Un paso adelante, dos saltos atrás: el aborto en Colombia.

Los colombianos liberales estuvimos con los ojos anegados en llanto, gritando de horror y aguantando el aliento cuando se discutía sobre quién iba a asumir como Procurador General de la Nación. Ante la figura siniestra y ultraconservadora de Alejandro Ordoñez, que había realizado una gran campaña para lograr este cargo, no cabía hacer otra cosa que rezar… pero nada conmovió a los poderes que son: Ordoñez asumió como Procurador y así empezó el retroceso en las pocas libertades que se habían logrado.

Al ser ultraconservador, entre las primeras medidas que ha entorpecido está la ejecución de la despenalización del aborto en tres casos: violación, incesto o grave riesgo para la madre:

Una vez elegido, el Procurador sacó el conejo del sombrero: nombró a Ilva Myriam Hoyos, reconocida jurista conservadora y declarada enemiga del aborto, como Procuradora Delegada para la Infancia, la Adolescencia y la Familia. El problema, claro, es que entre las obligaciones de la doctora Hoyos está velar porque los funcionarios públicos cumplan con el fallo del aborto que tanto repudian.

Cuando salió el fallo despenalizando el aborto en esos casos, se abrió una luz de esperanza para muchas mujeres. También se comenzó un debate entre aquellos “pro-decisión” y los “anti-aborto”, en la que se esgrimieron numerosos argumentos. Lo central es que en esta discusión no se alcanzó a definir bien el arma legal de “objeción de conciencia”, y muchas instituciones y profesionales de la salud no cumplieron con el fallo aduciendo este argumento. Con las dificultades puestas por el procurador, acceder a este derecho se ha vuelto mucho más difícil y muchas mujeres están en peligro…

Aquí es donde el asunto deja de ser una pelea entre abogados y se convierte en una tragedia social. Porque, como lo mostró hace poco la prestigiosa revista médica The Lancet, la sentencia se ha quedado en el papel y las mujeres siguen teniendo que arriesgar su vida en centros clandestinos para interrumpir el embarazo. Las cifras son contundentes: en los tres años de vigencia del fallo, se han practicado sólo cerca de 3.000 abortos seguros en los eventos permitidos por la Corte, mientras que los abortos clandestinos (legales e ilegales) están entre 320.000 y 450.000.

Mónica Roa, abogada colombiana líder de la despenalización del aborto.

Mónica Roa, abogada colombiana líder de la despenalización del aborto.

Entorpecer y esforzarse para que este derecho femenino a decidir sobre la reproducción no se cumpla, es un atentado a la integridad física de las mujeres. En un país como Colombia, donde las mujeres son botín de guerra y arma de combate al ser violadas y abusadas, imponer la procreación de niños hechos a la fuerza es un atentado a la vida, sí, no sólo de las mujeres sino también a la de los niños que pueden ser víctimas de enfermedades congénitas -de nuevo, en un país con servicios de salud deficientes-, o lo que es peor: víctimas de desamor. Y los niños saben cuando son odiados, cuando son despreciados… y las consecuencias son terribles.

El aborto no es ningún fenómeno en Colombia. Ya se han hecho estudios en los que historiadores y antropólogos han mostrado cifras que indican que el aborto y el infanticidio eran métodos de anticoncepción muy usados; las razones para esto eran múltiples: la miseria, el abandono, el cuidado de la honra, la venganza… pero las más predominantes eran la miseria y el cuidado de la honra. En estos casos los peritazgos dejaban en claro que el bebé concebido y abortado/asesinado había sido fruto de violación, de abuso de poder o de ingenuidad de las muchachas.

Los métodos abortivos, así como los anticonceptivos, pertenecían al amplio mundo de la medicina popular: “bebidas calientes”, “yerbas”… recetas familiares pasadas entre mujeres que sabían que no todos los niños vienen con un pan bajo el brazo. Eso implicaba que las usuarias de estas fórmulas tuvieran problemas de salud e incluso sufrieran envenenamientos y fuertes hemorragias que podían matarlas.

Al parecer, se quiere perpetuar este estado de cosas. Al parecer, a muchos de los que le parece inmoral una mujer que opta por el aborto, no les parece inmoral un niño abandonado, terriblemente enfermo o marcado por la falta de amor y del abandono.

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