La foto: Freddy Higuera, “Canon”.

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La teoría queer.

Yo no había escuchado hablar de ella, pero ahora que me entero me parece muy interesante. Como las teorías sobre el género -es decir, las teorías sobre el género sexual y la sociabilidad que implica-, se debate entre la acción individual y la acción del colectivo sobre el individuo…. pero eso es un debate de nunca acabar.

En el amplio mundo de la discusión sobre el género, la teoría queer también cuestiona la validez de las categorías universales “masculino” y “femenino”, “homosexual” y “heterosexual”, arguyendo que estas categorías esconden una amplia diversidad de relaciones sexuales y eróticas que obedece a su vez  a la amplia diversidad cultural.  Además, estas categorías “universales” esconden una realidad social: la multiplicidad de la sexualidad humana… y que conste que Freud ya había hablado de eso hace muuuuuuchoooo raaaatoooo…..

La antropóloga Margaret Mead, una de los precursores de la teoría queer.

Los estudios sobre el género han sido muy productivos durante este siglo. Por medio de ellos se busca analizar el disciplinamiento que se ha hecho de la sexualidad y el erotismo para garantizar permanencias biológicas y sociales.  Todo este disciplinamiento ha tenido profundas consecuencias para la sociedad occidental -sólo por mencionar a una mitad del mundo-, pues los modelos de familia, de relación de pareja, de relación filial y de relación generacional han sido configurados por la imposición jurídica y política de las categorías “universales” que la teoría queer cuestiona.

La lucha por los derechos fundamentales de las “comunidades” gay y transgenero se haya emparentada a este tipo de estudio, pues el hecho de salir de la clandestinidad y reclamar la ciudadanía implica para el individuo que no se inscribe en la categoría universal reclamar su derecho a la normalidad… al parecer, eso de ser “normal” es todo un privilegio político…

Sebastián Romero, edil de Chapinero -Bogotá, Colombia. (foto de la revista Cambio)

Sebastián Romero, edil de Chapinero -Bogotá, Colombia. (foto de la revista Cambio)

La revista Cambio nos da un repaso muy bueno sobre los progresos que la comunidad gay y transgenero en Colombia ha conquistado para poder ejercer sus derechos civiles fundamentales; o sea, para ser normal:

C-075/07. Derechos patrimoniales.
C-336/07. Afiliación a salud como beneficiario de compañero permanente  homosexual.
C-811/08. Sustitución pensional del compañero permanente del mismo sexo.
C-798/08. Deber  y derecho de alimentos entre compañeros y compañeras permanentes del mismo  sexo.
T-856/07. Afiliación de la  pareja del mismo sexo a sistema de salud.
T-856/07. Seguridad social a las parejas gay.
C-029 de 2009. Más de 28 leyes demandadas para reconocer otros derechos políticos, cívicos y patrimoniales a parejas del mismo sexo.

La foto: Anie Leibowitz, Mikhaíl Baryshnikov, Rob Besserer.

Dos bailarines en la playa….

Vanessa Mae & Vivaldi techno


El derecho a vivir.

Es una lástima que se tenga que hablar de “diversidad” y de “tolerancia” para que la condición humana pueda vivir en paz.

Es una lástima que se tenga que hacer del homosexual un otro tan lejano para darnos cuenta de que está vivo y que como todos nosotros, tiene derecho a las grandes y pequeñas cosas que puede hacer en su vida. Como  vivir y amar…

En un país como Colombia, donde los derechos se consideran privilegios y por ende muchos entienden que una entidad trascendente es la única que puede darlos -Dios o el Estado-, la vida del que se forja sus propios valores civiles puede ser muy azarosa y llena de peligros. Por eso es bueno ver que algunos legisladores buscan hacer efectivo, verdaderamente efectivo, el cuento de que todos tenemos derecho a la vida y que debe ser respetado:

Por “delitos de odio” sería condenado quien asesine a un gay en Colombia.

Lo anterior busca un cambio en el Código Penal para que las penas contempladas en esa normatividad se dupliquen.

Yo no soy de las que reza mucho, pero ruego al Altísimo para que aprueben este maravilloso proyecto de ley. Aquí, donde la muerte es un poder que se ejerce arbitrariamente en vez de ser una eventualidad, es justo y necesario apoyar estas iniciativas y velar por que se vuelvan realidades.

“La persecución de la cual son víctimas los LGBT, a través de los mismos panfletos que aparecieron en los últimos días, ha hecho que el Congreso sea reflexivo frente a la situación de este grupo minoritario”

Dosis de personalidad

En muchos países el consumo personal de drogas es algo legal. En esas sociedades nadie se creería con derecho a prohibirle a alguien el uso y el abuso de psicoactivos, así el consumidor se torne en adicto y por lo tanto deseche su potencial humano en una esclavitud terrible pero a cuyos efectos no puede renunciar, pues los “necesita”. Si el Estado quisiera reprimir o condicionar el consumo -adictivo o recreacional- de sustancias a sus ciudadanos, las manifestaciones a favor de los derechos individuales a la felicidad y al libre desarrollo de la individualidad no se harían esperar.

Aquí en Colombia, Tercer Mundo, las libertades individuales básicas son para muchos sinónimo de privilegios. Por eso cada vez que en nuestra angelical legislación aparece una ley que admite la humanidad de los ciudadanos colombianos, todos los liberales nos alegramos sinceramente, pues eso significa que al fin nos están concediendo la adultez como ciudadanos. Eso sucedió con la autorización de la dosis personal, que garantizó a muchos consumidores recreacionales el respeto de sus derechos. Ahora resulta que, con la evidencia del gran fracaso de la lucha contra las drogas, la dosis personal quiere ser prohibida y a cada consumidor, adicto o recreacional, se le quiere aplicar un tratamiento médico contra su voluntad.

Por el derecho a ser.

Por el derecho a ser.

Por supuesto que muchos nos manifestamos contra semejante despropósito, de modo personal y colectivo. En Facebook ya se armó el grupo y la discusión está al rojo vivo, pues se trata de efercer los derechos básicos a cabalidad y de que los respeten a cabalidad.  La constante prohibición al consumo de drogas, arropada en discursos éticos, médicos y políticos, sigue sirviendo de escondite a un fructífero comercio ilegal que se alimenta de algo que rara vez tiene cura: la profunda insatisfacción existencial. Claro, ese es un tema que levanta ampolla  y muy pocos están dispuestos a discutirlo con seriedad, admitiendo las diversas facetas que tiene; la pelea por el derecho a cualquier dosis personal, es una pelea que puede ser impopular, tergiversada, pero que hay que emprender:

La mayoría de los participantes eran estudiantes o recién graduados de colegios y universidades, cumplieron la cita y se agolparon en uno de los costados de la estatua del Libertador Simón Bolívar levantando en sus manos objetos a los cuales, según ellos, son ‘adictos’: CDS,  películas, libros y cámaras de fotografía, entre otros.

Solo unos  pocos se atrevieron a exponer los ‘porros’ con marihuana armados en papel de arroz o de cigarrillo.

Sólo unos pocos salen, pues la represión brutal no se hace esperar. Para muchos, el consumidor adicto, habitual u ocasional de drogas es una criatura peligrosa, que debe ser erradicada; y se amparan en el bien común para aplicar su arbitrario sentido de la justicia; de ellos vienen las amenazas, los graffitis y panfletos que anuncian con tono imperativo que la “limpieza” se hará “caiga quien caiga”… y tienen el descaro de disculparse si cae gente de bien…

Pero ¿qué hay detrás de esta ansiedad por el control? ¿por qué es tan peligroso un individuo que decide perderse por unas horas, o que opta por la adicción? desde la psiquiatría nos llegan respuestas:

Empiezo por un interrogante: ¿Por qué prohibirla? La respuesta está en la historia y no nace por una prohibición de la medicina ni por la salud sino por la religión. Es una locura religiosa. Las prohibiciones originales en la historia se hicieron por la comida. Los judíos y los musulmanes, por ejemplo, no pueden comer carne de cerdo. Una decisión que corresponde a  una expresión simbólica de sumisión a Dios. Hay que sacrificar algo, hay que rendirse ante algo para demostrar como se ama a Dios.  Hoy, se hace lo mismo para demostrar que se ama al Estado. No hay racionalidad en estas prohibiciones.

Aquí hay una enorme dosis de razón e inteligencia. Las prohibiciones se hacen para demostrar que se tiene un poder sobre alguien y algo. Por eso a los niños se les prohíbe que se urguen la nariz, que hagan pipí en público, que brinquen en los muebles, que torturen al perro, que le hablen a alguien… supuestamente eso simboliza el control que es capaz de ejercer el sujeto de la prohibición para seguir perteneciendo a la comunidad. En esta línea de pensamiento, el niño dejará de urgarse la nariz, no hará pipí frente a las visitas ni brincará en los muebles para lograr la admisión a su familia, al vínculo de parentesco con su mamá y su papá, que hacen del amor un gran condicional al aplicar estas prohibiciones.  Si seguimos por aquí, podemos comprender la prohibición a la dosis personal como el gran condicionante que pone el Estado para seguir considerándonos como elementos legítimos de la comunidad que pretende defender; papá Estado nos amará, garantizará nuestros derechos, si obedecemos ciegamente a sus requerimientos y abandonamos ciertas conductas que son profundas manifestaciones de nuestra personalidad….

Claro, la discusión no es tan sencilla y no se pueden buscar culpas absolutas en cualquiera de los dos lados de la ecuación -Estado o consumidores-. Pero el debate no debe ser aplacado.

En armonía.

Este tipo de cosas ya no debería ser noticia. Pero el que vivamos en un mundo tan fragmentado, en el que las personas buscan su individualismo más que su propio ser y por lo tanto pierden las conexiones con las personas y demás criaturas que los rodean, en este tipo de mundo, estas noticias nos recuerdan que sí es posible construir un lazo duradero en el que las palabras no son necesarias:

Los científicos explican que el cerebro interactúa con el mundo a través de acciones que se hacen concretas a través de procesos motores y sensoriales y buena parte de ellas implican la sincronización de dos o más individuos.

Por ello, el equipo investigó la importancia funcional de la actividad cerebral de los individuos mientras llevaban a cabo tareas que requieren sincronización. Los investigadores estudiaron, mediante encefalografía, la actividad eléctrica de los cerebros de ocho pares de guitarristas mientras tocaban una melodía de jazz-fusión.

El músico, de Caravaggio

El músico, de Caravaggio

Cada pareja tocó la canción sesenta veces mientras los científicos medían, gracias a electrodos situados en el cuero cabelludo de los músicos, sus ondas cerebrales.

De esta manera descubrieron que cuando los guitarristas tocan juntos no sólo coordinan sus instrumentos de forma simultánea, también sus ondas cerebrales se sincronizan.

Por eso la gran mayoría de la gente sigue acudiendo a la música para lograr una conexión duradera. No sólo los que tocan, también los que ven y oyen la música en un concierto pueden sentir esa “cosita”, ese lazo que por unos momentos convierte la vida en el mejor de los universos posibles.

Si no me creen, o no recuerdan algo parecido, aquí les traigo algunos ejemplos: el primero es un concierto del cantante escocés Dougie Maclean; la canción se llama Singing Land

Y más cercano a nosotros: el concierto Paz sin fronteras, con Juanes, Carlos Vives, Miguel Bosé y otros invitados, que nos recordó lo juntos que estamos:

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