Orquesta Filarmónica de Qatar

¿Y a nosotros qué nos importa? por que, aparte de ser una noticia curiosa, en serio: ¿qué nos importa?

Bueno, sí nos importa. Por que aunque nos las demos de cultos y avanzados, seguimos siendo una sociedad cuasi occidentalizada. Es cierto que hemos aplicado muchas ideas y mecanismos de la sociedad occidental, pero con nuestras particularidades culturales, eso no nos garantiza la occidentalización plena. Y no es que me esté quejando, sino que quiero llamar la atención a algo que usualmente se olvida en medio del entusiasmo por “modernizar”:  que importar las cosas no significa hacerlas nuestras… el “hacer nuestro” es otro proceso, más complejo y rico, que toma medios inusitados.

Tal vez mirar hacia otro lado nos de un reflejo, nos haga meditar. A veces eso es bueno, de ahí salen ejercicios positivos. Por eso traigo a colación esta noticia que apareció en el Washington Post sobre una presentación musical de la Orquesta Filarmónica de Qatar.

For centuries, orchestras have represented something of a paradox in terms of national identity. The basic idea is that to boost your local profile, you recruit all the great international musicians that you can. That tradition continues in 21st-century Qatar.

Sí, es una tradición. Y en los países de cultura árabe también ha existido la tradición de los grupos musicales amplios, aunque allí no se les llame orquestas y su instrumentación sea distinta. Ahora, no pienso que un país no occidental no deba tener instituciones occidentales; claro que puede tenerlas, y en un mundo que ha sido configurado por la expansión de la cultura occidental, es inevitable que las tenga. Pero, ¿cuál es el sentido que estas instituciones, como una orquesta filarmónica, pueden tomar? ¿quién decide eso y cómo lo decide?

Marcel Khalifé, the Lebanese oud player and composer whose superstardom in Arab countries has not reached the consciousness of most American audiences (…) is also the Qatar Philharmonic’s music director, a title that seems to indicate not a conductor but the person who determines the group’s musical direction. There is a good amount of determining necessary, and not all of it appears to have been done. On the one hand, the orchestra is setting out to be a first-rate ensemble in a Western tradition; on the other, it seeks to promote Arab music.

Entonces, partiendo de este ejemplo, la mezcla de medios y objetivos es necesaria, otra cosa inevitable, aunque implique una contradicción. Aquí la cosa empieza a desarrollar espinas, pues se trata de un transplante que requiere una aclimatación cuidadosa. Es decir, no creo que se deban esperar frutos buenos tan temprano, teniendo en cuenta que se trata una situación tan novedosa: una herramienta occidental para presentar una realidad oriental que está hecha con otros elementos, según el columnista lo explica:

The hitch is that traditional Arab music is written for other kinds of instruments and even other tunings. It’s an obstacle that Khalifé attempted to surmount by juxtaposing the five-member ensemble known as a takht, the basic building block of Arab music, with the forces of the full orchestra in the opening piece, “Arabian Concerto” (which he composed for the orchestra’s inaugural performance).

¿Ven a lo que me refiero? no es que sea malo tener una orquesta, sino que en terreno no occidental, eso no funciona tan derechito y el medio toma otros caminos y termina por producir otras cosas, como lo vuelve a decir el columnista:

As a symbol, the piece worked fine, giving the Arab instruments (including the lute-like oud and the reed flute called a ney) a place of prominence and setting them in dialogue with their Western counterparts. As music, it was less interesting. The emphasis was on contrasting different sounds rather than making the sounds do anything interesting themselves. The orchestra essentially served as an innocuous backdrop, offering Western translations of phrases introduced by the Arab instruments, rubbing away the distinct timbres and colorings until they were smoothed into an anodyne vernacular. Rather than a journey, this was more akin to a series of snapshots in a travel brochure.

Un símbolo incompleto, pues al parecer su efecto es muy limitado, sobre todo teniendo en cuenta a la parte de la audiencia que puede catalogar esto como un orientalismo facilón…  aquí va la pieza de la que hablan en el Washington Post, el primer fragmento:

Pero como en todo proceso de mezcla -o hibridación, si se quiere-, así como hay cosas que no cuadran bien, hay otras que sí cuadran y se convierten en un terreno fértil: en el mismo concierto se presentó una pieza para tabla (un tipo de tambor) y orquesta, que recuerda a la forma occidental del concierto. Y hubo chispa… encanto…

Así que, no es suficiente con importar lo occidental y esperar a que se realice el milagrito. Hay que ponerlo a trabajar y estar dispuestos a fallar, pues la planta no va a producir lo mismo que produciría en su suelo nativo… y la nueva fruta debe ser bienvenida con cariño, no juzgada como un engendro del mal, como algo incompleto.

Y este el segundo fragmento del Arabic concerto, de Marcel Khalifé

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