La foto: cantando (no bajo la ducha)

Kate Aldrich, en Carmen...

Si han curioseado el blogroll, ya han pasado por los dominios de Operachic.  Y de ahí me robé esta belleza, la mezzosoprano Kate Aldrich en el rol de Carmen, en la ópera homónima… búsquenla en Youtube, para que vean y oigan a esta hermosa mujer, con una hermosa voz..

¿Es la ópera racista?

Para mucha gente, la ópera no es sólo aburrida: es incomprensibe, muestra cosas anticuadas y a personas que nada tienen que ver con uno y para rematar, es sólo para gente blanca, adinerada y que al parecer tiene una alteración en el cerebro que los hace tener “buen gusto”.

Antes de pasar a una defensa de esta forma de arte, debemos pensar un par de cosas muy importantes que seguramente nos ayudarán a comprender por qué esta disciplina artística aún está viva… y por qué, aparentemente, es tan excluyente.

El teatro La Fenice, en Venecia. Una de las mejores plazas de ópera del mundo.

Es cierto que la ópera es creación occidental. Y también es cierto que nació y se desarrolló en ambientes preferiblemente cortesanos, no muy relacionados con el público masivo. Y eso que el primer teatro público de ópera anda funcionando desde la primera mitad del siglo XVII, en la muy burguesa Venecia. Desde allá la ópera pública comenzó a expandirse lentamente, junto a la ópera cortesana; la gente podía pagar la entrada y disfrutar del espectáculo.

Pero vamos por partes… la ópera, tal y como la conocemos o la ignoramos, ha surgido de un lento proceso.  Como ya dije, desde su nacimiento durante el siglo XVI, estuvo asociada a los espacios de las cortes principescas y monárquicas, pues estas eran instituciones que podían pagar lo que estos espectáculos necesitaban: actores, cantantes, escenografía de grandes montajes -con animales exóticos, juegos de agua, fuegos artificiale, etc-, músicos, compositores y luego bailarines.  Desde su formación como espectáculo audiovisual, la ópera implicó un enorme y rico despliegue que confirmaba su asociación con el poder. Los temas que los compositores y libretistas eligieron para poner en este formato, también eran temas asociados a estas instituciones de poder: temas de la mitología grecoromana, de la historia antigua, algunos de la historia medieval o de la historia bíblica. Para la muestra, un botón del compositor barroco reconocido como padre de la ópera: Claudio Monteverdi; se trata del fragmento inicial de su ópera Orfeo -sí, el héroe griego-, en una representación muy fiel históricamente hablando, puesta por Jordi Savall (el director de la orquesta) y sus músicos y cantantes:

Portada de la ópera -"tragedia en música"- Amadís, inspirada en la historia medieval y compuesta por Jean Baptiste Lully, compositor del rey Luis XIV de Francia.

Pero había otra forma de ópera que funcionaba en los pocos teatros públicos: la llamada opera buffa, o cómica.  Como su nombre lo indica, esta ópera se encargaba de representar los temas chistosos, asociados a la cultura popular.  Aquí aparecían para la risa, representaciones de prototipos de los súbditos de a pie: sirvientas, banqueros, soldados, sacerdotes, artesanos, pastores, etc. Y en situaciones ridículas o irónicas, pero que carecían de la solemnidad y de las lecciones edificantes que la gran ópera seria buscaba transmitir.

Entonces, la ópera occidental ha tenido dos vertientes. En la primera, la exhibición del poder se manifestaba con el uso de lo mejor, más brillante y ostentoso.  Y esa ley pronto se aplicó al empleo de los compositores y de los cantantes: los directores de los teatros reales se desvivían por contratar al compositor de moda o al cantante de moda. Si vieron la película Farinelli, il castrato, recordarán como los teatros se disputan al torturado cantante operístico Farinelli, como si fuese una estrella de rock. Y también recordarán como el compositor Händel, famoso por sus obras, lucha denodadamente por mantener la calidad de su producción.  Esta ficción cinematográfica nos representa una lucha que ha caracterizado el mundo de la ópera desde su nacimiento.  Pero también nos representa otra característica de la ópera seria: sus personajes eran dioses, semidioses, héroes o archivillanos; eran arquetipos masculinos y femeninos que representaban lo eterno y estable… y ahí viene nuestra materia. Recordemos una de las escenas de esta película, que nos trae a la memoria la cultura del divismo que ha tenido la ópera desde entonces:

El tenor Joseph Frank interpreta al malvado moro Monostatos en la ópera La Flauta Mágica, de W.A Mozart en 1979.

Estos arquetipos, por supuesto, pertenecen a la cultura occidental.  Hasta finales del siglo XVIII, el tratamiento musical que se les dio a estos personajes enfatizaba algunas de sus características, pero su estructura permanecía intocable, así como su representación.  Cuando se introdujeron personajes exóticos, también reprodujeron arquetipos: la misteriosa sensualidad oriental, la rareza americana, el primitivo africano, el sofisticadamente cruel musulmán; incluso su representación escénica confirmaba estas construcciones, resaltando lo atractivo y lo peligroso a la vez.

Para entender esto, veamos uno de los estereotipos más famosos: es femenino, no es caucásico y es muy atractivo; se trata de la gitana Carmen, de la ópera de Georges Bizet, cantando la famosa habanera “El amor es como un pajarillo”. Recuerden que como se trata de una gitana, su sexualidad es mucho más explícita, según el canon moral de la época en que fue compuesta la ópera: pleno siglo XIX.

Plácido Domingo como Otelo, ópera de Giuseppe Verdi.. fíjense en el maquillaje...

Claro, los arquetipos más positivos siguieron teniendo la piel blanca.  Cuando el siglo XIX puso en ópera el drama de Shakespeare Otelo, ni el torturado moro se salvó de su dosis de estereotipo: colérico, posesivo, obsesivo y débil, termina estrangulando a Desdemona. Y si se están preguntando por el cantante de ópera que interpretaba a Otelo, pues sí, era un blanco maquillado.  Tendremos que esperar hasta bien entrado el siglo XX para tener Otelos negros de verdad, cantantes de ópera negros, las formidables voces afronorteamericanas … pero me estoy adelantando un poco.

Como muchos artefactos y rituales de la cultura occidental, la ópera también funcionó como un medio de occidentalización, sobre todo durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando el mundo no totalmente occidental, buscaba replicar las instituciones y espacios que eran tomados como indicios de progreso y civilización.  La fundación de sociedades filarmónicas y la construcción de teatros en Latinoamérica y algunas partes del Medio Oriente, fue paralela a la presentación de las ciudades latinoamericanas y las capitales orientales como buenos destinos para una gira operística, aventura que tentó a muchas compañías itinerantes.  Así fue como llegó el compositor del himno nacional colombiano: dirigiendo una compañía de ópera.  Estas compañías eran el instrumento con el que los latinos cultos, aquellos que habían viajado al exterior, buscaban replicar algo de cultura que modernizara sus entornos socioculturales, que para el caso latinoamericano, aún seguían muy apegados a los viejos rituales virreinales.

Maria Callas, soprano, en su traje para la ópera Tosca.

Por supuesto, la ópera funcionó como un artículo importado y como un gusto adquirido. En una sociedad tan marcada por las diferencias económicas y culturales, no todos cayeron en su hechizo y a su vez, el hechizo operístico no estaba diseñado para todos.  Para empezar, tocar y cantar una ópera requería educación específica, algo difícil en unas sociedades mayoritariamente analfabetas.  La educación musical usual entre latinoamericanos era la de la música popular, con los instrumentos que todos conocemos y en patrones rítmicos familiares -aunque no tan sencillos como usualmente se cree. Los modos de cantar ópera, con sus voces de soprano, mezzosoprano, tenor, bajo, etc.  también eran algo exótico en estos parajes y no gustaron mucho; ni hablemos de los idiomas de la ópera -italiano y francés, sobre todo-, que muchos no habían oído nunca.  Así que la comunidad que asumió la ópera como uno de sus rituales y gustos, no era muy extensa, pero sí podía ejercer esta forma artística, al contar con los recursos para hacerla realidad: teatros, educación, instrumentos musicales, cantantes, etc.  Claro, no nos asombremos de hallar a más de un inmigrante europeo involucrado en estas lides; es que para las clases medias urbanas europeas, la ópera era algo más común y muchos europeos que se establecieron en nuestras tierras,  pertenecían a esta clase social.

Vista del escenario de la Ópera de París, miniatura del siglo XIX.

En nuestro ambiente, la ópera se convirtió en otro medio de distinguirse socialmente. Por supuesto, no es que todo el que disfrute de la ópera cumpla obligatoriamente los requisitos socioeconómicos, pero para muchos, la equivalencia riqueza=gusto por la ópera aún funciona.  Por lo tanto se alejan de una forma de arte que ha tenido un agitado proceso de revitalización desde el siglo XIX, proceso que ha incluido la musicalización de historias más contemporáneas, escenografías novedosas por su minimalismo o su gran colorido, la inclusión de intérpretes no occidentales (afros, japoneses, latinos, chinos, coreanos, libaneses..) y claro, nuevas apropiaciones que dan a entender que la ópera no es racista, sino que los que se la apropian, pueden hacerlo así. De hecho, la ópera occidental puede considerarse un tipo de legado cultural cosmopolita.  Aunque claro, cuando no se tienen medios lo suficienteme abiertos a la innovación, la ópera queda como un esnobismo, a lo sumo como un gusto de anticuario y como una forma vacía, que no puede decirnos nada sobre nuestra vida actual; si a esto se añade el esnobismo ya mencionado, muchos se sienten relegados al no poseer el supuesto requisito económico que garantizaría la comprensión de esta forma de arte.

Como ejemplo de una producción impactante por su minimalismo, les propongo este: se trata de la puesta en escena de la ópera La Traviata -que en castellano traduce la perdida o la vagabunda-, de Giuseppe Verdi. Es una ópera infaltable en el repertorio y esta escenificación fue para la temporada de Salzburgo en el 2005… por favor, miren todos los detalles: la protagonista con vestido rojo, el reloj que señala la brevedad de su existencia.. esto enmarca la trágica historia de amor que cuenta la ópera, pues la heroína protagonista ha de morir al final.


Y ahora fíjense que la ópera sí puede ser apropiada por todos: esta versión de Carmen, de Georges Bizet fue filmada en Ciudad del Cabo, en Africa, con cantantes africanos y combina la música de Bizet con el idioma africano y la música africana; se llama U-Carmen


Y los africanos siguen: esta es Impempe Yomlingo… o más bien, la versión surafricana de La Flauta Mágica, de Mozart:

A la hora de la verdad la ópera no es tan estirada ni tan imposible, ni propiedad exclusiva de blancos ricos. Y hasta se puede bailar, como lo demostraron en Glyndebourne en 2005, con la puesta en escena de la ópera Julio Cesar en Egipto, de Händel:


Y si buscamos que la ópera nos diga algo que conocemos, que nos toca, pues volvamos al compositor de nuestro primer ejemplo, Claudio Monteverdi. Esta escena es de su ópera El retorno de Ulises y nos muestra como Ulises se reencuentra con su hijo Telémaco, tras años de ausencia.. ¿acaso no hay muchos hijos y padres que se reencuentran, o que desean volver a verse?

¿Se dan cuenta de la diversidad de puestas en escena, de elementos utilizados? ¿de las muchas maneras que tiene la ópera de contar historias? Debe ser por eso que sigue viva, más que por que sea un instrumento de poder o un ejercicio de distincinción.. obviamente, puede ser mucho más. Así que la ópera en realidad no es racista, ni clasista. Es lo que uno quiere que sea.

Mascagni, Scorsese y De Niro: el poder del drama.

Nadie pone en duda que Martin Scorsese es uno de los directores de cine más poderosos de la segunda mitad del siglo XX -y tal vez de los primeros años del XXI.  En una industria como el cine hollywoodense que, desgraciadamente, se caracteriza cada vez más por la facilidad y lo efímero de sus producciones, Scorsese sigue proponiendo historias fuertes y coherentes, con un magistral uso de los mejores recursos que tiene: excelentes actores y un equipo de producción de primera… claro, él es un narrador incomparable….

Robert De Niro en Raging Bull

Robert De Niro en Raging Bull

Nadie duda que Robert De Niro es uno de los actores más impactantes de la segunda mitad del siglo XX – y ojalá de los primeros años del XXI. Este silencioso neoyorquino ha sabido encarnar los personajes más variados, nos ha llenado de terror, ternura, simpatía y hasta nos ha hecho reír con sus pocas comedias …. es que recuerden que este Maestro del dramatismo es un rendido admirador de los comediantes y considera la comedia como un arte supremo. Su rostro es inconfundible, sus manerismos son identificables, pero su versatilidad es inagotable. De Niro jamás se repite y le imprime a sus personajes una complejidad humana inolvidable…

Ahora bien, estas dos fuerzas de la naturaleza -Scorsese y De Niro- se han unido varias veces para contarnos historias de múltiples capas, historias que aparte de entreternos deben molestarnos, deben pellizcarnos.  Y Raging Bull es una de estas obras maestras… una historia donde la gloria y el dolor son los verdaderos protagonistas. . .

Para Scorsese, la historia del boxeador Jake La Motta es una historia épica.. De Niro no es un extraño a las épicas -recuerden su tremenda actuación en la segunda parte de El Padrino…. por lo tanto, la música que le da inicio debe ser épica, heroica y conmovedora; nada mejor que un maestro del verismo italiano de comienzos del siglo XX, Pietro Mascagni; la pieza musical que se escucha en la secuencia de apertura es el intermezzo de su ópera Cavalleria Rusticana, una historia trágica, popular y siciliana…

El drama debe llegar hondo, debe conmover y captar la atención… las lágrimas son un accesorio superficial, lo que debe contar es la historia y su dignidad.

Una frase sabia..

Ok.

Primero, la presento.

Se llama Magdalena Kozena. Es checa, así que el Kozena se pronuncia con una especie de zumbidito en la z… que le da una sonoridad muy particular a su nombre.

Magdalena Kozena: una de sus últimas fotografías, para su último C.D

Magdalena Kozena: una de sus últimas fotografías, para su último C.D

Ella misma produce sonidos muy bellos y particulares, al ser una de las cantantes de ópera más respetadas y exitosas de los últimos años.

Su voz se halla en el complejo rango de las mezzosopranos. Las mezzosopranos han tenido roles un poco estereotipados y limitados en las óperas: o interpretan niños, o matronas, o sex kittens.. y si es ópera barroca, a hombres.

Pero ella no permiten que la encasillen. Conoce muy bien su voz, es una tremenda profesional con un soberbio entrenamiento -no sólo como cantante, como músico- y no tiene ni pizca de miedo de explorar el repertorio. Si puede cantarlo y si le anima cantarlo, pues lo cantará. Así los amantes de las categorías relinchen y griten…

Como pueden ver por la foto, es una mujer muy bella e impactante. Y los chicos de mercadeo en su casa disquera, la Deutsche Grammophon, no se cansan de repetirlo y le han sacado fotos sexys… las primeras eran como sacadas de una película de James Bond, pero ella se rebeló. No más maquillaje ni cabello rubio revuelto. Se trata de cantar y no de modelar, el esfuerzo se hace en el escenario y no ante un fotógrafo.

Y con estas ideas, Magdalena Kozena ha hecho una carrera muy personal y ascendente. Como la artista concienzuda que es, no ignora la belleza, pero no se rinde ante ella; la trata con respeto y algo de ironía. Y aquí es donde viene la frase sabia de esta mujer rodeada de belleza y bendita con su posesión:

“Tomada en sí misma, la belleza hará una impresión por no más de diez minutos. Después de eso, se evapora y se vuelve aburrida.”

Léanla bien.    Piénsenla bien.

Y ahora, escuchen -y vean- a Magdalena Kozena producir su belleza:

Cantemos con Marx.

En estos tiempos tan duros, tan difíciles de recesión económica, todo tiene que ser replanteado… incluso hay que ponerle colores más amables, para que hasta lo más duro de entender resulte agradable. Tal vez en eso están pensando los chinos que quieren hacer una versión de El Capital para el teatro musical, a lo Broadway.

El comunismo vuelve a renacer de sus cenizas en estos tiempos difíciles de crisis financiera e incertidumbre sobre el modelo capitalista. Si no en su versión meramente política, al menos en la más lúdica y comercial, que para eso el consumo es la mejor fórmula para incentivar la economía.

Claro, esta aventura artística será todo un trabajo interdisciplinario que contará con asesoría de profesores de economía y de arte dramático. La historia será fácil de entender y contará con todo el despliegue tecnológico necesario para capte el gusto de chicos y grandes…. como de alquilar palco, ¿no?

¿”Aria A Dios le pido”?

No sé si son colombianos, pero esto puede calificar como “colombianada”… hay experimentos de experimentos…

Este kitch está bueno…. pero Dioooosss míoooo!!!!!!! es todo un placer culposo!

Ver la ópera del Metropolitan en Bogotá…

Todos los aficionados a la ópera que habitan en la ciudad capital de mi adorado Macondo están bailando de la felicidad…. resulta que ya no tienen que soñar con presenciar una de las famosas temporadas del glamoroso Metropolitan de New York, pues Cine Colombia se las ha arreglado para que se transmitan en directo, en cine multiplex de la capital, las funciones de ópera.

En un ambiente cultural tan reducido como el nuestro, eso es algo que se agradece… pero hay que preguntarse si el gusto colombiano, al fin y al cabo muy conservador, puede disfrutar todos los matices que se emplea en una producción contemporánea de ópera. Me lo pregunto, teniendo en cuenta lo reportado por el “experto” que reportó para el diario colombiano El Espectador, tan memorable evento: la transmisión de la ópera Orfeo y Eurídice:

Esta producción del Metropolitan es del estilo moderno, con una escenografía más bien austera, el estilo que se ve más y más en los teatros de Europa. El vestuario contemporáneo es nada fastuoso, por el contrario, informal. Los miembros del coro aparecen como personajes de la historia universal, cuyo significado no se entiende.

El doctor Jose Felix Patiño (el “experto” citado por el diario) manifiesta una perplejidad que debe sentir todo aficionado tradicional a la ópera, tal vez muy acostumbrado a las producciones de época que, en la dirección de escena, se atienen a reproducir el período histórico en el que la ópera fue compuesta o montada: el siglo XIX para la Traviata, el siglo XVIII para Rosenkavalier, la Grecia antigua para Orfeo y Euridice.  En el estilo moderno que referencia Patiño, muchos directores escénicos buscan hacer del aspecto visual algo tan importante como la música, que le preste mayor impacto dramático a la producción y realce el nivel artístico; muchos lo logran, como el escocés David McVicar, el inglés Adrian Noble y el alemán Stephan Braunschweig, célebres por sus exquisitas e impactantes puestas en escena de óperas de Haendel, Monteverdi, Verdi, Straus y Wagner. También hay que recordar que otros teatros han llamado a dos directores de cine para que midan su arte en el difícil mundo operático: Vincent Paterson dirigió una Manon Lescaut escenificada en el Hollywood de los años 50′s, jugando con la belleza física de la soprano Anna Netrebko, que a veces parecía Elizabeth Taylor o Marilyn Monroe y que Woody Allen se le midió a El Trittico, de Puccini.  (Abajo pueden observar la Manon Lescaut a que me refiero)

Patiño prosigue:

La coreografía, que es parte muy importante de esta ópera, es moderna, contemporánea, por Mark Morris, francamente terrible. Da impresión ver los bailarines con zapatos tenis. El papel de Orfeo lo interpreta la magnífica soprano Stephanie Blythe (este papel es tradicionalmente femenino), pasada de kilos y muy poco agraciada, pero con voz superlativa, y el de Eurídice la bellísima soprano australiana Danielle de Niese. También estupenda voz. El dios Amor, con traje informal y con alas demasiado “postizas”, parece más una caricatura. Escenografía “moderna”… ¡Un Orfeo de la mitología griega tocando guitarra en vez de la lira!

Como no ví la función, me es imposible comentar la coreografía. Danielle De Niesse “estupenda voz”?… bueno, en cuestión de gustos…. pienso que es buena, pero no para tanto. Y si el dios Amor tenía pinta de caricatura, seguramente era intencional, una especie de comentario, tal vez demasiado críptico e intelectual que se perdió en la producción… muchos directores de escena incurren en eso, y a veces cometen burradas o nadie les entiende y corren el riesgo de arruinar la producción. Y si se remplazó la lira por una guitarra, pues la adaptación vale, lo hace más contemporáneo. Quien sabe qué pensaría el doctor Patiño de esta producción de Orfeo, de hace algunos años, en Francia, dirigida musicalmente por John Elliot Gardiner y escénicamente por Robert Wilson…

…. y también qué pensaría de esta, de la ópera Julio Cesar en Egipto de G.F Haendel, del año 2005… y canta Danielle Deniese

… pero todo termina bien para Patiño, que agradece la oportunidad de disfrutar estos espectáculos… y es que no es para menos, pues, como ya dije, es una gran oportunidad.

Pero yo me pregunto: con el estilo tan… provinciano que se tiene aquí para producir ópera, ¿se podrán disfrutar estas transmisiones? claro, muchos lo harán…¿pero cuáles son entonces las expectativas?

De remate, esta es una producción de Stephane Brauhschweig de La Walkiria, de Wagner, con la dirección musical de -mi amadísimo- Sir Simon Rattle… vean, escuchen y reflexionen…

Opera y comics. Opera and comics…

Por medio de mi blog favorito, Opera Chic, me encontré con este maravilloso experimento que se está realizando en la Ópera de Vancouver: divulgar en formato Manga, las historias de las óperas que se presentan en este escenario….

… y muchos pueden pensar: lo que faltaba, que la ópera se trivialice más haciéndose presentar en “muñequitos” . Y otros pueden pensar: vaya, qué curioso, ¿es que la ópera puede hacer eso?.. y a mí que tanto me gusta el Manga.

Y yo pienso: qué maravilla, que dos tipos de arte se unan para crear un espacio de contacto y de comprensión…

Escenas de la ópera Fidelio, de Beethoven, en Manga

Escenas de la ópera Fidelio, de Beethoven, en Manga

La ópera busca ampliar sus audiencias, para seguir siendo una forma de arte pertinente y vigente. Pedir ayuda de un lenguaje visual tan popular y tan intenso como el Manga, es una verdadera ocurrencia genial, pues a más de uno le picará la curiosidad…

… de todos modos, las historias de las óperas pueden ser tan entretenidas y sórdidas como las de muchas series Manga que pululan en las pantallas de la tele…

Trough my favorite blog, Opera Chic, I found out about this wonderful experiment that is being carried out by the Vancouver Opera: to present in Manga format, the libretti of some of the operas that are the central shows in that opera stage.

I know that many will think: just what we needed, that opera turns more vulgar by the use of comics.

And others may be thinking: can opera do that? or: opera and manga? what is opera?

And I think: what a fantastic, great idea, to have these two different kinds of art to creat a space for contact, comunication and understanding. It is true that opera is searching for ways to expand its audiences, to reach out to a broader public by stirring their curiosity and what a great way to do it…

Ópera en Colombia… Opera in Colombia

Sí, aquí en el país de la sagrada víscera también hay opera.

No se preocupen si no sabían, lo que pasa es que en este país la opera no es un tipo de arte que atraiga a la masas, pero eso tiene más de un problema asociado.

Por que no se trata de que la opera sea mala, o un arte muerto, o de que se requiera cierta “educación” para disfrutarla o sentirla pertinente, -todos estos factores tienen algo que ver-, sino que también se trata de que en un país tan conservador, las barreras socioculturales son mantenidas con beneplácito por algunos que se apropian de una manifestación artística que podría tener una repercusión más grande, si dejaran participar a las artes relacionadas -por que en Colombia hay excelentes pintores, directores de teatro, diseñadores de ropa, compañías de baile, grupos que podrían hallar en el espacio de la opera otro lugar para proveer arte a una comunidad más grande que los mismos pocos que se dan el lujo de asistir a una función.

Algo parecido piensa Manuel Drezner, columnista de El Espectador:

El arte y la cultura

Nuevamente la ópera

Por: Manuel Drezner
Se termina la temporada de ópera de este año, si es que temporada se puede llamar la presentación de sólo dos óperas, architraqueadas, en que no se ha dado oportunidad de introducir a ningún cantante, ni a ningún director escénico, ni a ningún director orquestal colombiano.

No se trata de hablar de la calidad de las óperas, pero sí dejar constancia de la preocupación por el futuro de la ópera en nuestro país. Infortunadamente, ella ha estado en manos de una persona que ha centrado en ella todo, lo cual hace temer, ante la ausencia de gente que se haya formado para sucederla cuando llegue el momento, que cuando desaparezca la persona todo lo que se ha hecho se acabará.

Es, por tanto, el momento oportuno para que se reflexione si los cientos de millones de pesos que se gastan en montar dos óperas no estarían mejor invertidos en una nueva organización, no controlada por una sola persona, pero que sea capaz de hacer temporadas reales con el montaje no de dos sino de varias óperas y que sirva como laboratorio para crear a los artistas colombianos del género, es decir, todos aquellos que hoy día no tienen oportunidades, porque las puertas de la ópera de Colombia están cerradas a los colombianos.

Yo he sido aficionada a la opera. Asistí hace años a una presentación de La Traviata en Medellín, mi ciudad natal y donde vivo. Me quedó la sensación de haber asistido a algo regular, hecho con mucho esfuerzo, pero que pudo haber sido mucho mejor. Eso sí, la orquesta y los coros se lucieron…

Y por eso uno prefiere disfrutar las presentaciones europeas, si tiene acceso a ellas en video, pues muestran lo que una buena producción de opera puede ser: una experiencia total y emocionante..  ahí les dejo dos muestras: Las Indias Galantes, el fabuloso final -con bailecito del director de la orquesta incluido, que alegría..- donde se ven no solo la escenografía y el vestuario sino la dicha de músicos y auditorio.. y de Julio Cesar en Egipto, también con bailecito del cantante, donde se puede apreciar lo que un buen director escénico puede hacer para hacer más plena una historia operatica que pasaría sin pena ni gloria…

Claudio Monteverdi

Este es el Lamento de Penelope, de la opera El Retorno de Ulises a su patria, una de las obra maestras del compositor renacentista Claudio Monteverdi… esta producción es bellísima por su austeridad e intensidad, donde los cantantes sobresalen por su maravillosa actuación y el elemento visual, con una simbología dinámica y pertinente, ayuda a contar la historia…

Aquí la reina Penelope se lamenta de la larga espera, de los muchos años que lleva esperando a Ulises, que no ha podido volver a Itaca….

y dicen que la ópera es aburrida… a mí este tipo de producciones me encanta, me dicen cosas nuevas…

This is the aria Misera Regina -or Penelope’s lamento-  from the opera Il ritorno di Ulisse in patria, one of the masterpieces by reinassance composer Claudio Monteverdi… this production is extremely beautiful, because of its austerity and intensity. The singers shine for their wonderful performances and the visual element, with its dynamic symbols, help to convey the story

and they say opera is boring… I love these kind of productions, they tell me new things about art and life..

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