Hace tiempos: la familia

Las discusiones sobre la familia parecen desenvolverse más sobre lo que muchos desean que sea, que sobre lo que ha sido.

La variedad de experiencias con la familia debería alertarnos sobre la multiplicidad de ese conjunto de personas y sobre la diversidad de criterios que funcionan como cohesión, criterios suficientemente fuertes para que uno los considere parientes. Pero al parecer nadie se da por enterado de la infinidad de combinaciones que la categoría “familia” puede designar.

De ahí que muchos piensen que eso de papá-mamá-hijos sea lo usual… cuando la realidad es otra. Una familia puede estar hecha hasta de dos papás y dos mamás, o sino pregúntenles a los hijos de padres divorciados y vueltos casar, cosa que en Colombia era, hasta hace algunas décadas, un horror… O puede estar hecha de una mamá, abuelos, tíos y ni sombra de papá, como en las familias de mamás solteras .. o con sólo el recuerdo de papá, como cuando éste fallece… o hasta sin mamá… en fin, la realidad es que la familia colombiana ha tenido cambios y variedad desde hace rato.

Ha llegado a incluir las familias con padres homosexuales, aunque a los conservadores ni les guste pensar en que eso de ser homosexual y criar hijos pueda ser compatible. Y como en Colombia, país conservador, tenemos instituciones conservadoras que prefieren el orden ideal a la realidad de la diversidad, las familias con padres homosexuales también deberán luchar por su derecho a ser familias “normales”:

Ordóñez se ciñe literalmente al artículo 42 de la Constitución, en el que se dice que la familia está constituida por “la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla”. Tomada al pie de la letra, la Constitución implica que una pareja de homosexuales que conviven en el tiempo no puede ser considerada una familia. Y como sólo las familias tienen derecho a la adopción, a los homosexuales les está prohibido.Los análisis de la socióloga Ligia Echeverri, alumna aventajada de la precursora en los estudios sobre la familia, Virginia Gutiérrez de Pineda, dan fe de las rápidas transformaciones en el seno del denominado “núcleo fundamental de la sociedad”. Existen en el país familias legales que se hicieron en el matrimonio católico o civil; familias de hecho —en las que no media el matrimonio— conformadas por concubinatos, madres solteras y uniones libres; así como familias nucleares completas e incompletas.

El cambio es algo que asusta a los conservadores, básicamente por que no pueden  evitarlo ni mucho menos controlarlo. Usualmente el cambio se ha mantenido subterráneo, como algo que pasa en gente que “no es normal”, que “no es como nosotros”. Con ese discurso se ubica el cambio en un territorio seguro, es decir, lejos de lo familiar donde no puede alterar nuestra visión del mundo. Cuando el Procurador Ordoñez y compañía tildan a los homosexuales y a las feministas de anormales, antivida, antisociales, animales, etc. los ubican en un lugar que a muchos les gusta: lejos de la “buena sociedad” donde “nada pasa”.. es decir, donde nada se comenta, donde “nada” -es decir, lo cambiante-, logra el estatus de legitimidad necesario para que se hable y se admita.  Con esa actitud, cualquier debate va perder seriedad y va a ser un riesgo por los argumentos expuestos:

El debate sobre la conveniencia de la adopción de parejas del mismo sexo es sin duda controversial, no sólo aquí sino en el mundo entero. Pero ese debate debe darse abiertamente, al margen de las enseñanzas religiosas o las creencias particulares de nuestros dirigentes, cualesquiera que ellas sean. Eso es lo que corresponde a una sociedad laica y moderna.

Foto familiar: un abuelo, su hija y sus nietos. Fotógrafo: Melitón Rodríguez.

Foto familiar: un abuelo, su hija y sus nietos. Fotógrafo: Melitón Rodríguez.

Y en una sociedad laica y moderna se deben escuchar los dos lados del debate y cuestionarlos hasta el cansancio, si es necesario. La adopción y crianza de niños por parejas homosexuales ya ha sido investigada y debatida en varios países europeos y los pros y los contras se siguen discutiendo con la ayuda de expertos, no sólo con las ideas o sentimientos moderados o histéricos que se puedan tener al respecto.

A favor de las familias con padres gay, están estos argumentos:

El respeto a los demás y la tolerancia” es uno de los valores centrales de la educación en estas familias, caracterizadas además por “niveles altos de afecto y comunicación y niveles generalmente bajos de conflicto”.

(…)

Según esta profesora de Psicología evolutiva de la educación, en la Universidad de Sevilla, “la clave se encuentra en la dinámica de relaciones dentro del seno familiar, en el compromiso con el desarrollo y crecimiento del niño. Se trata, por tanto, de la calidad de vida más que de la estructura familiar.

Una familia gay en la revista The Advocate.

Una familia gay en la revista The Advocate.

Además otras investigaciones han demostrado que los niños criados por padres gay aprenden el respeto a la diferencia de los otros, algo fundamental en la apreciación de los derechos civiles de cualquier sociedad; esto está relacionado con el nivel cultural y profesional de los padres gay, usualmente alto. También se ha demostrado que, económicamente, estos hogares están formados por adultos que están en mayor disposición de proveer bien a sus hijos.

Claro, los argumentos en contra también merecen ser escuchados:

“Yo lo que deseo para un niño es que tenga un padre y una madre. Para su identificación y la maduración de su personalidad necesita un modelo femenino y masculino, no un modelo de género sino también de sexo, diferenciado anatómica y psíquicamente”, añade de forma contundente Paulino Castells, doctor en medicina y psiquiatra experto en temas de familia

(…)

“El homosexual tiene una identidad lábil. Quiere un relación en espejo, busca una continuidad de sí mismo. Y eso es lo peor para el desarrollo de un niño, para que pueda crecer como persona armónica e independiente”.

¿El homosexual tiene una identidad lábil? eso, por ejemplo, es otro elemento que debe discutirse cuando se trata de criar hijos.

Pero creo que estaremos de acuerdo en que tanto la crianza por padres heterosexuales como homosexuales debe tener el mismo nivel de discusión.

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