Hace tiempos: racismo en Colombia

Esta entrada comienza con una obra de arte, por gracia del colectivo Blanco Porcelana [visite la obra interactiva aquí].

Blanco Porcelana, uno de los posters de la   obra

Y luego continúa con una denuncia hecha en el blog La Silla Vacía en la que refieren cómo esta instalación artística ha sido objeto de una tutela, puesta por familiares de la artista, que se sienten vulneradas en su buen nombre… digo “vulneradas”, por que se trata de las tías de la artista. Y ese es uno de los lados del asunto.

Entonces: no hace falta continuar esta entrada diciendo que la artista simplemente está comentando algo que todos sabemos, que el racismo en Colombia existe. Todos estamos un poco cansados de saber que el racismo en Colombia es cosa de todos los días, pero de tanto decirlo y “saberlo”, en realidad lo pasamos por alto. De tanto señalarlo en las acciones y palabras de otros, en los casos que parecen traídos de una película sobre el sur gringo, se nos olvida lo que esta artista nos está presentando: que el racismo es una de nuestras estructuras sociales cotidianas, que lo llevamos en la sangre, como llevamos nuestra diversidad genética producto de la mezcla de tres razas (y eso que digo tres por simplificar, nada más… acuérdense que los españoles eran bien mezcladitos cuando llegaron por estos lares…)

La pieza central de esta obra son las frases que delatan nuestro racismo cotidiano; seguramente frases que la artista oyó en boca de sus tías y su mamá y seguramente, frases que todos hemos oído en bocas familiares… frases que, sin pensarlo, repetimos. Y el hecho de que las repitamos sin pensarlo, demuestra lo impregnada de racismo que está nuestra cultura colombiana. Los señalamientos a características étnicas que desde tiempos coloniales se han tomado como “desafortunados”, son uno de los rasgos  que se han mantenido en nuestra cultura, que durante la transición hacia un sistema democrático, no logró minimizar las barreras socioeconómicas que se asociaban a la cuestión racial; nuestro racismo está apuntalado entonces por un fuerte arrivismo económico: nadie quiere “ser negro” o “indio”, por que en el fondo, eso también significa ser “pobre”… y ser “pobre” significa no sólo no tener medios financieros, significa también estar a merced de otros para vivir, tener que soportar leyes injustas, no poder ejercer el libre albedrío en el mundo social.

Nuestro racismo cotidiano refuerza este prejuicio como un conjunto de frases, de comportamientos y actitudes que buscan no sólo señalar al “más oscurito”, sino negar cualquier parecido o relación con ese elemento social que se considera indigno; entonces vamos desde alaciarnos y teñirnos el cabello hasta los lentes de contacto de color claro y si con la cuestión física no alcanza, entonces vamos a la ostentación de aquello que usualmente reconocemos como pertenecientes a aquellos que detentan “el porte”: ropa, lenguaje corporal, actividades de ocio, lugares de vivienda y otros consumos que se asocian como pertenecientes a gente “con clase”… claro, la reacción de la gente “con clase” , no se hace esperar: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, para darle a entender al recién llegado que su ascenso social podrá mostrar todos los signos materiales de su redención, pero que su “esencia” (su verdadera piel, su verdadero cuerpo), sigue perteneciendo a ese mundo oscuro y pobre del que salió.

Y eso que no voy a hablar del contra-racismo, o racismo a la inversa: cuando el discriminado, a su vez, discrimina a su discriminador… eso requiere otra entrada en el blog.

El lado de la cuestión que mencioné al principio de este comentario, se refiere al hecho de que sean las familiares mujeres de la artista, las que hayan puesto la tutela. Las mujeres seguimos siendo las guardianas de los valores y la moral, a pesar de las alternativas que el feminismo ha puesto ante nosotras; ya ven entonces que no me parece lo máximo el que las mujeres sigamos replicando y promoviendo valores que no permiten la consolidación de una sociedad más incluyente… Y no se trata de falta de educación en muchos casos; seguramente las tías de la artista salieron graduadas de excelentes instituciones educativas y muchos de nosotros, los espectadores de la obra de arte, hemos ido a la Universidad; se trata de que casi siempre, nuestras instituciones educativas y educadores repiten los prejuicios sociales y no presentan -al menos de manera eficiente- la alternativa: unos valores democráticos y respetuosos. 

Las tías de la artista, como la gran mayoría de las mujeres colombianas, fueron objeto de una educación conservadora. Yo leo su reacción ante la obra como otro fruto de esa educación: el horror de pensar que la gente las va a considerar unas racistas. Pero en eso no se diferencian de los demás colombianos, incluso de aquellos que denunciamos la discriminación racial y que también somos hijos de una cultura racista. Ahí a ellas se les escapa que la artista no está diciendo que sólo sus tías son racistas; también está diciendo que ella, la artista, es racista; que los curadores de las galerías de arte son racistas; que otros artistas son racistas; que nosotros, los que vemos y experimentamos su obra, y nos escandalizamos con las frases de tono racista que nos muestra, somos racistas.

Entonces, para concluir esta entrada, me parece que esta obra de arte es poderosa por que saca de lo cotidiano algo que nos estructura como sociedad y que seguimos dando como estructura social a las nuevas generaciones: el racismo. Me gusta que haya sido entutelada, me parece que la acción judicial es una contribución a su poderoso efecto estético, pues pone en mayor relieve la hipocresía que manejamos ante nuestra conservadora sociedad colombiana – pero aclaro que no me gusta ver censura en el mundo del arte; en este caso, la censura ha cumplido una de las máximas de Oscar Wilde: “cuando me halagan, sé que lo he hecho bien; pero si me insultan, sé que he tocado las estrellas”. 

 

Sólo cuando me río: depende de la que mira…

- Pobrecita, todo cubierto menos los ojos.. qué cultura tan machista!! - Pobrecita, todo descubierto menos los ojos... qué cultura tan machista!!

- Todo cubierto menos los ojos!!! Qué cultura tan cruel y tan machista!!!

- Todo descubierto, menos los ojos!!! Qué cultura tan cruel y tan machista!!!

Hace tiempos: Una aventura en el Archivo de Prensa…

Pocas personas saben que en el cuarto piso de la Biblioteca de la Ciudad Universitaria en la Universidad de Antioquia, existe uno de los mejores archivos de prensa del país. Claro, no es un lugar muy concurrido por el gran público, pues rara vez la gente en general tiene la necesidad de desenterrar viejas noticias de años pasados. Para los que trabajamos con archivos, para los que escarbamos entre las letras de imprenta mudas, el archivo es un hogar, es un laberinto lleno de aventuras.

Biblioteca de la Universidad de Antioquia, Medellín (Ant.)

Una de esas aventuras me ocurrió en estas semanas, trabajando en ese Archivo de Prensa, donde reposan las ambiciones impresas de los primeros periodistas colombianos, así como las arriesgadas investigaciones de los profesionales reporteros de los últimos tiempos.

Esta aventura tuvo una triste coincidencia: mientras yo escudriñaba un número del periódico El Espectador, de Medellín, del año 1899, el archivo se fue llenando de mujeres jóvenes y maduras, todas ávidas de un tipo específico de noticias: la presencia de grupos paramilitares en ciertas zonas de Medellín a principios de los años 90, así como la publicación de notas donde anunciaban la aparición de cadáveres y fosas comunes en esos mismos años.

Una de las viejas ediciones del periódico El Espectador, en sus comienzos, en Medellín. En 1915, el periódico se trasladó a Bogotá.

Muchas recordaban la fecha donde aparecían las notas que más les interesaban. Otras recordaban las fotos que ilustraban la página donde estaba la noticia que buscaban. Otras buscaban sus agujas en ese pajar de páginas de prensa, cada vez más grande, pues al no recordar la fecha exacta, tenían que armarse de paciencia para buscar en cajas y más cajas de prensa guardada y celosamente cuidada por los auxiliares del archivo.  Muchas no sabían cómo debían solicitar lo que buscaban, y sobre todo, no sabían cómo pedir una copia del pedacito de papel que les ayudaría a argumentar sus casos; por ende, los dos auxiliares jefes se vieron copados de actividad, pues sólo ellos pueden sacar fotografías de los periódicos con los cuidados necesarios, para evitar la destrucción prematura del ejemplar.

Las filas para pedir una foto, los nervios, la angustia y hasta la frustración eran los mayores componentes de la atmósfera del archivo en esos momentos. El archivo, usualmente tan pacífico y callado, se había convertido en un hormiguero. Las afortunadas que encontraban su noticia sonreían con la tranquilidad de haber hallado el argumento que necesitaban para contextualizar sus muertos y argumentarlos en un tribunal. Como es usual entre las mujeres, la conversación sobre la situación en común no tardó en surgir… es un buen modo de compartir la premura y darse ánimos; las preguntas “cuándo lo/la mataron?” “dónde lo/la mataron?” “dónde lo/la encontraron?” eran frecuentes; a éstas se unían “Y tiene más hijos?” o con más precisión, ante la presencia de pequeños acompañantes: “Este es su nieto/a, hijo/a?”  Claro, también llegaron las sonrisas de celebración junto a un “bendito sea Dios, qué bueno que encontró la noticia!!” o un más preciso “Claro que iba a encontrar, si por esas fechas los paras mandaban por allá!!”

Toda esta actividad frenética por encontrar rastro de lo que ellas ya sabían, se tomó el archivo ese día.. se lo ha tomado por varios días…

Mientras tanto, yo leía mis rollos de prensa microfilmada. En el diario liberal El Espectador, en los números de 1899, el editor y varios corresponsales denunciaban las persecuciones políticas que el gobierno ultraconservador, bajo la bandera de la Regeneración, ejercía contra los liberales. El editor -Fidel Cano- y sus corresponsales denunciaban el ambiente de inseguridad y de creciente temor, pues la guerra se veía como algo inevitable; en el periódico también se denunciaba la progesiva pérdida de libertades republicanas y la penuria económica que asolaba a la nación. Entonces, llegué al último número de 1899 y me levanté a buscar el rollo del año 1900. Pero el siguiente rollo comienza en 1903… claro, pensé: la Guerra de los Mil Días, que llenó de terror al país, que desangró regiones, que aniquiló la incipiente economía colombiana y que dio el marco para la secesión de Panamá, comenzó a finales de 1899 y terminó a finales de 1902. Esa guerra dejó en claro cómo la contienda política volvía a tomar la dinámica de aniquilar al otro que tiene ideas diferentes. Por medio de los sufrimientos de la Guerra de los Mil Días, se construyeron recuerdos que aún constituyen las identidades regionales de nuestro país: la goda Antioquia (en la que muchos liberales antioqueños lucharon y sufrieron y sobrevivieron), la Costa liberal, las guerrillas liberales y conservadoras del Valle, del Huila… todos colombianos asesinados y expropiados por el absolutismo de las ideas, ideas vueltas bandera para encubrir venganzas personales en muchos casos… para encubrir masacres, violaciones, asesinatos selectivos, robos hechos en nombre del partido, del pueblo, de la Iglesia… y claro, en nombre de la nación y de su bienestar.

Ejércitos liberales al comienzo de la Guerra de los Mil Días.

Entonces, recordando lo que sé de la Guerra de los Mil Días, y con las conversaciones de estas mujeres en mis oídos,  recomencé mi lectura en el año 1903… don Fidel Cano volvía a la imprenta, prometiendo continuidad e imparcialidad. Claro, las noticias tristes no tardaban en aparecer en el rollo de microfilm: más penuria económica (venta de casas, de muebles, ruegos por trabajo), peticiones de noticias de los esposos que se fueron a la guerra y cuyas esposas aún esperaban sin saber si eran viudas o si debían esperar a un inválido -o loco..- y las tristes nuevas del fallecimiento de muchos, víctimas de la guerra, de los que apenas se sabía una vez restablecida la regularidad de las comunicaciones por telegrama. La rabia por la pérdida de Panamá coronaba este panorama periodístico..

Y mientras yo me levantaba de mi silla para estirar un poco las piernas y buscar mi rollo de microfilm, escuchaba cómo entre estas mujeres que buscan noticias sobre un dolor que ya conocen muy bien, surgían frases parecidas a las que Fidel Cano y varios de sus corresponsales escribían hace poco más de cien años. Escuchaba lamentos que, de tanto leer en los archivos y los libros, se vuelven dolorosamente comunes.

Estas mujeres no lo saben y no lo sospechan, pero su búsqueda y lo que yo leo en el viejo diario El Espectador, tienen mucho en común. Y no me causa alegría darme cuenta de esto. Por qué vivimos en un país en que hay que argumentar nuestros muertos, para que se les reconozca la dignidad de ser admitidos por sus victimarios? Acaso podemos sentirnos orgullosos de que las frases de un editor de periódico de hace 100 años tengan eco en la voz de mujeres que ni saben que existió, ad portas del siglo XXI?

Y lo más doloroso: ¿Por qué insistimos en olvidar, en no recordar ni apropiarnos de nuestras memorias, sino que las relegamos a un archivo, donde pocos las ven y donde muchos se olvidan de su existencia? ¿En realidad es más fácil olvidar y señalar impunemente al otro como causa de los problemas, sin hacer un acto de remembranza liberador? un acto de memoria en el que podamos decir nosotros, todos nosotros, somos víctimas y victimarios, hemos inflingido dolor y lo hemos recibido y lo hemos repetido al señalar al otro y no ponernos en su piel.

A propósito, si desean visitar el Archivo de Prensa de la Biblioteca de la Universidad de Antioquia, pueden ir de Lunes a Sábado entre 8 de la mañana y 6 de la tarde, 3 de la tarde los Sábados… luego les contaré de otros archivos, igual de retadores.

Nuestro cuerpo = Nuestro mundo

No se trata de una poetización más del tema. Sin embargo, el lenguaje poético es absolutamente necesario, pues aunque las sensaciones físicas pueden ser traducidas en las expresiones cuantificables de las ciencias exactas, la empatía que generan sólo puede hacerse comprensible por medio de la poesía.

No se trata de una descripción new age del asunto. Pero es muy difícil -sino imposible- pensar en una relación física con el mundo sin tener en cuenta el poderoso efecto de lo físico en nuestras ideas y nuestras más instintivas percepciones sobre nosotros mismos y lo que nos rodea.

Por esto, la charla de Eve Ensler para TED trasciende lo usualmente poético aunque parte de una sensibilidad muy fuerte y poética para percibir los cambios.  En esta charla, Ensler nos explica cómo el mundo no está separado de nosotros y cómo nosotros, en realidad, no estamos separados del mundo… es que simplemente, la mayoría de las veces, tenemos que viajar por otros mundos -como el de la razón humana- para volver a casa y habitarnos.. habitar el mundo:

Hace tiempos: tierra

Buscando cosas interesantes para leer, me topé con este excelente artículo en Razón Pública donde se nos invita a reflexionar sobre un problema en la historia de Colombia que se ha convertido en un tabú: la tenencia de la tierra.

La cuestión de la propiedad de la tierra es uno de los núcleos más antiguos de nuestra problemática social. Durante los tiempos coloniales, el ser propietario no sólo denotaba un poder social sino que también hacía la diferencia entre morirse de hambre o subsistir. Cuando llegó la república, la propiedad fue uno de los requisitos para ser ciudadano, algo que contradecía los principios democráticos que habían fundamentado el republicanismo que explicaba la legitimidad de las repúblicas en la soberanía del pueblo; como en la pobre y desintegrada Colombia decimonónica no todos eran propietarios, entonces la ciudadanía -con sus derechos y deberes políticos- terminó siendo el distintivo de unos cuantos.

A estos problemas debemos añadir la tradición que pone al terrateniente en la posición de “señor” al que se le deben lealtades y favores. Aún los campos colombianos están marcados por esta dinámica social, que concentra el ascendiente social/político en manos de unos gamonales con los que el resto del campesinado se siente endeudado. La contracara de esta situación, es la constante precariedad en la que vive el campesino, quien vive entre el olvido de la nación y la explotación y expropiación que caracterizan a nuestros conflictos bélicos. La cuestión, obviamente, es mucho más compleja de lo que yo alcanzo a describir. Pero el hecho de que los poderes del Estado-Nación se hallen cimentados en una gran contradicción (el que la soberanía no sea del pueblo ni se refleje en el pueblo, sino que sea de aquellos que coordinan los recursos de la nación y se refleje en ellos), hace relevantes estos puntos de reflexión propuestos por el autor:

  • Los factores estructurales en materia de tenencia y uso del suelo.
  • La organización, la formación, el empoderamiento y la movilización de los campesinos.
  • El marco o contexto de avance político y económico democrático.

Esta plataforma es suscinta, pero bastante rica en relaciones. Nos invita a poner sobre la mesa debates que se han convertido incómodos en la sociedad colombiana, pues el sólo hecho de mencionar el tema nos lleva a temas de gran sensibilidad, como la perenne violencia que se originó en nuestras sociedades rurales y que ha marcado la modernización del país. Tenemos que admitir que la atmósfera de jerarquía social y explotación que ha constituido nuestra sociedad, ha sido una de las fuerzas más constantes en nuestros procesos de modernización, por ejemplo, en los desarrollos urbanos… yo sé que la palabra “explotación” suena a vocabulario pseudo izquierdoso, pero en realidad cubre unas realidades sociales que requieren laaaaaaarga explicación.

 

¿Cómo enfrentar un problema que nos cuesta vidas humanas?

 

Otro de los puntos de interés que trae el artículo, es este resumen de “leyes” que explican la dificultad de establecer un proceso de reforma agraria:

 

  • Ley del paliativo o del bombero: consiste en aplicar medidas que solo alivian la situación, sin llegar a su esencia.
  • Ley del colonialismo intelectual: se buscan las fórmulas paliativas en otra parte, en los países dominantes o en organismos que no perciben las realidades locales.
  • Ley de la decantación utópica: a las fórmulas de supuestas soluciones se las vacía de los elementos que puedan afectar el orden económico y político prevaleciente.
  • Ley del mimetismo modernista: se producen acciones aparentemente innovadoras que confieren un halo o fachada de modernización a las pautas tradicionales de dominación o explotación.
  • Ley del control social y económico capitalista: se entrega la ejecución de los cambios o reformas a hombres-claves para que controlen los efectos de la innovación y finalmente nada cambie

Tenemos entonces un serio problema que no podemos ocultar… es cierto que hace parte de nuestra tradiciones y que deseamos olvidarlo o peor aún, cubrirlo con un aura de romanticismo bucólico, que nos evitaría el reflexionar seriamente en lo que nos concierne, pues nos toca a todos… no es fácil admitir que nuestra indiferencia afecta y contribuye al sufrimiento de tantos. Y además, no es fácil admitir que la población que no vive con nuestros parámetros urbanos también es gente y merecen respeto en sus proyectos de vida.

“Los colores de la montaña”: Colombia en el cine.

Los colombianos tenemos que admitir que tenemos una sensibilidad extrema para tratar nuestro régimen interno de violencia. Es algo que nos ha marcado tanto, por tanto tiempo, que hablar de él en el extrajero es casi como un imperativo. De ahí que las actitudes que se sienten en las palabras de los colombianos que están por fuera, por diversas razones, transiten desde la promoción del país hasta el lamento continuo. Las actitudes críticas y balanceadas son muy pocas, pues por lo general implican ir más allá de los estereotipos -propios y ajenos- de lo que puede significar ser colombiano; tener una actitud paciente ante el propio shock cultural y ante la curiosidad del extranjero con el que se convive implica admitir preguntas incómodas, admitir idiosincracias sin lógica y admitir tanto la ignorancia como la vergüenza ante el conflicto que nos ha hecho víctimas, victimarios y desertores.

Por eso cuando una película como Los colores de la montaña llega a una cartelera de cine europea, es mucho lo que hay que explicar y el trabajo de introspección se vuelve una tarea necesaria para construir una mirada sobre la película y sobre lo que cuenta.

No voy a negar que lloré cuando la ví. Pero las lágrimas no eran únicamente de empatía, eran de dolor y de rabia al saber que cualquier coincidencia era la pura realidad. A Carlos Arbeláez, el director, le cabe la alabanza de saber narrar algo tan terrible con tanta elegancia y sencillez; al usar los ojos de los niños, no cayó en el recurso fácil de la infantilización sino que supo aprovechar las poderosas actuaciones de los chicos para transmitir la perplejidad y el pánico que los colombianos sentimos y escondemos. Cuando pudo usar de la violencia más gráfica, prefirió recurrir a las estrategias más sutiles para dar a entender no sólo el horror de la violencia como ejercicio de poder, sino también el miedo que a veces se vuelve omnipotente y que es tan asesino como las balas o como las minas quiebrapatas.

El paisaje y el acento son reconocibles -y para un paisa, la sensación de orgullo mezclado con dolor es de las más terribles. En el imponente escenario de los Andes tropicales antioqueños, lleno de verdor y de fertilidad, con esas montañas que desafían la suspensión vehicular más afinada y que sacan esa fortaleza de caminante curtido que tenemos enredada en nuestra cultura, la historia de Manuel, su balón de fútbol y los amiguitos con los que juega, se hace más contrastante. Al final, los tres emprenden el viaje más triste, el que ha caracterizado las vidas de todos los colombianos en las últimas décadas. Ni siquiera necesitamos una descripción en los créditos. ¿Para qué llover sobre mojado?

Esta es una gran película. Siempre he pensado que el arte más noble es aquel que nos hace pensar, el que nos hace sentir lo que hemos entumecido a punta de entretenimiento. A muchos colombianos no les gustará por el tema, por su dureza… pero eso es lo de menos: esta película es para vernos, como en el espejo, y preguntarnos si nos da miedo o vergüenza lo que vemos.

Tejido social rítmico y sonoro en Medellín

Es muy fácil ver con compasión y con desconfianza a estos jóvenes tan valientes, pero también es lo más injusto. Ellos han sobrevivido una guerra urbana terrible, han visto caer a muchos de los suyos y sin embargo, siguen en pie. Y caminan fuerte, decididos, llevando el compás y la rima.

Y no se trata sólo de la ignorancia de la comuna internacional. Los otros medellinenses, los que muchas veces vemos los toros desde la barrera, no hemos conocido ni admitido este formidable movimiento social nacido en las calles de nuestra ciudad y surgido de la cotidianidad -terrible- de gran parte de nuestra sociedad. Es tan fresco, tan rebelde y tan honesto, que choca con sus letras y con el poder que le ha dado a estos jóvenes, porque son los jóvenes los que han asumido esta misión, esta tremenda posición de decir NO NOS VAN A MATAR, NO NOS VAMOS A DEJAR MATAR.

Y cantando, rimando, mezclando, bailando, van diciendo que están vivos, que respiran y que son mucho más que el estereotipo que les colgamos con actitud arrogante. Estos muchachos son héroes, están salvando a muchos de los suyos en un acto de poesía y de ritmo, de música, que en realidad no tiene fronteras.

Claro, se han ganado enemigos por elegir vivir en vez de morir. Y la negligencia y la discriminación social tampoco les ayuda.  Ya hay varias víctimas… pero ellos continuan y aunque no podamos ayudarlos directamente, al menos, podemos escucharlos y sentir con ellos algo que no hemos querido pensar: cómo nosotros, como ciudad y como sociedad, perdimos el norte y lo que nos unía.

En Medellín hay ritmos y sonidos que te dicen que hay mucho más para ver, oír y sentir...

Nuestro hogar, nosotros

Es que parece que no lo entendemos… es que es muy difícil de entender que en el Universo no eres sólo tú, eres tú y tus relaciones con todo y todos los que te rodean… es muy difícil de comprender, duele y no es un proceso lineal ni sencillo el entender que en realidad somos legión.. y no me refiero sólo a los homo sapiens, me refieron a las criaturas que conviven con nosotros en esta gran nave azul:

El tiempo se ha alterado, el espacio está irreversiblemente cambiado y nuestro ritmo de vida ya no es el mismo.  Muchos seres humanos están viviendo -y muriendo- en medio de grandes traumas, al no poder asimilar con suficiente flexibilidad los cambios de vida. Y no estoy hablando sólo de terquedad o actitudes cerradas con candado y dos alarmas programadas, estoy hablando del choque de tiempos, de ritmos de vida que nos matan, pues aplicamos modelos de vivir que no tienen nada que ver con nuestra diversidad..

Es difícil comprender cómo es que podemos estar matando el mundo que cada uno llevamos dentro y el mundo que nos rodea, nos forma, nos atraviesa, nos conecta. Se nos olvida que somos depredadores intensos y que nuestro ritmo no es el del Universo. Pero es cierto, los suicidios en masa no son exclusivos de comunidades “irracionales”; los que nos creemos tan racionales y normales, podemos estar cometiendo suicidio harakiri al no empezar a sentir que el conjunto del que formamos parte se está cayendo a pedazos… que los planos estructurales no coinciden con la dura y múltiple variedad de lo que somos.

Nuestra belleza, nuestro poder y nuestra tragedia, radican en nuestra consciencia. En el hecho de que SABEMOS, SENTIMOS, REFLEXIONAMOS y TOMAMOS NUESTRAS DECISIONES.  Elegir no es fácil, es más fácil seguir sin preguntar, repetir sin cuestionar. Siempre ha sido más fácil para nosotros, los sapiens, comportarnos como manada en vez de comportarnos como seres. Pero se puede hacer, se puede abandonar esa piel de manada para empezar a ser… es algo loco, que duele al comienzo, pero que se puede lograr y además, se puede heredar.

En la sonda Viajero, lanzada al espacio sideral, hay dos archivos bastante curiosos. Están las fotografías de diversos paisajes de la Tierra, de las diferentes formas de vida humana; al parecer, no hay fotografías de los horrores que hemos cometido con nosotros mismos y con las otras criaturas, no hay registros sobre la suciedad que hemos esparcido por todo nuestro hogar. El otro archivo funciona como una carta de presentación; es sonoro y es un lenguaje que va más allá de cualquier número de palabras pronunciadas por cualquier idioma, vivo o muerto, que los humanos hemos creado; ese lenguaje está puesto en música, una música que en su especificidad es capaz de sintetizar muchas músicas: la música de Johan Sebastian Bach, música tan matemática en su perfección y en su caos, que podría ser comprendida.  Sin embargo, esta carta de presentación así como esas fotos, nos ponen en un gran aprieto: si hay otra civilización allá afuera, con la suficiente tecnología para venir a ver si es cierta tanta belleza… ¿se imaginan la sorpresa, cuando se den cuenta de que eso son sólo momentos de esplendor que nuestra especie tiene?  Es hora de que empecemos a parecernos a la carta de presentación que hemos enviado…

El Loco que no quería un minuto de silencio

El Loco en el tarot del rey francés Carlos, siglo XIV

El Loco es exasperante y divertido.  Habla mucho, habla para inquietar y el que cree que puede reírse de sus chistes inocentemente, pronto encuentra que no debió haber soltado la carcajada… pues no es el Loco el objeto de ridículo, es él, el tonto que se ríe de lo que debiera preocuparle.

El Loco calla con obstinación y mira fijamente. Pues no va a repetir lo que ya ha dicho tantas veces, no va a repetir ni va a explicar los chistes… si no quisiste oír, es tu problema. Pero no te hagas el sordo, que sí oíste la chanza, seguro hasta te reíste y pretendiste que no era contigo. Pero sí se reía de ti, tan serio y distraído, que hacías como si no oyeras… y mira, como el Loco guarda silencio, guiña el ojo y mira a la concurrencia, que a duras penas se traga su risa.

El Loco no sigue reglas automáticamente así que te echará en cara la falta de sentido de lo que tu llamas disciplina. El Loco no acepta órdenes de buenas a primeras, así que te hará saber, de modo tajante y a la vez relajado, que ese orden que tanto quieres y por el que tanto luchas, no es la cura para el cáncer ni la clave del Universo… es sólo un camino, uno de tantos y para colmo de males -para ti, por supuesto-, no es el mejor. El Loco siempre te recordará lo esencial, lo sencillo, sin palabras rimbombantes ni jerga arcana, si no con un chiste, con una simple observación, con algo de comic relief, poniéndote la zancadilla para que caigas y te des cuenta desde tu nueva posición de todo lo que no tenías en cuenta en tu flamante ecuación.

The Fool, versión de El Loco en el Guilded Tarot, siglo XX

Este Tonto, tan chistoso, te dice verdades cáusticas y demuestra con desparpajo que en realidad sabe más que tu.

Es enervante, es calmante, tiene memoria intemporal, parace poseer el don de la clarividencia y se arriesga con una obstinación que hace temblar.  Mientras muchos de nosotros tememos a la oscuridad y brincamos de sólo sentir nuestra sombra, El Loco ve su sombra, la saluda y se acuerda de amarrarla, para que no le pase lo de Peter Pan.. y luego le hace el gesto bromista, para que se acuerde que es un juego. Al Loco le gusta la oscuridad, pues ve en ella cosas para las que la luz le estorba…

Es imposible odiarlo, es imposible domesticarlo con el amor normalito, no busca protección, pero más te vale tenerlo a tu lado, causa sorpresa y odio…

The Fool, El Loco en la versión del Tarot Rider Waite, siglo XIX

Hoy yo quiero recordar a un Loco que nos quitaron, que debía haberse quedado, que nos hace tanta falta…  QUE NO PODEMOS RECORDAR CON SILENCIO NI CON QUIETUD.

Agua sucia.

Este es el mapa del desorden que ha causado la British Petroleum… sí, causado, pues fueron ellos los que perforaron ese pozo de petróleo; el pozo no reventó solito:

El mapa del derrame de petróleo en el golfo de México, según Texasliberal.wordpress.com

Y se ve sencillo y seguramente la noticia del tapón de cemento como solución cuasifinal, está destinada a calmar los ánimos.  Pero no es sencillo y las repercusiones son inimaginables…  hay que recordar las palabras de uno de los encargados de la BP: tenemos en contra el clima, la temporada de huracanes. Sí, TENEMOS;  por que esas también son nuestras aguas, las corrientes oceánicas, siempre tan móviles, las hacen nuestras; esa también es nuestra fauna y nuestra flora oceánicas, parte de nuestro ecosistema, del cual comemos y respiramos.. ASÍ QUE SÍ ES ASUNTO NUESTRO.

Si desean ver el mapa con más “jugueticos”, con función interactiva, el Washington Post nos hace el favor…  hagan click y miren…

Previous Older Entries

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.