Bahía Trío: amansando el aire…

Eso me dijo mi querido amigo Juan Felipe cuando me presentó este grupo. Pero se quedó corto… no sólo es para amansar el aire, es para aprender a bailar con él, para cogerle el paso al caminar, para saber estarse quieto con él cuando uno debe parar para ver cuánto ha avanzado y ver en dónde fue que se quedó estancado…

¿No les parece muy cruel y a la vez muy curioso que un grupo chocoano que hace música chocoana, nos pueda parecer exótico a los colombianos? Eso dice mucho de lo sordos que estamos a nuestro propio pulso y de la enorme influencia que tiene la cultura masiva sobre nuestras vidas. Gracias a Dios los va uno descubriendo, se va dando uno cuenta de que hay mejores orillas sonoras… y de que esas orillas están a la vera del Pacífico colombiano.

Otro elemento de ese exotismo con el que podemos escuchar esta música, es el que, para nosotros, mamá África está bien lejos… al otro lado de un océano literal y mental que nos impide admitir la enorme cercanía cultural que tenemos con esas civilizaciones negras. Y sin embargo, esos ritmos suenan deliciosamente familiares…

Otra cosa: esta no es la música que se conforma en concordar con el estereotipo de lo negro, con su sexualización excesiva y su ridiculización gratuita. Esta es la música afrocolombiana que nos acerca a esa cultura musical africana donde dominan las aventuras rítmicas más sofisticadas y elegantes que se encuentran con combinaciones armónicas que desafían las reglas de la música occidental académica… es una música de alto calibre, señoras y señores… ahí les dejo:

Y ZAZ!!!!!

Claro, ese es el sonido de una sorpresa. De una rotunda, maravillosa sorpresa. Pero ella era sólo la cereza en la punta del helado de vainilla francesa recubierto de salsa de chocolate derretido calentito…

Ella viene sin disculpas, con inefable audacia. Es una voz joven y muy urbana, a la vez que intensamente urbana, que renueva el jazz francés y también ese arte un poco monumentalizado que es la chanson, que tiene en Edith Piaf a su mesías.

Zaz: la vibrante Francia...

Esta   muchacha es una artista ya hecha. No creo que sea un producto del mercado, más bien, es una de esas bendiciones que le llegan de vez en cuando.

En el video de arriba uno puede ver toda la energía que entrañan sus canciones,  con letras sin disculpas y llenas de alegría de vivir.  De ahí que Zaz sea toda una experiencia,  no sólo para escuchar sino para ver, por la electricidad que comunica.

Y sí, me parece pura poesía urbana, de la alegría de vivir la calle con todo lo que tiene de caótico.

Me encanta que sea una voz femenina y fresca la que le cante a la calle. Y me encanta poder disfrutar de esa comicidad y de esa alegría… se apuntan?

October Project: un hermoso sueño

Sólo fueron dos C.D’s. Dos maravillosas producciones que tuvieron una gran presentación, gracias a una poderosa balada que figuró en una película de Jeff Bridges y Tommy Lee Jones… no me pregunten el nombre de la película, pues lo único que me quedó en la memoria fue ese suave, inefable sonido, contrastado por la poderosa voz de la vocalista, Mary Fahl, cantando Return To Me:

En los noventas, ellos no se parecían a nadie… sobre todo sus letras, audaces en su sencillez, fuertes, no citaban lugares comunes.  Y claro, Mary Fahl: esa voz melodiosa sin ser aniñada, tan potente que podría mover montañas. Con semejantes ingredientes, los October Project crearon una banda que fue de pocos fans, pero que seguimos siendo fieles…

Esta es una de mis favoritas, llena de esperanza:

Claro!!! Cómo resistirse!!! Ese sonido llamaba a los cuatro vientos, era fresco… pero sólo duraron lo suficiente para dos discos, desafortunadamente. Esta belleza es de su segundo álbum; aquí la historia bíblica cobra una resonancia intensa, cuando se toma como una tremenda historia de amor que decide la existencia:

Y entonces, siguieron su camino separados.  Hasta donde sé, la célula original del grupo continuó… claro, no es el mismo sonido, pues la vocalista comenzó su carrera en solitario. Así que los dejo con Mary Fahl:

 

Hace tiempos: La vieja guitarra

Con perdón de Silvio, Facundo y otros sabios de esa tribu… pero las protestas de mi vieja guitarra van por otro lado. Tienen voces audaces, en tanto que mal entendidas. No reclama perentoriamente, pero cuando suena, no hay más remedio que escucharla.

Y mil disculpas, Paco de Lucía y Gipsy Kings. Por que su salero es una rica herencia, es algo que el tiempo ha forjado con esas manos de artesano curtido… son manos de artesano las que la hacen sonar…

A muchos les va a disgustar, pero este legado surgido de esa relación amor-odio entre nosotros los criollos y los ibéricos, ha sido una de las maravillas más elásticas, más transgresoras. El señorial Joaquín Rodrigo lo supo cuando compuso para ella sus sonoras elegías: este noble instrumento, nacido de otra relación amor-odio (entre moros y cristianos), tiene tanto de princesa como de saltimbanqui… si bien requiere la calma de estar sentado, puede salir a espaldas de su poseedor (¿esclavo?) en cualquier momento…

Entre dama y brincona, mi vieja guitarra se amiga con todos. Entre bailes y llantos, es tan camarada como el licor que puede remojar a ambos y como el recuerdo que puede detonarlos. Muy bella, de formas esplendorosas y también ajada y con signos de excesivo manoseo, ha sido tan constante como los caminos imprevistos por los que ha viajado gran parte de nuestro sentir sin palabras.

Si bien no le choca la erudición, ha sido fiel al analfabeto, a aquél que primero aprende a cantar y a tocarla que a distinguir letras o notas en un papel. Ella sí que no distingue entre razas o credos. Y es tanto el amor de muchos por ella, que quieren que su ataúd tenga forma de guitarra:

La vieja guitarra, la mía, la de todos, nadie puede reclamarla para sí. Todos vamos en sus cuerdas, tiene suficiente fuerza para cargarnos. Llegó a estas latitudes hace 500 años y nadie puede desterrarla, esta es su casa tanto como esa rara península Ibérica. Y como sabemos que no le gusta estarse solamente en un par de sitios, pues la compartimos con muchos…

Tan fuerte y tan sonora y tan flexible como una caña de bambú, tan andariega como una gitana y como una india y como una negra, tan mezclada como muchas de las músicas que suenan en ella… como todo lo poderoso de la cultura humana, es en sus variadas formas donde radica su fuerza.

Mozart, el rockero/rapero/metalero

No se lo imaginan? Tranquilos, escuchenlo en la magistral interpretación de Jack White y los Insane Clown Posse:

Cómo les pareció, ah???? Yo, sinceramente, creo que Mozart se hubiera reído con esas carcajadas tremendas que solía dar -según lo que contaron quienes lo conocieron-, pues con su gusto por los chistes verdes y las bromas de otros colores menos ecológicos, se habría sentido halagado…

Ahora, que si prefieren la versión clásica, pues no hay problema, ahí les va:

Uy!! Se me olvidaba!! El título de esta magistral obra vocal es Lame mi Trasero. :)

La imaginación como necesidad

Y no me estoy refiriendo a las cursilerías usuales, que ponen a la imaginación como el premio de consolación de las frustraciones o como el medio para llegar a “un mundo mejor”… por lo general, ese “mundo mejor” no tiene nada que ver con el que nos ocupa diariamente, y por lo tanto, no es que sea de mucha utilidad.

La imaginación a la que me refiero es aquella facultad que nos permite enfrentar la incertidumbre con un gran sentido de aventura y claro, con gran sentido del humor. La imaginación que más me gusta, es la que abre puertas que están cerradas por los prejuicios y los estereotipos. La imaginación a la que prefiero apelar es aquella que se constituye en la gran herramienta del saber -como la promovía Carl Sagan- y que le devuelve relevancia a todo lo que habita y circula por el mundo, pues podemos aprender de todo… claro, si ya cayeron en cuenta, la hermana gemela de este tipo de imaginación es la curiosidad. Y aquí viene a cuento la intervención de Stephen Fry, un hombre de gran imaginación, enorme curiosidad y tremendo sentido del humor:

Este hombre es capaz de hacer un maravilloso especial sobre Richard Wagner y de entrevistar a Lady Gaga (confieso mi falta de asombro ante Lady Gaga, pues crecí con Madonna: todo lo que Gaga ha hecho o se ha puesto, Madonna ya lo hizo y ya se lo puso.). Y con esa potente imaginación que le permite ir de un planeta a otro en el universo de la cultura, puede hacer una amorosa defensa del conocimiento y de la curiosidad que lo sustenta. Con la música como excusa, nos invita a rechazar el esnobismo que nos impide disfrutar con libertad del placer de aprender, de preguntar y de hallar en los compositores de la injustamente desprestigiada “música clásica”, gente muy cercana a nosotros.

Desprestigiada??? Claro.. porque se la ha puesto como una experiencia sólo para algunos, porque se la ha encerrado en un museo y se le ha quitado su enorme poder: el de estimular la imaginación, esa imaginación que nos permite sentir y creer que nuestras dificultades son la materia de trabajo para un mundo mejor (sin cursilerías de abrazos, gente tomada de la mano y esas cosas..)

 

El hermoso mestizaje de una orquesta y el hip hop

La sacaron del estadio… esto es una maravilla, la Filarmónica y ChocQuibTown .. claro que sí!!!

Edmar Castañeda: arpa llanera y jazz

Sí, están leyendo bien: arpa llanera y jazz.  Este colombiano le está dando la vuelta al mundo, pero también a la música de su tierra. Al sacar el arpa llanera de su sitio habitual, está desafiando una larga historia de monumentalización de la música popular… pero tranquilos, que ya me voy a explicar.

Edmar Castañeda y su harpa mágica, tocando con Django Reinhardt en 2007

 

Los instrumentos musicales que están metidos en ese paquete cultural llamado “música folklórica colombiana” padecen, muchas veces, de un anquilosamiento, o encasillamiento que no les permite ser bien recibidos en otras formas de música. Muchos músicos se niegan a aceptar la plasticidad de un instrumento musical tradicional, por variadas razones; es posible que no les gusten los sonidos que produce fuera del contexto familiar, o que no entiendan el nuevo formato musical que tienen en frente. Todo eso es válido. Pero no debe ser obstáculo para que un instrumentista explore otras posibilidades con su instrumento.

Edmar Castañeda en plena acción.

 Al público amplio, por lo general, tampoco le caen bien estos cruces de frontera. Muchos seguramente dirán que es una especie de traición a la música tradicional y que el arpa llanera no tiene nada que hacer en una jam session de jazz. Muchos desdeñarán y recibirán con frialdad esta música, diciendo que “no es música colombiana, por lo tanto ni me va ni me viene”. La indiferencia es un indicativo, muy bueno, del rechazo basado en la falta de sentido de aventura.  Y también es totalmente válida.

La cuestión es que muchas veces, esa monumentalización o encasillamiento del que hablaba más arriba, se basan en estos sentimientos. Nos rehusamos a concebir algo diferente a lo familiar y tradicional y en este caso, nos negamos a la existencia de una posibilidad sonora muy rica y vibrante.  Al decir que la música de Edmar Castañeda no es música colombiana, se está apelando a un gusto que niega el cambio y la apertura cultural de nuestra nación, un proceso social que nos ha marcado durante los últimos 30 años.  Al decir que la música de Edmar Castañeda no pertenece a nuestra tradición, le negamos a nuestra cultura su diversidad, su riqueza, su enorme capacidad de aprendizaje y sobre todo, su inagotable fuerza creadora.

Lo que Castañeda hace con su arpa llanera, es una muestra de todas esas características que acabo de enunciar y que no tienen nada que ver con el anquilosamiento de los instrumentos musicales, una dolorosa consecuencia de entender el folklore como lo estático y inamovible.

Las alabanzas que Castañeda se ha ganado lo describen como un mundo en sí mismo, como un músico con el talento y el carisma necesarios para sacar su instrumento de la oscuridad. No podía ser de otro modo; hay que tener la potencia y la riqueza de un mundo, siempre en formación, para re-crear con tanta belleza una tradición.

El mapa de Calle 13

Y sigamos con la música, que nos lleva por muchos rumbos…

Esta vez el guía es Calle 13, ese irreverente del hip hop que no tiene pelos en la lengua, pero si tiene la rabia suficiente para versificar sobre lo que es, lo que ha sido y lo que quiere ser… a las buenas o desde las malas..

En este documental Calle 13 nos lleva por sus rutas, las que le causan mayor curiosidad y claro, las que lo llenan de recuerdos y fuerza. Por lo tanto, todo comienza en la Calle 13:

No es un recorrido cómo ni en transporte VIP. No puede ser así, por que los viajes de desciframiento están llenos de los accidentes dolorosos que nos han construido para bien y para mal:

Y aquí vemos cómo el rapero se toma tiempo para hablar y para pensar en la cultura popular latinoamericana. El rapero está buceando en toda la riqueza que implica ser latinoamericano, más allá de los estereotipos de subdesarrollo que nos han marcado y que desafortunadamente construyen nuestra actitud frente a nosotros mismos y frente al mundo. En ese viaje a sus profundidades, las montañas de los Andes son el punto de partida:

Qué curioso y qué bonito que el viaje sin ruta establecida de Calle 13 termine en uno de los territorios más sagrados -y a veces más prostituidos, no sólo por la guerra y el narcotráfico, sino por el pseudohippismo: la Sierra Nevada de Santa Marta:

Claro, el enigma sigue siendo el mestizaje y Calle 13 no escapa a la regla de preguntarse por este fenómeno poderoso e indescifrable de la hibridación biológica y cultural.  Como conclusión, o mejor dicho, como destino final, Calle 13 asume una posición crítica y actual, más allá de la fama y las luces de los reflectores. Que no sea sólo para unas cuantas canciones: que quede para vivir la vida con honestidad.

Nueva música latinoamericana

Están creando nuevos sonidos de la rica herencia de la música popular latinoamericana. Y no estoy hablando solo de la música que recibe el título de folklórica, también incluyo esa avalancha de música que ha enriquecido la banda sonora de nuestras existencias por muchas décadas.  Este caleidoscopio de sonidos, timbres y ritmos tiene un árbol genealógico muy frondoso y todo el sabor peculiar que caracteriza a la cultura Latinoamericana.

Para la muestra, el primer botón… traído de la zona solar berbenáutika colombiana:

Es mucho lo que esta música nos cuenta. Podemos empezar por el obvio y gran amor a esos boleros y demás música del trópico que amenizaron -y amenizan-  muchas mañanas de cocina y oficio casero desde el radio de nuestras salas… esa fue la música con la crecimos: Felpe Pirela, Celia Cruz, La Sonora Matancera… por sólo mencionar tres de esa galaxia maravillosa.

Con Tijuana Sound Machine, nos damos cuenta de que nuestra galaxia sonora incluye, en una mezcla alquímica, a muchas modas y tendencias… que ahora nos gustaría olvidar, pero que afortunadamente han quedado consignadas en los álbumes de fotografía de la familia:

Pero la cosa no para ahí. Desde los Andes tenemos a La Sarita, que nos muestra con versiones como esta de Cariñito, que esa idea de tradición es mucho más flexible que nunca, pues ahora no podemos olvidar que con los elogiados procesos de modernización y apertura llegaron a nuestras tropicales montañas muchas ofertas culturales que ahora hacen parte de nuestro ser:

Esto hay que escucharlo con cuidado: estas músicas nos dicen que Latinoamerica ya no cabe en los corsés fabricados por los paquetes turísticos y que tampoco está muy bien representada por nociones que nos ponen como una sola sociedad, apegada con terquedad a un pasado -idealizado también-, en la que no hay espacio para innovaciones ni creaciones. En realidad, la cultura latinoamericana es una de las más versátiles, pues ha hecho de la mezcla, la fusión, la copia y la transformación  sus procesos insignia; en este constante proceso de hibridación, la supervivencia y la renovación se dan la mano y el cambio es el rey…porque en realidad, en Latinoamerica, todo cambia.. hasta el tango:

Y no es que no nos guste o neguemos la erótica alrededor de lo tropical, como nos muestra Orishas:

Pero debemos reconocer y mostrar que hay mucho más… que los dioses hablan en el ritmo, de mil maneras.. cierto, Chocquibtown??

Y esto es sólo un aperitivo.. que nos quede de moraleja: hay que abrir los oídos, para escucharnos mejor.

 

 

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