¿Para qué sirve la belleza?

Según Kant, la belleza no tiene objetivo, no tiene meta. Es desinteresada. Con una idea tan abstracta de la belleza, no debe sorprendernos que Kant se concentrara más en las obras de arte que en la belleza del mundo, de las personas. Pero la historia tal vez está en desacuerdo con Kant, pues la belleza, especialmente la femenina, ha tenido varios objetivos que mantienen unas constantes y que a la vez cambian con la época.

Historiadores como Norbert Elias y Georges Vigarello han explicado como la belleza femenina ha actuado como instrumento de poder al reflejar el poder masculino y como la belleza humana es un conjunto de técnicas y de disciplinas que pueden ser terribles y que exigen dedicación. Los historiadores del arte también han analizado mucho la belleza femenina como algo que ha atormentado e inspirado muchísimas creaciones, tanto sublimes como perturbadoras.

Pero las técnicas de belleza femenina, con su objetivo práctico tan evidente, pueden tener una gran profundidad, como lo narra la estilista Deborah Rodriguez, quien estuvo en Afganistán.

Hay un lugar público en donde las mujeres de Afganistán dejan atrás sus burkas azules y sueltan sus melenas. Es un lugar al que ningún hombre entra, ni aun cuando la puerta esté abierta. Si lo hiciera podría merecer la muerte.   Hay un lugar en Kabul, la capital del país en donde gobernaban los talibanes y que a finales de 2001 fue tomado por las fuerzas de la OTAN, en el que todo se inunda de hálitos femeninos, perfumes, desenfrenos y conversaciones íntimas: la peluquería.

Y para muchas mujeres la peluquería es eso, un cálido y perfumado confesionario donde no sólo se dejan consentir, sino donde pueden conversar y debatir problemas propios y ajenos para conocer mejor a los demás, y claro, a ellas mismas.  Se podría decir que al aprender sobre sus cuerpos, gracias a las peluqueras y manicuristas, a la vez aprenden sobre sí mismas…. pero en Afganistán hay otro añadido a la cuestión:

“En mi salón de belleza había voces femeninas, risas. Me pregunté si sería esa la verdadera razón por la que los talibanes se habían opuesto a los salones. No porque las mujeres al salir de allí parecieran prostitutas o porque los salones fueran tapaderas de burdeles, sino porque proporcionaban a las mujeres un espacio propio donde se sentían libres del control de los hombres”

Tal vez eso lo comparten las occidentales, asiduas a las peluquerías y que encuentran en ellas una libertad de expresión que no sienten en sus casas, donde las labores cotidianas las absorben… pero no solo las amas de casa, también las profesionales hallan en estos locales espacios de libertad donde su femenidad es celebrada, no algo que tal vez se tenga que cuidar de los jefes o colegas.

Entonces, la belleza puede servir para confirmarnos, para buscarnos un espacio en medio del mundanal ruido, para celebrar nuestra libertad.

Burka o la belleza oculta...

Burka o la belleza oculta...

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