Hace tiempos: El exterminio de los awá

Los awá

Los awá

Desde hace algunos días en Colombia, la situación de los awá se ha hecho dolorosamente visible… personalmente dudo que se trate de algo nuevo, pero ahora la situación parece haber llegado a términos insostenibles, debido a la crueldad de los hechos. La revista Cambio reportó el 14 de Febrero:

El 9 de febrero, cinco días después de que el frente 29 de las Farc asesinara a 17 indígenas awá del resguardo Telembí-Totugaña, en Barbacoas, Nariño, el único sobreviviente logró contactar, mediante un radioteléfono, a las autoridades de su comunidad en Pasto. “Recogieron a 20 personas y las amarraron -relató a uno de sus compañeros del cabildo-. Se las llevaron cerca a una quebrada en El Hojal y allá las mataron a cuchillo. Al otro día volvieron por los niños y no se sabe nada más”.

Su testimonio es la única pista que tienen las autoridades sobre lo que ocurrió el 4 de febrero en el resguardo awá. “No sé si alguien quedó vivo, había mujeres y dos niños a los que acusaron de ayudar al Ejército -contó el sobreviviente-. Mucha gente corrió a esconderse en la selva, pero otra está a merced de que le pase algo malo”.

“Nos pusieron contra la pared, muchos de los nuestros fueron reclutados forzadamente y obligados a cultivar la coca”

La comunidad awá, la segunda más grande de Nariño, está distribuida en resguardos en Ricaurte, Samaniego y Barbacoas, una zona que hoy es considerada el nuevo corazón de la coca. De ahí la lucha de los grupos ilegales por el control de la región y el riesgo de que esta etnia sea exterminada.

Naciones Unidas advirtió: “Esta situación constituye una grave violación de sus derechos individuales y colectivos y una grave infracción al Derecho Internacional Humanitario”.

No es la primera vez que un organismo internacional advierte sobre la terrible situación de vulnerabilidad que experimenta una comunidad aborígen. Desde hace décadas se conoce el estado de abandono y de fragilidad en el que viven estas personas, estado que para muchos resulta conveniente, pues el alejamiento que estas sociedades tienen respecto a las instituciones gubernamentales y no gubernamentales, las convierte en ambientes propicios para todo tipo de delito y explotación. Todos se han aprovechado de estas zonas fronterizas, donde las leyes tienen un peculiar modo de funcionar y no funcionar, donde casi cada grupo tiene sus reglas, donde hay que negociarlo todo o soportarlo todo, como lo expresan Enrique Rivas y Santiago La Rotta en el diario El Espectador:

Despues de haber resistido los embates de la Colonia, la explotación del caucho, las guerras de casi dos siglos de vida republicana, el conflicto actual y la inoperancia de un Estado demasiado ocupado disparando, algunos de ellos están cerca de la desaparición. (…) En medio de todo fueron llegando al país las empresas trans nacionales, principalmente mineras y de hidrocarburos. Entonces, la pelea no fue sólo con el conflicto y las enfermedades, sino con el rostro anónimo de una corporación queexplota en Colombia, pero responde en Londres o Washington.

La situación, repito, no es nueva. No nace del malvado capitalismo neoliberal, sino que es una herencia de 500 años de paternalismo. Me explico: desde el encontronazo con Occidente -eso no fue descubrimiento- , las naciones indígenas han sido parte del programa civilizador occidental; se ha legislado para ellas, diciéndoles donde deben vivir, qué deben comer, cómo deben vestir, cuál idioma deben hablar, en cuál dios creer, por dónde pueden moverse, en qué pueden trabajar y cómo deben organizarse para que así Occidente se sienta cómodo y pueda “cuidar”de ellos.  Muy pocas veces se ha dado una negociación de parte y parte… en tiempos coloniales, en algunas zonas de nuestro continente, algunas comunidades lograron adaptarse a la presencia blanca, pero el resto sufrió el trauma de tener que convivir con una sociedad que no aceptaba muchas diferencias; la negociación para ellos se convirtió en una conversión rara, como la que se sugiere para las naciones que estaban bajo el dominio inca y luego pasaron al español colonial: fueron incaizadas a la española; sus términos, sus palabras, sus conceptos, fueron equiparados a los españoles, cambiando totalmente de sentido y trastornando la realidad indígena para siempre.

Muchos nativos se adaptaron, otros más murieron, otros se desplazaron hacia donde los blancos no los hallasen. Así, la dinámica entre estas poblaciones tuvo un cambio constante, pero la administración blanca apenas si se ha percatado de ello; para las instituciones occidentales, las comunidades aborígenes son indios, todos igualitos, sin diferencia los unos de los otros y ahora, bajo el idealismo republicano, igualitos a nosotros, los mestizos-mulatos blanqueados. Tras 500 años, el desconocimiento y la falta de reconocimiento de las diferencias de nuestras naciones indígenas, a los que se suma el paternalismo conveniente y el racismo, sigue produciendo los mismos estragos que denuncian Rivas y La Rotta en El Espectador:

Disfrazadas de buenas intenciones, las acciones del Estado hacia los indígenas se han hundido en el asistencialismo. “No hay una atención diferencial que vaya direccionada específicamente hacia los pueblos indígenas…”

La ciudadanía para los indígenas sigue siendo letra muerta. Es como si el trato de vasallos no se hubiera ido con el mandato colonial durante el siglo 19… y hay que recordar las propuestas eugenésicas de muchos políticos de esa época, que abogaban por la lenta desaparición de los aborígenes para el bien de la república…

.. de este modo se llega a la triste frase que corona el artículo de los periodistas ya mencionados, pronunciada por un cacique de la comunidad bora: “Nosotros ya no pedimos que nos dejen vivir en paz, sino que nos dejen morir en paz.” Tal vez es el único derecho que les queda por pelear, el de morir como quieran; hace 500 lo hicieron, cuando muchos prefirieron el suicidio, la lenta muerte por melancolía o alcoholismo, o la exposición a la viruela; al menos podían decidir como irse de un mundo que no tenía un lugar para ellos…

Es terrible comprobar que 500 años después, con todo lo que se dice de derechos humanos, no podamos aceptar la legitimidad de seres diferentes a nosotros y tan cercanos…

"De blanco e india, sale mestizo"

"De blanco e india, sale mestizo"


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