Sufí.

En el reportaje anterior del  XIX Festival de Poesía surgió la palabra sufí para describir -o más bien, intentar describir, algunas de las calidades de la poesía de Fuad Rifka, uno de los poetas invitados. Asociadas a esta pobre descripción, presenté algunas características, como el encanto de Rifka por la secreta poesía de lo cotidiano y por la vibración sonora. A propósito de sonidos, las frases que acompañan el video de Prologue, de Loreena MacKennitt, en la cabecera de esta entrada, son del poeta sufí musulmán Rumi, una de las voces sabias más veneradas en la cultura sufí.

Es imposible definir la filosofía sufí. Muchos la llaman religión, pero eso es reducirla aún más. También es imposible dar coordenadas precisas sobre su génesis o sus espacios, pues al viajar con aquellos que la ejercieron -que la ejercen-  tomó las palabras y las ropas necesarias para hacerse oír, atenta al refrán “A la tierra que fueres, haz lo que vieres.” Así, las muchas máximas de la filosofía sufí hablan por la boca de los poetas, de los eruditos, de soldados y reyes, de mujeres y de hombres, de mendigos, de científicos y de artistas, pues cada realidad, aunque parezca tan distinta, en realidad tiene elementos que la conectan con las demás.

Miniatura persa del siglo XIX que muestra un encuentro de sufíes.

Miniatura persa del siglo XIX que muestra un encuentro de sufíes.

Una de las cosas que sí se puede decir con certeza sobre la vía sufí -ellos lo llaman el Camino-, es que hace un constante llamado a despertar la sensibilidad. Estimular la capacidad de percibir y de sentir es primordial para el sufí, pues todas la realidades son reflejos, pistas de ese Camino sagrado que todos los humanos estamos llamados a recorrer. No hay que sorprenderse entonces de la grata sorpresa que se llevó Rifka al estar en Medellín:

El poeta se declara “sorprendido” por la sensibilidad artística que ha podido apreciar en estos días entre el público que asiste al festival y que, a su juicio, se debe a que parte de la población colombiana aún no ha sido “dañada por la aproximación utilitaria a la vida” que se da en los países “altamente civilizados”

En el sufismo, despertar la sensibilidad es estar atento tanto a las cosas bellas de la vida como a sus dolores. No es refugiarse o huir, al contrario: es enfrentar cada momento, pues cada momento de gozo o de dolor hacen parte de ese trasegar que debe hacernos seres conscientes. En el sufismo también se valoran los estados de consciencia alterados, de ahí que mucha de la poesía sufí entone alabanzas al vino y a la danza, pero también el amor.  El Amor para el sufí es la energía tremenda, nunca estática que está en todos los seres y todas las cosas, que potencia todas las actividades y que está tras todas las lecciones de la vida. Los sufíes se definen a sí mismos como locos enamorados… pero nunca esclavos, como lo dice una de sus frases: el mundo es como una novia hermosa, digna de admiración, pero con la que no hay que casarse. Es decir, el mundo es bello, pero hay que dejarlo ir.

Amar el mundo y los aprendizajes que se hacen en él no debe conducirnos a una vida sojuzgada por los deleites del mundo… disfrutar no es rendirse y sentir la fuerza divina de la Creación no es renunciar a la razón. Suena contradictorio, pero en esa contradicción, el sufismo busca integrar los diversos aspectos de la existencia.

Sí, los sufíes tienen vieja data. Y así como han sido admirados por muchos, también han sido perseguidos y degradados. Hasta tienen santo mártir, un iluminado que en pleno éxtasis, se puso a gritar “¡Yo soy la Verdad!”, algo que constituía una herejía para la ortodoxia musulmana, pues Verdad es uno de los nombres sagrados de Alá. En tiempos más recientes, en Turquía, el gobierno intentó cerrar varios de sus centros de enseñanza y prohibió sus rituales… los sufíes sobrevivieron, como nos lo muestra la serena presencia de Fuad Rifka en nuestra pequeña ciudad que por unos días se dejó invadir de poesía, en grado suficiente para que un sufí nos comparta lo que ha aprendido en su camino.

Y a continuación, una pequeña muestra de los cantos y las danzas sagradas sufíes. Son los derviches de la orden Mevlana:

Como ven, es imposible definir el camino sufí. Por que, tal vez, es más cercano de lo que uno cree. Para terminar esta pequeña exploración, compartamos algo más de poesía: primero Fuad Rifka y luego Omar Khayyam, otra de las reverenciadas voces sufíes.

En las ciudades de los números

no hay nadie en la ventana

ni un cuerpo se apoya en otro.

Tan claro como el agua.  He aquí a Omar Khayyam:

Ah, mi Bienamado, llena la Copa que limpia el HOY

de Arrepentimientos pasados y Miedos futuros.

¿Mañana? Vaya, Mañana puedo ser Yo Mismo

con los Siete Mil Años del Ayer.

Esta queda de tarea… 😉

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Ramiro Cazco Oleas
    Ago 19, 2009 @ 20:25:26

    Gracias por brindarnos estas hermosuras, la sabiduría sufi guia el camino de cualquier hombre.

    Ramiro Cazco Oleas

    Responder

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