Lugares en la memoria

Todas las sociedades tienen sus modos de recordar. Marcar el espacio es uno de esos modos y es ya tan rutinario, que ni nos damos cuenta de todo el ejercicio político que implica el recuerdo cuando de ser un acto espontáneo pasa a ser algo planificado, con ceremonia de instauración incluida.

Ese tipo de recuerdo -el planificado- es el que hace parte de las políticas institucionales enfocadas en crear una base cultural que nos sirva a los ciudadanos de a pie para identificarnos y reclamar nuestra pertenencia a un grupo y a un espacio. Ese tipo de recuerdo es el que ayuda a establecer las estrategias y medios necesarios para marcar el espacio con señales específicas y así, refrescarnos la memoria diciéndonos por medio de una placa, una estatua, un parque, un edificio, un jardín, etc., que ahí fue donde todo lo que es hoy, tuvo su génesis.

1755 St. Charles St., New Orleans. Lo que queda de la fábrica de Andrew Higgins, quién produjo los vehículos anfibios que hicieron posible el desembarco en el Día D.

1755 St. Charles St., New Orleans. Lo que queda de la fábrica de Andrew Higgins, quién produjo los vehículos anfibios que hicieron posible el desembarco en el Día D.

Entonces uno se puede preguntar por qué esos espacios están marcados y otros no; por qué con esas marcas y no con otras; quién o quienes deciden el espacio, el momento, y la marca. Es que ese ejercicio de memoria no es tan inocente como el espontáneo, sino que responde a una actividad política que ha sido llamada por el historiador Eric Hobsbawm “La invención de la tradición”.  En este ejercicio creativo de transformar el recuerdo en algo institucional, constante y duradero, se eligen las cosas, personajes, eventos y espacios que merecen ser recordados. Ese merecimiento forma un criterio que ayuda a decidir lo que debe ir en esa memoria que todos debemos compartir y celebrar, esa memoria que debe formar fuertes vínculos sociales entre todos los ciudadanos.

Claro que hay que valorar todas esas marcas institucionales que construyen la Memoria -esa, la institucional-, pues nos dan puntos de partida para construir reflexiones. Pero no debemos subestimar el poder de la otra memoria, la que no es institucional, la que está en las cabezas de las gentes y que también construye fuertes vínculos emocionales que identifican el pasado, el presente y el futuro. En esa memoria, que está menos seleccionada y disciplinada, se ordenan recuerdos de todo tipo, recuerdos que tal vez a la Memoria institucional no le gusten y que por ende, no inlcuye; son esos recuerdos los que constituyen otro tipo de marcas, menos elegantes que placas, estatuas o parques, pero igual de potentes y reconocibles.

Esta memoria, que podríamos llamar “popular” -a falta de un mejor nombre- , asimila las experiencias importantes no por que sean negativas o positivas, sino por que pesan y definen; hay un antes y un después; no se pueden olvidar, aunque después salgan a la luz momentos más felices… y esas experiencias importantes forman mapas emocionales, históricos y materiales -sí, en el territorio y en las cosas- que no pueden subestimarse ni obviarse, pues tienen tremendo poder. Ese poder vinculante que muchas veces la Memoria Institucional quisiera reclamar como su propiedad exclusiva.

LA CASA DONDE MATARON A PABLO ESCOBAR. Fuente. Clarín

LA CASA DONDE MATARON A PABLO ESCOBAR. Fuente. Clarín

La imagen que está a la derecha de estas líneas es un ejemplo de esa memoria no institucional, que es tan persistente y tan vigente y que tiene tanto poder de vinculación, tanto impacto emocional. Y recuerden las noticias sobre los tours en los que se ofrece el recorrido por los lugares más emblemáticos de la terrible persecución a Pablo Escobar y Cía., que causó la masacre generacional más terrible de los últimos 30 años en Medellín… ese es un recuerdo que nos une, esta casa destartalada es uno de nuestros lugares en nuestra memoria… ¿Memoria institucional? lo dudo… ¿”memoria popular”? por supuesto que sí.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Jalule
    Jul 05, 2009 @ 22:28:50

    Muy, muy interesante.

    No solamente el planteamiento es necesario sino también el desarrollo de una pregunta: ¿cuál es nuestra participación en la memoria como personas no académicas?

    En mi caso aportaría que las memorias virtuales, los espacios digitales, con su endeblez y debilidad del mejor dueño/sueño, serán los espacios reales para generaciones posteriores al nacimiento de internet. Esta realidad, que debe ser afrontada manos al frente y ojos abiertos, será un poder sin par a menos de que empecemos a recuperar estrategias para en el mundo real poder marcar y narrar el origen de los espacios existentes.

    ¿Cómo se podría colonizar el mundo para 20 años de personas que ya están acostumbradas por terror y comodidad superficial a visitar el planeta desde la seguridad de su hogar, porque les es permitido?

    He ahí una buena pregunta.

    ;D

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