Las músicas colombianas

A muchos les puede parecer tonta la pregunta: ¿qué es música colombiana?

Las respuestas parecen obvias, las listas de autores y de obras no demoran en aparecer y claro, la discusión se prende… pero de eso es de lo que se trata, de que la discusión se prenda, pues la música colombiana no es un producto de fabricación en serie y tampoco es cosa de anticuario. Las corrientes que la definen se replantean a cada rato y las mezclas que la componen vuelven a agitarse para seguir dando sonidos inesperados…

Por eso no hay que sorprenderse si un compositor monumento como Jorge Villamil se sienta a hablar con un rockero “peludo” como Andrés Cepeda.

J.V.– A mí me parece que tú tienes tu estilo moderno y lo importante es que no pierdas la franja primigenia. En la música lo esencial es ser auténtico. A muchas de las figuras actuales no se les ve la franja primigenia.

A.C.– Maestro… ¿usted lo que quiere decir es que a uno como artista se le debe sentir la esencia?

J.V.– Claro… porque si tú te vas a meter con un pasillo rock, tienes que respetar la base porque si no es como hacer música de mentiras.

A.C.– Estoy de acuerdo con usted, para hacer fusión con algo, uno tiene que saber muy bien lo que está haciendo y si no se tiene el conocimiento es mejor no meterse en ese enredo.

Andrés Cepeda y Jorge Villamil.  Foto El Espectador

Andrés Cepeda y Jorge Villamil. Foto El Espectador


Dos modos distintos de hacer música, de entenderla, pero a la vez dos modos iguales de ser músicos. Puede que no toquen ni canten lo mismo, pero la distancia no es tan grande, como pensarían algunos.

J.V.– Yo, por ejemplo, componía silbando porque nunca aprendí a leer notas.

A.C.– ¿Entonces tenía a alguien que le transcribiera lo que usted decía y silbaba al lenguaje musical?

J.V.– Claro… había un maestro que me transcribía. ¿Tú sí sabes leer notas?

A.C.– Sí, maestro, yo tuve la inmensa fortuna de estudiar.

J.V.– Yo tengo en la cabeza una pieza sinfónica que se llama Valle de las tristezas y es la avanzada de España por el terreno del Tolima en el que se encuentran con los paeces y con los pijaos. Yo pensaba hacer esa composición con todas las de la ley pero ya no lo pude hacer.

A.C.– ¿Pero llegó a escribirla alguna vez?

J.V.– No… la tengo diseñada en la cabeza pero yo ya me muero con esa composición solamente para mí.

Ojalá que el maestro Villamil se anime a dictarle su obra a algún músico académico, para que no nos quedemos con las ganas de escucharla.

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