traquetos… de ahí nadie salía vivo o limpio, todos ponían… todos ponemos:

Tan claro y contundente….

La falta que nos hace…

Yo, al menos, voy a celebrar su existencia hoy riéndome y llorando. Riéndome como ejercicio crítico y llorando por que me hace mucha falta, por que me da nostalgia y sentimentalismo.  Y a cada rato recuerdo y seguiré recordando su mejor lección, lo que aprendí de él: hay que reírse para tomar perspectiva y poder PENSAR, PENSAR, PENSAR  para ponerse a TRABAJAR, TRABAJAR Y TRABAJAR… 😉

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