Hace tiempos: la clase media, ¿réquiem por un sueño?

Con el fin de la economía del bienestar y del liberalismo clásico, se ha ido entonando en las últimas décadas el responso por la clase media.

Esa clase media, llena de encantos burgueses, ha sido una figura central en la historia occidental desde hace 200 años. Se consolidó como el producto de la era de la Revolución Industrial, pues gran parte de la ética (disciplina+respeto+limpieza+eficiencia) de la empresa moderna hacía parte de los valores que debían enseñarse y aprenderse en la familia.

Claro, esta revolución de la producción también convirtió al hogar de la clase media en el espacio favorito para alardear de sus avances modernos, que convertían muchos procesos domésticos en destrezas técnicas: lavar la ropa con las primeras lavadoras automáticas, las primeras conservas enlatadas, la iluminación a gas…. y ni hablar de los muebles y el ajuar, otra gran producción en serie que uniformó los hogares clase media con las mismas sillas, cómodas, mesas, baúles, floreros, manteles, cortinas, etc. …

Todo ese mundo de minucias y comodidades -administrado por las mujeres burguesas, amas y esclavas del hogar- ha ido asociado a lo que se conoce como clase media, un estamento al que muchos le ven la hora final.

En un mundo globalizado, en el que hasta en el más mísero país siempre se puede encontrar a alguien con suficientes medios para darse un paseo espacial, sólo la preeminencia de la clase media distingue los Estados llamados desarrollados del resto. Los países dejan de ser pobres no por el puesto que ocupan sus millonarios en el ranking de los más ricos -de ser así, México o la India estarían a la cabeza del mundo dada la fortuna de sus potentados-, sino por la extensión de su clase media.

Como los dinosaurios, esta “clase social de tenderos” -como la calificaban despectivamente los aristócratas de principios de siglo XX- aún domina la sociedad, pero la actual recesión puede ser el meteorito que la borre de la faz de la Tierra. Siguiendo con la metáfora, el proceso no será instantáneo sino prolongado en el tiempo, pero inevitable.

La clase media: ¿la decadencia de un producto estrella de la cultura moderna occidental?

La clase media: ¿la decadencia de un producto estrella de la cultura moderna occidental?

Si eso es lo que estamos presenciando, entonces estamos en mitad de una tremenda reorganización sociopolítica y cultural, del tipo que se vivió durante el siglo XIX, cuando la pujante Revolución Industrial desestabilizó todos los lazos sociales que se consideraban sólidos -aquellos que la revolución francesa no había podido romper. En aquellos tiempos la sociedad se encontró ante el fuerte embate del pauperismo, es decir, la miseria masiva y extrema que los usuales mecanismos asistenciales no alcanzaban a paliar. Ese pauperismo venía de la mano con el aumento de la clase trabajadora, explotada y expropiada, que se consolidadaba como clase social y política. Semejante avalancha retaba la idea que asociaba el progreso técnico y económico a la felicidad total.

Al parecer estamos pasando por algo parecido, pues desde los años 60 del siglo pasado los valores de la clase media y de la fe en el progreso son duramente cuestionados. Ahora, con la recesión económica, esas dudas se hacen cada vez más duras, más pertinentes, pues los mecanismos que equiparaban la felicidad material a la felicidad existencial ya no son tan claros. La noción de éxito se ha ampliado y en ella se pueden hallar a personajes como Bill Gates (multimillonario) y Sor Teresa de Calcuta (la pobre misionera); igualmente pasa con la noción de fracaso, en la que pueden caber Diana de Gales (la hermosa princesa divorciada y bulímica) y Bernie Madoff (el malogrado financista).

No debe sorprendernos entonces que los valores familiares, de aparente solidez, estén demostrando toda su fragilidad… y que tanta gente se esté espantando y esté dispuesta a sacrificarlo todo por un poco de seguridad:

(…) La clase media era la accionista de financiación del Estado de bienestar, y su desaparición implica la crisis del welfare state, porque la clase de la masa ya no tiene interés en permitir impuestos elevados como contrapartida política que hay que conceder a la clase obrera, que también se ha visto en buena parte absorbida por la clase de la masa. La sociedad que surge es menos estable y, como denunciábamos, potencialmente más atraída por las alarmas políticas reaccionarias capaces de intercambiar mayor bienestar por menos democracia. También es una sociedad sin una clara identidad de valores compartidos, por lo tanto, es oportunista, consumista y sin proyectos a largo plazo …

El embrollo está servido y los peligros son inminentes.

Quino.

Quino.

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