Dosis de personalidad (III)

Aleluya, aleluya!!!!!!

Hemos hallado un colaborador, un cómplice, alguien que nos va a compartir sus ideas para construir dosis de personalidad que nos pongan en un trabajo de continua formación de nuestro ser.

Este cómplice es Juan Felipe, que hoy nos trae este mensaje:

VIOLENCIA SEXUAL: serpientes mordiéndose la cola.

Tal vez un tema desagradable para muchos, pero necesario para todos, es la existencia de la violencia sexual.
Muchos, confiados en el desarrollo de la historia registrada de su civilización de turno –sea Occidente u Oriente, negra o blanca, et al- la han relegado a una zona nebulosa, en la cual es necesaria de cierta forma para explicar el por qué de las cosas y los actos heroicos.
Otras y otros han intentado ponerlo en la orilla de los cimientos necesarios para mantener cierto
status quo, cierta forma de vida que sería muy desagradable si no existiese como tal: la comercialización de todo lo que nos rodea, nuestra naturaleza (que es la misma Naturaleza, somos uno) y nuestra composición.
Y finalmente también se ha llegado a un fenómeno curioso, en el cual todo lo que ocurre puede explicarse en términos de vas a tener sexo con X o con Y, todos quieren sexo de todos y todos quieren lo mejor sexualmente de su vecino, el fin justificando los medios.

Pero no van estas visiones a cosas básicas. ¿Por qué ocurre, qué efectos puede tener, qué genera y sobre todo, cómo se sella un ciclo de violencia sexual cuando ocurre?

No querer ver, ni oir, ni hablar del desgarramiento sexual que nos conforma, es una peligrosa forma de ignorancia.

No querer ver, ni oir, ni hablar del desgarramiento sexual que nos conforma, es una peligrosa forma de ignorancia.

Lo primero y lo más importante que debemos aprender al respecto para perderle el miedo y el morbo al tema, es que la violación es un acto que es real. Que es cercano. Y que afecta sobre todo nuestra propia libertad de responder en el ámbito sexual: una educación hija de la violencia sexual enseña a violar nuestras propias libertades en el tema, a reprimirnos por miedo. Si lo miramos de esta forma, podemos empezar a entender el porqué es tan importante el romper el silencio y empezar nosotros mismos a conquistar nuestra sexualidad, mediante el reconocimiento de nuestros impulsos, nuestros momentos, nuestras verdades.

En un país como Colombia, tenemos que arrancar por los inicios básicos en las relaciones para dejar de militarizar o militar implícitamente en un lado u otro y tal vez no haya asidero más importante para dejar el desgarro que lo sexual.
¿Cuántos de nosotros hemos tenido un pariente, lejano o cercano, con relaciones humanas densas, complicadas, dolorosas, que parece que nació con algún desperfecto o algo dañado dentro del alma? ¿Y que nadie puede llegarle al centro del asunto? ¿Sabemos si esto tiene relación alguna con abusos sexuales? ¿Con haberlos presenciado, o haberlos vivido, o haberlos practicado y ganar después referentes que le indican que ese acto estaba totalmente errado para el bienestar de otros…?

¿Qué tanto somos honestos con algo así?

Deberíamos hablar de las múltiples formas de violencia

Deberíamos hablar de las múltiples formas de violencia

Por experiencia personal es que el hombre aprende del medio y aprende a completar las partes que le faltan del medio. Y plantearse preguntas enfocados a la acción en el sexo nos da la libertad de preguntarnos algo: ¿cómo actuamos nosotros?
Se puede poner el tema un pedestal. El falo en un pedestal, el pubis es celestial. Claro. Pero entonces, si es tan encumbrado, el sexo no tiene raíces en lo que ocurre a nuestro alrededor y es importante esta forma de presentarlo porque nos va dando poco a poco lecciones de nuestro enajenamiento.
Hace poco en Colombia volvió a surgir el tema de la violencia sexual en tiempos de guerra. Acá tenemos lógica de guerreros, por ello somos tan malos amantes.
No me creo superior a nadie más al decirlo, no.
Es que somos malos amantes porque no somos capaces de realmente escuchar en silencio.
Y el que oye en silencio oye en un primer instante el desgarrado grito de miles de mujeres que se les ha negado ventaja alguna, porque son latinoamericanas, porque son eurodescendientes, porque son afrocolombianas, porque son extranjeras, porque son indígenas, porque todo este ser cultural no vale, porque son mujeres.
Y porque nadie ha comprendido y entendido lo que ellas quieren decir.
Con el paso del tiempo y suficiente silencio, se sorprenderá al darse cuenta, que su propia garganta está gritando lo que realmente piensa del tema y lo que le nace hacer con el mismo. Y entonces, empezará a cantar sobre ambos temas con confianza.

Pero los hombres también sufren diversos tipos de violencia sexual...

Pero los hombres también sufren diversos tipos de violencia sexual...

A los hombres nos puede tomar tiempo, a veces hasta diez años, el darnos cuenta de nuestra verdadera naturaleza sexual, del poder inmenso que llevamos adentro y de cómo juega con lo externo… y luego otros diez para practicarla correctamente, no desperdiciarla, atesorarla y volverla creativa. Y otros más para volverla reproductiva y gozosa, fecunda, próspera sin derroche y miedo. Magnificente. Hay un inicio y es da fuerzas, es aceptar, delinear que tenemos lógica sexual de guerreros, de seguir órdenes sin cuestionarlas para algún grupo nos preciamos todos; lo tenemos tan metido en el cráneo que no consideramos la posibilidad de saber qué siente la persona que está al lado.

A mí la verdad me da mucho pánico cuando una mujer que quiero trabaja fuera de un casco urbano.
¿Qué le puede pasar en una tierra tan dormida que en nombre del estrés, los militares buscan violar a las niñas de los barrios más pobres y si son rechazados exitosamente les dicen ‘los voy a acusar de guerrilleros’, versión en uniforme de ‘los voy a acusar con mi papá de que no me dieron chocolate’, sin que nadie le meta freno al tema? Me da pánico ver además la indiferencia de las personas, sobre todo de los hombres, a expandir su libertad y no ser unas máquinas de follar autómatas, esclavos siempre de sus deseos.
Y cuando caminas con esto dentro de tus bolsillos, con estos sentimientos y estas emociones y pensamientos, ves muchas justificaciones, pocas asimilaciones. ¿Violaron a alguien? No fue a mí. ¿Violaron a mi hermano, a mi madre, a mi prima? No fue a mí. ¿Hablan de violación? Ay, porque no cambiamos el tema, sigamos de rumba, un poco menos de intensidad, hablen bajo por favor…
¿qué puede haber más robótico que esto?

Cada uno en lo suyo, sin intentar dialogar con el otro...

Cada uno en lo suyo, sin intentar dialogar con el otro...


Entonces para ganar nuestra elección es que necesitamos libertad, libre albeldrío. Deshacernos de mitos.
Sobre todo, recuperar los espacios que la prostitución y la pornografía nos han quitado, que son los espacios de juego sin morbo, de jugar con nuestro cuerpo y no sentir miedo por una voz invisible que nos reproche el hacerlo: ‘está mal bailar, eres gay’, ‘está mal si te cuidas la piel’, ‘mucho ojo con no pisar fuerte, eso lo hacen los varones’ y muchas otras lianas similares.
Y hay otra talanquera en la cual nos entrenan es la de la respuesta autómata grupal: qué tal que todos hicieran lo mismo.
Mas en este caso, para nada es posible que todos seamos iguales en ello, standard. Eso sería ser automáticos. Y estoy hablando de dejar de serlo desde la libertad sexual, de dejar de ver a las niñas y a las mujeres como coños que tienen que estar en
nuestra disposición, sino aprender a interactuarlos y admitir que francamente nos inspiran es miedo, alegría y un poco de reverencia -todo al mismo tiempo-; tomando en cuenta las dimensiones tiempo y espacio, podrá cualquier lector detenerse cinco segundos y admitirlo: que sea igual este proceso en todos los hombres, es imposible. Aunque si recorre un proceso similar para todos, porque cuando nos liberamos, liberamos dos puntas simultáneamente: nuestra experiencia de niños sexuales, que nos ayuda a tratar a los niños con benevolencia y amor sincero que no tiene semillas de violación; nuestra experiencia con las mujeres, que desbarata todo impulso a olvidarse del tema y enquistarse en el dolor de no ser comprendidas disfrazado de empuje y valentía y nos lleva a neutralizar el veneno que genera ser tratado ciudadano de quinta clase por autómatas del deseo.

Hay mejores modos de comunicación, más enriquecedores...

Hay mejores modos de comunicación, más enriquecedores...

Esto ocurre. No es antinatural.
Ah, y entonces se tensa adecuadamente la cuerda y podemos seguir con una melodía adecuada. Podemos experimentar y elegir nuevos momentos.
¿Cuántas neurosis y revoluciones no sonarían mejores si arrancaran por esta parte de nuestra alma?

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